Ep 163: Crianza que guía: en busca de la sabiduría

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junio 4, 2024

Hay muchos conceptos antiguos y modernos sobre lo que es la verdadera sabiduría. ¿Sabes cómo la Palabra de Dios define la sabiduría? ¿Conoces el camino bíblico hacia la sabiduría? Hay pocas cosas mas esenciales en la crianza cristiana que la responsabilidad de guiar a los hijos por el camino de la verdadera sabiduría. Exploremos juntos la fuente de sabiduría bíblica. 

Transcripción:

Susi: Para que nuestra crianza lleve a una verdadera transformación, se tiene que tomar en cuenta los tres elementos de la transformación bíblica que hemos venido viendo en esta serie. Hablamos de refrenar la carne, y renovar la mente, y eso nos lleva a reflejar a Cristo.

En esta serie que se llama Crianza que transforma hemos hablado ya bastante en varios episodios sobre refrenar la carne. En el episodio anterior empezamos a cubrir un poco el aspecto de renovar la mente hacia ser como Cristo.

Te recuerdo que este material que Mateo nos está compartiendo en esta serie se toma principalmente de un libro llamado Transformados en su imagen. El autor se llama Jim Berg, y es publicado por Editorial Bautista Independiente. Si puedes contactar a tu librería local, o buscarlo en Internet, estoy segura que lo puedes conseguir, y lo puedes utilizar en tu iglesia, en tu familia y también en tu vida personal. Te animo a conseguir este libro. Es muy bueno.

Ahora nos toca hablar hoy del tema de la sabiduría. Necesitamos hablar de la sabiduría como parte de renovar la mente, porque ya hemos visto en episodios previos, que a veces somos como unos locos que andamos por nuestro propio camino y que no pensamos como Dios piensa. Entonces parte de renovar la mente es buscar la sabiduría.

Mateo, ¿puedes ayudarnos primero a saber qué es la sabiduría?

Mateo: Muchas veces tenemos una noción bastante equivocada de lo que es la sabiduría. A veces lo imaginamos, no sé, como un hombre sentado en la cima de una montaña que se ha aislado de la sociedad y tiene pensamientos muy profundos acerca de la vida, de la filosofía, pero que es una persona muy desconectada del mundo diario de la vida real.

Susi: Sí, como tipo “nerd”, o algo así.

Mateo: En la Biblia la sabiduría es muy diferente. Ahora, a veces también pensamos que la sabiduría es aquella persona, o el sabio es aquella persona que entiende todo del por qué las cosas pasan. En el libro usa la ilustración de que estás manejando, estás al volante, y estás metido en un enredo en el tráfico. No sabes por qué hay tanto tráfico en la avenida o en la autopista; hoy normalmente no es así.

Lo que tú quisieras saber es como el que está en el helicóptero (aquí en Monterrey hay alguien que se llama el reportero del aire) y en las noticias te va diciendo cómo está el tráfico. De repente te dicen: “Es que aquí desde el helicóptero puedo ver que cierta avenida está saturada de tráfico, y es porque hay un accidente a la altura de tal avenida y tal calle”. Ahora si tú supieras todo eso, pues tú pudieras salirte de esa avenida, avanzar unas cuadras y luego regresar.

Susi: Tomar un atajo, sí.

Mateo: Claro, pero tú no sabes eso. Tú estás metido en el tráfico. Muchas veces lo único que ves es la parte de atrás de un camión que te está echando el humo en la cara. No sabes: bueno, ¿me salgo de la avenida? ¿Busco otro atajo, o en dos cuadras se va a quitar todo esto? Muchas veces no sabemos eso, pero quisiéramos tener esa perspectiva. En nuestra vida quisiéramos saber qué va a ser de mí de aquí a cinco años. ¿Dónde voy a vivir?

Susi: ¿Qué viene adelante en el camino?

Mateo: Claro. ¿Con quién me voy a casar? ¿Qué tipo de trabajo voy a tener? ¿Cómo van a ser mis hijos? ¿Con quién se van a casar mis hijos? ¿Tendré nietos? ¿No tendré nietos? Queremos esa perspectiva, pero Dios no nos da esa perspectiva. La sabiduría no es tener esa perspectiva completa y total de nuestras circunstancias. Esa es la perspectiva que Dios tiene.

Susi: Exacto. Eso es querer ser como Dios, realmente.

Mateo: Sí, esa es su omnisciencia. Dios no nos da esa omnisciencia. Entonces, ¿qué es la sabiduría? En la Biblia la sabiduría es algo extremadamente práctico: es destreza en la vida. Es saber actuar de una manera que es la mejor manera de actuar ahora.

Regresamos al tráfico. La sabiduría es el que está al volante, y él no sabe todas las razones por qué hay tanto tráfico. Pero él sí sabe que de repente el camión que está en frente pisó el freno, y él debe reaccionar de alguna manera. Tiene que saber si hay tiempo para pisar el freno nada más y detener el vehículo, o si él necesita intentar de repente cambiar de carril. Pero si va a cambiar de carril, necesita revisar en sus espejos para ver si hay espacio y tiempo para cambiar de carril. Tiene que tener todo eso en su mente, por la destreza, por la habilidad que él tiene, por su experiencia manejando, por todo lo que él ha aprendido. La sabiduría al volante es la capacidad de no tener un accidente vehicular.

En la vida la sabiduría es saber cuál es la siguiente respuesta correcta que nos mantiene en el camino de obediencia y utilidad a Dios, evitando que tengamos un accidente también en nuestra vida. Y creo que como padres, eso es lo que queremos para nuestros hijos. Nunca van a tener omnisciencia y saber el porqué de todas las cosas, pero sí quisiéramos saber o que ellos sepan cómo tomar la siguiente decisión que necesitan tomar en su vida para evitar un desastre y para seguir siendo útiles y obedientes a Dios. Esa es realmente la sabiduría.

Susi: Sí, es bastante diferente al concepto que muchos podemos tener de la sabiduría. Pensando como padres especialmente, que queremos conducir a nuestros hijos y apuntarles hacia esa sabiduría, ¿cómo tú describirías, o cómo el autor describe el camino a la sabiduría? ¿Cómo es ese camino?

Mateo: ¿Cómo podemos ser sabios nosotros, y cómo podemos ayudar a nuestros hijos ser sabios?

Susi: Exacto, sí.

Mateo: Un pasaje que usa nuestro autor es Mateo 7:24-27. Son versículos conocidos. Es cuando Jesucristo habla de aquel que edifica su casa sobre la roca, el que es sabio o prudente, o el que edifica su casa sobre la arena. Y lo curioso de este pasaje es que Jesucristo distingue entre estos dos hombres. Dice que uno es prudente, uno es sabio. Lo que hace que uno sea sabio es que hace dos cosas.

Jesucristo inicia este pasaje diciendo: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente [sabio], que edifica su casa sobre la roca”. Viene la lluvia, los ríos; sopla el viento, pero la casa no se cae. “Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato”. Él edifica su casa sobre la arena, y cuando viene la lluvia, las tormentas y el viento, soplan, y la casa cae, y grande es su ruina.

Jesucristo define la sabiduría, la diferencia entre el prudente y el insensato. El prudente es uno que oye y hace. Esas son las dos disciplinas principales; así lo llama el autor. Son las dos disciplinas principales de la sabiduría: una persona que oye la Palabra de Dios, y una persona que hace la Palabra de Dios. Cuando hacemos o tenemos estas dos cosas en nuestra vida, es entonces que realmente llegamos a ser sabios.

Otra vez como padres, ¿qué es lo que buscamos? Bueno, que escuchen las palabras de Cristo y que las hagan. Si nuestros hijos logran eso en su vida, van a ser personas sabias.

Susi: Pensando de la perspectiva de los padres, ¿cómo nuestros hijos van a escuchar y oír las palabras de Dios? Tiene que ser por medio de nosotros. Muchos padres dudan en cómo entrenar a sus hijos a escuchar a Dios, pero podemos entrenar a nuestros hijos a escucharnos a nosotros, y luego cuidar de que estemos hablando nosotros la verdad de Dios. Esto es algo sumamente importante en la crianza.

El autor habla acerca de esta disciplina de escuchar, y creo que se refiere a diferentes tipos de oyentes, ¿verdad? Háblanos un poquito de eso.

Mateo: Sí, toma la parábola del sembrador. Esa parábola habla de la conversión, de cómo escuchamos el evangelio, pero aplica mucho a la crianza de los hijos; primeramente, porque nuestros hijos son inconversos. Cuando llegan a la casa son inconversos. Pero luego también podemos ver algunos principios acerca del crecimiento espiritual en nuestra vida.

Tomando esas cuatro tierras en esa parábola, podemos observar que hay diferentes tipos de personas en cómo escuchan la Palabra de Dios. Habla de la tierra junto al camino. Es una tierra dura, porque las personas han venido pisando esa tierra. No se ha preparado esa tierra para recibir la semilla. ¿Entonces, qué pasa? Pues llega la semilla de la Palabra de Dios, y las aves se roban esa semilla. Esto lo llama el escuchador indiferente. En cierta manera cada uno de nosotros somos por naturaleza escuchadores indiferentes. Nuestro corazón no está orientado a escuchar la Palabra de Dios por naturaleza humana.

Pero también menciona que hay escuchadores oidores impulsivos. Esta es la tierra en la parábola donde llega la semilla, pero la tierra es muy poco profunda. Debajo hay roca y piedra. Sí, la semilla llega y empieza a meterse en la tierra, y empieza quizás incluso a echar un poquito de raíces, pero no dura, porque no puede realmente crecer la raíz y arraigarse por la piedra que hay debajo de esa pequeña capa de tierra. Muchas veces como seres humanos somos así. Somos impulsivos en nuestra respuesta a la Palabra de Dios. De inmediato decimos: “Sí, que sí, qué bonito. Sí, yo quiero eso”. A veces nuestros hijos son así también.

Susi: Sí, los niños son bastante así. Yo estaba pensando en eso. He hablado con padres que dicen: “Mi hijo, cuando tenía 5 años respondió al evangelio y dijo que sí, y estaba bien animado por dos semanas”.  Y el papá no entiende qué pasó. Bueno, es un oidor impulsivo. Respondió, pero no fue una respuesta realmente al fondo, hasta el corazón.

Mateo: Es algo emocional, quizás muy sincero, hasta sincero en cierto sentido, pero no viene de una transformación radical. ¿Y cómo lo sabemos? Porque no da fruto. Esa semilla no produce el fruto que debería de producir en la vida de la persona.

Luego menciona el escuchador infestado. Esto es muy interesante, porque es la tierra que llega y cae ahí, pero hay maleza. Hay hierba mala a su alrededor, y ahoga la semilla. No permite que la semilla realmente crezca y que dé fruto. ¿Cuál es el problema ahí? Es todo lo que le rodea. Esta persona, su corazón está distraída por la infestación de otras cosas. Esto también es un peligro muy grande en nuestra cultura. Hay tantas cosas que infestan nuestro corazón.

Susi: Bastante.

Mateo: Los videojuegos, las películas, las series, los teléfonos celulares.

Susi: El dinero, el deseo de tener riquezas de algún tipo, las amistades…pensando en los muchachos, los niños: sus amistades, su imagen, tantas cosas.

Mateo: Entretenimiento, hobbies o incluso cosas como deportes, o el balé, o la música. Todas esas cosas pueden tener su lugar, pero cuando están llenando nuestra vida y tomando nuestra mente, la prioridad de nuestro corazón, lo que hacen es ahogar la semilla de la Palabra de Dios.

Como padres tenemos que preguntarnos si estamos permitiendo que otras cosas distraigan a nuestros hijos, al grado que su mente y su corazón están infestados de otras cosas y no pueden escuchar la Palabra de Dios de una manera atenta.

Susi: Sí. Yo pensaba en eso: como padres, a veces con todas las buenas intenciones del mundo, queremos darles a nuestros hijos todo lo que no tuvimos. Esa es la frase. “Ay, es que quiero dar a mis hijos todo lo que no tuve. Quiero darles todas las oportunidades para que podamos ver en qué se van a desarrollar”.

Pero lo que no entendemos es que a veces, dependiendo del niño (cada niño es diferente, cómo responde), pudiéramos estar ahogando la semilla de la Palabra con tantas otras cosas que parecen tan atractivas, que es muy difícil que la Palabra de Dios sea atractiva para ese niño.

Mateo: Sí, muy importante. Para eso tenemos que ser el escuchador, o el oidor, ideal. Ese es el cuarto. Teníamos el indiferente, el impulsivo, el infestado. El ideal es la buena tierra, que llega la semilla y la tierra ha sido preparada. Cae la semilla ahí y se arraiga y crece. Luego da su fruto. Creo que como padres es nuestra responsabilidad hacer lo que nos toca a nosotros.

Susi: Claro, sí.

Mateo: Finalmente es el Espíritu de Dios que hace esa obra, pero sí nos toca a nosotros hacer lo posible para que nuestros hijos tengan una tierra preparada, que su corazón esté preparado para la Palabra de Dios. Y creo que nuestro ejemplo personal puede ser un obstáculo. Tenemos que dar ejemplo.

Tenemos que incluso instruirles en cómo sentarse en la iglesia, cómo escuchar en la iglesia. Podemos cultivar hábitos de preguntarles qué han aprendido en la iglesia. Que esa sea una conversación ordinaria. ¿Qué están aprendiendo en su devocional personal? Todas esas cosas les ponen en esa condición de ser una tierra ideal donde la semilla de la Palabra puede llegar y puede dar su fruto. Tenemos que cultivar estas formas de ser oidores o escuchadores idóneos, ideales.

Susi: Muchas veces los padres de niños pequeños preguntan: “¿Cómo puedo preparar el camino con un niño muy pequeño?” Cuando entrenamos a nuestros hijos en general a escuchar, estar atentos a instrucciones, a palabras de las autoridades, estamos entrenando ese corazón a darse cuenta que la sabiduría no viene de él mismo, sino que necesita escuchar a otros.

Cuando les exigimos que volteen el rostro, como con niños pequeños, y dices: “Mírame. Mírame y escúchame”, y le das una instrucción sencilla a un niño pequeño, y ves que lo entiende, y exiges que lo obedezca, en muchos sentidos estamos preparándole para que al crecer escuche las palabras de otras autoridades, por ejemplo, el pastor, maestros de escuela dominical, obviamente sus padres.

Esto es como un hábito de escuchar, que muchos padres hoy en día, no quieren insistir en que sus hijos escuchen. Dejan que sus hijos los distraigan. Yo lo veo mucho, que es una gran necesidad en la crianza de hoy, que podamos apagar todo, obligar que nuestros hijos apaguen lo demás y escuchen a sus padres, a sus pastores y a sus maestros. Yo creo que es una gran necesidad.

Mateo: De hecho, esta disciplina principal del oír: recuerda, hay dos disciplinas principales, que es el oír y el hacer. Pero luego él divide cada una de esas dos disciplinas principales en dos subdisciplinas.

Una de esas subdisciplinas en el oír es la atención. ¿A quién vas a escoger escuchar? ¿A quién le vas a prestar atención? En la disciplina principal del oír, tenemos que primero decidir a quién le vamos a dar nuestra atención, a quién le vamos a escuchar. Es ahí donde nos topamos otra vez con una enseñanza muy contracultural, porque nuestra cultura nos dice que debemos de escuchar a nuestro propio corazón. “Escúchate a ti mismo. Haz lo que tú quieres, lo que a ti te agrada”. Si no es escuchar a nuestro propio corazón, es: “Escucha a nuestros semejantes. Escucha a las personas a tu alrededor, Escucha a tus amigos, y luego elige tú”.

Susi: “Rodéate de personas que te afirman, que piensan como tú”.

Mateo: Sí. Eso que te afirman, es que te dan la razón, que te apoyan en lo que tú piensas.

Susi: Exacto.

Mateo: Pero la Biblia nos dice todo lo contrario. La Biblia nos dice que no debemos, otra vez, no debemos de seguir nuestro propio camino. Recuerda que esa es la esencia del pecado: andar en nuestro propio camino independientes de Dios.

Pero el camino de la sabiduría comienza con una decisión en nuestro corazón de que nosotros no vamos a escuchar a nuestro corazón y a nuestros semejantes, sino que vamos a escuchar a Dios principalmente. Ahora, para un niño, él escucha la voz de Dios, sí, en la Palabra; también en los padres que Dios le ha dado. Dios nos da un libro entero en la Biblia que se dedica a enseñar a hijos. Es el libro de Proverbios.

Susi: Sí, es un padre enseñando a sus hijos.

Mateo: Exacto, más de uno: incluso una madre también enseñando, o algunas madres, quizás, enseñando a sus hijos. Por ejemplo, en Proverbios dice: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (1:8). Así empieza la sabiduría. Como tú decías antes, tenemos que entrenar a nuestros hijos a oír a sus padres. Tienen que oírnos, porque ahí comienza la sabiduría.

Es una parte importante de la sabiduría, porque la sabiduría no está en nosotros. Nosotros, de manera natural, no pensamos como Dios piensa. No somos sabios. Somos locos; somos insensatos. Necesitamos la Palabra de Dios. Dios nos dice que Jehová da la sabiduría. Proverbios 2:6: “Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia”.

Yo necesito primeramente escuchar a Dios en mi propia vida, pero luego necesito cultivar eso en la vida de mi hijo: “No, tú no sabes todo. Tú no tienes siempre la razón. Tú necesitas cultivar ese hábito de escuchar alegremente a las personas a tu alrededor, a las personas que saben más que tú, a las personas que conocen la Palabra de Dios más que tú”. Porque en la Palabra de Dios, tenemos la sabiduría que solamente Jehová da.

“Él provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rectamente”, nos dice Proverbios 2:7. Nos dice que nos fiemos de Jehová y que no nos apoyemos en nuestra propia prudencia en Proverbios capítulo 3 (v.5). Nos dice que no seamos sabios en nuestra propia opinión (v. 7).

Una y otra vez dice estas cosas. Necesitamos cultivar eso en nuestros corazones. En la vida de un niño comienza escuchando a sus padres, y conforme va creciendo, también va a escuchar a sus pastores; no a sus semejantes, no a su propio corazón, sino a padres piadosos y pastores en su iglesia, porque ellos son los maestros de la Palabra de Dios en su vida.

Susi: Sí. A mí me encanta lo que dice el autor en esta unidad 8, capítulo 8, que estamos viendo. Dice que Adán incluso fue diseñado para escuchar a alguien quien le daría dirección a su vida. No fuimos diseñados desde un principio a vivir de manera independiente. Siempre fuimos diseñados para escuchar la dirección de Dios. Eso fue antes del pecado; somos diseñados, y más, obviamente, con el pecado.

Dijiste que hay dos aspectos de esta búsqueda de sabiduría, de esta disciplina básica, y la segunda es la meditación, ¿verdad? Es la segunda parte de esta primera disciplina. ¿Cómo podemos pensar en este aspecto de la meditación, especialmente siendo padres ayudando a nuestros hijos?

Mateo: Bueno, cuando hablamos de la meditación, estamos hablando de perseverar en los pensamientos de Dios. Otra vez, mi tendencia natural no es pensar como Dios. Yo pienso como el diablo. Es mi naturaleza humana. Necesito reprogramar mi mente para que, de manera automática, cuando surge una situación en la vida, yo pienso como Dios piensa.

Otra vez, es él que está al volante. Él muchas veces no tiene tiempo detener todo y pensar: “Cuando yo estudié sobre cómo manejar un vehículo, esta es la opción número uno en esta situación”. No. Él tiene que saber eso en automático.

Susi: Es una reacción, sí.

Mateo: Eso no es natural en nosotros. Pensar y actuar como Dios quiere que pensemos y actuamos no es automático en nuestra vida. Eso requiere que reprogramemos la manera en que nosotros pensamos, y no viene simplemente escuchando una vez la voz de Dios. ¿Cómo viene? Viene por medio de la meditación. Es meditar en la Palabra de Dios.

Otra vez regresamos a Proverbios. Nos dice esto: “Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón”, nos dice Proverbios 3:3. Eso es lo que deberían de hacer nuestros hijos con la instrucción que Dios les da y con las instrucciones que nosotros les damos.

Debemos de estar atentos a las palabras de nuestros padres. Eso es lo que debería de pasar en nuestra vida. Y cuando nosotros pensamos y meditamos así en la Palabra de Dios, poco a poco eso va reprogramando mi mente para que ahora, en automático, yo piense lo que Dios quiere que yo piense y no sea algo que es difícil para mí.

Susi: Es como hemos hablado muchas veces aquí en el podcast sobre la cosmovisión bíblica, el filtro bíblico, que queremos tener de la vida. Queremos ayudar a nuestros hijos a desarrollar esto también. Es esto: es meditar en las verdades de la Palabra de Dios y tomar decisión tras decisión basada en esas verdades, e ir poco a poco reprogramándonos.

Obviamente yo no lo voy a poder apuntar a mi hijo en este camino de la sabiduría si yo no lo estoy practicando también. Un padre necio no puede nunca guiar a sus hijos en el camino de la sabiduría. Yo creo que los padres tenemos que detenernos aquí y preguntarnos: “¿Estoy yo meditando en la Palabra? Cuando yo me topo con una decisión en la vida, ¿en base a qué tomo esa decisión?” Son cosas importantes que tenemos que considerar.

Mateo: Algunas personas dicen: “Mira, es que yo no soy muy bueno para meditar”. Pero lo interesante acerca la meditación es que es el mismo proceso mental que la preocupación. El libro dice que si sabes preocuparte, sabes meditar. Porque ¿qué es la preocupación? Bueno, tomas una situación en tu vida y le das vueltas y vueltas y vueltas. Lo miras desde todos los ángulos, desde todas las facetas.

Piensas: bueno, si pasa esto, entonces yo pudiera hacer esto. Pero si yo hago esto, pasaría esto otro, y entonces pasaría esto. Estas serían las consecuencias, entonces no, esa no es una buena opción. Entonces agarras otro: bueno, pues pudiera verlo así. Pero si lo veo así, pasa esto y esto. Le das vueltas y vueltas y vueltas a tu situación.

Susi: Eso es meditar.

Mateo: Eso es meditar. Estás meditando en tu problema. Estás pensando tus pensamientos acerca de ese problema. Lo que deberíamos de hacer es tomar la Palabra de Dios y darle vueltas y vueltas y vueltas, y mirarlo desde este ángulo: bueno, y si eso es verdad, esto significa que sería esto también verdad. Entonces yo debería de actuar así. Esa es la meditación. Ninguno de nosotros tiene la excusa de decir: “No soy bueno para la meditación”. ¿Por qué? Porque si sabes preocuparte, sabes meditar.

Susi: Sí.

Mateo: Nada más, ¿en qué vamos a pensar? Ahí es la decisión de la meditación. Tenemos que escoger pensar los pensamientos de Dios al grado que cambia la manera en que yo vivo. ¿Cuándo sé que yo estoy meditando lo suficiente en la Palabra de Dios? Bueno, porque no se me olvidan las cosas. Y cuando cambia la manera en que actúo.

Esto es lo que nos dice Santiago. Santiago nos habla de no ser oidores olvidadizos, sino que debemos de ser hacedores de la Palabra. Esa es la diferencia: cuando yo he meditado lo suficiente, cuando he mirado en ese espejo de la Palabra de Dios el tiempo suficiente. El versículo dice: “Más el que mira atentamente”. Esa palabra mirar es una palabra que significa agacharse. La idea es como agacharse para ver mejor, como alguien quiere ver algo de cerca y quiere examinarlo.

Así deberíamos de ser nosotros con la Palabra de Dios. Deberíamos de estar inclinándonos hacia la Palabra de Dios con intensidad, con emoción, porque yo quiero saber qué dice. Quiero investigar cada detalle, el más mínimo detalle, para entenderlo mejor. Así debería ser nuestro devocional en la mañana. Así debería de ser nuestra manera de escuchar la predicación en la iglesia.

Yo medito en eso, medito en eso, medito en eso hasta que ya no soy un oidor olvidadizo, sino soy un hacedor de la Palabra. Aquí ya estamos empezando a llegar a la sabiduría. ¿Pero cómo comienza? Comienza con primero escoger a quién voy a escuchar. Hay tantas voces en nuestro mundo que nos quieren llamar la atención, que quieren que nosotros le dediquemos nuestra atención. Tenemos que escoger sabiamente a quién vamos a escuchar.

Tenemos que escuchar a Dios. Y luego tenemos que persistir en pensar en las palabras de Dios, que es la meditación de la Palabra de Dios. Eso poco a poco reprograma nuestra mente, y eso es lo que queremos para nuestra vida. Es lo que queremos para nuestros hijos. Entonces sabrán tomar la siguiente decisión que les mantiene en el camino de obediencia y utilidad a Dios para que no tengan un desastre, una ruina en su vida.

Susi: Escuchándote describir ese proceso, yo pensaba en cómo nuestros hijos pueden ver esto en nosotros. Por ejemplo, estamos sentados en el culto dominical, y nuestros hijos ven que nosotros tomamos apuntes, que cuando viene la aplicación estamos pensando, considerando. Luego nuestros hijos ven un cambio en nuestra vida gradual. Ven que mamá y papá responden a la Palabra. Incluso a veces hasta piden perdón, y quieren cambiar.

Entonces estamos modelando este proceso que has descrito, y luego podemos caminar por este proceso con nuestros hijos. Vemos que tienen una lucha, y no solamente les decimos: “Ya no te enojes. Ya no te enojes. El enojo es malo”. Sino que les ayudamos a meditar en la verdad. Les pedimos cuentas…

Mateo: Que memoricen versículos.

Susi: Que mediten y memoricen versículos, les recordamos de esas verdades. Sí, les disciplinamos cuando desobedecen, pero caminamos con ellos en ese proceso. Yo creo que ahí es una muy buena manera en la crianza diaria de modelar, y también ayudar a nuestros hijos en este proceso.

Mateo: Así es.

Susi: Hemos en este episodio hablado de buscar la sabiduría. En el siguiente episodio cuando ya regresamos aquí con ustedes, vamos a hablar de cómo andar en sabiduría y ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo.

Esperamos que en esta semana puedas considerar a quién estás escuchando, en qué estás meditando y cómo estás ayudando a tus hijos a ser oidores ideales, oidores ideales delante del Señor. Bendiciones.

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Autores

  • Susi Bixby

    Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de un adolescente y dos adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México. Juntos colaboran también en la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, NL.

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