5 razones por las que Dios te hizo mamá

junio 24, 2019

por Abigail Dodds

La maternidad persigue siempre un objetivo. Esto aplica tanto para las madres cristianas como para las no cristianas. La pregunta es: ¿mi maternidad está buscando cumplir mis propios objetivos o los de Dios?

Todas conocemos la estereotípica «mamá protagónica», aquella mamá cuyo único enfoque está en el éxito público de su hijo. Aunque la mayoría de nosotras no experimentamos la misma obsesión extrema, todas hemos bebido del mismo pozo envenenado en formas más sutiles: la tarjeta de Navidad en la cual no podemos resistir a la tentación de jactarnos del programa en donde pidieron a nuestro brillante hijo participar; el sentirnos superiores cuando le contamos a otra mamá sobre qué tan pequeño era nuestro niñito cuando aprendió a ir al baño; esa jactancia interna que sentimos cuando nuestro hijo superó a sus compañeros en la cancha, en el recital de piano o incluso en la memorización de las Escrituras.

En estas pequeñeces usamos a nuestros hijos como si fueran medios para nuestro propio éxito. Y cuando no logran lo que queremos, su falta de éxito se convierte en un medio de nuestro propio fracaso. Bajo ninguna circunstancia un berrinche es divertido, pero es especialmente devastador si consideras a tu hijo como una extensión de ti misma. Es tan extraño, es como si uno de tus miembros estuviera haciendo una rabieta y eres impotente para detenerlo.

También conocemos a la mamá que cubre a su hijo de «amor» que proviene de su propia necesidad de sentir que la necesitan. En este caso la meta no es el éxito de su hijo, sino su necesidad constante de sentirse necesitada. Su anhelo es usar su servicio hacia sus hijos para ganar su permanente adoración y cercanía; nosotras también somos capaces de prácticas semejantes, como cuando consentimos al «bebé» que ya no es un bebé, cuando tenemos bajas expectativas que les dan a nuestros hijos la noción de que no son capaces ni deben intentar ciertas cosas y cuando los protegemos con fervor de cualquier cosa que los haga sentir incómodos.

La mamá sobreprotectora intenta ejercer soberanía sobre sus hijos al mantenerlos dependientes de ella para siempre y buscar su adoración.

Pues bien, ahora que hemos visto algunos objetivos marcadamente no cristianos de la maternidad, ¿cuáles son aquellas finalidades que caracterizan la maternidad verdaderamente cristiana?

Te daré cinco:

  1. El bienestar temporal de nuestros hijos

Nuestros hijos llegan a nosotras indefensos. Ellos necesitan aquello que de nosotras proviene, tanto en el sentido físico como en el emocional, para que puedan sobrevivir. Ni la comida ni los abrazos son opcionales. Dios ha diseñado a las mamás para alimentar y criar a estos pequeños humanos. Por lo tanto, sin importar si amamantamos a nuestros bebés o les damos biberón, sabemos que es una verdad universal que ellos necesitan estar cerca de su mamá para recibir sustento, tanto de comida como de amor. Dios usa esta misma imagen para describir cuánto Él se interesa por nosotros, aunque de forma mucho mejor: «¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti» (Is. 49:15). Las madres cristianas imitan el cuidado de Dios para con sus hijos al buscar el bienestar temporal de sus propios hijos.

  1. El bienestar eterno de nuestros hijos

El trabajo más pesado de la maternidad cristiana es el cuidado del alma. Es la crianza que va más allá de lo físico, aunque esté relacionado a ello, ya que preocuparte por la crianza espiritual sin la crianza física es como intentar convencer a tu hijo que estás calificada para enseñar cálculo cuando nunca te tomaste el tiempo para mostrarle las sumas. No es razonable esperar que tu hijo se emocione con el consuelo de un hogar eterno en la familia de Dios cuando tú no has tomado el tiempo para demostrarle el consuelo de un hogar terrenal. No es razonable esperar que ellos pierdan sus vidas por la causa de Cristo cuando tú sigues aferrada a la tuya.

Una de las razones por las que el cuidado del alma es tan difícil es el hecho de que no podemos asegurarnos de los resultados eternos. No existen fórmulas para alcanzar el bienestar eterno; lo máximo que podemos hacer es ser fieles. Sin embargo, la fidelidad no es algo sencillo, sino un conjunto de muchas cosas sencillas. La fidelidad se compone de miles de pequeñas elecciones de obedecer a Dios y sacrificar nuestra vida por nuestros hijos, enseñándoles a conocer y obedecer a Dios a lo largo de la semana. Semana tras semana, tras semana; y al hacer esto buscamos realmente el bienestar eterno de nuestros hijos, por medio de la gracia del Evangelio de Jesucristo.

  1. Nuestra propia santificación

La maternidad existe para los niños y no para nosotras mismas. Sin embargo, cuando examinamos todas las maneras en que Dios usa la maternidad, descubrimos que Él puede hacer varias cosas a la vez; y uno de sus propósitos es nuestra propia santificación. Dios quiere que la mamá que somos en el quinto año de nuestra maternidad sea distinta a la mamá que éramos en el primer año, y que la mamá que seremos en nuestro quinceavo año de la maternidad sea aún más diferente de las primeras dos.

Lo maravilloso de la maternidad cristiana es que eres al mismo tiempo madre e hija. Dios te está criando, disciplinando, formando y transformando, y usa tu trabajo como mamá para el campo de entrenamiento en la escuela de piedad en la cual te ha inscrito.

La frase «sacrificio vivo» (Rom. 12:1) cobra mucho significado cuando estamos despiertas toda la noche con un niñito cuyos dientes le están brotando, batallando en casa entre el vómito y las fiebres, amamantando a nuestro bebé bajo una sudorosa capa en un baño público, o improvisando un pañal en el parque porque las emergencias siempre van de la mano con la mala preparación de la pañalera. Quizás si estuvieras en esa situación hace diez años no te hubieras reído; quizás aún no puedes, pero Dios quiere que lo hagas. Y Dios te seguirá dando esta clase de experiencias hasta que comiences a sonreír y respirar el aire limpio de la gracia que tiene para ti en esos momentos.

  1. Testigos para el mundo

Todos observamos a los demás. La presencia de las redes sociales significa que ahora las miradas están presentes en cualquier momento del día o de la noche. Pero más importante que nuestras bien maquilladas cuentas de Instagram, son las personas reales que están observando nuestra crianza cuando no estamos preparadas para que nos vean; estas personas se percatan de cuando en verdad estamos usando a nuestros hijos. ¿Nuestros hijos son una extensión de nosotras mismas, un medio para nuestro propio éxito? ¿Te avergüenzas cuando no son perfectos? ¿Excusas a tus hijos por su mal comportamiento en lugar de lidiar correctamente con ello y restaurar la comunión? ¿Los mimas y conscientes para que te sigan necesitando? O en cambio, ¿tu sacrificio por tus hijos tiene como objetivo su propio bien supremo?

Los demás pueden notar una diferencia aún sin saber de lo que se trata; el olor que proviene de una madre que no guarda rencor en contra de sus hijos, que en verdad los disfruta como personitas distintas a ella misma, que se toma el tiempo para disciplinarles e instruirles, enseñándoles con bondad aún cuando no sea conveniente, que no los degrada, sino que los trata con la dignidad con la cual espera que crezcan y aprendan – ese olor es el aroma de Cristo.

  1. La gloria de Dios

¿Por qué Dios te hizo mamá? ¿A qué conduce la maternidad cristiana? La única respuesta a estas preguntas es nada menos que la gloria de Dios. Todos los objetivos en la lista anterior conducen a esta única finalidad, y existen únicamente por su causa.

Dios es glorificado cuando buscas el bienestar temporal de tus hijos.

Dios es glorificado cuando buscas el bienestar eterno de tus hijos.

Dios es glorificado cuando eres santificada al ser más como Cristo a través de la maternidad.

Dios es glorificado cuando el mundo observa a una fiel madre cristiana.

Dios te hizo una madre cristiana para Su gloria y tu gozo.

Abigail Dodds es esposa y madre de cinco hijos, que estudia una maestría en Bethlehem College & Seminary. Escribe regularmente para varios blogs y recientemente publicó un libro llamado “(A)typical Woman: Free, Whole, and Called in Christ”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en www.risenmotherhood.com. Traducido por Millie Delgado.

 

 

 

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Autor

  • Susi Bixby

    Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de un adolescente y dos adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México. Juntos colaboran también en la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, NL.

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