Categoría: Vida familiar

Episodio 226: El trabajo, la diligencia y la pereza, con Ana Ávila

October 20, 2026

El trabajo ha sido parte de la vida humana desde la creación, y antes de la caída. Hoy en día es necesario trabajar para ganarse la vida y así proveer para la familia mientras lidiamos con los efectos del pecado que complican el trabajo y nos tientan a la pereza. El libro de Proverbios tiene mucha sabiduría que ofrecer sobre la diligencia que debe caracterizar el trabajo del creyente. ¡No te pierdas esta conversación con Ana!

 

Transcripción: 

Susi: Seguramente has escuchado de la famosa hormiga de Proverbios. Al perezoso, el autor de Proverbios le dice: “Ve a la hormiga…mira sus caminos, y sé sabio.” Este es uno de los versículos más famosos de Proverbios y destaca uno de sus temas principales: el trabajo diligente versus la pereza. Pensando en a quién invitar para hablar sobre este tema, claro que pensé en la autora del libro Aprovecha bien el tiempo, Ana Ávila. Así que, Ana, por si pensabas que te invitaba por perezosa o algo así, ¡es por el lado de la diligencia!

Ana: Muchas gracias, Susi. Un placer estar acá.

Susi: Gracias, Ana. No es la primera vez; de hecho, yo creo que es como la cuarta o quinta vez que eres invitada aquí en Crianza Reverente. Gracias por tu disposición siempre de colaborar con nosotros.

Ana: Yo feliz de compartir con ustedes.

Susi: Desde la última vez que grabaste un episodio con nosotros, creo que tienes otro hijo. Así que ahora tienes tres hijos, ¿verdad?

Ana: Sí, tres varones. Mi casa está llena de energía todo el tiempo.

Susi: ¿Y haces educación en casa?

Ana: Así es. Estamos iniciando nuestro segundo año de educación en casa. Muy contentos también.

Susi: ¡Eso sí requiere mucho trabajo diligente para hacerlo bien!

Ana: Para hacerlo bien, sí. De verdad que hay gente que lo hace de cualquier manera, pero creemos que el Señor nos ha llamado a ser diligentes en todo, incluyendo en la educación en casa de nuestros hijos. Así que le estamos echando muchas ganas, aprendiendo mucho seguramente, pero confiando en la gracia del Señor que remedia todas nuestras torpezas.

Susi: Amén, así es. Si no conoces a Ana, obviamente es autora del libro que mencioné, Aprovecha bien el tiempo. También escribió un libro llamado Lo que contemplas te transforma. Muy buen libro. Y recientemente creo que salió un libro que se llama Vida en devoción. ¿Es así?

Ana: Sí, se publica en español en noviembre. Ya salió en verano en inglés: Life in Devotion.

Susi: Muy bien—autora completamente bilingüe. También tienes un programa, una página llamada Con toda tu mente.

Ana: Así es. La organización que estamos levantando se llama Con toda tu mente, y nuestro programa se llama En esto mediten, cada martes en la tarde a través de Patreon—patreon.com/anaavila. Estamos ahí compartiendo acerca de cómo vivir en medio de un mundo lleno de distracción con una mente enfocada en las cosas eternas.

Susi: Yo creo que es súper importante lo que enfatizas y lo que tratas de llamar a la comunidad cristiana: a no distraerse de lo más importante. Y creo que se conecta mucho con este tema de la diligencia, el trabajo diligente. Así que, Ana, hemos estado llevando una serie aquí en Crianza Reverente, ya varios episodios del libro de Proverbios, y hemos aprendido que el libro de Proverbios gira alrededor de la búsqueda de la sabiduría, y que se tiene que hacer en el temor de Jehová. Sin eso no encontramos la verdadera sabiduría. Entonces, ¿cómo podríamos iniciar hablando de este tema, entendiéndolo dentro de este contexto que ya sabemos del libro de Proverbios?

Ana: Cuando yo pienso en el temor del Señor, que es el principio de la sabiduría, es una vida rendida delante del Señor, que reconoce su lugar delante de Dios, que reconoce quién Dios es y quiénes somos nosotros delante de Dios. La Escritura tiene mucho que decir acerca de ello, pero una de las cosas que dice respecto a quiénes somos, quiénes Dios nos hizo para hacer delante de él, es personas que trabajan. A veces eso nos sorprende un poco escucharlo como cristianos, porque es tan común en nuestra sociedad en general ver el trabajo como una carga pesada, algo que hay que hacer para sobrevivir.

Pero la realidad es que Dios nos creó para trabajar en el sentido de que nos creó para esforzarnos para hacer florecer a este mundo. Ese es el trabajo. Cuando nosotros ejercemos un esfuerzo sobre la creación y la hacemos multiplicarse o florecer para gloria de Dios, ese es el trabajo desde una perspectiva bíblica. Puede ser un trabajo remunerado, o puede ser un trabajo que no reciba recompensa económica (digámoslo así), por ejemplo, la mamá que está acá en casa de tiempo completo con sus hijos, o alguien que está siendo voluntario en un ministerio, o un estudiante también, por ejemplo, que está en una etapa de su vida en que el trabajo es prepararse para ejercer después una disciplina. 

Bueno, todo eso es ejercer esfuerzo para ver un cambio positivo en la creación, para multiplicar el potencial que Dios le infundió a la creación. Ese es el trabajo. Entonces yo creo que tenemos que iniciar por ahí, en repensar la manera en que hemos visto el trabajo hasta ahora. Si todavía vemos el trabajo como “hay algo que tengo que hacer,” o, “ya gracias a Dios es viernes”, pero no porque puedo descansar y pasar un buen rato con mi familia, ir a la iglesia el domingo, sino porque no soporto mi trabajo y lo hago por obligación, nada más, creo que tenemos que repensar eso y recordar que el Señor nos ha dado inteligencia, habilidades, atención, cuerpos, mentes que debemos usar para el servicio del prójimo y para la gloria de Dios. Y el trabajo es la manera en que hacemos eso.

Susi: Pensando como padres, esa es la visión que quisiéramos transmitir a nuestros hijos: criar hijos que vean el trabajo de esta forma.

Ana: Y yo creo que es algo hasta cierto punto natural en los niños, porque algo que he notado con mis hijos es que a ellos les gusta ser útiles y sentirse capaces de hacer una tarea. Los niños quieren ayudarte a lavar los platos, quieren ayudarte en la cocina, hasta que uno mismo les aplasta ese deseo, porque hay como: “Quítate de aquí. No molestes. Yo lo hago más rápido”. O cuando nos ven a nosotros de que: “Ay, ya me toca la cocina otra vez.” O, “Ay, ya tengo que irme a trabajar.” Y nosotros empezamos a transmitir esa actitud negativa a cualquier cosa que tenga algún tipo de esfuerzo asociado a ella. Nuestros hijos se empiezan a contagiar de esa mala actitud.

Obviamente el pecado está en todos, y todos podemos tender a la pereza o a la falta de responsabilidad. Pero en general yo creo que como seres humanos fuimos hechos a imagen de Dios con este deseo de ser útiles, de ser creativos, de servir a los demás. De hecho, hay estudios que muestran cómo las personas que están en retiro, por ejemplo (que es algo mucho más común en los Estados Unidos; no es tan común en Latinoamérica por cuestiones económicas), pero que se retiran de su trabajo y dejan de hacer cualquier cosa útil y empiezan a decaer físicamente muy rápido. ¿Por qué? Porque fuimos hechos para estar activos, en movimiento, ser útiles. Entonces es bien importante que nosotros evaluemos esa visión que tenemos del trabajo, y también consideremos cómo es que le estamos contagiando a nuestros hijos.

Susi: Modelando y contagiando—son dos cosas, porque he conocido a padres muy trabajadores, pero que no intentan transmitir a sus hijos. De hecho, he conocido a padres hombres, y en la cultura mexicana a veces es común al niño varón no permitirle ni exigirle ninguna ayuda o trabajo en la casa. Entonces ese niño puede tener un papá muy trabajador en su trabajo, pero llega a la casa y es, pudiéramos decir, muy perezoso o flojo en el sentido de que no quiere participar de ninguna forma, y no quiere que sus hijos varones lo hagan. Entonces tienes como una contradicción que este niño crece viendo a papá trabajador fuera, pero no aquí. Aquí no me permiten trabajar.

Ana: Sí, y eso de hecho es muy moderno, porque hasta hace poco, hasta el último siglo, es que los papás salen de la casa. Antes la mayoría del trabajo, la mayoría de la historia de la humanidad, el trabajo se hacía todos juntos en nuestra casa. Sí es cierto que había cierta división de labores correspondiente al sexo. Porque era más natural que un hombre pudiera aguantar más afuera haciendo cosas laboriosamente físicas, y la mujer, cosas que requerían un poco de menos destreza física, habilidad física en el sentido de fortaleza. Pero tenían otras habilidades también que podían ver las niñas del hogar, cómo hacer y cómo contribuir, y se distribuía de manera muy natural. O sea, depende de lo que somos buenos unos para hacer y otros no.

Pero al separar la familia, que uno sale y otro se queda, el niño ya no tiene la oportunidad de ver cómo puede utilizar sus habilidades. Entonces es bien importante que nuestros hogares, sea cual sea la configuración de trabajo que el Señor nos esté permitiendo desarrollar, que podamos transmitir esa visión de trabajo. Y creo que también es bien importante para los que, por ejemplo, como mi esposo y yo, que los dos trabajamos desde casa, pero trabajamos todo el día frente a una computadora. Los niños pueden pensar que estamos todo el día ahí jugando videojuegos. Entonces yo tengo que mostrarles a mis hijos: “Mira, no, estos son los libros que estoy leyendo para poder escribir los libros que escribo.” O: “Tenemos esta cámara que hacemos videos y hablamos de Jesús.”

Mi esposo también: “Estoy preparando este sermón.” Hablar de nuestro trabajo en la mesa: “Estaba haciendo esto. Me está costando trabajo esto, pero me estoy esforzando con aquello.” Otra cosa también: yo, por ejemplo, estoy estudiando en el seminario, y mis hijos me ven batallando con el griego y leyendo en voz alta y memorizando cosas, y ellos pueden ver y después decir: “OK, yo también en mi trabajo en mi escuela, me cuestan estas cosas, pero le voy a echar ganas. Veo a mis papás que también están echando ganas.” Entonces también encontrar maneras de ya sea que trabajes fuera o dentro de casa y cual sea que sea tu labor, que puedas compartirlo con tus hijos y que ellos vean cómo luce vivir trabajando para la gloria de Dios.

Susi: Excelente. Pensando en el libro de Proverbios, para mí es muy interesante cómo Proverbios habla o presenta la diligencia y la pereza, y usa incluso ilustraciones de la naturaleza y otras cosas. ¿Qué te llama la atención del libro de Proverbios de cómo nos presenta un cuadro de la pereza y la diligencia?

Ana: A mí algo que recientemente ha estado dando muchas vueltas en mi cabeza, y que siento que por nuestra tradición reformada y nuestra aversión al evangelio de la prosperidad nos cuesta un poquito hablar de eso, o le sacamos la vuelta, es que, si trabajas bien, te va a ir bien. Proverbios una y otra vez habla de esto, ya sea en el tema de la hormiga que guarda para [el futuro], o en Proverbios 24 cuando habla sobre la granja o la viña que está bien cuidada. O, por ejemplo, en Proverbios 3:9, donde dice: “Honra al Señor con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos; entonces tus granaderos se llenarán con abundancia y tus lagares rebosarán de vino nuevo.” Honra al Señor con la manera en que trabajas y con los frutos de tu trabajo, y te va a ir bien. Y yo creo que a veces como reformados o personas que hemos visto el daño que hace el evangelio de la prosperidad, queremos decir: “No hablemos de eso porque la gente va a pensar que lo estamos haciendo para hacernos ricos.”

Pero no. Simplemente Proverbios nos dice una y otra vez que Dios diseñó el mundo de tal manera de que, si te esfuerzas, eres diligente, trabajas, muy probablemente te va a ir bien. Y por supuesto, vivimos en un mundo quebrantado por el pecado, y hay excepciones, y hay cosas que pasan, y que los injustos, los que hacen tranzas, a veces salen con la suya. Y sabemos que Dios en algún momento traerá todas las cosas a su lugar, y se hará justicia perfecta. Pero en general podemos decir que, si trabajas duro, vas a ver fruto de ese trabajo. Vas a tener una buena reputación. Vas a poder ascender en un puesto de trabajo. Vas a poder crear algo que dure porque lo hiciste bien. ¿Me explico?

Entonces yo creo que a veces eso algunos de nosotros le sacamos la vuelta y nos quedamos en el “tú ora, y Dios te va a bendecir.” Sí, ora. ¡Pero también trabaja! Charles Spurgeon decía que tus acciones tienen que ser una extensión de tus oraciones. ¿Cómo vamos a orar para que a nuestros hijos les vaya bien en la escuela, o que puedan tener una casa, un hogar y mantener a su familia, a sus hijos: “Señor, sí bendícelos,” y no les estamos enseñando las habilidades que requieren para poder construir eso en su día a día, y que, a través de su esfuerzo, sí el Señor los bendiga también? Porque en la Biblia encontramos ambas cosas: que Dios hace caer la lluvia, que Dios hace crecer las plantas, pero también que uno tiene que labrar la tierra y que esforzarse.

Creo que es algo que no debemos sacarle la vuelta. Y también reconocer en nosotros, porque yo creo que a veces nos cuesta admitir que si no estamos prosperando económicamente como nos gustaría, o si estamos en un trabajo que no nos gusta mucho o que sentimos que no avanzamos en mucho tiempo, ¿has considerado que es porque no eres diligente, y porque no estás honrando al Señor como deberías con tu trabajo, que porque no estás siendo fiel en lo poco, no te dan más?  

A veces queremos rehuir a esas realidades tan básicas que Dios ha establecido en su mundo, y de eso se trata Proverbios. Proverbios nos dice cómo es que Dios ha organizado el mundo para que funcione. De nuevo, sabemos que no siempre funciona así, porque vivimos en un mundo quebrantado, pero en general Dios hizo un mundo en el que si eres diligente te va a ir bien. Tu viña va a seguir prosperando y dando fruto. Vas a ver abundancia, y vas a poder dejar abundancia después a tus próximas generaciones. Nos confronta mucho, y nos hace pensar el libro de Proverbios para evaluar si realmente estamos honrando al Señor con nuestro trabajo o si simplemente lo estamos haciendo por cumplir.

Susi: Sí, yo creo que tienes razón con la aversión que a veces tenemos; hasta leemos ciertos versículos de Proverbios y decimos: “Eso no sé si es cierto.” Tenemos que recordar lo que Nico nos dijo en el primer episodio de la serie: los proverbios no son promesas; son principios que precisamente como tú acabas de decir, demuestran como Dios diseñó el mundo que funcionara. Entonces en un mundo ideal antes del pecado, cada viña que se labrara produciría máximo fruto. Hoy en día tenemos el mismo principio. Sigue funcionando, pero ahora existen tormentas, sequías, cosas que pudieran incluso dañar la cosecha de una persona que muy diligentemente sembró su campo y espera recibir los frutos. 

Entonces yo creo que eso nos puede ayudar, incluso cuando enseñamos a nuestros hijos, porque sí creo que la motivación principal que debemos presentarles por ser diligentes no deben ser los beneficios materiales. Debe ser trabajar para la gloria de Dios. Pero parte de glorificar a Dios es que Dios ha dicho: “Yo quiero bendecir a mis hijos, y yo quiero bendecir a las criaturas creadas a mi imagen que hacen las cosas como yo he diseñado.” 

Hay una gran diferencia allí entre el evangelio de la prosperidad que tú mencionas, de que Dios te hará rico, si tú das y si tú haces. ¿Pero de dónde sacaron esa idea? La sacaron de malinterpretar o mal aplicar ciertos pasajes bíblicos. Pero eso no borra el hecho de que la mano diligente, como dice Proverbios, llegará a gobernar (12:24). Una persona que llega a ser un líder, una persona respetada en su cultura muchas veces es una persona diligente que trabaja. Eso es lo que queremos inculcar, yo creo, en nuestros hijos.

Ana: Así es. Queremos que todos lo hagan porque saben que es para la gloria de Dios cuando lo haces con diligencia, porque Dios ama la justicia. Él ama que utilicemos al máximo potencial nuestras habilidades. Al mismo tiempo no negamos que obedecer al Señor trae bendición. No estamos buscando principalmente la bendición, pero no podemos separar una cosa de la otra, porque nuestro Dios es un Dios que bendice. Entonces siempre tener la mirada puesta primero en el Señor, en su honra, porque va a haber veces en que honrar al Señor y ser diligentes no va a traer fruto, al menos inmediatamente. Uno va a decir: “No veo la recompensa aquí de volada.”

Susi: Y quizás la recompensa no es material. Hay otras recompensas. Hay otras bendiciones. Hay personas que tienen la bendición de hacer algo todo el día que les encanta; quizás no les paga tan bien como otros trabajos, pero es una gran bendición poder pasarte el tiempo haciendo algo que te gusta. Y otras personas tienen que perseverar en un trabajo que no es una actividad que les gusta tanto, pero sí les trae esa prosperidad económica para poder bendecir a su familia. Entonces hay que recordar que la bendición también tiene varias formas, no solo prosperidad económica.

Ana: Y ambas personas al final lo que deberían hacer es deleitarte en el Señor, que es el mismo. Entonces yo me puedo deleitar en el Señor en un trabajo que quizá no me da tanto ingreso económico, o me puedo deleitar en el Señor en un trabajo que quizá no me gusta tanto la actividad, pero al final me puedo deleitar en el Señor en saber que él se regocija conmigo al yo utilizar mis dones y mis habilidades y mi energía, de manera que le sirve a él y que bendice a mi prójimo. Entonces, siempre tener la mirada en el Señor, eso nos va a permitir perseverar sea cual sea nuestra circunstancia.

Susi: Y con nuestros hijos, quizás esto es una lección: quizás hay que a veces insistir en que nuestros hijos hagan cosas que no les gustan. Pero también como padres debemos buscar que tengan la oportunidad de esforzarse en cosas que sí les gustan. Yo vengo de una familia donde todos teníamos que tomar clases de música. Mis papás son músicos, y todos tuvimos que estudiar el piano desde los cinco o seis años, y otro instrumento, si queríamos, a partir de los nueve o diez años. Yo estudié piano y estudié flauta. Tengo hermanos que son buenísimos en sus instrumentos—¡buenísimos! 

Pero también tengo hermanos que no les gusta. De hecho, a mí no me gustó tanto; no tengo tanto don natural, pero me exigieron una diligencia, al mismo tiempo animándome. Por ejemplo, a mí no me gustaba cierto tipo de práctica, ciertas piezas musicales, y otros sí me gustaban más. Entonces había como un balance: “Bueno, sí, puedes aprenderte ese. Está bien, pero también queremos que aprendas esto”. Y entonces ahí ese ánimo de un hijo se desenvuelve, y le encanta la música. Yo creo que esos padres pueden esforzarse—y la música sólo es un ejemplo; hay muchas áreas. 

Otros padres van a decir: “OK, hasta aquí llegaste. Queríamos que aprendieras, pero nos damos cuenta que no es lo tuyo. ¿Qué es algo que te gusta hacer? Hemos visto que te gusta mucho esto, y creemos que esto puede ser algo que Dios puede usar.” Entonces vamos a facilitarte la manera de desenvolverte, y quizás va a requerir mucha diligencia, pero ya es algo que te gusta. Creo que (no sé si estás de acuerdo conmigo) a veces tienen que hacer cosas que no les gustan. Es parte de.

Ana: Sí, incluso dentro de la actividad que le gusta, va a haber cosas que no nos gusta. De nuevo, esta generación, yo siento que nos arruinaron los mileniales, así de que: “Encuentra lo que amas, y no trabajarás ningún día en tu vida.” No hay ninguna cosa que ames todo el tiempo. ¡Nada! Yo, mi cosa favorita del mundo es leer y escribir, y hay muchas veces donde no tengo ganas de leer y escribir porque estoy cansada, porque estoy fastidiada, porque…cualquier cosa. Mi hijo es un músico natural; tiene un excelente oído; le encanta el piano. Está en clases de piano, y a él le encantaría estar todo el día inventando sus canciones, pero él tiene que hacer sus escalas todos los días, y tiene que hacer sus ejercicios. Eso no le encanta, aunque le encanta el piano. 

Todo, incluso las cosas que más amamos tienen elementos que retan. Yo creo que el problema es que cualquier cosa que revele nuestra incapacidad es algo que nos va a incomodar, y vamos a quererle sacar la vuelta. Entonces enseñarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos a enfrentarnos con nuestra insuficiencia y decir: “Para yo crecer en esto tengo que mirar de frente mi insuficiencia y perseverar en esta actividad hasta que logre hacerlo.” Eso es una habilidad importantísima. Esa es la diligencia, el hacer lo que sé que debo hacer, independientemente de cómo me sienta. Eso es ser diligente. 

Entonces, incluso en las cosas que soñamos con hacer, va a haber elementos que van a requerir ser diligentes. Todos estamos pensando que, si tuviéramos la vida ideal, el trabajo perfecto, entonces yo no necesitaría diligencia porque sería feliz en hacerlo todos los días. No es cierto. Eso no existe, porque somos seres humanos limitados ¡y orgullosos! Y creo que de eso se trata la resistencia que sentimos muchas veces a ser diligentes, que no es placer inmediato, que nos obliga a enfrentarnos a nuestra insuficiencia. Pero yo creo que en medio de ello podemos glorificar también al Señor y perseverar y enseñar a nuestros hijos a hacer lo mismo. 

Pero creo que si no lo vemos desde esa perspectiva de reconocer que es difícil y decirles a nuestros hijos: “Yo sé que es duro, es cansado y es difícil, pero es importante por esto y esto otro, así que vamos a seguir adelante.” Si no más nos quedamos con eso de: “Ya no seas flojo. Ándale. Lo tienes que hacer,” no estamos ayudando a nuestros hijos a entender que esto es bueno para ellos, y no más nos vamos a frustrar nosotros también.

Susi: Sí. “Mira, mejor lo hago yo. Vete,” eso no les ayuda a los niños tampoco. Pero estaba pensando que cada hijo va a ser diferente. Lo que hablaste de las inseguridades, sentirte incapaz—hay niños cuya personalidad natural es: me enfrento a un reto y voy a seguir adelante. Y hay otros niños que cualquier inseguridad o insuficiencia, se retraen, se cierran, temen mucho el fracaso. Creo que aquí sale el tema para los padres de cómo manejamos cuando nuestros hijos fracasan, o no alcanzan, o no pueden hacer algo. 

Yo personalmente creo que hay lugar para un padre regañar cuando algo no se ha hecho bien. Pero eso sería cuando ve que es una falta de carácter. Pero cuando es una falta de capacidad, la solución no es regañar. Es buscar la forma de capacitar al niño. Aquí podemos entrar a lo mejor al tema de la pereza un momento, porque hay niños perezosos. Bueno, ¡todos los niños van a ser perezosos en algún momento, igual que todos los adultos! Pero requiere sabiduría de parte de los padres tratar de ver otra vez el corazón. Hemos hablado muchísimas veces en Crianza Reverente acerca de pastorear el corazón. ¿Cómo pastoreamos el corazón de un niño cuando no quiere continuar con algo, cuando creemos que es perezoso? ¿Qué tendríamos que considerar ahí?

Ana: Yo creo que lo primero es observar bien para nosotros poder identificar dónde está el límite de habilidad de nuestros hijos. Para eso necesitamos pasar mucho tiempo con ellos. Y no hay de otra, de poder yo tener la capacidad de discernir qué es lo que mi hijo sí puede hacer y qué cosa no está listo para hacer. Porque yo estoy ahí viendo. Yo lo he visto hacer esto antes de otra manera, y yo sé que lo puede hacer. Eso es lo primero, porque a veces comparamos a nuestros hijos con otros niños o con nosotros a esa edad: “¡Yo a tu edad ya sabía!” Si yo le pongo esa carga a mi hijo…no, a ellos no les corresponde. Él es él, con sus habilidades, sus dones, sus fortalezas, sus debilidades. 

Entonces yo no puedo imponer: “Es que yo ya a esta edad.” O, por ejemplo, también: “El sistema educativo me dice que a esta edad tú ya deberías hacer tal.” No, mi hijo es una persona con sus fortalezas y debilidades. Yo tengo que estar observando para ver. Yo me lo digo a mí primero, porque yo tengo que esforzarme mucho para no poner cara de ¿en serio? ¿No sabes eso? ¡De verdad! Porque no está bien. Y no es la manera de ayudar a nuestros hijos. Entonces, primero que nada, observar al niño en lo individual de saber qué sí y qué no puede hacer. 

Ahora, a mí me gusta, y lo repito una y otra vez: yo nunca les voy a pedir a mis hijos perfección, ni un resultado específico. La meta no es que te saques todas bien en el examen. La meta no es que me puedas hacer este trazo de manera perfecta. La meta siempre va a ser: dar tu mejor esfuerzo. 

Y yo también me esfuerzo por mientras mi hijo está haciendo algo, y si yo veo que está volteando para otro lado, está mal sentado, está chueco y así, yo pregunto inmediatamente: “Amor, esta letra, por ejemplo, que dibujas, ¿es tu mejor esfuerzo?” Y ellos mismos empiezan a solos reconocer: este no fue mi mejor esfuerzo. Entonces lo borramos y lo volvemos a intentar. Entonces yo estar observando y ayudarles a identificar cómo dar mi mejor esfuerzo, de mantenerme enfocado, de poner atención, de empezar y terminar, todas las cosas que ya sé que debo hacer, las aplico a esta actividad. 

Lo segundo es, que aparte de pedirles el mejor esfuerzo, yo les pido por tiempos también. No estoy como: “Tienes que tener este resultado inmediatamente,” sino que: “Vamos a enfocarnos y hacer nuestro mejor esfuerzo por cinco minutos, y lo que sea que logremos en esos cinco minutos, ese fue nuestro mejor esfuerzo.” Pero a veces nos enfocamos mucho en ver el resultado en lugar de la actitud del corazón. Lo que yo quiero es que ellos trabajen el tiempo establecido con la mejor actitud y el mejor esfuerzo posible en lugar de enfocarme en el resultado.

Susi: Exacto. Cuando hablamos de pastorear el corazón de un hijo, yo recuerdo preguntar a un hijo que llegaba con una calificación baja: “¿Tú crees que hiciste tu mejor esfuerzo?” Si me decía que sí, se lo tomaba así como me lo decía. Bueno, entonces, no me molesta esa calificación si tú me dices que hiciste tu mejor esfuerzo. Ahora quizás hay otros obstáculos que todavía podemos superar para que esa calificación suba. Quizás hay un malentendido de lo que se espera del maestro, quizás un montón de factores. Pero esa es una forma de pastorear su corazón y decir: “Aquí el asunto principal no es la calificación. Aquí el asunto principal es que si yo puedo glorificar más a Dios en mi esfuerzo.” 

Yo creo que ahí es súper importante en ese proceso. Hay muchos padres que creen que sus hijos nunca van a tener éxito en la vida si no sacan ciertas calificaciones o no logran ciertos objetivos académicos. Aquí tenemos que regresar a la Palabra y decir: “¿Cuál es la meta que Dios tiene para mis hijos?” Es que sean trabajadores diligentes, que busquen glorificarle y que no sean perezosos. No hemos hablado mucho de la pereza en este episodio, y la verdad no era mi intención, pero yo te animo, padre que estás escuchando ahora, si tú crees que tienes un hijo perezoso, lee los versículos de Proverbios sobre la pereza y habla el tema con tu hijo. Pero yo creo que lo hemos tratado de manera suficiente para decir: “Ok, yo tengo que pastorear el corazón de mi hijo en este asunto.”

Ana: Sí, y yo creo que algo sobre la pereza que está muy relacionado a este tema que vemos es que tanto en cuando habla de la hormiga, como en Proverbios 24, donde habla de que “vi la viña del perezoso y cómo se está cayendo a pedazos,” lo que dice es: “Un poco de dormir, otro poco de dormitar, otro poco de cruzar las manos para descansar,” (33) que son las cositas pequeñas. A veces decimos: “Ay, hombre.” No agarró bien el lápiz e hizo el ejercicio, y es como “ya, equis,” pero esas cositas se van acumulando y se van acumulando y se van acumulando y se traducen en una vida destruida porque esas pequeñas cositas no se atendieron. 

Dijimos: “Ay, hoy nos vamos a saltar la lectura de la Biblia porque pues no importa.” Eso una y otra vez, y se vuelven hábitos, y eso forma al final nuestra vida. Entonces yo creo que el tener cuidado de eso pequeño, de esas malas actitudes, de que: “Ay, voy a practicar el piano, pero lo voy a practicar así como que acostado y así, y medio, y no lo voy a hacer bien,” todos esos son señales de alerta. Porque la pereza no trae consecuencias de la nada, de la noche a la mañana, sino son muchas cositas chiquititas acumuladas que de repente se notan.

Entonces yo diría que notar esas cosas pequeñas y animar a nuestros hijos a hacer con excelencia y diligencia incluso las cosas más sencillas. Y no tiene que ser en un espíritu así criticón o juzgón, sino simplemente “esa es la manera en que hacemos aquí las cosas.” Pueden ser cositas muy sencillas; por ejemplo, yo tengo frasecitas que les digo a mis hijos que ya se saben de memoria, que yo nada más digo: “Al terminar y a todo poner en su lugar.” 

Pero no es de que: “¡Ay, hombre, ya dejaste tirada otra vez todo! ¡Te estoy diciendo esto todo el día!” No, no se trata de estar con este espíritu contencioso y todo el tiempo así enojado, sino simplemente vamos a recordar que aquí en casa hacemos las cosas con diligencia, y cuando terminamos de hacer una actividad ponemos las cosas en su lugar. 

Esos se vuelven hábitos de carácter en nuestros hijos que los forman en esas personas diligentes ya en cosas más grandes. Pero de repente creemos que nuestros hijos de 16 años… ¿cómo es que mañana tienes un proyecto para entregar y no has empezado? Pero es que a los seis años no le enseñaste cómo seguir una lista de tareas y poder cumplir una actividad. No es algo que es de la noche a la mañana.

Susi: Sí, y no fomentaste en tu hijo la diligencia. Entonces, ¿cómo la va a tener? Yo creo que esto es parte de vivir nuestras vidas un día a la vez, pero siempre con la eternidad en mente. Sí, hoy tengo que ser diligente. Las cosas pequeñas importan porque mañana vuelven a importar, y mañana, y el siguiente día, y de aquí a 20 años el acumulo es increíble, los resultados o las consecuencias. 

Yo pienso también, pensando en que mis hijos quiero que sean creyentes, que lleguen a servir a Dios con toda su vida adulta, pues la vida espiritual requiere diligencia. El caminar con Cristo, aunque es por gracia, Dios nos pide disciplinas espirituales. Si estoy ayudando a mi hijo a aprender ese esfuerzo, ese trabajo diligente, le va a ayudar, le va a capacitar también por la gracia a ser una persona que camine con el Señor con esa misma diligencia. Y todos sabemos que lo necesitamos.

Ana: Totalmente. Y de nuevo, lo que decíamos al principio de modelar es tan importante, y que ellos puedan ver en nosotros ese deseo de hacer lo que sea que estemos haciendo—lo que sea—con una buena actitud, con excelencia como para el Señor y no para los hombres. Eso poco a poco se contagia en nuestros hijos, o por lo menos se vuelve su normal. Porque yo creo que allá en el mundo ya tienen afuera muchos ejemplos de gente que hace lo que quiere, cuando quiere, como quiere para sentirse bien, para su propio beneficio. 

Pero si nosotros podemos ser personas que modelan el amor a Dios y al prójimo, haciendo cada cosa con diligencia para la gloria de Dios y para el bien de las personas, nuestros hijos pueden darse cuenta de que hay una mejor manera de vivir y que al final, como de nuevo el libro de Proverbios nos dice una y otra vez, trae fruto.

Susi: Amén. Trae bendición. ¡Gracias, Ana, por ser diligente en invertir tu esfuerzo aquí con nosotros en Crianza Reverente!

Ana: Un placer, de verdad.

Susi: Gracias. Bueno, a ti que nos escuchas, esperamos que puedas aplicar esto esta semana, que puedas sentarte a evaluar cuánta diligencia estás fomentando en tu propia vida y también en la de tus hijos. 

Nos vemos la próxima semana. Bendiciones.

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Autores

  • Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de tres adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México.

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  • Es escritora senior en Coalición por el Evangelio, Química Bióloga Clínica, y parte de Iglesia El Redil. Es autora de «Aprovecha bien el tiempo: Una guía práctica para honrar a Dios con tu día» y «Lo que contemplas te transforma». Vive en Guatemala junto con su esposo Uriel y sus hijos. Puedes encontrarla en YouTube, Instagram y Twitter.

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