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Episodio #32: Criando desde trasfondos diferentes con Kristen de Hernández

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febrero 19, 2020

¡Criar junto a un cónyuge creyente es una gran bendición! Pero, no pasan muchas semanas de crianza y descubrimos que podemos tener ideas muy diferentes sobre la crianza. Si vinimos de trasfondos distintos, representa un reto aún mayor. ¿Cómo podemos superar esas diferencias de opinión y trabajar en equipo como Dios nos ha llamado a hacer? ¿Cuáles son los roles que Dios nos ha asignado en un caso así? ¡Únete a la conversación!

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Transcripción:

Episodio #32: Criando desde trasfondos diferentes con Kristen de Hernández

Susi: Cada miembro de un matrimonio trae consigo un equipaje diferente, como un trasfondo, hábitos de su vida y hábitos de su hogar, ideas preconcebidas, quizá valores culturales de su casa, de su comunidad. Es prácticamente imposible para nosotros como seres humanos discernir cuanto hemos sido impactados por las influencias, las ideas, los hábitos, incluso las acciones a las que hemos estado expuestos toda nuestra vida. Así que llegamos al matrimonio y descubrimos algunas de esas diferencias. Por ejemplo: me caso con mi esposo y él tiene diferentes ideas que yo sobre cosas tan básicas como, ¿qué hay que desayunar?, o ¿a qué hora uno debe dormirse?, o ¿qué es aceptable ver en una película o no ver en una película? Cosas tan básicas que a veces no consideramos.

Pero yo creo que cuando llegan los hijos ahí es donde este problema realmente se magnifica, porque muchas veces no sabemos cuántos prejuicios traemos basado en nuestro transfondo sobre la crianza. No estoy hablando solamente de cuando alguien es inconverso o creció en un hogar de familia inconversa, también puede ser una familia cristiana y otra familia cristiana; o pueden ser dos hogares inconversos. Nuestros trasfondos y nuestra crianza varían muchísimo y eso impacta lo que hacemos ahora como padres. Por esta razón yo creía que sería conveniente platicar un poco de qué debemos hacer con esas diferencias en nuestros hogares. Por eso he invitado a mi amiga Kristen de Hernández, es mi amiga que vive aquí cerca de mí en Monterrey.

Bienvenida Kristen, muchas gracias por acompañarnos y quisiera que empezaras contándonos sobre tu familia y tu transfondo para que entendamos desde que punto de vista nos estás hablando.

Kristen: Gracias Susi, es un gusto para mi estar contigo en tu programa. Soy de Carolina del Norte, Estados Unidos, y nadie de mi familia hablaba español ni sabía nada de la cultura hispana hasta cuando yo era adolescente, estudiaba español en la escuela. Un Pastor hispano empezó a invitar a mi hermana y a mí a su iglesia cada domingo para tocar el piano; ellos tenían que hacer señas con los dedos para enseñarnos los números de los himnos, no sabíamos nada. Pero empezamos en ese momento a conocer un poco la cultura hispana y luego mi hermana menor se casó con un mexicano miembro de esa iglesia y después yo también me casé con un mexicano. Ahora digo que tengo corazón latino en muchos sentidos, pero el acento me traiciona, ¡siempre!.

Mis padres son creyentes y me educaron en casa desde el año en que la educación en casa se legalizó en el estado de Carolina, cuando yo estaba en kínder. No fue a ningún salón de clases tradicional hasta mi primer año de universidad, yo sé que es muy inusual, y pues mi esposo es de otro mundo, es de aquí de Monterrey. Se graduó de escuelas públicas y de la universidad autónoma antes de ir a Estados Unidos a la edad de 27 años para estudiar en la universidad cristiana donde nos conocimos nosotros dos. Él es de familia cristiana donde su mamá fue la influencia espiritual, pero gracias a Dios que su papá ahora es creyente también. Tenemos ahora tres hijos y otro niño de 13 años que tiene año y medio viviendo con nosotros, y hemos vivido varios años en Monterrey tanto como en Estados Unidos en el tiempo que tenemos de casados.

Tratamos de no tomar muy en serio nuestras propias culturas, nos reímos juntos de las cosas que vemos como ridículas de la cultura norteamericana, así como las de la cultura mexicana igual. Mi esposo es pastor nuevo de una iglesia recién plantada en el área metropolitana de Monterrey.

Susi: Muy bien, pues sí creo que tienen esos trasfondos bastante diferentes para su crianza. Primero, ¿puedes ayudarnos un poco a entender cuánto realmente impacta nuestra crianza, nuestro propio trasfondo, a la manera en queremos a veces criar a nuestros hijos?

Kristen: Si, yo creo Susi que caemos en una de dos categorías cuando pensamos en la crianza de nuestros hijos. Puede ser que en nuestro orgullo pensamos, “pues la forma en que mis papás me criaron es la mejor, pues mira como yo salí”. (Y nuestra pareja probablemente está pensando “ok, si tu así lo dices”.) Pero el otro extremo muchas veces en que caemos es, reaccionamos a la forma en que fuimos criados y decidimos hacer todo de forma completamente diferente, porque vivimos situaciones desagradables o experimentamos confusión espiritual debido a la crianza de nuestros propios padres. Creo casi siempre tenemos esa tendencia de caer en eso, o pensar que siempre tenemos toda la razón porque nuestra familia hizo las cosas bien, o pensar que queremos hacer todo lo opuesto a lo que hacían. Una cosa chistosa para nosotros fue, pues mis padres eran muy estrictos en cuanto a la crianza. No permitían películas o series. En aquel entonces pues antes de existir el internet. Pero cuando me casé siempre tenía esa ilusión, “cuando ya tenga mi propio hogar voy a recuperar todo ese tiempo perdido de series y películas muy buenas que yo sé que existen, pero nunca pude verlas”. Luego hablando de eso antes de casarnos, mi esposo dice, “pues yo no quería tener televisión porque desperdicie muchas horas de mi infancia con la tele y no quiero eso para mis hijos”. ¡Y aun así me case con él!

Susi: ¡Qué bueno que eso no fue motivo de cuestionar!

Kristen: Pero es un ejemplo de cómo vemos nuestra crianza y como eso influencia las decisiones que tomamos. Claro, nosotros sí llegamos a muchos buenos acuerdos en eso del entretenimiento y ahora sí disfrutamos de una buena película. Pero ahora entiendo la preocupación de mis padres también por las horas enfrente de la tele. Entonces son cosas que sobre la marcha tenemos que estar hablando en comunicación con nuestro esposo.

Susi: Entonces sí, muchas veces lo que experimentamos como niños, o queremos hacerlo igual o reaccionamos totalmente en contra. Y a veces nos cuesta tomar el punto medio y discernir, y luego cuando uno viene de un trasfondo y el otro viene del otro pues entonces chocan esas perspectivas. Entonces, ¿cuál es esa reacción innata que tenemos nosotras cuando el esposo no entiende o no acepta nuestro punto de vista, o él tiene otro punto de vista completamente?

Kristen: Si tienes la personalidad que yo tengo, y creo que la mayoría de las mexicanas también (no se le llama cultura matriarcal por nada), ni siquiera quieres entretener la idea de que tu esposo no esté de acuerdo contigo en cualquier decisión. Si el niño debe de jugar futbol o no este año; o sobre a qué escuela va a de ir; o sobre su dieta o si debemos de obligarle a dormir en su propia cama desde pequeñitos. Sabemos nosotras como queremos manejar esas situaciones, y tenemos preferencias e ideas tan fuertes. No queremos escuchar ese comentario del esposo que no está de acuerdo, y aun cuando pensamos que estamos siendo muy razonables y que queremos incluir a nuestra pareja en todo, siempre hay algo que hacemos o no hacemos con los hijos que para nosotros no es negociable. Podemos ser flexibles en muchas cosas, pero el tema de nuestros hijos es tan sensible para nosotras como mamás. Sabes que, Susi, ni siquiera nos damos cuenta de que estamos socavando el liderazgo del esposo y en nuestro egoísmo no lo consideramos a él.

Susi: Si, creo que es un error en el que caemos muchas veces las mamás con nuestros esposos. ¿Tú crees que las cosas son tan blanco y negro como a veces las mujeres creemos que son, que hay siempre una manera correcta y una manera incorrecta en todas las situaciones?

Kristen: Sabes, si queremos saber si algo es correcto o no, tenemos que apegarnos a lo que Dios a dicho en su Palabra sobre el matrimonio, sobre los hijos. No tenemos otra cosa. Curiosamente el énfasis de la Palabra siempre está en mi respuesta, mi actitud a mi esposo y otras personas en general. A Dios le interesa más mi respeto, sujeción, humildad y ejemplo, que si siempre se hace la crianza de forma que yo considero que sea correcta. ¿No es así? Cuando no estoy dispuesta a respetar, y estoy hablando a mí misma, y seguir el liderazgo de mi esposo, no estoy en lo correcto al menos que sea una situación de pecado. Cuantas veces he usado la misma Biblia para justificar mis preferencias cuando claramente en varios pasajes nos dice, “respeta al marido”. Incluso en 1 Pedro 3 habla de aceptar la autoridad del esposo. Me gusta lo que dice la versión Nueva Traducción Viviente: “aceptar la autoridad del esposo; entonces, aun cuando alguno de ellos se niegue a obedecer el Evangelio, la buena noticia, la vida recta de ustedes les hablará sin palabras y ellos serán ganados”. El corazón de Dios es que el matrimonio refleje el Evangelio. El Evangelio es el mundo al revés, servir para ser grande, negarte para ganar, sujetarte para experimentar gozo y libertad. No estoy hablando de una relación de abuso, sino una relación normal de dos pecadores que luchan para vivir en unidad el uno con el otro. Es el único tipo de matrimonio cristiano que existe, no hay otro.

Susi: Así es. Cómo muchas veces fallamos en reflejar el Evangelio porque estamos tan aferradas a nuestra manera de hacer las cosas, y no reconocemos, como dices, la desobediencia a Dios en esta área de mi vida porque de alguna manera me he convencido de que esta otra manera de hacer las cosas es la correcta con mis hijos. Estoy desobedeciendo a Dios al faltarle ese respeto a la autoridad del esposo en el hogar. Entonces, ¿cuáles actitudes has descubierto en tu propio corazón como resultado de tener esas diferencias de opinión sobre la crianza con tu esposo?

Kristen: ¡Más orgullo de lo que pensé posible tener!

Susi: Sí, te entiendo.

Kristen: ¡Qué bueno que me entiendes! Sentir que yo siempre tengo la respuesta y de ser necia al aceptar otra perspectiva. No importa el tema. Realmente, cuando soy incapaz de respetar a otra persona y sujetarme a su liderazgo o respetar su opinión, estoy desobedeciendo a Dios. Y también descubrí que, no sé si tú has experimentado algo así, pero en vez de querer simplemente obedecer a Dios, muchas veces he buscado la respuesta en otra parte. Hay muchos libros, yo sé que los has visto, y a través de los años incluso hemos leído algo que si recomendamos a alguien y pensamos que nos ayudó. Luego regresamos en otros años con más crecimiento en el Evangelio y pensamos “esto no es el Evangelio, esto es psicología secular para manipular al esposo a que él haga lo que tú quieres que él haga”. Claro que hay buenos tips de comunicación en esos libros, claro que me han ayudado mucho, pero muchas veces la raíz de todo es “como puedo yo estar más feliz” en vez de “que quiere obrar Dios en mí”, y perdemos todo el enfoque del Evangelio. En mi caso, tengo que pedirle perdón a mi esposo por lo menos una vez cada semana, porque ofendo tanto aun cuando no estoy intentando hacerlo. Muchas veces mis comentarios vienen desde un orgullo y opinión enaltecida de mí misma, más de lo que realmente yo soy. Él sabe lo que soy, nuestros esposos nos conocen. Gracias a Dios por su gran misericordia. No puedo creer que, a través de Cristo, Él me puede ver como justa. Necesito ese perdón de mi esposo porque ese orgullo sale cada vez que yo quiero que se haga lo que yo quiero.

Susi: Si, creo que por eso la crianza saca de nosotras… bueno, dicen que el matrimonio primero ¿verdad?, saca lo que tú no pensabas que existía dentro de ti; pero yo creo que la crianza va a otro nivel todavía. Porque no solamente eres tú con tu hijo; ahora eres tú con tu esposo criando a esta criatura. Ahora las opiniones diferentes salen, y el orgullo y ese egoísmo—que se hagan las cosas como yo quiero, o como yo estoy cómoda. Muchas veces lo que mi esposo quiere en la crianza demanda algo de mí y yo no estoy cómoda con eso. No me gusta y me resisto a su liderazgo simplemente porque soy egoísta y me da flojera. Pero pensando en esta relación que nosotras tenemos con nuestros esposos, ¿tú crees que hay lugar para que una esposa ayude o enseñe a su esposo sobre algo que se trate de la crianza?

Kristen: ¡Buena pregunta! Esa es nuestra tendencia. Quiero ayudarle a ver las cosas, quiero enseñarle mi forma de ver las cosas. Necesita crecer él espiritualmente o entender esto de la crianza, pero sabes que un esposo amoroso y humilde va a querer la ayuda de la esposa, y va a escuchar a la esposa con respeto también. En mi caso, he sido muy bendecida con un esposo que, aunque no sea perfecto, sí busca hacer eso y busca la unidad conmigo en la crianza.

Es interesante también que la palabra para “ayuda idónea” que viene en Génesis se usa en otros versículos para la ayuda de Dios. Se refiere a la ayuda de Dios hacia nosotros, una ayuda importante, indispensable. No pensemos que no podemos decir nada ni comunicarnos ni ayudar en la perspectiva sobre la crianza; pero lo que me ha ayudado mucho es, en vez de pensar en ayudarle o enseñarle al esposo, debemos de pensar en maneras de crear la unidad en la crianza. Para cada pareja esto se ve diferente, ¿verdad? Cada pareja tiene su propia manera de funcionar, pero se trata de aprender a hablar sobre temas importantes en un momento neutral. Indispensable. No durante un conflicto, no durante la decisión que estamos tomando en ese momento. Simplemente aprender a sacar el tema de los hijos como si fuéramos del mismo equipo. Porque efectivamente, sí somos del mismo equipo. A veces simplemente es mi esposo decir, “me gustaría que cambiáramos los hábitos de los chicos con sus tablets”, o simplemente yo decir, “estoy luchando mucho con mi actitud hacia los hijos cuando ellos me contestan. Mira, he estado leyendo algo muy bueno sobre eso ¿te lo leo?”. Quizá él no tiene tiempo, no ha visto los artículos que tú has visto y puedes leerle un pedacito porque él no tiene tiempo de escuchar o leer, y estas conversaciones pueden suceder cuando estamos tranquilos. No es una discusión, no son acusaciones, “tú siempre haces esto y aquello”.

Susi: No sé de qué estás hablando (risa).

Kristen: Todo un desastre total, y aunque yo sé muy bien que nunca se debe de decir, ¡dije eso apenas el otro día y tuve que pedirle perdón otra vez! Pero cambiamos hábitos de conversación y buscamos la unidad. Y estas conversaciones, no sé si en tu caso también, pues no suceden en frente de los hijos. Tenemos que hacer un tiempo juntos sin que ellos nos acompañen.

Susi: Buscar la manera, buscar hacer tiempo.

Kristen: ¡Si! Tenemos amigas que son muy buenas para poner a los niños a dormir temprano y pedir tacos, en su cuarto con Netflix o jugar juegos de mesa, o juegos de video, no sé. Yo creo que buscan una forma de platicar también de temas importantes en esos momentos. Nosotros no podemos en casa. A veces nos gana el sueño o los quehaceres que siempre están y batallamos para tener nuestra cita en casa. Recuerdo cuando no había dinero para salir, casi para nada, pero ahí cerca estaba un restaurant bien bonito que servía un café americano sencillo como en $20 pesos, entonces a veces cenábamos en casa y una señorita o una amiga cuidaba a los niños un ratito y salíamos a tomar un café, en un ambiente bonito, relajante; ahí están sirviéndote todo bien, y es bueno salir de la rutina y poder tener esa cita otra vez con el esposo.

Susi: Ser intencional en platicar de temas.

Kristen: Si, a veces necesitas un tiempo sin pensar en cosas importantes y nada más disfrutar de su compañía, pero en otro momento para nosotros ha sido casi una junta de misión, visión y planeación para la familia, y hablamos de esos temas. Y cuando ambos somos de trasfondos tan diferentes, la comunicación va a ser un reto más grande aún. Ya es un reto más grande para cualquier pareja, pero si estás en esa situación pues ayuda mucho reconocerlo, que va a ser más de reto, y ser más intencional. Y también quería comentar que enfrentar cuestiones de crianza en equipo no significa que ambos vamos a pensar exactamente igual. De hecho, en un equipo de deportes no todos tienen la misma función y eso es exactamente lo que hace un equipo. Entonces quizá para mi me toca hablarles a los hijos sobre de dónde vienen los bebés, la conversación que todos tememos un poquito…

Susi: ¡A mí también me toco ese tema!

Kristen: ¡No sé porque a nosotras! Quizá tratar con los pequeños en medio de un berrinche, puede ser que el esposo no sabe qué hacer, no ha pensado en cómo manejar eso. Está bien, quizá para el viene más natural ayudarles con la tarea de matemáticas o enseñarles a trabajar con sus manos, a ser responsables; y quizá sea uno de nosotros que les hable de teología tan bonito pero el otro sabe ayudarlos a ponerlo en práctica. No vamos a tener las mismas fortalezas, y nunca vamos a tratar todo exactamente como nuestra pareja lo haría. Mi deseo de controlar eso es más problemático que esa cosa que mi esposo dijo que no me pareció correcto.

Susi: Si, esa perspectiva yo creo que nos puede ayudar tanto. También a comprender cuál debe ser nuestra reacción y cuál es nuestro rol. No somos mujeres que nos dejan a un lado. Nuestros pensamientos y nuestras ideas son válidas, pero siempre es trabajar en equipo y ese concepto nos puede ayudar muchísimo.

Bueno, Kristen, gracias por compartir tu corazón con nosotros. Estaba recordando el día que nació tu hija mayor. Nosotros estuvimos con ustedes y me acuerdo de Sofía chiquita y estaba pensando, bueno tienes 11 años de ser mamá y he estado cerca de ti en mucho de ese proceso, pero si pudieras regresar el tiempo, ¿hay algo en particular que tu harías diferente desde un principio en este tipo de matrimonio en el que estás?

Kristen: Si, algo que haría diferente desde el principio, definitivamente buscaría esperar a mi esposo más y depender más de su liderazgo, de su perspectiva en la crianza y en todas las áreas, sin tratar de controlar y sin pensar que yo estoy en lo correcto siempre. Mi reacción a él puede hacer que su papel y su tarea delante de Dios sea más fácil o más difícil; no quiero estorbar. La forma en que yo me relaciono con él podría impactar mucho más a mis hijos para que sean ganados para Cristo, que cualquier método de crianza, aunque crianza bíblica, que yo quisiera imponer.

Susi: Eso yo creo que es una perspectiva que todas las mamas deberíamos de tener, de buscar seguir el diseño que Dios ha establecido en el matrimonio, y quizá las que nos escuchan no tienen un matrimonio de trasfondo tan diferente como el tuyo con tu esposo. Yo, por ejemplo, tengo un transfondo más parecido a mi esposo, pero aun así encontramos muchas diferencias. ¡Después de 21 años de casados todavía encontramos diferencias! Entonces, creo que aquí el asunto es un asunto de corazón, y qué curioso porque muchas veces regresamos a eso. Aun cuando estamos hablando de métodos prácticos de la crianza, siempre regresamos al hecho de que nuestro ejemplo como esposas y mamás, una esposa sumisa a Dios y al esposo, va a tener un impacto muy grande sobre nuestros hijos.

Entonces, gracias, Kristen por acompañarnos y gracias a los que nos están escuchando, como siempre nuestros fieles oidores. Entonces quiero animarte y retarte, como hacemos cada semana, a que consideres como estás viendo tu rol en tu matrimonio, en la crianza; si eres esposa o si eres esposo, ¿qué esfuerzo estás haciendo para trabajar en equipo como Dios ha diseñado?

Gracias por acompañarnos una vez más, que Dios les dé una semana bendecida.

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