Mientras criábamos a nuestros hijos, siempre sentí cierta tensión respecto a su futuro en la iglesia local. Quería que mis hijos comprendieran la necesidad de la iglesia y que la consideraran fundamental en sus vidas. Quería que la valoraran y la priorizaran como parte esencial de su fe en Cristo. A medida que crecían y comenzaban a independizarse, anhelaba que pusieran su fe en Jesús, que participaran plenamente en su iglesia y se convirtiera en una parte esencial de sus vidas; pero no quería presionarlos ni convencerlos, quería que lo hicieran libremente y con gusto como resultado de sus propias convicciones, no como una forma de complacer a mamá y papá.
Estoy agradecido de que nuestros hijos siempre disfrutaron de la iglesia y nunca se opusieron a ella. Estoy aún más agradecido de que cada uno de ellos llegara a Cristo cuando era adolescente, y que luego buscara el bautismo y la membresía en la iglesia. Tan pronto y se fueron a la universidad cambiaron su membresía a una iglesia local en Louisville. Curiosamente, cada uno optó por unirse a una iglesia diferente, pero afortunadamente, los tres eligieron una que predica fielmente el Evangelio.
Hace poco intenté recordar algunos de los principios que nos resultaron útiles al criar hijos que realmente querían ir a la iglesia. Como soy una persona que siempre busca aprender de la sabiduría ajena, estos fueron los principios que observamos o solicitamos a otras familias y luego los aplicamos a la nuestra. Espero que te resulten tan útiles como a nosotros.
Haz que la iglesia forme parte de tu cultura familiar.
Cada familia desarrolla su propia cultura: un conjunto de hábitos, patrones y actividades que definen su identidad única. Estas pueden abarcar desde las vacaciones (por ejemplo, dos semanas en el mismo lugar cada verano) hasta las noches de cine (por ejemplo, todos los sábados vemos una película juntos) y la comida (por ejemplo, los viernes cenamos pizza). A medida que se desarrolla la cultura familiar, es sabio que los padres incorporen la asistencia a la iglesia a dicha cultura. No hay que dar explicaciones ni justificaciones; es lo que hacen porque quienes son. No hace falta debatirlo ni tomar una decisión porque cuando llega el domingo, simplemente van a la iglesia; es una parte no negociable de la cultura familiar.
Valora la iglesia lo suficiente como para que altere la rutina.
Algunos de los momentos más difíciles para mantener la constancia en la asistencia a la iglesia son cuando los niños son pequeños y dependen de una rutina establecida de comidas y siestas. Puede ser difícil para los padres alterar esta rutina, especialmente si eso significa que tendrán que lidiar con un pequeñito irritable. Muchos hemos conocido a familias que se distancian e incluso desaparecen en esta etapa de la vida. Sin embargo, una buena rutina solo debe ser un fiel servidor, no un amo exigente. Quizás simplemente debas resignarte a tener un niño irritable los domingos por la tarde y un comienzo de semana difícil los lunes por la mañana. Pero algunas cosas, como la iglesia, son lo suficientemente importantes como para prevalecer sobre la rutina.
Prioriza la iglesia por encima del deporte, las clases y las actividades.
A menudo, Aileen y yo hemos expresado nuestra gratitud porque ninguno de nuestros hijos tuvo un talento atlético excepcional. Todos disfrutaban de deportes o actividades recreativas como el béisbol, el fútbol y el ballet, pero ninguno tenía la habilidad o el interés de avanzar por ligas de representantes o de viaje. Esto significó que nunca tuvimos que calcular el costo de los viajes deportivos, ensayos dominicales y otros conflictos con la iglesia. Pero incluso si hubieran tenido la habilidad y el deseo, ya habíamos decidido que no priorizaríamos los deportes y las actividades por encima de la iglesia. No quiero ser legalista, y dejaría que cada familia decidiera cómo manejar este asunto, pero al mirar atrás, creemos que fue importante para nuestra familia saber que la iglesia tiene prioridad sobre los deportes y las actividades. Si muchos de nosotros hemos visto familias luchar por integrar la iglesia en su rutina, muy seguramente hemos visto familias minimizar a la iglesia en favor de los deportes.
Intenta priorizar la iglesia sobre los empleos.
Si bien los deportes y las actividades son opcionales para los niños, el trabajo suele ser una necesidad para los jóvenes. Todos nuestros hijos trabajaron en un supermercado local y, en general, podían evitar trabajar los domingos, ya fuera pidiendo que no los incluyeran en el calendario o cediendo sus turnos dominicales a compañeros que deseaban trabajar más horas. Sin embargo, a veces, sobre todo antes de tener antigüedad, se enfrentaban a la difícil decisión de trabajar un domingo o renunciar. En esos casos, decidimos juntos que, aunque trabajar los domingos no era lo que preferíamos, podría ser una medida aceptable a corto plazo hasta que tuvieran más antigüedad. Los tres pronto demostraron su valía a sus jefes y solo faltaban a la iglesia en contadas ocasiones. Si su trabajo les hubiera exigido trabajar todos los domingos, habrían renunciado y buscado otro empleo. En la medida de lo posible, priorizamos la iglesia sobre el trabajo.
Incorpóralos al servicio.
Yo creo que existe un lugar legítimo para los programas de guardería u otras actividades para niños pequeños durante los servicios dominicales de adoración. En otras palabras, no soy partidario deI movimiento conocido como Family Integrated Church (Iglesia de integración familiar). Los detalles de dicha práctica pueden variar mucho según el contexto y la cultura, pero no veo ningún argumento bíblico sólido de que toda la familia debe estar junta durante todo el servicio. Dicho esto, creo que puede ser de gran beneficio práctico para la familia permanecer juntos una vez que los niños son lo suficientemente mayores para sentarse en silencio, o por lo menos silencio relativo. Para cuando los niños lleguen a primer grado de primaria, se supone que han aprendido a permanecer sentados por un periodo más extenso de tiempo, así que este podría ser un buen momento para ir cerrando el tiempo de cuidado separado para los niños para que puedan permanecer con sus familias. Para nosotros fue una bendición adorar juntos en familia y que los niños presenciaran nuestro compromiso con la adoración, la predicación, la Cena del Señor, el bautismo, etc. Cuando eran pequeños, a menudo les resultaba aburrido y les costaba quedarse sentados, pero creemos que fue muy beneficioso que estuvieran presentes para ver a los cristianos adorar.
Comprométete con una iglesia, pero visita otras.
Mirando hacia atrás, Aileen y yo estamos agradecidos de haber sido miembros de una sola iglesia durante casi toda la infancia de nuestros hijos. Esto les ofreció estabilidad y los rodeó de adultos que los conocían, amaban y confiaban, adultos que valoraban la iglesia tanto como sus padres. Sin embargo, también estamos agradecidos por haber tenido la oportunidad de visitar muchas otras iglesias, a veces cuando estábamos de vacaciones o cuando visitábamos familiares, o a veces solo para tener diferentes experiencias de adoración. Creemos que fue útil ampliar la perspectiva de nuestros hijos sobre la iglesia, para que pudieran ver que todo tipo de personas son cristianas y que todo tipo de personas comparten la misma prioridad de la iglesia local.
Por supuesto, complementamos todo esto con la enseñanza formal de lo que la Biblia dice acerca de acercarse a Cristo con arrepentimiento y fe, y luego unirse a la iglesia local. Sin embargo, dado que gran parte de lo que los niños aprenden es por imitación, en vez de por enseñanza, quisimos criarlos de tal manera que nos vieran poner en práctica estos principios y vivirlos en nuestra vida familiar. Por la gracia de Dios, a través de estos y otros medios, el Señor los bendijo con amor por Él y por su iglesia.
Este artículo fue publicado primero en Challies.com Traducido y publicado con permiso.




