El pequeño angelito que llevamos a casa del hospital se convierte en el adorable pero inquieto dador de brazos y besos. Pronto aprende a leer y nunca deja de querer conversar con mamá y papá. Pero de repente, algo parece cambiar. Ya no quiere abrazos ni plática, ya no se interesa en ir a la iglesia u obedecer a sus padres. ¿Qué pasó? ¿Es que “entró a la rebeldía”? ¡Conversemos de esto con Mateo!
Transcripción:
Susi: A lo largo de los casi seis años que hemos estado produciendo este podcast y el blog, los padres nos hacen preguntas y comentarios, en este caso alrededor de un tema que surge bastante en la preadolescencia y la adolescencia, porque en esas etapas hay muchos retos. Y es esta frase que yo he escuchado repetida bastantes veces: es que un hijo está entrando a la rebeldía. Quizás alguien dice: “¿Qué me recomiendas? Porque mi hijo está entrando a la rebeldía”.
No solamente lo he escuchado de padres o personas que no conozco, sino también de otras personas más cercanas a nosotros. Y varias veces esta frase me ha dado pausa, y me temo que posiblemente podría indicar algún malentendido de los padres sobre cambios o etapas en la vida de los hijos.
Así que en este episodio queremos abordarlo de frente y preguntarnos si estamos pensando bíblicamente sobre la conducta y la necesidad de nuestros hijos. Mateo está aquí conmigo; le pedí si me podía apoyar con este tema. Quizás, Mateo, podemos empezar considerando qué tipo de situaciones llevan a los padres a pensar que un hijo está entrando a la rebeldía.
Mateo: Pues, muchas veces tiene que ver con nuevas etapas en la vida del hijo. Se evidencia en cosas a veces muy simples, como gestos o muecas que antes el hijo no tenía. Creo que todos los padres estamos acostumbrados a ver eso, ¿no? Un hijo sentado en el sofá apático…le estamos intentando explicar algo y es evidente que no quiere escuchar, que no quiere estar ahí. Y eso es algo diferente a lo que antes habíamos visto.
Hay muchas veces también una nueva apatía hacia cosas que antes le interesaba, quizás un desinterés hacia las cosas de Dios o hacia la opinión de los padres mismos. Luego empieza a defender otras opiniones. Empieza a decir lo que ha escuchado de parte de sus amigos, o algo que dijo algún personaje del arte o de la música o de la política. Ya no está solamente escuchando la voz de los padres.
Y por supuesto esto puede ir creciendo, llegar a cosas más evidentes, como desobediencia clara, directa, cuando el padre le da una indicación de que tiene que hacer sus tareas y no hace las tareas. Y cuando el padre le recuerda, explota el hijo: “¡Tú no eres quien para decirme! Yo ya soy…tengo cierta edad…yo ya puedo decidir por mí mismo”. Y poco a poco puede ir aumentando, incluso más en cosas de qué voy a vestir, quiénes van a ser mis amigos, si voy a salir o no, y poco a poco la complicación se va desarrollando más en la familia.
Susi: Sí, yo pensaba en situaciones donde creo que esto puede pasar más con las mamás. No estoy segura, pero cuando están chiquitos, nuestra persona, nuestros abrazos, nuestras palabras, nuestra sonrisa, nuestros premios que les ofrecemos, cualquier cosa, eso provee bastante motivación para un niño pequeño. Entonces, en el contexto de la relación con mamá o con papá, responden y obedecen, o quieren agradarnos.
Y de repente ya no funciona lo que antes funcionaba. No siempre lo que funcionaba era lo mejor. A lo mejor no estábamos haciendo lo mejor en la crianza, pero cómo funcionaba, en el sentido de que el niño hacía caso o estaba bien. Entonces, realmente no nos detenemos a evaluar si realmente es bíblico lo que estamos haciendo.
Pero yo creo que para muchas mamás detectamos esa distancia emocional, o incluso independencia. Para las mamás en particular, no nos gusta que el niño se sienta independiente de nosotras. Nos gusta esa dependencia de mi niña o mi niño. Entonces veo un deseo de independencia, y yo lo veo como ¡ya está entrando a la rebeldía!
También a veces creo que en situaciones donde un niño quiere atención—quiere atención, y quizás como más pequeño, se distraía o no percibía que realmente no recibía mucha atención. Pero puede cambiar su conducta porque quiere nuestra atención, y entonces nosotros lo miramos y decimos: “Está entrando a la rebeldía”.
Mateo: Y a veces no solamente es que quiere nuestra atención con su mal comportamiento, pero muchas veces está buscando la atención de otro grupo de personas. Donde antes, como tú decías, la relación con padre y con madre era la relación más importante de la vida de un niño, pero ahora quiere la atención de sus amigos. Entonces tiene que comportarse de cierta forma.
Ve cómo sus amigos se comportan, escucha lo que ellos dicen, de cómo se llevan con sus padres, y piensa: “Así yo tengo que llevarme también con mi padre”. Y ese acto de rebeldía ahora es una forma de poder ir con sus amigos y sentir que es igual que ellos, incluso a veces hasta alardear, ¿no? “Pues yo también le dije a mi viejo que…”.
Susi: Sí. El punto aquí es que podemos pensar esto por varias razones, pero creo que en general es que vemos cambios que no nos gustan. Vemos una distancia emocional y ya no tanto deseo de obedecernos o de hacernos caso. O vemos cambios y pecados grandes, también puede ser.
Mateo: Cambios en el comportamiento.
Susi: O creencias que cambian, o dudas acerca de cuestiones sexuales fuertes. Y eso nosotros lo miramos como padres y decimos: “Ah, ya está entrando a la rebeldía”. Pero en verdad, Mateo, ¿qué está sucediendo? ¿Es verdad que de chiquitos no fueron rebeldes y de repente están entrando a la rebeldía?
Mateo: Pudiera ser en la vida de un joven, de una persona, que por cierto tiempo estuviste respondiendo bien a tus padres y obedeciendo a Dios, y algo sucede en tu corazón y hay un cambio de orientación básica en rebeldía, o sea, alejarse de Dios. Pero el concepto de que mi hijo era bueno, obediente, y ahora ya no lo es, de que ahora está entrando a una nueva etapa de rebeldía, creo que de por sí es deficiente, e incluso antibíblico. Porque somos pecadores desde el momento en que nacemos.
Nos dice el Salmo 51:5: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”. David ahí no está hablando de que es el resultado de un adulterio de su madre. Simplemente está diciendo que el pecado impregna al ser humano. Somos pecadores. Somos por naturaleza hijos de ira, hijos de desobediencia, nos dice Efesios, capítulo 2. “La necedad está ligada al corazón del muchacho”, Proverbios 22:15. Entonces, desde el momento que nacemos, somos rebeldes. Todos nosotros somos rebeldes. No entramos a una etapa de rebeldía.
Pero como bien decíamos, cuando son más pequeños, los hijos tienen esa orientación hacia los padres, a creer todo lo que mamá y papá dicen, a pensar que sus papás son los mejores. Van creciendo, y ahora hay nuevas habilidades mentales, nuevos conocimientos. Hay nuevas amistades, nuevas influencias, cambios hormonales, incluso, en el cuerpo del niño. Ahora ya tiene más información. Tiene voces que compiten con la voz de papá y de mamá que antes no existían.
Y esa madurez física y mental les va a llevar a esa independencia, a esa confianza, incluso para expresar, porque ¡posiblemente antes ni pensaba! Pero llega a una etapa donde empieza a pensar más, pero todavía no siente la confianza para expresar sus opiniones. Pero luego también madura, y ahora siente la confianza para decir que no está de acuerdo con papá o mamá, o para expresar sus deseos de una forma más directa, incluso más confrontativa. Ahora empiezan a surgir nuevas formas de expresar una rebeldía que ya estaba ahí, quizás un poquito más latente, pero estaba en su corazón desde el momento en que nació.
Susi: Sí, y yo creo que ahí es una clave para entender esto, ¿no? Porque en esos mensajes que a veces he recibido de padres que están evaluando la vida de su hijo y creen que está entrando a la rebeldía, o ha entrado, también muchas veces—frecuentemente—mencionan causas, lo que ellos creen que lo ha causado. “Es que empezó a juntarse con ciertos amigos. Es que no nos dimos cuenta de que estaba viendo ciertos programas. Es que Instagram y el Internet”. Los padres quieren asignarle una causa externa a una rebeldía que está brotando.
Yo creo que lo que tú acabas de decir: ahí estaba. Ahí está la rebeldía desde que nacemos. Y a veces esa situación externa, lo que hace es abrir la puerta o despertar algo que ya estaba ahí. Y yo creo que eso es clave para los padres. A tu hijo no le hace ningún bien que tú le eches la culpa por su pecado a sus amigos. Puedes ayudarle a ser sabio y entender la influencia de esos amigos, pero a mí me pesa que muchos padres quizás no están comprendiendo ese aspecto de la rebeldía.
Mateo: Sin duda, “las malas conversaciones”, como nos dice en 1 Corintios 15, “corrompen las buenas costumbres”. Allí “malas conversaciones” pudiera traducirse mejor “compañías”. Sin duda, eso es cierto. Pero la maldad está en el corazón del niño, del adolescente. Ya está allí. Es por naturaleza pecador. Y creo que parte del problema es que los padres no han hecho el trabajo anterior cuando era niño, porque parecía que era un niño feliz y más o menos obediente, no causaba muchos problemas en casa, quizás encontrábamos estrategias para manipular al niño, y era fácil en esa etapa. Ahora ya no es fácil, pero como no hicimos el trabajo previo, ese trabajo duro de trabajar en el corazón del niño, de confrontar su pecado…
Susi: Confrontar la rebeldía en sus expresiones más “bonitas” cuando son niños pequeños, y nos reímos cuando se enojan. Eso es rebeldía.
Mateo: Cuando no quieren comer lo que mamá les prepara, e insisten y se enojan.
Susi: Y cedemos.
Mateo: Sí, nosotros decimos: “Bueno, no pasa nada. No es gran cosa”.
Susi: “Está chiquito”.
Mateo: Pero estamos entrenándoles a reforzar su voluntad y resistir más a la voluntad de mamá, papá y de Dios mismo. Tenemos que trabajar más con nuestros hijos desde una edad temprana. Hay un versículo que habla de la disciplina, no recuerdo cuál es ahora, pero dice que los padres que aman a sus hijos desde temprano…
Susi: Los corrigen.
Mateo: Los corrigen. Y no está hablando desde las 5:00 de la madrugada.
Susi: ¡Aunque pudiera pasar!
Mateo: Está hablando de desde una edad temprana. Empiezan pronto a trabajar en el corazón, en la vida de sus hijos, y entonces cuando llegan a la adolescencia o la preadolescencia, cuando normalmente surgen estas actitudes, ya hay una disposición diferente.
No queremos dar la idea de que nosotros como padres podemos garantizar que nuestros hijos salgan bien, o que si hay un hijo que es rebelde es señal evidente de una mala crianza. No creemos eso. Pero normalmente, si un padre ha hecho el buen trabajo en el corazón de su hijo, puede evitar muchos de los problemas de la rebeldía abierta que se manifiestan en la adolescencia.
Claro, todo niño va a luchar, va a tener sus dudas, va a expresar sus inconformidades. Pero todavía puede haber ya una buena relación con los padres, una disposición de aceptar lo que dicen los padres, de someterse a lo que dicen los padres y a lo que dice Dios. Entonces eso les va a caracterizar incluso en la adolescencia.
Cuando entran a esa etapa de cuestionar y de preguntar, va a ser con una actitud diferente. Los decibelios de esa lucha van a ser muy por debajo de los decibelios de una lucha de un niño que ha crecido con total libertad de expresión, de reforzar su propia voluntad, y ahora, cuando llega a la adolescencia, es una rebeldía abierta y directa, porque siempre ha sido rebelde. Incluso los padres le han animado en esa rebeldía en muchas ocasiones.
Susi: Sí. Yo creo que parte de esta manera de pensar es que muchos padres de niños más pequeños no reconocen la conducta de sus hijos como una expresión de rebeldía. No entienden que ese niño pequeño está creciendo, sintiendo que él tiene el derecho de hacer lo que él quiere. Eso es rebeldía en contra de sus autoridades. Simplemente no están enterados, o no quieren verlo. Para ellos es verdad: de repente sus hijos entraron en la rebeldía. ¿Por qué? Porque no lo reconocieron antes. No supieron manejarlo.
Yo estaba pensando en el don que es para los hijos cuando tú les enseñas cómo lidiar con su rebeldía, aún y cuando todavía no son creyentes, pero tú les enseñas desde pequeño cómo lidiar con eso. Porque entonces están equipados cuando llegan a la preadolescencia y la adolescencia para filtrar sus propios sentimientos y pensamientos. Ya tienen una manera de comprenderse a sí mismo, lo que está sucediendo en su interior.
Mateo: Es que nuestro mundo nos dice que tenemos que hacer todo lo que deseamos, que nadie nos puede poner límites. Y animamos eso en nuestros propios hijos, cuando uno de los principios más básicos de la vida, y especialmente de la vida cristiana, es la muerte a uno mismo. Es la abnegación. Hemos hablado de eso en otros episodios.
Entonces cuando nosotros enseñamos a nuestros hijos a morir, a matar su propio ego, su propia voluntad, a someterse a lo que Dios dice—y muchas veces lo que Dios dice lo dice a través de los padres en la vida de un niño—cuando él ha aprendido eso, entonces, cuando llega a la adolescencia, cuando ahora sus deseos son mucho más fuertes y son mucho más inclinados hacia el pecado, quizás, ahora tiene herramientas. Sabe decirse que no a sí mismo. Sabe decir no a sus deseos. Y eso le va a dar muchos frutos buenos, no solamente en su vida cristiana, pero también su vida secular, profesional y familiar.
Susi: Hay un asunto relacionado a esto, donde a veces los padres no sabemos discernir entre una rebeldía y simplemente una curiosidad, o un deseo de conversar sobre algo, o cuestionar algo. Y yo creo que están procesando de una manera diferente lo que están viendo. ¿Cómo podemos los padres discernir entre algo que realmente es rebeldía y algo que es una búsqueda de información, aunque parezca ser un poco, quizás con ese filo, de hablarnos fuerte o algo así?
Mateo: Sí. Es una pregunta difícil, porque no hay una fórmula mágica para discernir eso. Tenemos que estar muy atentos al corazón de un hijo, y de cada uno de nuestros hijos, porque como dijimos, es natural que ellos cuestionen, que quieran investigar, explorar, conocer cosas nuevas. Van a estar escuchando cosas nuevas, y a veces vienen y nos tiran como que…
Susi: Como una granadita.
Mateo: Sí, es una granada y ¡pum! Explota. “Ah, es que yo creo que…”. Y es probable que no tanto lo crea; es algo que simplemente escuchó o leyó.
Susi: Están explorando o pensando.
Mateo: Un amigo dijo, o un profesor en la escuela dijo. Entonces, creo que tenemos que tener cuidado de no responder con otra granada, otra granada emocional: “¡No! ¡¿Cómo es posible eso?!”
Susi: “¡No te hemos enseñado así!”
Mateo: “Eso es pecado. Eso es horrible”. Y sacamos el mazo y le damos un martillazo a nuestros hijos, y matamos la posibilidad de dialogar con ellos, de que ellos sientan la confianza de acercarse con nosotros y decir: “Oye, papá, estoy pensando esto. He escuchado esto otro. Alguien dijo esto”. Cuando hay una puerta abierta de comunicación, podemos entonces llevarlos a la Palabra de Dios, dialogar con ellos, caminar con ellos a través de ese proceso. Y hay que ser pacientes, porque muchas veces sí es un proceso, pero caminamos con ellos, les llevamos a la Palabra de Dios una y otra vez, y poco a poco hay oportunidad de reorientar su manera de pensar para que sea sumisa a la Palabra de Dios.
Pero cuando hay una actitud de rechazo, de no querer escuchar, de insistir, de tener una cabeza dura, ya estamos cruzando la línea de la rebeldía. Nos dice Proverbios 1:7: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”. Cuando hay un desprecio, un rechazo por lo que dicen los papás o dice la Palabra de Dios, es una señal de su necedad, de su rebeldía que hay en su corazón, y vamos a tener que pedir mucha sabiduría de Dios para saber cómo tratar con esa situación en la vida de cada uno de nuestros hijos. Porque en la vida de un hijo puede ser de cierta forma, y en la vida de otro de nuestros hijos puede que tengamos que tratarlo de otra manera.
Susi: Sí, a mí me gusta pensar que una pregunta de parte de un hijo, o el simplemente sacar un tema, no lo deberíamos de ver como rebeldía todavía.
Mateo: Sí.
Susi: O sea, la rebeldía es la desobediencia. El decir algo, o pensar algo, no necesariamente ha llegado a la rebeldía. Es un cuestionamiento. Es un proceso intelectual y emocional que está pasando el muchacho o la muchacha. Yo creo como madre que soy emocional a veces, a mí me ayudó pensar: mi hijo nada más está sacando un tema. Hasta que yo vea desobediencia en su vida…
Mateo: Obstinación…
Susi: …o palabras rebeldes fuertes que están desafiando mi autoridad, yo necesito considerar esto como una oportunidad para hablar y hacer preguntas. Porque yo creo que normalmente los muchachos responden, se suavizan inmediatamente cuando mamá o papá hace una pregunta sencilla y sin emoción: “¿En serio? ¿Dónde escuchaste eso?” O sea, simplemente: “Ah, estuviste leyendo algo, escuchando un video. A ver, muéstrame el video; yo también lo puedo escuchar”, de dónde sacó esa idea.
O mostrar interés en sus amigos para que pueda contarnos cosas de sus amigos que él sabe que no están bien, que le interesan, y no juzgar inmediatamente, no brincarnos encima de ellos, sino verlo como una oportunidad. Y no suponer que mi hijo es desobediente, rebelde, solamente porque expresa una opinión que no me gusta, o porque está hablando de un tema que me da miedo, que me asusta. Creo que eso es buena regla, ¿no?
Mateo: Tenemos que ser muy sabios en tener diálogos, y no monólogos, otra cosa que hemos mencionado con frecuencia, y que nuestro hijo adolescente pueda expresarse con mucha libertad. Queremos eso. Eso nos va a permitir ser de influencia en su vida.
Susi: Varias veces, cuando este tema ha surgido, se pregunta de una manera…como que el papá o la mamá piensa que ahora que mi hijo está entrando a la rebeldía, necesito hacer devocional con él. Ha llegado varias veces la pregunta: ¿me puede recomendar un devocional para mi hijo que está entrando a la rebeldía? Por un lado, me gusta que un papá o una mamá diga: “Esto es una necesidad espiritual. Necesita un recurso espiritual”. Pero también me da un poco de inquietud porque creo que pudiera haber un problema con pensar que de repente un devocional le va a solucionar el problema. ¿Qué opinas?
Mateo: Espero que no nos esperemos a la adolescencia para empezar a hacer devocionales con nuestros hijos, que sea algo habitual en nuestros hogares tener esos devocionales familiares. Pero también es verdad que cuando no se ha hecho y de repente nos topamos con un problema, queremos una solución mágica, una solución simple: va a empezar a tener devocional. Y eso ahora garantizar que mi hijo, ahora sí, sea sumiso, sea obediente, no sea rebelde.
Susi: Se arregle.
Mateo: Pero cuando no hemos hecho el trabajo previo, vamos a cosechar las consecuencias de nuestro propio fracaso. Y esa rebeldía de nuestros hijos no siempre es la consecuencia de un fracaso en la crianza, pero a menudo sí refleja deficiencias en la manera que hemos criado a nuestros hijos. Dios nos ha dado recursos poderosos, y la Palabra de Dios es un recurso poderoso para obrar en el corazón de nuestros hijos. Debemos de querer exponer a nuestros hijos a la Palabra en cantidades abundantes.
Pero también es probable que, si es rebelde, no va a querer eso. Tenemos que otra vez encontrar la manera de llegar a ellos de una manera amena, conversacional. Sí, teniendo devocionales, pero evitar que lleguemos a una batalla campal en la casa. “Ahora que eres rebelde, ahora te voy a dar espadazos o ‘bibliazos’, hasta que te compongas”. Eso nunca va a ayudar, porque normalmente cuando respondemos nosotros de esa forma muy impositiva, muy autoritaria, lo que provoca es más resistencia y más rebeldía en el corazón de nuestros hijos.
Lo que ellos probablemente más necesitan en ese tiempo es tener comunicación profunda, abierta, cuantiosa con nosotros como padres, y abundar en esa comunicación. Por supuesto que nuestra comunicación debería de estar saturada con la Palabra de Dios constantemente, incluso las conversaciones ordinarias; estarles dando principios, versículos, Palabra de Dios para que eso se vaya asentando y arraigando en su propia mente, influyendo la manera en cómo piensan, las decisiones que toman, y reorientando su corazón, ya no hacia la rebeldía, sino hacia la sumisión gozosa y voluntaria a Dios.
Susi: Sí. Creo que si un padre o una madre de un adolescente de repente se encuentra en esta situación y se da cuenta que ha fallado, que no ha compartido la Palabra con sus hijos de la manera debida, o de cualquier forma, que uno de los primeros pasos puede ser pedirles perdón a sus hijos. Decir: “Yo me doy cuenta de que he fallado, que lo que ustedes necesitaban era más de Dios, más Palabra”—lo que tú quieras—e invitarlos a que juntos corrijan ese problema, esa falta de alimentación espiritual en la casa. Entonces ahora es: “Juntos vamos a crecer. Juntos hemos abandonado la Palabra de Dios. Vamos a regresar juntos a la Palabra”. Eso puede ser también una ayuda.
No queremos que nuestros hijos sientan que nada más los estamos intentando arreglar: “Mira, ten. Lee tu Biblia para arreglarte”. Sino: “Tú eres mi hijo y yo quiero que tú crezcas, que tú conozcas a Cristo, que tú tengas el gozo de caminar con el Señor. Tu rebeldía sí me da temor, pero porque yo deseo eso para ti, yo quiero caminar contigo”. Creo que esa actitud puede ayudar mucho. Sí, vamos a empezar un devocional, pero primero voy a decir: “He fallado, y ahora vamos a tomar este camino”.
Mateo: A veces el devocional lo orientamos hacia el tema específico con el que nuestro hijo está batallando en ese momento. Y realmente funciona mejor quizás llegar de una manera un poquito más indirecta a ese tema, pero lo que más necesitan es conocer a Dios, maravillarse de Dios, enamorarse de Dios. Enfócate en eso, en presentarles a tus hijos un Dios que es maravilloso, que es digno de suprema alabanza, que vale la pena servir a ese Dios, caminar con ese Dios, someterse a ese Dios. Eso va a tener un impacto mucho más grande que si ellos de repente están luchando con algún tema de la sexualidad, y ahora todos los devocionales de la familia se centran en la sexualidad. Rara vez funciona.
Susi: Sí, le va a hacer sentir peor todavía.
Mateo: Sí. Señalado.
Susi: En estos últimos minutos que nos quedan, ya hemos mencionado algunas cosas que yo creo que pueden ayudar a padres que aún no llegan a esta etapa, que tienen niños pequeños. Hemos mencionado que desde antes se puede preparar el camino, como has comentado varias veces, pero ¿hay alguna otra sugerencia, principios que puedan ayudar a papás que están esperando esta etapa de la rebeldía en el futuro?
Mateo: No hay receta secreta, simplemente una crianza que es bíblica. Estamos hablando de una comunicación constante, amorosa, saturada de la Palabra de Dios, una disciplina bíblica aplicada con consistencia y con compasión, no con ira. La aplicación de la disciplina con ira provoca más rebeldía, enojo, de parte de nuestros hijos. Si ha sido abusiva, si ha sido inconstante, si ha sido con ira, eso provoca rebeldía en nuestros hijos.
Hacer esas cosas que ya deberíamos de saber, pero hacerlas con consistencia; no como recurso de emergencia, sino como algo que es parte de nuestra vida familiar, parte de la relación padre e hijo, buscar cercanía con nuestros hijos. No hay receta secreta; es hacer lo que Dios ha pedido que hagamos desde siempre. Y eso es una crianza bíblica que es efectiva y poderosa para cambiar y forjar un carácter en la vida de nuestros hijos.
Susi: Yo pensaba en la diferencia entre la crianza reactiva, o sea, que nada más reacciona, y la que prepara, la que planea, la que tiene propósito, y no nada más va día en día reaccionando a las cosas que suceden. Ese tipo de crianza bíblica prevé que van a haber etapas donde los niños cambian, y hay conducta rara, y nosotros decimos: “¿De dónde salió esto?” Pero yo creo que podemos recordar que no es que entran a la rebeldía, es que nacen rebeldes. Y en su vida van a haber procesos diferentes y etapas donde eso se ve un poco más. Pero no tenemos que reaccionar solamente. Podemos instruir y preparar el camino.
Mateo: Así es.
Susi: Gracias, Mateo, por ayudarnos con este tema. Espero que hayamos podido aclarar un poco esto, aunque no tenemos una respuesta mágica. Pero es que en la crianza no hay ninguna respuesta mágica, ninguna receta mágica, como dices. Dios quiere que como padres y como hijos estemos dependiendo de él. Gracias por tu ayuda con este tema.
Después de varios episodios aquí en los que quisimos recordarte de algunas cosas fundamentales de la crianza y también abarcar algunos temas importantes que nunca habíamos tratado antes, vamos a tomar un descanso de un mes, más o menos, y a partir de la primera semana de mayo de este año 2025, si es que estás en con los episodios actuales, si Dios permite, vamos a tener una nueva serie en la que vamos a ver el libro Crianza bíblica, por el pastor Héctor Salcedo. Y te lo digo ahora porque quiero animarte a ir consiguiendo este libro para que puedas ir leyendo a la par con nosotros. El libro Crianza bíblica, publicado por Editorial Vida, debe estar disponible en tu librería en línea o local donde tú sueles comprar tus libros cristianos. Procura conseguirlo en estas semanas para que junto con tu cónyuge puedan acompañarnos en esa serie que va a ser de ocho semanas en esos meses de mayo y junio.
Estamos alabando a Dios por tantos padres cristianos que escuchan este podcast, que leen artículos en Crianza Reverente, porque están tomando en serio la vida espiritual de su familia. Oramos por ti, y sabemos que muchos oran también por nosotros. Lo agradecemos de todo corazón. Estamos juntos en la batalla, y sabemos ya quién va a ganar.
Que Dios te colme de sabiduría para pastorear el corazón de tus hijos rebeldes mientras tú también le permites pastorearte a ti. Bendiciones.