Categoría: Vida Espiritual

Cómo evitar que tu familia tenga amnesia navideña

diciembre 6, 2021

por Susi Bixby

Ya empezó diciembre y siento que entré en una zona rara en la que el tiempo vuela y se congela al mismo tiempo. No sé qué día es, ni cuántos postres debo preparar esta semana; no recuerdo si mañana hay cita con el médico o con mis amigas, recital de mis hijos o partido de fútbol; ya perdí la cuenta de los regalos que ya conseguí y los que me faltan. Mi mente se siente nublada, y ya le dije más de una vez a mi esposo que me sentiré aliviada cuando subamos a la camioneta y partamos de viaje en un par de semanas. Seguramente olvidaré la mitad de lo que debo llevar, pero por lo menos estaré sentada en un lugar con un destino fijo, y nada que hacer en el camino más que dormir y manejar (esperemos que no al mismo tiempo).

¿A qué voy? Para muchas familias, los días previos a Navidad representan un tiempo ajetreado y lleno de actividades. Y no actividades normales, sino actividades muy variadas que muchas veces implican gastar dinero y comer mucho. Hay más estrés por presiones económicas, menos horas de sueño, agendas demasiado llenas y niños que extrañan su rutina. Todo esto trae como resultado mentes y corazones distraídos que batallan para enfocarse en algo más allá de lo que está sucediendo en el momento.

Nos cuesta recordar. Me cuesta a mí como mamá y nos cuesta como padres recordarles activamente a nuestros hijos lo que más importa.

Tenemos dificultad para pensar en realidades trascendentes que deben impactar cada momento de la vida, porque estamos muy ocupados viviendo en este momento.

No creo que mi familia sea la única que sufra de amnesia navideña, así que te comparto algunas cosas que Dios nos está recordando que necesitamos recordar esta Navidad. Abajo de cada punto hay algunas sugerencias para hablar de forma práctica con nuestros hijos.

  1. No podemos solos con la vida. 

Si yo pudiera salvarme a mí misma de mi propio pecado, de un destino eterno en el infierno, Jesús no hubiera tenido que venir. Pero también es verdad que si yo pudiera salvarme a mí misma de las tentaciones y luchas, las imprudencias y los malos hábitos, la idolatría y avaricia que me endeuda y la ira que brota en mí hacia las personas que se interponen en mi camino, Jesús tampoco hubiera tenido que venir.

El hecho de que Jesús vino hace 2000 años como un tierno bebé en Belén significa que cada miembro de mi familia está necesitado en todos los aspectos de la vida. No somos capaces de pasar un solo día manejando el ajetreo sin Él. No soy capaz de perdonar a mis hijos cuando deshacen el pino, a mi esposo cuando no recuerda traer el mandado que le pedí, a mi suegra cuando hace sus comentarios, o a mi vecino que pone la música muy fuerte, si no reconozco que yo no puedo sola. En ninguno de nosotros hay capacidad para bien, y Jesús tuvo que nacer para morir por eso.

La Navidad le recuerda a mi familia que no podemos con la vida sin la obra de Jesús.

¿Cómo puedo aplicar esto con mis hijos? Recuerda pedirles perdón cuando te molestas y habla con ellos sobre cómo podemos controlar la ira a través de la obra de Jesús. Hazles recordar cuando desobedecen o cuando luchan con otro pecado (puedes pedir que te den ejemplos o situaciones) y pregúntales qué piensan ellos que la venida de Jesús tiene que ver con su pecado.

  1. No merecemos nada bueno.

En medio de una cultura que valora el reconocimiento, los regalos, y las invitaciones a eventos, fácilmente uno puede llegar a esperar ciertas cosas. Nos enteramos por las redes sociales de eventos a los cuales no fuimos invitados, no recibimos los regalos que esperábamos, se nos exige más tiempo y recursos de los que estamos dispuestos a dar, y no llegan las palabras de aprecio y agradecimiento por todo lo que hacemos. Pronto nos encontramos enfocados en lo que creemos merecer, y somos exigentes con las personas a nuestro alrededor. Incluso, esta actitud fácilmente la podemos tener con Dios y esperar ciertas bendiciones de su parte.

Jesús, Dios hecho hombre, no vino a esta tierra porque merecíamos su ayuda. De hecho, Jesús vino para salvarnos de la condenación que merecemos. Recordamos a un bebé inocente y pequeñito, acostado en un pesebre. Ese bebé creció y dio su vida voluntariamente por miles de millones de personas que no merecían su obra a su favor.

La Navidad le recuerda a mi familia que no merecemos nada bueno. 

¿Cómo puedo aplicar esto con mis hijos? En esta época es inevitable que nuestros hijos insistan en pedir cierto regalo; puedes preguntarle por qué cree que se merece dicho regalo. Cuando nuestros hijos exigen soberbiamente algún presente o reconocimiento porque piensan que lo merecen por sus “buenas” actitudes o acciones, recuérdale quién es Jesús y lo que hizo, a pesar de ser quién es Él, para que ellos no se perdieran.

  1. Solo existe un regalo que satisface. 

En diciembre se nos olvida que los platillos especiales, los desayunos, los postres deliciosos, los eventos emocionantes, los logros de mis hijos, la ropa nueva, y las decoraciones hermosas no satisfacen. Volveremos a tener hambre, la ropa se ensucia, y las decoraciones se rompen. Siempre existe otra comida más rica, zapatos más bonitos, juguetes más chulos y una casa mejor decorada para codiciar. Nunca será suficiente para satisfacernos.

Pero en diciembre recordamos que el Creador del universo tomó la forma de hombre, de un bebé, y llegó a nuestro mundo frívolo y lleno de ídolos. Comió, bebió, vistió ropa y apreció cosas bonitas, pero vivió una vida que reflejaba valores eternos. Nada de lo que este mundo físico ofrece puede satisfacer. Por eso tuvo que venir Jesús. Íbamos perdidamente hacia la destrucción detrás de placeres momentáneos. Él nos ofrece el único regalo que puede satisfacernos profundamente: Él mismo.

La Navidad le recuerda a mi familia que solo existe un regalo que satisface. 

¿Cómo puedo aplicar esto con mis hijos? En esos momentos cuando tu hijo no recibió el regalo deseado, o el platillo que le gusta, aprovecha para preguntarle si cree que eso que tanto deseaba lo hubiera hecho feliz. Quizás recordar ocasiones cuando recibió algo muy deseado, y preguntarle, cómo se sintió con eso que tanto deseaba después de algunos días. ¿Seguía dándole satisfacción o quizás anhelaba otra cosa? Dios nos creó de tal modo que nada de este mundo nos satisface porque Él nos quiere satisfacer.

  1. Podemos dar porque nos fue dado. 

Hay muchas razones para dar regalos: obligación, tradición, posición social, ganar favor o poder. Lo más probable es que cada uno de nosotros daremos regalos esta Navidad por varias de estas razones. Pero no tiene que ser así, y no debe ser así para el creyente.

Ese regalo del cual hablamos hace un momento, el único que satisface, Jesucristo mismo y su obra a nuestro favor, es la fuente y la motivación por la que podemos dar a otros. Es imposible dar sin egoísmo ni interés, a menos que hayamos experimentado la satisfacción en Cristo. Cuando reconocemos su gran misericordia y gracia hacia nosotros, entonces somos capaces de dar con misericordia y gracia, sin esperar nada a cambio.

La Navidad le recuerda a mi familia por qué podemos dar a otros. 

¿Cómo puedo aplicar esto con mis hijos? Planeen un proyecto de caridad, un proyecto en el que tus hijos den a otros y que realmente requiera sacrificio de su parte; presta atención a sus respuestas y comentarios y aprovechen para hablar de su propio corazón.

¡No nos dejemos dominar por la amnesia navideña! Recordemos cómo el Evangelio debe definir cada momento de la vida, especialmente en diciembre.

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Autor

  • Susi Bixby

    Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de un adolescente y dos adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México. Juntos colaboran también en la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, NL.

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