Si te preocupas frecuentemente por tu hijo en sus amistades, ¡no estás solo! Es un tema que causa mucha angustia para los padres, y a veces para los hijos también. Queremos considerar si estamos acudiendo a la fuente acertada de sabiduría para guiar a nuestros hijos mientras navegan las aguas a menudo turbulentas de las relaciones interpersonales. Invierte en la vida espiritual y emocional de tus hijos escuchando esta conversación.
Transcripción:
Susi: Los padres tenemos una lista sin fin de cosas sobre las cuales nos preocupamos en la vida de nuestros hijos. Al llegar a cierta edad, dependiendo probablemente de qué tan social es nuestro hijo, nos comenzamos a preocupar bastante sobre sus amistades. ¡O quizás algunos no nos preocupamos lo suficiente!
Es necesario como padres vigilar esta área de la vida de nuestros hijos, y hoy tenemos con nosotros otra vez al pastor Juan Moncayo, autor del libro Amigos, relaciones profundas en una era superficial. Juan también es padre, como nos dijo en el episodio anterior. Gracias, Juan, por aceptar estar otra vez aquí con nosotros.
Juan: Hola, querida hermana; un gusto estar aquí con ustedes de nuevo.
Susi: Muy bien, Juan, existe mucho estudio sobre el concepto, la idea, el tema de las amistades. Ya hablamos en el episodio anterior sobre eso en la vida de los padres. ¿Pero cómo te ayudó todo ese estudio que hiciste para escribir este libro en tu rol como padre con tus hijos y sus amistades?
Juan: Qué buena pregunta. Realmente fue muy útil. Como lo mencioné, mucho de mi deseo de este libro tenía mucho que ver que yo quería verme preparado para ese tipo de relaciones. Pero sí fue una sorpresa el ver a mis hijos a veces luchando con ese tipo de contexto. Para darte un poco de contexto nuestro, mi esposa es de Estados Unidos; yo soy ecuatoriano. Pero ellos viven en una cultura doble, donde mi esposa les habla en inglés, y yo les hablo en español lo que más puedo. Pero realmente durante la pandemia hablamos mucho en inglés.
Entonces ellos hablan español, pero todavía se sienten mucho más cómodos en inglés. A nivel de vivir en Ecuador, hay momentos donde tú ves que ellos luchan, pero después cuando venimos a los Estados Unidos, ellos luchan en cambio culturalmente, porque ellos se sienten muy ecuatorianos. Eso ha sido muy duro, y el libro me ha ayudado a tener categorías para poder pensar en algunas de estas cosas.
Susi: Es súper importante, cuando pensamos en nuestros hijos y sus amistades, recordar que no podemos ser prescriptivos. No podemos pensar, por ejemplo, que nosotros entendemos todo lo que nuestros hijos están pasando. Aunque no tengamos esa situación bicultural que tú tienes, yo también—mis hijos se criaron algo así parecido—pero nadie, ningunas dos personas, son iguales. Entonces, yo creo que es súper importante desde un principio decir: yo tengo que conocer a mi hijo, no suponer o asumir que yo entiendo todo lo que está pasando.
Juan: Y no buscar nada más arreglar. Yo creo que eso es lo que nos pasa a veces. Tiene este problema, entonces “haz esto y se acaba”. No funciona así. Muchas veces los hijos lo que necesitan es ser escuchados, llorar con ellos, conectarnos con ellos y ayudarles.
Susi: O sea, es parte del discipulado de nuestros hijos.
Juan: Así es, completamente.
Susi: Me imagino que todo ese trabajo que tú hiciste para estudiar el tema de las amistades—en cierto sentido, todo lo que nosotros hagamos como padres, si crecemos en un área, podemos ver que eso nos ayuda en el discipulado de nuestros hijos.
Juan: Totalmente.
Susi: Genial. Y yo creo, Juan—no sé si has observado lo mismo—pero el tema de las amistades que nuestros hijos tienen causa mucha preocupación en los padres. Yo he visto que es uno de los temas que más preocupa, especialmente entre adolescentes y adolescentes. ¿Por qué vemos esto en los padres? ¿Por qué tenemos emociones y opiniones tan fuertes sobre el tema de las amistades de los hijos?
Juan: Yo creo que hay muchos motivos. Déjame decirte algunos que han venido a mi mente. El primero es que como mencionamos en un capítulo anterior, es la idea de que fuimos creados para relaciones. Y todos en algún momento de nuestra vida hemos experimentado lo que se siente estar solo, o el ser separado, o el no ser escogido. Duele. Y si tú amas a tus hijos, sea de preadolescente o sea más pequeños, hay un dolor tan profundo en tu corazón cuando ves que tu hijo está solo.
Hay algo que realmente…yo te puedo decir: yo puedo recordar momentos con mi esposa donde literalmente todo estaba bien en la vida, pero vimos un momento de esos difíciles donde mi hijo fue apartado, o mi hija no fue tomada en cuenta, y dolió lo más profundo, donde nos llevó a las lágrimas literalmente. Yo creo que eso en primer lugar es muy importante. Hay esa parte emotiva.
También, además de eso, nos damos cuenta de que las amistades, como dice la Biblia, son una fuente de influencia en la vida de nuestros hijos. Quiénes van a influenciar a nuestros hijos va a ser muy importante. Como tú mencionas, de preadolescentes y adolescentes, después mientras van creciendo, tú te empiezas a dar cuenta de que tu influencia—al principio tú puedes controlar más el contexto de tus hijos, mientras ellos van creciendo. Ahora, ellos van a empezar a crecer, y tú te das cuenta que ya no tienes poder, o ya tu poder va minimizándose de cuánta influencia tú puedes tener en las amistades. Entonces te asusta la idea de qué tipo de influencia van a tener.
Y no solamente a nivel de sus decisiones, no solamente a nivel de cómo puede cambiar su compás moral, o cosas así, quizás, pero también yo creo a nivel de causarles dolor. Proverbios 13:20 dice: “El que anda con sabios será sabio, más el compañero de los necios sufrirá daño”. Dice “sufrirá daño”. No solamente a nivel de que les van a lastimar. Yo me pongo a pensar a veces que inclusive desde niños pequeños, ves que a tu niño le regalan un juguete, y tiene un amigo que realmente no está tan interesado en tu hijo, sino más en el juguete de tu hijo. Y le dice: “Tú eres mi mejor amigo”. Y después mi hijo piensa: “Es mi amigo”, y le presta el juguete. Después viene y el juguete está dañado. Y tu hijo está lastimado porque su juguete ahora está dañado.
Yo he visto eso a nivel de jóvenes, de que les prestaron a alguien su bicicleta, o le prestaron a alguien algo más, y después inclusive sufrieron un daño, inclusive financiero, o cosas así. Entonces yo creo que tiene tantas opciones. Creo que también, finalmente, si volvemos a Proverbios, los Proverbios están llenos con esta idea de que el hijo sabio alegra a su padre y a su madre. Es cierto. Pero el hijo necio trae tristeza. Entonces yo creo que inclusive esas amistades pueden llevarnos a un lugar donde pueden traernos tristeza. Creo que de todo lado que lo ves, nos damos cuenta que está mucho en la mesa cuando hablamos de las amistades.
Susi: Yo creo que mucho tiene que ver con nosotros mismos. Si yo he sido lastimada por amistades, mi tendencia probablemente va a ser casi evitar que mis hijos tengan amistades cercanas donde puedan ser lastimadas como yo lo fui. O puedo también caer en: quiero que mi hijo sea amigo de ese niño bueno en la iglesia, y entonces yo casi quiero forzar. Tú dijiste control, ¿verdad? Cuando están chiquitos tenemos control, pero aún ese control tiene que ir moderado. Tenemos que entender que yo no puedo obligar a mi hija a que sea amiguita de la hija de mi mejor amiga. ¡No puedo! Pero tenemos esa tendencia.
La motivación puede ser muy variada, dependiendo de la persona. Yo animaría a las personas que nos están escuchando: evalúa. Trata de pensar en cuál es tu perspectiva sobre la amistad, y cómo tú tratas de plasmar sobre tus hijos: yo quiero que mis hijos tengan todos los amigos que yo nunca tuve. O yo quiero…así. Son muchas, muchas motivaciones.
Juan: Exacto. O que nunca sean rechazados. Y yo les quiero proteger. Si hago otras cosas perfectamente mis hijos no…. Es parte del crecer, lamentablemente. Tenemos que criarlos con mucha sabiduría, pero sabemos, de nuevo, que tenemos que confiar en el Señor. Abre tu mano y date cuenta de que estos niños en primer lugar te fueron dados por el Señor. Tu rol es una mayordomía, de darles las herramientas. Eso es muy importante al hablar de este tema: cómo les ayudamos a tener o no tener amigos. Porque de un lado quiero que tenga estos amigos, pero no quiero que tenga esos amigos. Que no sea tu amigo este otro chico, esta otra chica.
Susi: Sí, exacto. Qué bueno que mencionas eso, porque una de las cosas que me gustaría que nos ayudaras, por ejemplo, a los padres: ¿cuáles serían algunos principios bíblicos que podríamos conversar, tener conversaciones intencionales? Obviamente dependiendo la edad de los hijos, pero incluso no sé si hay algunos pasajes donde una mamá o unos padres podrían sentarse en algún devocional familiar y conversar. ¿Qué herramientas sugieres para tener esas conversaciones intencionales?
Juan: Sí, qué útil. En primer lugar, porque nada más quiero subrayar, porque creo que es muy fácil cuando hablo de estas cosas prácticas, querer tener “control remoto”. Te doy una imagen: mi hijo juega fútbol, y yo me encuentro al lado de la cancha diciéndole a mi hijo, como si fuera por control remoto: “¡Patea! ¡Brinca! ¡Camina para la derecha! ¡A la derecha! ¡No por ahí!” Sé, y es claro, y se muestra que eso no ayuda a los niños. Porque los niños no te pueden escuchar. No se mueven por control remoto.
Susi: No son robots.
Juan: Exacto. Lo que puedes hacer es en el lugar de práctica, ayudarle a que practique de tal manera de que ese pase, o lo que sea, le salga más natural. Y lo mismo hacemos en nuestro hogar. Va a ser más difícil decir: “En esta relación ahora quiero que hagas esto, esto y esto y esto”. Pero me encanta, como dijiste, pensar en qué conversaciones tenemos que tener para que cuando venga el momento del partido, esto ya se vuelva un reflejo más natural.
Susi: Principios.
Juan: Lo que queremos hacer es que crezcan en piedad y en discernimiento. Entonces una cosa muy importante: Romanos 12:3 habla de que nadie piense más alto de lo que debe pensar de sí mismo. En algunos contextos, personas no están pensando en estas cosas, y es posible que lleguemos a una conversación con nuestros hijos donde ellos se sienten que “nosotros somos cristianos pero este mundo es malvado”. Pero queremos que nuestros hijos se den cuenta de que todos podemos pecar en contra de otra persona.
Porque nuestro hijo lo que va a escuchar es: “Tú eres lindo, hermoso, precioso”, y es verdad—le amo a mi hijo. Pero al mismo tiempo no eres perfecto. Lo conversamos desde ambos lados: no solamente del lado de la influencia de los amigos, sino también tú tienes que ser buena influencia. Yo creo que eso es muy importante, número uno.
Número 2: Mateo 15:19, y otros contextos, habla de que “de la abundancia del corazón abre la boca”. Del corazón emanan las cosas. Especialmente con niños más grandes y jóvenes, te van a decir algo así: “Es que tú no conoces el corazón de mi amigo”. Y es verdad, no conozco el corazón de tu amigo. Es verdad. Tienes toda la razón. Yo no conozco el corazón de tu amigo. Sin embargo, la Biblia nos dice que no tenemos que conocer el corazón, pero vemos los frutos. “Por los frutos los conocerán”. Entonces, ayudarle a tu hijo a darse cuenta de que tanto para él o para ella como para sus amigos, una manera es de manera amorosa poder ver qué tipo de frutos tienen—tanto para ellos como para la otra persona.
Con eso en mente, eso nos va a ayudar a que ellos consideren: ¿esta conversación te edifica? El tipo de conversaciones que tengan. Pensemos prácticamente: palabras. ¿Qué tipos de palabras usan? ¿Son palabras que edifican? Después de que tú hablas con esta persona, ¿te sientes animado?
—No, yo me siento que me juzga. Yo siento que cada vez que hablo algo, es como que quiere decir algo más grande. Es de esas amistades donde yo digo: “Mi papi me regaló tal cosa en Navidad”. Y dice: “Ay, mi mamá me acaba de dar esto, y es más grande”
Te das cuenta de esas cosas. O calumnia: ¿de qué hablan tus amigos? Constantemente de esta chica, o de este otro chico, o de este otro niño. Y se dan cuenta de esto. Están hablando, calumniando. O halagando—eso también es importante. La Palabra de Dios habla del halago de una manera donde puede ser muy peligrosa, donde es: “¡Ay! ¡Tú eres tan increíble!”, pero están halagándote por algún motivo. Quieren algo.
Susi: Para manipularte.
Juan: Exacto. Manipulación. Calumnia, halago. También quejas: es algo importante. Una persona que siempre está buscando—no quiero decir siempre, pero una persona que comúnmente está hablando de que: “Ay, es que todo está mal”. Ese tipo de cosas: ¿son palabras de gracia? Entonces, a nivel de palabras.
En segundo lugar, a nivel de actitudes. Ahí quizás llega más la parte de queja. ¿Es una persona iracunda? ¿Es una persona que cuando las cosas no van como quiere, ves que se enoja? También, ¿cuál es su norte? ¿Es materialismo? Es el tipo de cosas, el tipo de quejas. ¿Tú ves lealtad en esa amistad? Ayudarle a esa persona ver si es que hay una lealtad (obviamente cuidadosa).
Me gusta la palabra en inglés mean. Dada persona es mean. Hay una maldad, una maliciosidad donde trata a las personas de una manera mala. Alguien se cayó. Y especialmente con niños pequeños me encanta tener esa conversación: el otro día se cayó esta persona. Preguntar: “¿Y cómo respondieron tus amigos?” Ahí es interesante: “Tres personas fueron a chequear de que esté bien, y unas personas se estaban riendo”.
Entonces: “¿Qué opinas de que el fulanito…?” Sin hacer un juicio, pero: “¿Qué opinas de que esas personas se estaban riendo mientras las otras personas le estaban ayudando?” Eso empieza a poner un radar para ellos.
Y de ahí a nivel de comportamiento: ¿cómo se comportan? Hay una mezcla de todo esto. Recuerdo que hace unos años mi hija estaba atraída por una amistad fuera de nuestro círculo normal de amigos. Era una persona—y esto es importante recordar, que muchas veces esas malas amistades son magnéticas. Tienen una personalidad muy fuerte.
Susi: Sí. Y nuestros hijos se emocionan y se llenan.
Juan: Exacto. Y mi hija se sentía que la atraía; había un magnetismo ahí donde era: yo quiero ser amiga de esta persona. Pero ya aquí es algo importante: tú tienes toda la potestad, y en tu llamado en el Señor de proteger a tus hijos, tú debes poner a veces un freno en ese tipo de cosas. Sin embargo, una mala manera de hacer eso…hay que tener cuidado de que no digas: “Ey, no tengas esa amistad”. Porque el momento que dices eso, normalmente la persona dice: “Qué bueno; voy a ser su amigo”.
Pero darle este filtro de ayudar. Esta persona era muy desobediente. Y recuerdo que hablábamos de ¿qué es lo que el Señor pide a los papás? A los papás les pide que discipulen, guianza, instrucción en el Señor. Y para los hijos, que obedezcan a sus padres. Eso significa que va a haber reglas. Enseñamos a nuestros hijos que en diferentes contextos hay reglas, y esas reglas tienen que mantenerse en ese contexto.
Nosotros hacemos homeschool, pero en otros contextos la idea es: este es el lugar donde estas personas te dan reglas para cuidarte. Pero si salen de ese contexto, esa es otra conversación. Una niña le había dicho a mi hija—a mi hija le encanta hablar de estas cosas—una niña le había dicho: “Yo no sigo reglas de nadie”. Y nosotros: “¿Y qué opinas tú?” Como papás era como: “¡¡Bip, bip, bip!!”
Susi: ¡Casi es mejor que tengan amigos que digan lo que piensan! Porque así sabes cómo son sus amigos. ¡Pero qué fuerte que una niña chiquita diga eso!
Juan: ¡Exacto! Entonces, ayudarla a ver desde esa perspectiva. Esas son algunas ideas de cómo ayudar a ver algunas cosas para que tu hijo conozca ese tipo de cosas.
Susi: Yo estoy pensando, escuchándote, que a lo mejor padres podrían sentarse y hacer una lectura del libro de Proverbios buscando los versículos quizás específicos sobre la amistad, y simplemente hablando con sus hijos, aunque sean chiquitos: “Tú, ¿qué tipo de amigo eres?” Y luego: “¿Qué tipo de amigo buscas?”
Me encanta pensar que si uno entrena a los hijos desde chiquitos a primero tener el discernimiento que mencionas, y no solamente dejar que la vida les lleve: “Las personas que entran a mi vida, bueno, todos son mis amigos”. O: “Nadie es mi amigo”, sino a ejercer un tipo de discernimiento desde pequeños. Pero no de una forma que anden juzgando a todos, sino amando a otros. Pero también entendiendo ese concepto de la influencia que otros tienen en mi vida.
Pienso que también los padres tenemos que cuidar el ejemplo. Hablamos en el episodio anterior de nosotros y nuestras amistades. Así que, si tú estás escuchando este episodio, pero no has escuchado el anterior, por favor también escúchalo, porque tú tienes que modelar en tus amistades lo que quieres que ellos entiendan.
Juan, hay algo de padres de preadolescentes y adolescentes en particular, donde muchas veces no están seguros si deben prohibir una amistad o insistir un poquito más en tratar de que sus hijos hagan amistades, por ejemplo, en la iglesia. ¿Tienes algunos consejos para padres en esta etapa?
Juan: Sí. De ser honesta, como lo mencioné, mis hijos todavía están pequeños. Sin embargo, he trabajado con grupos de jóvenes, e inclusive por unos años nosotros fuimos papás de un internado de adolescentes en un colegio. Con eso en mente, te doy algunas ideas por ahí. Yo creo que hay un momento, donde es posible, donde puedes decir: “Me gustaría que no pases tiempo con esta persona”. Pero de nuevo, no debería ser algo inmediato, sino donde tú discipulas a las personas, a menos que tú veas que está en peligro tu hijo, obviamente. Entonces, es de mucho cuidado.
Pero de nuevo, yo creo que lo que tú quieres hacer es dar principios de tal manera que tú dejas que el Espíritu Santo, que tú dejas también que la conciencia que tú has puesto en ese niño se sienta. Inclusive, en el punto que dije anteriormente, mi hija fue quien dio el paso al costado. Pese a que esta amistad le traía muchos beneficios del mundo, mi hija en un momento se dio cuenta de que no, que esto no es bueno para mí. Ella dio el paso. Y está pequeña todavía. Yo creo que con un joven más grande hay más oportunidad para que eso ocurra, número uno.
Número dos: a mí me encanta cuando yo hablo con mi suegra. Ella era así—decía: “Yo quiero que mi casa sea el lugar donde los chicos pasen tiempo”. Eso ayudó mucho en ese contexto, donde tengo la oportunidad de observar. Porque hay muchos papás tienen la idea de ser papás de “control remoto”. (Lo que dije del campo de fútbol.) Ocurre a cercanía, y también de lejos. A veces es: “Ahí van mis hijos, y confío en Dios”. ¿Pero realmente sabes qué está pasando?
Entonces tener esa idea de tratar de que pasen más tiempo cerca, que tu hogar sea el lugar donde pasan más tiempo, donde sus amigos quieren venir, donde tú te has hecho amigo de sus amigos también. Eso también es muy importante.
Susi: Eso va a permitir que cuando tú expreses una preocupación a tu hijo sobre la influencia que está teniendo esa persona, tu hijo sabe que es real, que tú lo has observado y que no estás juzgando a su amigo o a su amiga porque “bueno, es que mamá, tú no lo conoces”. Si lo has invitado y lo has tenido ahí en la casa, ya te da más lugar para hacer eso.
Juan: Le has dado de comer, quizás. Hemos comido juntos. Lo invité a la casa el otro día. Exacto.
Susi: Eso ayuda mucho.
Juan: Ajá. Sí, y yo creo que también, de nuevo, no dudes de que tú tienes la oportunidad (de guiar a sus hijos). En los museos se habla de curar un museo. Es la idea de que tú escoges qué piezas van y qué piezas no van. Es un rol de papás, el curar las paredes de las amistades de nuestros hijos de maneras cuidadosas, entendiendo que en un momento ya no lo vamos a poder hacer. Yo creo que mientras más pequeño es más útil.
También recordando cuánto de esto viene también de tu proceso y cuánto tú estás cuidando tu propio corazón. Porque hay momentos donde decimos algo y no lo hemos orado. No lo hemos pensado. Quizás es algo más que nosotros tenemos que trabajarlo antes de poner ya una regla. Yo creo que eso es importante.
Otra cosa que viene a mi mente con respecto a esto también es tener reglas claras al inicio. Estaba hablando de esta conversación que íbamos a tener con mi esposa, y ella me dijo que siempre tenemos que recordar, por ejemplo, ahora con los dispositivos, la idea que, qué tan expuesto está tu hijo a cosas terribles está basado también en el amigo más débil en esa área. Yo veo que eso pasa muchísimas veces. Por eso es tan importante también.
Porque quizás tú tienes muy buenas reglas del celular, o etcétera. Por ejemplo, yo sé que muchos papás dicen: “Yo no le voy a dar un dispositivo a mi hijo hasta tal edad”. Pero ahora tú ves muchos cambios, y he visto niños pequeños con dispositivos y sin ningún tipo de filtros. Date cuenta de que tú estás haciendo todo ese trabajo tú en tu contexto, pero en el momento que tiene un amigo y ese amigo no tiene límites…muchas personas también son expuestas a pornografía a una edad temprana, no por papás, sino muchas veces por sus amigos. Ese tipo de cosas tenemos que considerar.
Susi: Nosotros también—dices poner reglas; nosotros no podemos poner reglas que intenten controlar la personalidad, o algo así, de los niños que van a ser amigos, pero reglas como: si él es tu amigo, pero cada vez que estás con él, estás usando un aparato que nosotros no te permitimos, ya ese amigo no. No por quién es él, sino porque nosotros tenemos la responsabilidad de cuidar.
Juan: Exacto, muy bien. Que se vuelva a un nivel donde nuestro hijo se da cuenta de que es por eso que estas reglas están aquí. Mucho cuidado con esas cosas. Y es de ambos lados, porque de un lado quizás no tenga que ver con que están viendo algo terrible, pero especialmente para niños y para jóvenes, las habilidades relacionales ocurren muchas veces jugando; ocurren muchas veces fuera de un dispositivo. Eso también les ayuda a crecer, a tener mejores amigos.
Susi: Sí, que tu hijo entienda que no es amistad si lo único que hacen es que se sientan a ver una pantalla juntos. Eso no es una relación. No se está fomentando una relación.
Juan: Yo sé que hay personas que empujarían, que darían un poco de apoyo, porque el día de hoy hay personas que dicen: “No, es que nos sentamos a jugar online el uno con el otro”. Yo creo que ahí es algo también de que deberíamos como papás tener ese cuidado, y decir: “OK, ¿pero a qué nivel?” Y: “¿Cómo lo conoces? ¿Y qué maneras?” Hacer preguntas con respecto a eso, porque el día de hoy yo veo que especialmente la generación que está creciendo…nosotros, creo que somos la última generación que tenemos esa idea del tiempo sin dispositivos y sin internet. Ahora hay niños que crecen, y esto va a ser lo normal: las amistades donde nos reunimos, y este chico vive en otro lado, pero nos reunimos y hacemos un juego de video juntos y conversamos.
Susi: Y él es mi amigo.
Juan: Sí, es mi amigo. La idea es que sí, pero hagamos esa diferencia entre el amigo con que juegas este juego, porque estamos jugando algo juntos, y hay una experiencia que nos une en cierta manera viendo la pantalla. Nos une de la misma manera que tú puedes estar viendo un partido de fútbol, y meten un gol, y tú te abrazas con la persona de a lado y ni lo conoces, porque metió tu equipo un gol. Hay una conexión.
No vamos a negar esa conexión. Pero vamos a hacer la diferencia de que esa es una conexión distinta a una conexión donde hay una profundidad. Yo creo que por ahí van a ir muchas conversaciones en este tema de las relaciones interpersonales en el futuro.
Susi: Sí, y ahí van también cosas que, como padres, quizás no vivimos de niños. Y tenemos que entender que hay una mentalidad diferente. Por ejemplo, tu hijo juega ese juego con otro niño que está conectado, y cree que sabe quién es esa persona. Cree que lo conoce. Pero puede ser un hombre de 40 años fingiendo que es un niño. Ahí hay todo un mundo, y de verdad los padres debemos informarnos y tener mucho cuidado con lo que permitimos que nuestros hijos se expongan a personas en línea que realmente no han visto en físico y no han podido conocer quiénes son. Pero bueno, esto es tema a lo mejor para otro.
Juan: Qué buen punto. Yo ya estaba listo para lanzarme, pero es verdad, ¡mejor no vamos para allá a otros temas!
Susi: Sí, porque me gustaría que siguiéramos aquí en este tema de la amistad. Ponemos eso en la lista de futuros episodios con Juan Moncayo.
Juan: A las órdenes. Qué buena conversación.
Susi: Porque también me gustaría que habláramos unos momentos acerca de esto: a veces tenemos hijos que, por su personalidad, por el tipo de situación escolar, por muchos factores, batallan para tener amigos. Sienten que no tienen amistades o sienten que cuando tienen la oportunidad, quizás, de hacer un amigo, no hacen clic con esa persona. ¿Cómo podemos como padres ayudar a hijos que están en esa situación?
Juan: Eso es un tema—de nuevo, recordemos que el Señor está obrando en cada situación. Muchas veces, mientras esto está ocurriendo, Dios está tratando tu corazón como papá y como mamá en confiar en el Señor. A veces pensamos que, si tan solo mi hijo tuviera amigos o amigas, todo estaría bien. Pero el Señor podría cambiar eso en un instante, y muchas veces eso es nada más algo que está mostrándonos en nuestro propio corazón. Entonces el confiar en el Señor.
Ahora a nivel práctico, es primero trabajar en tu propio corazón. A veces hay mucha comodidad en algunos papás y mamás, de tal manera donde es: “Anda en la escuela y ahí harás amigos”, o en el grupo de jóvenes. Les enviamos y “haz eso” y ya. Y quizás para nosotros quizás se nos hizo fácil; hay personas que son muy hábiles en hacer amigos. Hay otros que no somos tan hábiles. Con ese contexto quizás para ti era algo más natural, y tú asumes que tu hijo va a tener eso. A veces tus hijos son radicalmente opuestos a ti. Hay que recordar eso.
De ahí pensemos en algunas cosas. Una cosa es darle herramientas. Eso no garantiza. A nosotros nos ha pasado que le decimos a uno de los hijos: “Esto es una manera de hacer amigos. Haz estas cosas.” Y van y lo hacen, y son rechazados. Y duele el corazón, el alma. Pero les ayudas. Les das esas herramientas, uno.
Número dos: crear contextos. Yo creo que eso es muy útil, la idea donde tú creas contextos. Hablamos de eso hace un momento—no, en el episodio anterior hablábamos de diferentes cosas que podemos hacer para ayudar, para tener nosotros amigos como adultos. Pero yo creo que intentar crear contextos. Encuentras una familia que parece ser en lo mismo—o sea, hay algún tipo de conexión. Salen a comer juntos. O actividades de celebración son muy útiles: el invitar a alguien a comer, a un cumpleaños.
Ahora viene esta parte importante, que es la idea de morir a ti mismo. Yo me doy cuenta de que hay momentos donde yo estoy tan deseoso de hablar con papás, y eso me han dicho mamás, donde yo estoy tan emocionada de que ahora hay mamás y no tengo que estar con niños pequeños. Donde ahora mi deseo es hablar con un adulto, pero donde quizás mi deseo ahorita debe ser el morir a mí mismo. Y yo me pongo a jugar un poco con los hijos, porque yo no sé de ningún niño donde cuando un papá no se involucra a jugar, no dice: “Tú tienes el papá o la mamá más genial”. Y eso a veces se convierte en un puente para que esas amistades empiecen a pasar también.
La otra es no dar sustitutos fáciles. Yo creo que en el medio del dolor es fácil decir: “OK, entonces toma el tablet y ya listo”. Le ayudamos a nuestro hijo a darse cuenta de que el uno va a costar; el otro es más fácil porque prendes y ya estás listo. No estoy 100% en contra de dispositivos, pero al mismo tiempo, se puede convertir en un patrón donde es que no vamos a luchar para tener estas relaciones, y pensar en estas cosas, y salir porque es incómodo. Especialmente si ya no nos fue bien la vez anterior. Pero tenemos que hacerlo. Pero es más fácil decir: “Toma el dispositivo”. Para una mamá y un papá cansado es fácil: “Toma, aquí está. Listo”. Ese tipo de cosas.
De ahí yo creo que finalmente y más importante de todo es orar: Señor, por favor, ayúdame a mí mientras veo, y dame paciencia y dame paz mientras hablo con mi hijo, con mi hija, que veo que está en una situación difícil. Ayuda a que esta situación sea una situación donde mi hijo tenga que darse cuenta de su necesidad de un Salvador y del amigo que nunca nos falla—que es mucho del enfoque de mi libro. Es la idea de que somos amigos del Rey. Que nuestros hijos sean amigos del Rey, porque de ahí, con esa seguridad de ser amigo del Rey, ahora pueden ir y disfrutar estas otras amistades. Porque están seguros, y están seguros en el Rey, y están seguros de nuestro amor por ellos.
Susi: Sí, genial. ¿Por qué nuestros hijos quieren tener amigos? El deseo que tienen dentro de su corazón por un amigo es bueno. No podemos tomar la etiqueta cristiana y decirles: “Es que Jesús es tu mejor amigo. Debes estar contento”. Pero podemos utilizar ese anhelo que tienen de dirigirlos a que: “Mira, ningún amigo en la vida te va a satisfacer como Dios puede hacerlo. Pero Dios sí quiere que tengas amigos”.
Es ese equilibrio. Y yo creo que tenemos que conocer a nuestros hijos. No podemos asumir que sepamos. Un hijo no tiene amistades porque es muy inseguro. Otra hija no tiene amistades porque es súper mandona y difícil de tolerar, entonces las niñas no quieren ser su amiga. Ella tiene un problema de carácter. Él también tiene un problema de carácter. Tenemos que evaluar cada niño, y ese es el discipulado, ¿verdad?
Juan: Exacto. Y lo hermoso es que caminamos juntos en eso, porque el punto no es… cuidado que personas no vayan a escuchar: “Entonces, mi hija, si es que tú trabajas en que no seas tan mandona, ahí sí vas a tener amigas”. Porque de nuevo, no es nada más: cambia. Qué buen punto el tuyo, porque la imagen, una vez más, es que esto es una gracia.
Algo que no lo hablamos, y se me olvidó decirlo en el capítulo anterior y en este, es la idea que en la antigüedad se ponía la amistad como un hábito de gracia, como una disciplina espiritual. Es interesante que en libros antiguos tú veías que era lectura de la Biblia, oración, amistad bíblica. Entonces es la idea de que es una gracia. Es algo tan lindo que el Señor nos da. Eso nos ayuda a entrar a estas amistades, inclusive esas amistades complejas, y decir: “Oye, pero te ha ayudado de esta manera”. Y nos ayuda a crecer mientras. Y eso nos lleva una vez más a contemplar a Cristo.
Susi: Amén. Y pues ahí debemos siempre acabar: contemplando a Cristo, agradeciendo su obra de gracia por nosotros y compartiendo eso con nuestros hijos.
Juan: Así es.
Susi: Y que nunca piensen que tener el amigo o la amiga ideal va a satisfacerles. Siempre hay que apuntarlos a Cristo.
Juan: Amén. Qué buena conversación.
Susi: Gracias por disponer de tu tiempo en medio de tu proyecto grande que también tienes ahora mismo, y gracias por escribir este libro. Porque creo que son temas que cada familia debe abordar. De hecho, yo sé que no lo escribiste necesariamente para familias, pero yo quiero decir al público que es un libro que vale la pena leer como padres o con tus hijos adolescentes. Sería genial un estudio juntos en familia si tienes hijos adolescentes. Así que te recuerdo el nombre. El nombre del libro es Amigos: relaciones profundas en una era superficial. Así que gracias, Juan, tanto por tu tiempo ahora como por tu labor en escribir este libro.
Juan: Gracias, mi hermana. Que Dios te bendiga. Un gusto.
Susi: Igualmente. Tú que nos escuchas, sigue con nosotros. Vamos a tener otro episodio nuevo la próxima semana y no te lo quieres perder. Bendiciones.




