Categoría: Padres

Ep 165: Padres que modelan: el ejemplo es crucial

0
junio 18, 2024

Los padres consumen una enorme cantidad de material impreso y digital sobre los “cómos” de la crianza de los hijos. Probamos métodos y estrategias con la esperanza de poder “hacerlo bien” y así tener hijos que “salgan bien”. Pero lo que más impacta la vida de un hijo es el ejemplo personal de su padre o madre. Tu andar ciertamente habla más fuerte que tu hablar. Veamos lo que la Biblia dice sobre esto. 

Transcripción:

Susi: La transformación bíblica producida por Dios mismo sucede por medio del proceso que la Biblia nos describe: refrenar la carne, renovar la mente y así llegar a reflejar a Cristo más y más. Este es el proceso que Dios desea que suceda en cada hogar cristiano, día tras día tras día, entre lo cotidiano de risas y lágrimas, pañales y tareas, abrazos y disciplina, jugo derramado, comida disfrutada, pidiendo perdón, afirmando amor.

Toda la vida diaria presenta una oportunidad para ir a la Palabra, recordar la verdad que hemos aprendido y aplicarla pacientemente, dependiendo de la obra del Espíritu Santo. Los primeros siete episodios de esta serie, Crianza que transforma, a partir del episodio número 158, se han tratado sobre ese proceso de refrenar la carne y renovar la mente para llegar a poder, poco a poco, reflejar a Cristo.

Recuerda que estamos basando esta serie en el libro Transformados en su imagen, por el autor Jim Berg, publicado por Editorial Bautista Independiente. En este episodio 165, y los que siguen, estaremos cubriendo los últimos capítulos del libro, que son del 10 al 13.

En esta sección vamos a hablar específicamente de cómo una persona que refleja a Cristo ejerce también una influencia sobre las personas a su alrededor. Creo, Mateo, que esta sección es particularmente relevante para los padres, ¿no?

Mateo: Por supuesto que sí, porque vamos a hablar de algunas características de cómo podemos ser de influencia en otras personas. Como padres, queremos ser de influencia en la vida de nuestros hijos. Los siguientes capítulos no se enfocan tanto en el hijo, sino se van a enfocar mucho más en el padre, y cómo el padre puede lograr tener influencia en la vida de su hijo.

Es interesante, porque si recordamos un poquito lo que hemos visto, Dios no quiere que simplemente no hagamos cosas malas. Eso sería refrenar la carne. Dios no quiere que hagamos cosas malas…

Susi: Obviamente.

Mateo: Pero no se conforma con eso. Dios quiere que hagamos algo más. Dios quiere transformar nuestro hombre interior por medio de la meditación en su Palabra, la obediencia a su Palabra. Eso es renovar la mente, ese cambio interior.

Pero no se puede quedar ahí tampoco. Dios también quiere que tengamos una influencia en otras personas. Y eso es lo que tratan estos siguientes capítulos. Eso es reflejar al Señor. Y esa es la meta también como padres, que deberíamos de tener para nuestros hijos.

A veces creo que nos conformaríamos con que no hagan cosas malas. Nos hartamos de tanta desobediencia, rebeldía. Si solamente no hicieran cosas malas, estaríamos bien. Pero eso no es el objetivo. Dios quiere transformar su interior por medio de su Palabra, y luego también quiere que ellos lleguen a ser de influencia, reflejando a Cristo para que otras personas sean atraídas y transformadas también. Creo que como padres deberíamos de recordar esto. Siempre estamos apuntando a hijos que puedan ser de una influencia positiva para Cristo, no solo que no hagan cosas malas.

Susi: Sí, y creo que nuestra vida tiende a ser un poco egoísta de esa forma. Nada más que seamos buenos y que disfrutemos la vida. Pero se nos olvida que Dios nos ha dejado aquí para que podamos influir en la vida de otros. Y él quiere lo mismo para nuestros hijos. Eso es muy fácil de olvidar, especialmente cuando están más pequeños.

Yo creo que ahora, por ejemplo, tú y yo tenemos hijos adolescentes y adultos; es un poco más fácil recordar el rol, que ellos son personas que Dios quiere usar en la vida de otros. Pero yo recuerdo cuando estaban más pequeños, era muy difícil pensar en eso, ¿no? Entonces es un buen recordatorio, y qué bueno que vamos a tener aquí varios capítulos para poder crecer nosotros específicamente como padres. Me encanta que el autor organiza esta sección alrededor del pasaje de Deuteronomio 6, ¿verdad?

Mateo: Deuteronomio 6 es un pasaje que habitualmente usamos para la crianza, y organiza estos siguientes capítulos tomando algunos puntos aquí de Deuteronomio, capítulo 6. Va a destacar tres cualidades de personas que son de influencia en las siguientes generaciones. Deuteronomio 6:5-7 dice: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”.

La primera cualidad que vamos a ver, que tenemos que tener nosotros si queremos influir en otras personas, es que debemos de ser ejemplos de un sincero y profundo amor a Dios. Esa es la primera cosa. Luego dice: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”.

Esto nos habla de la Palabra de Dios. Tenemos que ser maestros llenos de la Palabra de Dios. Si vamos a influir en otras personas, va a ser porque hablamos Palabra de Dios, aconsejamos Palabra de Dios. Bueno, todo eso lo iremos hablando en el siguiente episodio.

Pero luego el tercer elemento lo encontramos en el versículo 12 y el versículo 13 de este pasaje. Nos dice: “Cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás”. Entonces tenemos la mentalidad, vamos a ser supervisores, con una mentalidad de servicio. Queremos personas que van a servir a Dios y a otros, y eso lo tenemos que tener nosotros en nuestra mente cuando estamos criando o aconsejando o influyendo en la vida de otra persona.

Entonces son estas tres cualidades: un amor profundo a Dios en nosotros, ser ejemplos de eso, ser maestros llenos de la Palabra, y también supervisores con una mentalidad de servicio o ministerio, enfocándonos en el servicio a Dios y a otras personas.

Susi: Creo que muchas veces no pensamos en un profundo amor personal por Dios como un requisito de un liderazgo eficaz, ¿verdad?

Mateo: Sí, y es clave, porque a veces pensamos mucho en enseñar. Bueno, hay que enseñarles la Palabra de Dios, pero realmente lo que más va a impactar a nuestros hijos, sí es la Palabra de Dios y nuestras enseñanzas, pero más nuestro corazón. El corazón va a impactar más a nuestros hijos. Entonces, si tenemos un corazón que genuinamente ama a Dios, se lo vamos a contagiar.

Muchas veces pensamos más en catequizar: eso es algo que suena muy católico, ¿no? Pero catequizar es simplemente una forma de enseñar a nuestros hijos la Palabra de Dios. Pensamos en catequizarlos para que sepan la Palabra de Dios. Pero las cosas más importantes en la vida se contagian; se contagian, vienen de un corazón que se transmite a otro corazón. Y eso es muy importante para nosotros.

Susi: A veces nuestra cultura quiere ver a los niños como personas independientes, y que no deberíamos de intentar influirlos tanto, para que ellos se puedan desarrollar solos. Pero este pasaje de Deuteronomio 6, creo que está diciendo: la única manera, entre las culturas malas que están alrededor, que ustedes van a poder criar a la siguiente generación, es que de una manera muy intencional estén haciendo estas cosas—amando a Dios, maestros de la Palabra.

Entonces, háblanos un poco de eso, de este amor profundo a Dios, y cómo es diferente, es diferente a la cultura.

Mateo: En nuestra cultura nos dicen: “No influyas en tu hijo. No lo controles. Deja que él escoja su camino, hasta su género. No podemos controlarlo; no debemos controlarlo. Los lastimamos cuando los controlamos”. Pero esa es una noción muy, muy peligrosa. No nos va a permitir guiar a nuestros hijos en los caminos del Señor.

Puede ser que esto parezca extremo, que parece anticuado. Pero el libro destaca que si tú quieres producir una diferencia, tienes que ser diferente. O sea, si tú eres igual que todos los demás, no vas a ser de impacto. Las personas que son de impacto son diferentes. No puedes, dice el libro que no puedes cambiar nada agregando más de lo mismo, añadiendo más de lo mismo. Si tienes café y le echas más café, no va a cambiar el sabor. Le tienes que poner otra cosa: azúcar, leche, algo le tienes que poner y entonces va a haber un cambio en el sabor.

Muchas veces nosotros queremos que nuestros hijos no sean como el mundo, pero estamos adoptando las mismas prácticas y perspectivas que el mundo tiene. Bueno, no vas a producir algo diferente. Si quieres hacer una diferencia, tienes que ser diferente, y esto nos cuesta. Nos cuesta ser diferentes porque la gente nos observa, nos señala. Nuestros hijos quizás nos van a decir: “Oye, pero a Pepito, sus papás no le dicen eso; Juanita, sus papás le permiten hacer esto otro”.

Pero como cristianos…recuerda, si quieres producir algo diferente, tienes que ser diferente. Y lo que tiene que ser diferente en nosotros son estas cualidades que menciona aquí, cómo el amor a Dios. Eso es donde comienza. Nosotros tenemos que amar a Dios con todo el corazón. Ahí tiene que comenzar. Y es difícil saber si amamos a Dios con todo el corazón. Nos hacen siempre esa pregunta: ¿amas a Dios? Decimos que sí.

Susi: Todos creemos amar a Dios, yo creo.

Mateo: Pero ¿cómo sabemos de verdad que realmente amamos a Dios? Luego a veces lo convertimos en una sensación emocional. Bueno, si yo pienso en Dios y como que, “Ay, qué bonito”, o si yo voy a la iglesia y canto los cantos con mucha emoción, pensamos que eso es amar a Dios.

Bueno, la Biblia nos va a dar otros parámetros, como la obediencia. La obediencia a Dios demuestra que le amamos o no. Pero el autor aquí señala tres cosas que nos pueden ayudar a saber si realmente amamos a Dios. Y quizás lo deberíamos ampliar un poquito más. ¿Qué es lo que amas?

Aquí dice: piensa en estas cosas. ¿Qué te preocupa? Porque no te preocupa aquello que no te importa. Si yo llegara el día de hoy y empezara a hablar de: “Oh, mira, el arroz subió tres veces en el país de Bangladesh; el precio del arroz subió, se triplicó”, probablemente no te preocuparía eso.

Susi: Interesante dato.

Mateo: A menos que tu hija y tu hijo son misioneros en el país de Bangladesh, y están pasando un problema económico muy fuerte. Ahora sí te preocuparía. ¿Por qué? Porque amas a personas que están ahí. Entonces ahora sí te vas a preocupar. Si algo te preocupa, es porque lo amas; si algo no te preocupa, es porque no lo amas. Entonces, la preocupación: podemos preguntarnos: “¿Qué me provoca preocupación?” Bueno, eso es algo que amas.

Otra cosa que menciona es dónde inviertes tus recursos. Y no solo el recurso económico, pero el recurso de tu dinero, energía y tiempo—esos elementos también. ¿Dónde inviertes eso? Esa es una señal de lo que verdaderamente amas, porque si amas a algo vas a invertir en eso.

Susi: Y si amas a algo o a alguien, y surge una necesidad, tu tiempo no te importa. O sea, tú dejas todo lo demás y vas y ayudas a esa persona. Tu tiempo, tu recurso de tiempo, lo inviertes en lo que amas.

Mateo: Por supuesto. No te cuesta gastar dinero por eso. Si tú amas un equipo de fútbol, pues no te cuesta, no te duele comprar una entrada para ir a ver el partido. Y no te duele tener que invertir una hora en llegar al estadio, y dos horas para ver el partido, y una hora más para regresar. No, estás contento porque pudiste ir. Invertiste dinero, tiempo, energía, y estás contento, porque tú amas eso.

La tercera cualidad, o tercer examen que nos presenta (este es muy interesante) es: ¿qué te hace enojar? Porque igual si algo no te importa, no te vas a enojar por eso. Nos enojamos cuando alguien nos hace quedar mal. ¿Por qué? Porque amamos nuestra reputación; amamos nuestra imagen.

Susi: O como el típico ejemplo del niño que rompe cosas. Puede romper algo, no sé, un vaso equis que alguien te dejó en tu casa un día, y no te importa. Luego rompe algo que te dejó tu abuelita, o algo bien caro que compraste, y ya pierdes los estribos y te enojas. Ya hay una señal de que es algo que amaste.

Mateo: Sí. Entonces creo que es una buena reflexión, ¿no? ¿Qué te provoca preocupación? ¿Dónde inviertes tu dinero, tu tiempo, tu energía? Y ¿dónde o por qué te enojas? Eso va a demostrar qué amas.

Susi: Sí, lo que amas.

Mateo: Si amas algo o no.

Susi: Y los niños, nuestros hijos, fácilmente detectan esas cosas, a veces, yo creo, hasta más que nosotros, porque tenemos puntos ciegos. Quizás toda la vida hemos sido enojones por ciertas cosas, y nunca nos hemos detenido a preguntarnos por qué. Pero los niños perciben los amores de nuestro corazón.

Mateo: Sí. Piensa: si nunca te preocupas… ¿qué es la preocupación? Es pensar en algo una y otra vez. Entonces, si tú nunca te preocupas por las cosas de Dios, nunca piensas en las cosas de Dios, si no estás realmente invirtiendo tu dinero, tu tiempo, tu energía en las cosas de Dios, en conocer a Dios, en servir a Dios, si no te enoja ver el pecado de otras personas en contra de Dios, cuando blasfeman su nombre, cuando van en contra de la Palabra, si eso no provoca una reacción en ti, ¿puedes decir que realmente amas a Dios?

Creo que muchas veces, como padres, nuestros hijos nos ven preocupándonos por cosas terrenales, materiales: nos ven preocupados por lo económico. Ven dónde invertimos nuestro tiempo y nuestro dinero, ven las cosas que nos enojan, y como tú decías, ellos detectan mucho antes de nosotros qué es lo que realmente amamos. Y recuerda que esto se contagia. Yo puedo estar diciendo algo con mi boca…

Susi: “Ama a Dios, hijo. Ama a Dios”, sí.

Mateo: “¡La Palabra es importante! Haz esto; haz lo otro, porque Dios lo dice”. Pero luego ellos ven en nosotros que no estamos amando a Dios, que nos preocupan otras cosas, que nos enojamos por otras cosas, que invertimos en otras cosas, y ellos se dan cuenta.

Son influidos por nosotros, pero tristemente no para las cosas de Dios. A veces miramos a nuestros hijos y decimos: “Ay, es que son tan apáticos. Los jóvenes de hoy son tan apáticos, y son tan indiferentes”. Es una mentira, porque ellos están apasionados profundamente por otras cosas.

Susi: Sí. Videojuegos, las amigas, la ropa…muchas cosas.

Mateo: Las redes, las series en Netflix, actores, actrices, cantantes, influencers. Esas son las cosas que los apasionan. ¿Por qué? ¿Cómo lo sabemos? Quítale el acceso de tu hijo a Netflix, o a las redes sociales. ¿Qué actitud va a tener? ¿Qué reacción va a haber? ¡Se va a enojar!

Susi: Sí.

Mateo: ¿Verdad? Se va a enojar. ¿Por qué? Porque ama esas cosas. Ninguno de nosotros— nosotros tampoco somos apáticos. Todos somos gente apasionados, porque Dios nos ha hecho personas con pasión, que nos apasionamos. Nada más que estamos apasionados por cosas que no son Dios. Nuestros hijos detectan eso.

A veces las personas nos preguntan por qué tantos hijos no siguen a sus padres en la iglesia y en los caminos del Señor, y la realidad es que mucho tiene que ver con su corazón, su corazón que no ama a Dios. Sus hijos detectan eso. Entonces, por mucho que intenten catequizarles, enseñarles, si no viene primero un corazón que ama a Dios, no va a tener influencia en la vida de sus hijos.

Susi: Por eso llevarlos a la iglesia no es suficiente influencia.

Mateo: Así es.

Susi: La influencia tiene que brotar desde el corazón. O sea, vamos a la iglesia por la pasión que ya tenemos por Cristo, por Dios, por la comunidad de la fe, que sabemos que es importante. Esa es la razón por la que vamos a la iglesia.

Muchos padres que se quedan cuestionándose qué pasó, por qué sus hijos crecieron y se fueron (que, por cierto, nos puede pasar a cualquier padre eso; los hijos son independientes y escogen su camino), pero cuando hay un patrón de esto, muchas veces lo que esos padres dicen es: “Es que yo los llevé a la iglesia toda la vida”. Y eso no es suficiente; tiene que ser ese corazón apasionado por Jesús.

Mateo: Piensa en la diferencia, en cómo vamos al estadio, y cómo vamos a la iglesia. Tengo amigos que tienen abonos para ir al estadio y todo eso. Llega el sábado por la noche, y: “¡Qué bueno! ¡Puedo ir al estadio!” Llegamos temprano. Estamos dispuesto a invertir.

Susi: La bandera, la camiseta…

Mateo: Claro, no nos importa nada de eso.

Susi: La pintura en la cara.

Mateo: ¡Y regresamos contentos! ¡Qué bien! Tristes, si nuestro equipo perdió, pero por lo menos pudimos ir al estadio; pudimos pasar un rato, ver nuestro equipo, apoyar a nuestro equipo. Incluso estamos rodeados de otros que comparten nuestra pasión. Si nuestro equipo mete gol, estamos celebrando con gente que ni conocemos.

Y luego el domingo por la mañana podemos levantarnos y es como que: “Ay, hay que ir a la iglesia. Vamos a ir. Ay, yo quisiera quedarme durmiendo. Ay, bueno, vamos a ir”.

Susi: “Vamos a llegar nada más para la hora de la predicación porque así no tenemos que estar parados cantando tanto rato”.

Mateo: “Y al final lo que importa es la enseñanza de la Palabra. Entonces hay que llegar a la enseñanza de la Palabra”. Y luego nos preguntamos por qué nuestros hijos aman el fútbol y no aman a Dios. Bueno, es que les hemos contagiado el amor que hay realmente en nuestro corazón.

Es curioso porque en la Biblia vemos ejemplos de personas que aman a Dios; el autor menciona cuatro ejemplos de personas que amaron a Dios. Algo que va a mencionar es que una característica del amor es la extravagancia. La extravagancia.

Menciona el regalo extravagante de María. Es la hermana de Marta y Lázaro. Cuando Jesucristo estaba acercándose al tiempo de su crucifixión, va a la casa de María, Marta y Lázaro. Y cuando Cristo está sentado ahí, viene y derrama un perfume sobre los pies de Jesucristo. Dice que es una caja de alabastro de nardo puro, y nos dice que el costo era de 300 denarios. Es el costo de un año de salario. Eso es lo que costó eso.

Susi: Mucho.

Mateo: ¡Mucho! Muchísimo dinero. Bueno, ponle ahí donde tú vivas; ponle eso: ¿cuánto ganas en un año? Eso es lo que ella derramó sobre los pies de Cristo. Parecía un desperdicio. Parecía una extravagancia. Incluso los discípulos de Cristo mismo recriminan a María por el desperdicio de ese perfume.

Y Jesucristo dice: “No, es que no entienden por qué hizo esto”. Ella hizo esto por el amor extravagante que ella tenía por Jesucristo, porque el amor es extravagante. A veces lo vemos aquí en la universidad cristiana.

Susi: Las parejitas.

Mateo: Llega el 14 de febrero, y de repente ves a un joven caminando de su dormitorio al dormitorio de las señoritas con un peluche que es más grande que él.

Susi: Que seguramente le costó lo que un mes de su colegiatura de la escuela.

Mateo: ¡Hubiera pagado la colegiatura! Pero bueno, los demás lo miran, se ríen, hasta se burlan de él: “¡Qué loco! ¿Por qué hace eso?” Es que está enamorado. El amor es extravagante. Y María es un perfecto ejemplo de amor por Dios.

Tenemos que preguntarnos: ¿cómo es nuestro amor a Dios? ¿Estamos dispuestos a dar extravagantemente de nuestros recursos? ¿De nuestro tiempo? ¿De nuestra energía para Dios? Eso sería de impacto. Cuando personas (pensando en nuestros hijos específicamente) ven eso en nosotros, ellos van a ser impactados. Eso va a influir en ellos, cuando le damos esos regalos extravagantes a Dios.

De hecho, María es el segundo ejemplo—la misma María. Antes, en la vida de Jesucristo, Jesucristo había llegado a la casa de Marta, María y Lázaro, y Marta se pone a servir; pues Jesucristo llega, y llega con doce hombres con él.

Susi: Con hambre, seguramente.

Mateo: Seguramente había mucho que hacer en la casa: preparar mucha comida para doce hombres hambrientos. Y en aquella cultura en particular los hombres se sentaban a hablar y las mujeres trabajaban y servían. ¿Pero dónde encontramos a María?

Susi: Sentada a los pies de Cristo.

Mateo: Sentada a los pies de Cristo, porque ella quería escuchar. Ella quería aprender de Jesucristo. Y Marta se queja: “Oye, pero Jesús, dile que se ponga a trabajar”.  Y Jesús le dice: “Oye, María ha escogido la mejor parte”. Ella estaba dándole una atención que no correspondía en esa cultura. Ella no debía de estar ahí, pero ella estaba rompiendo las normas culturales porque ella quería escuchar las palabras de Jesucristo.

Marta no entiende. Marta está afanada y turbada con las cosas de la casa, pensando que eso es lo realmente importante, cumplir con su rol cultural. Jesús le dice: “No. Hay cosas más importantes que cumplir con las expectativas de otras personas, y es sentarse a mis pies y aprender”.

Eso nos da pena; nos da pena ser conocidos como personas que amamos a Dios, que amamos la Palabra, que queremos estudiar la Palabra. Queremos ser conocidos como buenos cristianos, pero no exagerados. Lo hemos visto una y otra vez en tantas situaciones.

Susi: Sí, y en nuestras culturas de hoy…yo sé que muchos de los que escuchan pueden vivir en diferentes culturas, pero hay expectativas en las culturas que pudieran estarnos pidiendo actuar de una manera que realmente no agrada a Dios, y que nos apaga esa pasión cuando queremos conformarnos a las expectativas de la cultura.

Mateo: Dice el autor (me encanta esto): “Los ejemplos de personas que aman a Dios son gente cuyo tiempo con Dios nunca es demasiado”. Nunca tienen suficiente tiempo con él. “Pueden perderse las noticias, los resultados deportivos, el último chisme, el estreno de alguna película; pero no pueden perderse su tiempo con Dios”.

Yo leo eso, y a veces tengo que pensar en mí. Digo: “¡Guau! Necesito aprender aquí a amar a Dios de esta forma”. Pero María le está dando una atención extravagante a Dios que le hace objeto de crítica, pero también que tiene un impacto. Piensa en el impacto que tiene el amor de María, que ahora, miles de años después, apuntamos a María como un ejemplo de amor a Dios. Yo quiero que, en 10, 15, 20 años mis hijos puedan apuntar a mi vida y decir: “Sí, pues, amó a Dios. Quizás no fue como todos los demás papás; pero mira, amó a Dios”.

El siguiente ejemplo que da es el de David. Menciona a David y la alabanza extravagante de David, particularmente cuando el arca está llegando a Jerusalén. Había intentado llevar el arca una vez; desobedecieron los protocolos que Dios había establecido, pero ahora están obedeciendo los protocolos.

David llega danzando; está tan lleno de la obra de Dios en su vida y en la nación, y empieza a danzar delante de Dios. Lo curioso es que su esposa Mical, hija de Saúl. Ella crece como princesa, ¿no? Ella sabe cómo se debe comportar alguien de la familia real.

Ve a David, que está danzando con toda su fuerza delante de Jehová, y cuando entra, le recrimina eso. Dice que lo menosprecia en su corazón, y le dice a David: “¡Qué ridículo!” (Traducción moderna.) “Has hecho el ridículo enfrente de las señoritas, las mujeres de Israel”. Se está burlando de él: “Un rey no se comporta así”. A David no le importa. ¿Por qué? Porque ama a Dios.

Susi: Estaba adorando a Dios.

Mateo: Está dando una alabanza extravagante a Dios que otras personas no comprenden. ¿Por qué? Porque no comparten esa clase de amor por Dios.

A veces cuando nosotros amamos a Dios las personas no van a comprender. Nos van a criticar. Nos van a decir que somos exagerados. Y es verdad, pero así es el amor. El amor exagera; el amor es extravagante.

Susi: Y debemos desear para nuestros hijos más que amen a Dios profundamente, a que sean aceptados por sus amigos, a que no sientan pena porque son los únicos de la colonia que van a la iglesia, o que no pueden hacer tal cosa, ir a ver tal película. O sea, eso no debería de ser algo que nos preocupa. Deberíamos de preocuparnos porque amen a Dios de esa forma.

Mateo: Piensa: si para nosotros como adultos la presión de grupo es fuerte; o sea, no queremos ser diferentes. Pues recordemos, en la etapa de adolescencia es muy fuerte la presión de grupo. Si ellos nos ven a nosotros amoldándonos a nuestra cultura, ellos van a querer amoldarse también a su cultura. Esto es clave para nosotros.

Da un ejemplo más, y es el servicio extravagante de Pablo. Pablo dice que no estimaba preciosa su vida para sí mismo. Lo único que le importaba era “acabar la carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús”. Eso era lo único que le importaba. ¿Por qué? Porque amaba extravagantemente a Dios. Eso es lo que realmente le importaba.

Si no hay extravagancia en nosotros, ¿hay realmente amor? Porque el amor es extravagante en cómo piensa, cómo invierte su tiempo, dinero, energía, en incluso el enojo, ¿verdad? Si yo amo a mi esposa, y alguien insulta a mi esposa, le falta el respeto a mi esposa, me va a enojar eso. Y tristemente nosotros no conocemos esta sed de Dios, ese amor por Dios que menciona aquí el autor, y por eso nuestros hijos tampoco lo conocen.

Y creo que también un punto clave aquí es: cómo lo obtengo. Bueno, para eso tenemos que regresar a los capítulos anteriores de la meditación. Tenemos que meditar en lo bueno, lo agradable que es Dios. Así vino la serpiente con Eva, ¿verdad? Le presentó algo, y Eva lo empezó a ver como: “Ay, ¡qué bueno! Ay, ¡qué rico! Es agradable. Eso yo lo quiero”.

Susi: Lo contempló; meditó sobre lo que le estaba diciendo.

Mateo: Y lo quiso. Dice el autor aquí: “Este libro es mi esfuerzo de tentarte con Dios”. Y recuerda, esto fue escrito originalmente para sus hijas. Él está diciendo a sus hijas: “Yo quiero tentarte con Dios, que Dios es lo único bueno, agradable, codiciable”.

Que Dios nos ayude a hacer eso con nuestros hijos también. Que vean a Dios como bueno, como agradable, como codiciable. Y si logramos eso, muchos de los demás problemas se van a resolver por sí solos.

Susi: Yo creo que esto es un reto para nosotros los padres, porque creo que a veces ni siquiera queremos la salvación de nuestros hijos por los motivos correctos. Entonces tenemos que examinar nuestros corazones y pedirle al Señor que nos dé una pasión verdadera por Dios, que nos dé esa decisión diaria de contemplar a Dios, meditar en él, en su Palabra, en su bondad, y también desear estas cosas para nuestros hijos.

Mateo: Así es.

Susi: Bueno, esto solamente fue el primero de los tres elementos que vamos a estar viendo en esta sección del libro y de estos episodios, así que te animamos a contemplar esto esta semana. Que vayas delante del Señor realmente en humildad y le pidas que encienda en tu corazón una pasión por Jesús mismo, por agradarle y alabarle.

Continuamos la serie la próxima semana. Dios te bendiga.

Compartir:

Autores

  • Susi Bixby

    Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de un adolescente y dos adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México. Juntos colaboran también en la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, NL.

    Ver todas las entradas

Publicaciones relacionadas