Categoría: Vida Espiritual

Por qué es importante criar a nuestros hijos en la iglesia local

October 18, 2026

Como mamá de tres niños pequeños, los domingos a menudo pueden sentirse abrumadores. Lo que se supone que sea un día de descanso comienza temprano, con tazones de cereal a medio comer y cada zapato de la familia esparcido por la entrada. Sé que no soy la única que pasa por esto pero después de una semana escolar, deportes, citas para jugar y siestas perdidas de mi hijo menor, a veces ir a la iglesia el domingo en la mañana se siente más como una obligación que un gozo.

Así estaba pensando hace algunos domingos mientras intentaba limpiar las encimeras con una mano y entregar pan tostado con la otra, cuando ya íbamos tarde (de nuevo) e intentaba apresurar a todos. Mientras nos alistamos, un himno antiguo sonó por mi bocina y sin pensarlo comencé a cantar.

“¿Cómo aprendiste ese himno, mami?” me preguntó mi hija.

En mi mente escuchaba a mi abuelo cantar, sentado en el banco de la iglesia, con su suave voz de barítono, su pecho inflado y sus manos sosteniendo un himnario. Escuchaba a mi hermano tocar el himno en el cello mientras nosotros cantábamos. Escuchaba a otros jóvenes a mi alrededor cantar un domingo por la noche en el grupo de jóvenes.

“Conozco este himno porque me lo enseñaron”, le respondí. Porque un domingo en la mañana, cuando había muchas cosas por hacer, los adultos que eran parte de mi vida hicieron el esfuerzo para criarme en la iglesia local.

De esta forma gentil y paciente, el Señor me ha recordado cómo Él ha usado a la iglesia para atraerme hacia Él, toda mi vida, incluso cuando no estaba prestando atención.

Mi educación en la iglesia llegó a través de bancos de madera dura y suelos de una alfombra roja y afelpada; de viejos himnarios con los lomos pegados con cinta adhesiva y pilas de libros, con olor a tierra, que llenaban la biblioteca de la iglesia. Llegó a través del sótano de la iglesia, transformado cada verano con enormes cantidades de cartón y pintura en un escenario para la Escuela Bíblica de Vacaciones, donde mi mamá dirigía los cantos de alabanza de los niños con su corte de cabello de los noventa y su vieja guitarra.

Mi primera comprensión de la iglesia se formó a través de las elaboradas horas del café, organizadas por un ejército de mujeres que, al terminar el servicio, corrían al salón de comunión cargadas con enormes cafeteras y repostería bellamente decorada. Se formó cantando himnos alrededor de un piano polvoriento, en cenas de traje y en sofás de segunda mano en el salón de jóvenes, donde hombres y mujeres de veintitantos años me enseñaron a estudiar y a hacerle preguntas a la Biblia. Llegó a través de mi papá, quien no puede pronunciar el nombre de Jesús sin que se le llenen los ojos de lágrimas, y quien pasó años orando por mí con las hermosas palabras de Efesios 3, para que llegara a conocer cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo.

Estaba rodeada, incluso antes de saber como llamarlo, por hombres y mujeres que me enseñaron el Evangelio, semana tras semana, año tras año. Los himnos, los versículos de la Biblia y la hospitalidad que me inculcaron ahora son preciosas joyas que llevo cerca de mi corazón.

Entre más conozco y amo a Jesús, más preciosos esos hombres y mujeres que me criaron en la iglesia llegan a ser para mí. El Espíritu es quien nos lleva a amarlo, pero a menudo lo hará a través de la gente en nuestras vidas que lo aman también. Antes de que llegara a amar a Jesús, experimenté su amor en la forma de la iglesia local.

En una época donde la iglesia se ha convertido en una experiencia centrada en el consumismo, donde a menudo puede sentirse más fácil para los padres mantener a sus hijos en casa y ver el culto en línea, los himnos de mi bocina me recordaron cuán precioso regalo recibí al ser criada en una iglesia local floreciente.

Es a través de las reuniones semanales y las actividades ordinarias que podemos llegar a conocernos y amarnos el uno al otro. La iglesia local, física y tangible, es donde nos enseñamos a nosotros mismos y a nuestros hijos cómo se ve caminar por la vida como una familia, llevando las alegrías y las cargas los unos de los otros.

Hacer que mi familia salga de la casa un domingo de mañana puede no ser la opción más conveniente, pero sin duda es la mejor. Semana tras semana, mis hijos navegan la multitud de la hora del café; están aprendiendo acerca de Elías y de Juan el Bautista mientras comen cereal en vasos desechables en salas de escuela dominical con colores brillantes. Ellos descansan sus cabezas en nuestros hombros mientras los cargamos en nuestros brazos, con lágrimas en nuestros ojos mientras miramos hacia el cielo en adoración. Los miembros de la iglesia nos han traído comida, nos han acompañado en el dolor y en la alegría, han orado con nosotros en nuestra sala y luego han estado allí para saludar a mis hijos por su nombre con un abrazo un domingo por la mañana. Domingo a domingo, mis hijos están aprendiendo lo que significa ser formados por una comunidad de creyentes. 

Mientras adoramos, comemos, estudiamos, vivimos y servimos juntos, estamos aprendiendo a comprender cuán ancho y alto, cuán largo y profundo es el amor de Cristo. Semanalmente tenemos la oportunidad de compartir el Evangelio junto con los hermanos y hermanas en nuestra iglesia, con quiénes caminamos en este hermoso y turbulento camino hacia la santificación.

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Autor

  • Rachel Dymski vive con su esposo y tres hijos en una granja en Pennsylvania en donde se ha enamorado de la jardinería y se ha familiarizado con la cría de vacas mucho más de lo que jamás planeó. Una antigua escritora de comida y viajes, Rachel es autora de Anxiety Interrupted: Invite God's Peace Into Your Questions, Doubts, and Fears. Puedes conectar con ella en Substack o Instagram.

    https://rachaeldymski.substack.com

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