Dentro de unas semanas celebraremos una de las festividades cristianas más importantes del año, que se verá marcada con momentos de oración, adoración y ayuno. ¡Ah, pero, espera! Al parecer, habrá conejitos de chocolate, más huevos de los que se pueden contar y, ¿un conejo de pascua que los puso? ¡Puedo entender cómo esto puede ser confuso para nuestros niños pequeños (y para otras culturas)! ¿Han sido sorprendidos, así como yo, por la pregunta: “Mami, ¿qué tienen que ver los huevos de pascua con la Pascua?”
Donde yo vivo, veo que madres hacen largas filas con sus hijos para tomarse la foto con el “conejo de pascua”. Preparan una canasta repleta de dulces para regalar a cada hijo el domingo de resurrección. Y el evento más importante: la búsqueda de cientos de huevos de plástico llenos de todos los dulces imaginables, decorados en temáticas de conejos o pollitos. Con todo el revuelo en las tiendas, ¿qué niño querría perderse la magia de despertarse el domingo por la mañana con una canasta de pascua rebosante, traída por el Conejo de pascua?
Sin embargo, hace dos mil años, en una colina lejana del Medio Oriente, el Hijo de Dios colgó de una cruz hasta morir. Un terremoto en el momento de su muerte nos recuerda que dividió el tiempo en dos al nacer (a. C. y d. C.) y el velo del templo al morir. Rompió para siempre la barrera entre Dios y el hombre al venir a vivir entre nosotros, como uno de nosotros, y ser el sacrificio por nuestros pecados para restaurarnos a una relación correcta con Dios. Y por si eso fuera poco, resucitó, venciendo a la muerte misma, y tras aparecerse a sus discípulos y a muchos otros, ascendió a la diestra de Dios, ¡donde continúa reinando!
Tendremos que buscar más allá de nuestras tiendas locales para ver señales de la celebración de esta parte central de nuestra fe, y como cristianos somos, sin duda, contraculturales. ¿Qué aspectos de la vida de Jesús, su muerte, sepultura y resurrección, se ven reflejados en el tiempo que le dedicamos al “conejo de pascua”? ¿Debería el Mesías compartir esta celebración de su victoria con este conejo en tu hogar?
Aunque estas tradiciones pueden ser inofensivas, quiero retarte: ¿vale la pena distraernos del verdadero motivo de nuestra celebración? ¿Es Jesús suficiente?
La victoria de Cristo sobre la tumba es una hazaña increíble que podemos celebrar junto con nuestros hijos. No se necesitan conejitos mágicos. La visión que un niño tiene de la Pascua se forma según lo que decidamos destacar al celebrarla. Hace años descubrí un hecho simple pero cierto: nuestros hijos pequeños se emocionan con lo que a nosotros nos emociona; lo que nos emociona revela y refleja nuestros valores.
Además de los cultos celebrando la resurrección en nuestra iglesia, ahora disfrutamos de algunas tradiciones propias. Pedimos en línea un juego de “Huevos de Resurrección”, compuesto por doce huevos de plástico. Cada uno contiene un símbolo que guía a la familia a través de los eventos de la Semana Santa. No te preocupes, también incluye un folleto con la historia de cada día y su símbolo. Mis hijos han disfrutado de este kit durante años y cada día sacan una pieza nueva, piezas como una corona de espinas en miniatura, manos en posición de oración y monedas de plata.
Con el paso de los años, pasamos de nosotros (mamá y papá) leerles la historia a que ahora ellos nos cuentan sobre el camino de Jesús hacia la cruz. Desde su entrada a Jerusalén el Domingo de Ramos, pasando por la cena de Pascua, la traición de Judas, el juicio de Jesús, su muerte, su sepultura y, finalmente, su resurrección y su victoria sobre la muerte.
Otra forma que les enseñamos a nuestros niños pequeños sobre la Pascua es a través de varios libros ilustrados que narran y muestran los momentos más destacados de la historia de Pascua de forma imaginativa. Un ejemplo de esos libros es el que narra la perspectiva de un burro sobre esa semana (El burrito que cargó a un Rey, de R.C. Sproul). Otro clásico es la historia de Los Tres Árboles (de Angela Elwell Hunt), en la que uno de los árboles se convirtió en la cruz donde Jesús fue crucificado. Otro de nuestros favoritos es uno que resalta la historia a través de rocas que dan forma a las imágenes (Él ha resucitado: Las rocas cuentan la historia de la Pascua). Cada libro se centra en el personaje principal de la Pascua: nuestro Redentor, nuestro Salvador.
Si tienes niños mayores y les gusta hornear, busca una receta llamada “Rollos de Resurrección”. Se trata de un panecillo que se hornea y en el que los niños ponen un malvavisco dentro. Después de hornearlo, lo abres y el malvavisco desaparece (dá una imagen de la “tumba” vacía), y pueden disfrutar juntos de un panecillo que les recuerda la tumba vacía de Cristo.
En vísperas del Domingo de Resurrección, puedes reunir a la familia para compartir historias o actividades especiales que se centren en el verdadero significado de la Pascua. En los años formativos de los niños, cuando estamos moldeando nuestra cultura familiar y sentando las bases de nuestra adoración juntos, centrar tus celebraciones en el Creador mismo nunca será una decepción; es una experiencia que supera cualquier otra magia.
Este artículo fue publicado primero en Fierce Parenting. Traducido y publicado con permiso.




