Categoría: Disciplina,Padres

Familias niño-céntricas reparten la ira pasiva de Dios sobre sus hijos

septiembre 15, 2019

por Cameron Cole

En 2017, un noticiero en California mostró un documental breve sobre un jovencito de 12 años que recibía un implante para impedir el flujo de estrógeno, y así facilitar una posible transición de género más adelante. Fue algo irreal e inquietante observar a un equipo de cinco adultos—incluyendo a una madre y un padre—alrededor de un preadolescente para asistirle en un procedimiento que detiene un proceso natural. La sala estaba llena de sonrisas, apoyo, y celebración para un niño que ha hecho una decisión médica mayor antes de llegar a ser adolescente.

No escribo para juzgar a un niño que vive con mucha confusión ni a padres que están navegando una situación que nunca buscaron. Sin embargo, vale la pena observar cómo esta situación arroja luz sobre la mentalidad niño-céntrica de la crianza moderna. Un número creciente de padres creen que debemos honrar los deseos de los niños, cueste lo que cueste. El mundo insiste en que es nuestra responsabilidad, como padres y como sociedad, bendecir y honrar la autonomía de un niño.

Por ejemplo, el espíritu predominante de la educación sexual secular habilita a los niños para que determinen—por sí solos—cuándo comenzarán su vida sexual. Se promueve la anticoncepción y la protección, pero por lo demás la sabiduría de la era queda clara: “Tú [que tengas 14, 16, o 18 años], discierne por tu cuenta cuándo estás listo”. En otras palabras, la sociedad abandona a los niños a sus propios medios sin ninguna pista de normas. El temor es que, si no les otorgamos y apoyamos todos sus deseos, nuestros hijos no florecerán, o serán dañados de alguna manera.

En resumen, la meta es permitir a los niños a que sean fieles a sí mismos.

El Problema del Autogobierno Niño-Céntrico

En el Edén, Dios le dio a Adán y Eva una condición: no coman del árbol del conocimiento del bien y del mal. Bajo esa prohibición residía un principio: no olviden que Dios es el Creador; tú eres la criatura. Sólo Él es todo-sabio, conociendo perfectamente cada persona y detalle de la existencia. Tú fuiste creado para depender de Él. Si se te olvida esto, morirás.

Adán y Eva lo olvidaron, y murieron.

A menudo pensamos en la ira de Dios como fuego que cae del cielo. Ciertamente existe un juicio activo de Dios, visto a través del Antiguo Testamento y anunciado en la segunda venida de Cristo. Pero existe también un juicio pasivo descrito en Romanos 1:24-25: “Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, … de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre”.

En otras palabras, el juicio de Dios no llegó en forma de fuego del cielo, sino en las consecuencias naturales de abandonar a las personas a sus propios medios. Le resistieron de manera tan persistente que Él retiró su misericordia y permitió que se autodestruyeran al vivir bajo sus propios términos.

Moisés retrató la trayectoria desgarradora de la autonomía humana en Génesis 4-9. Empezando con Caín y Abel y terminando en el diluvio, la condición humana se oscureció cada vez más. Antes de que apareciera la ira activa de Dios en el diluvio, la humanidad se autodestruía al vivir conforme a sus propios medios.

El impulso autodestructivo de la humanidad emana del deseo de vivir independientemente. Queremos ser el señor de nuestras vidas. Toda conducta pecaminosa fluye desde esta autonomía.

Aunque cirugía de transición de género es un ejemplo un poco extremo de autonomía, de una manera más sutil, muchas familias ceden a la presión niño-céntrica. El estándar de “buena crianza” supone verificar los talentos, preferencias, y afinidades del niño, y luego dedicar toda la energía y tiempo para cumplir esos deseos, aun si lastima al niño o a la familia.

Sé que es mala idea, pero Juanito quiere entrenar siete días a la semana.

Es demasiado, pero Sarita siente que tiene que tomar esa sexta clase avanzada.

Quiero que mis adolescentes vayan a la iglesia, pero simplemente no quieren, así que los dejamos en casa.

La mayoría de los padres hacen su mejor esfuerzo y quieren lo mejor para sus hijos. Sin embargo, esta corriente niño-céntrica representa a la sociedad habilitando y facilitando autonomía, la mismísima cosa que las Escrituras dicen es la esencia del pecado. La cola está moviendo al perro de una manera que frecuentemente lleva a la autodestrucción.

Aprendiendo Señorío

Un ingrediente crucial para crecer con salud y sabiduría es aprender a vivir la vida bajo los términos de otras personas. En la escuela te dan un horario. Mamá y Papá te sirven brócoli. El maestro hace un examen y luego lo corrige. Existen horarios límite y timbres y entrenamientos y tareas y edades mínimas para conducir. Todos estos retos, los cuales frustran a los jóvenes enormemente, comunican la lección más valiosa de la vida: tú no eres el centro del mundo.

Tales prácticas pueden de manera implícita guiar a los niños en la dirección del gobierno de Dios en sus vidas. Y vivir la vida bajo su gobierno lleva a un niño hacia la máxima forma de prosperidad y satisfacción.

El libro de Proverbios fue escrito originalmente como una herramienta para personas mayores en su entrenamiento de niños en el camino de la sabiduría. El verso central, desde el cual fluyen todos los demás, se ubica en Proverbios 1:7: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. El punto de comienzo para una vida sabia y fructífera es aprender la verdad crucial de que Dios es Dios y tú no lo eres. Vivir bajo la autoridad de Su Palabra y depender de Él para la dirección es el ingrediente más significativo que los niños necesitan para florecer.

Instituciones, iglesias, entrenadores, y padres pueden jugar un rol valioso en guiar a niños en una dirección positiva. De hecho, parte del valor de los equipos, clases, grupos, y comunidad es representar a los niños que ellos van a fracasar y derrumbarse si desean ser un llanero solitario o renegado.

Todo esto para decir, lo mejor que podemos hacer como padres es dejar que el Señor guíe la familia. Con demasiada frecuencia se siente como si los niños y sus aspiraciones dictaran la dirección de la familia. Apartarse de esa mentalidad significa buscar la voluntad del Señor con los niños en lo que ellos persiguen. También significa que los padres, utilizando su sabiduría impartida por el Señor y considerando el bienestar general de la familia, tienen la autoridad de decir, “No”. Tal liderazgo parental modela para los niños cómo vivir bajo el dominio de Dios.

Amemos a los niños lo suficiente para no dejarlos vivir bajo sus propios términos.

Este artículo fue publicado en Coalición por el Evangelio. Usado con permiso.

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Autor

  • Es el director de niños, jovenes, y la familia en Cathedral Church of the Advent (Iglesia Catedral del Adviento) en Birmingham, Alabama, y presidente del ministerio Rooted: Advancing Grace-Driven Youth Ministry (Arraigado: Avanzando el Ministerio de Jóvenes impulsado por Gracia).

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