Categoría: Padres

¿He perdido mi verdadera vocación?

junio 22, 2020

por Dianne Jago

“Si no te levantas por la mañana emocionada de retomar tu trabajo desde donde lo dejaste el día anterior, no has encontrado tu verdadera vocación”.

En todo el internet encontramos palabras como estas para inspirar a mujeres con grandes sueños. Nuestra cultura no solo nos bombardea con el mensaje de que encontramos propósito y satisfacción en nuestro trabajo, sino que también nos dice que si no estamos persiguiendo nuestros sueños nos lo estamos perdiendo todo. ¿Y qué hay de la maternidad? Si la etapa en la cual estamos actualmente no nos emociona como en algún momento nos emocionaba, ¿hemos perdido nuestra “verdadera vocación”?

La promesa de que la emoción y felicidad están del otro lado de nuestro “llamado” o “sueño” puede tener efectos devastadores en las mamás alrededor del mundo. El Señor me ha confiado tres hijos a quienes amo profundamente. Ha sido un gran gozo cuidar de sus ocurrentes personalidades, mentes curiosas y tiernos corazones. Pero yo seré la primera en admitir que la maternidad no es algo que siempre me regocija y me haga querer levantar de la cama cada mañana. Hay algunos días en los que siento todo lo contrario. Dependiendo de cómo el día se desarrolla, ser mamá me drena y me hace pensar solamente en la hora de ir a dormir. He sentido la presión de las redes sociales, viendo cómo los sueños de otros se cumplen y a la vez sintiendo que las tareas cíclicas de cambiar pañales y lavar trastes no tienen propósito. He cuestionado mi propio llamado y, en ocasiones, he sentido que la maternidad me ha retenido de cosas grandes y brillantes.

Sé que no soy la única que me he sentido así. Algunas madres se abstienen de increíbles oportunidades en su carrera para quedarse en casa con sus hijos. Otras madres tienen el profundo deseo de quedarse en casa con sus hijos, pero trabajan de tiempo completo para mantener a las vidas que le fueron encomendadas. En ambos casos, estas mujeres han escogido honorablemente amar y servir a los que están a su alrededor, pero no todos los días son emocionantes.

El problema con citas como la de más arriba es que estiman a todo lo que no cabe en “emocionante” como poca cosa. En un esfuerzo por encontrar nuestra “verdadera vocación” o “propósito”, terminamos en una interminable misión imposible cazando la siguiente cosa que nos trae satisfacción propia. Piensa en algo que alguna vez te dio mucha emoción. Pudo ser algo grande como un carro nuevo o pequeña como un nuevo par de zapatos. Los primeros días o semanas eran emocionantes, pero eventualmente, esa emoción se desvanece. ¿Quiere decir que ya no vale la pena manejar el carro? ¿O que ya no vale la pena usar los zapatos? La maternidad en ocasiones es emocionante, pero no es consistentemente emocionante todo el tiempo, y eso está bien. La cosa está así: nuestros llamados no tienen propósito solo cuando son divertidos o emocionantes, sino que tienen propósito porque son una oportunidad para glorificar al Dios que los diseñó.

Otro peligro es el pensamiento de que nos podemos estar perdiendo nuestro llamado. Hace unos años, conocí a una mujer que era esposa, madre adoptiva y maestra. A pesar de todas las maneras tan obvias en las que había impactado a su hogar y comunidad se sentía sin propósito como si se hubiera perdido su verdadera vocación. Ella buscaba algo que no pareciera muy ordinario mientras perdía de vista cómo sus actos diarios de amor eran dadores de vida y cambiaban las vidas de las personas que Dios había puesto en su camino.

Necesitamos que la Biblia realinee nuestro pensamiento con el propósito de Dios para su pueblo. ¡Cuando amamos a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas hemos encontrado nuestra vocación! (Mat. 22:37). La Biblia nos enseña que nuestro pecado nos separa de un Dios santo (Rom. 3:23). Necesitamos ser restauradas para con Dios, pero en su lugar frecuentemente nos vemos envueltos en ser conocidos, vistos o amados por otros. El afán de las riquezas o el estatus social nos pueden distraer. Podemos estar tentadas a creer la mentira de que al encontrar nuestro llamado se llenará el vacío que solo Dios puede llenar. Pero el mirar a Jesús y ver lo mucho que nos ha amado al punto de morir por nosotros y pagar el precio por nuestros pecados, nosotros que confesamos nuestros pecados y ponemos nuestra esperanza en Él somos restaurados. Y como resultado, encontramos el gozo y satisfacción que hemos estado buscando (1 Juan 1:9).

¿Qué tiene que ver esto con la maternidad y los sueños? Nuestra salvación en Cristo cambia cada aspecto de nuestra vida, incluyendo la manera en la que criamos y perseguimos nuestros sueños. Lo que el mundo estima como impresionante o exitoso ya no es más nuestra meta. Él renueva nuestra mente para ver la vida desde una perspectiva eterna, cambiando nuestra definición de éxito, de logros y aplausos del mundo a escuchar el “éxito” de “Buen siervo fiel” (Mateo 25:21). Por Jesús, ahora vivimos nuestras vidas para la gloria de Dios, no la nuestra. Ya sea que limpiemos el desorden o descubramos la cura para el cáncer, ambas sean hechas para la gloria de Dios y el bien de otros. Conocer y amar a Jesús le da propósito a todo lo que hacemos, no importa que tan “grande” o “pequeño” el mundo lo vea. Porque Él transformó nuestras vidas, nuestra forma de ver la vida es transformada. Por ello, servir a nuestras familias, ya sea como mamá de tiempo completo en casa o como mamá de tiempo completo en el trabajo, puede ser menos “tengo que hacer” y más “puedo hacer”.

Entiendo. La maternidad, y todos los detalles que conlleva, es frecuentemente un trabajo invisible y no reconocido. Pero Dios nos ve en los momentos en que nos sentimos solas. Puede ser que no nos levantemos emocionadas de retomar en donde nos quedamos un día antes, pero cuando el Evangelio transforma nuestras vidas indudablemente transformará nuestra perspectiva. ¡Podemos tener gozo en la maternidad! ¡Podemos amar, servir y entrenar a nuestros hijos con todo el gozo porque nuestra vocación esta puesta en Jesús! No tenemos que buscar nada más o tener miedo de habernos perdido una mejor vida. Podemos descansar en la etapa de maternidad a la cual nos ha llamado, no importa lo diferente que se vea de otras mujeres en las redes sociales. Querida mamá, si estás en Cristo, has encontrado tu llamado en Él. Estás segura en Él y nunca perderás esa esperanza.

Este artículo fue publicado primero en www.risenmotherhood.com. Usado con permiso.

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Autor

  • Es esposa y madre de tres, vive en Pensacola, Florida. Es la autora de “A Holy Pursuit: How the Gospel Frees Us to Follow and Lay Down Our Dreams” (Un Llamado Santo: Cómo el Evangelio nos Libera de Seguir y Establecer Nuestros Sueños), y la fundadora de la revista Deeply Rooted Magazine (Profundamente Arraigadas).

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