Categoría: Entrenamiento

Episodio #76: Adolescencia: Podando y regando con paciencia con Wendy Bello

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abril 27, 2021

Es común que los padres se sientan intimidados por la etapa de la adolescencia en la vida de sus hijos. Es un tiempo de mucho cambio para un hijo y de una creciente independencia en muchas áreas. ¿Con qué actitud debe acercarse un padre o una madre a su hijo desobediente o a su hija inmadura en esta etapa? ¿Cuáles son las herramientas y los métodos más efectivos? ¡Únete a esta conversación edificante con Wendy!

Recursos recomendados:

Libro: Edad de Oportunidad por Paul Tripp

Libro: Cómo Pastorear el Corazón de tu Hijo por Tedd Tripp

Transcripción:

Susi: La etapa de la preadolescencia y la adolescencia realmente asusta a muchos padres; hay muchos prejuicios sobre cómo es la crianza durante estos años, sobre cómo a fuerzas se tienen que portar los muchachos de esta edad o sobre lo que constituye ser un buen padre o una buena madre de adolescentes. Hoy queremos intentar abordar este tema siguiendo con nuestra idea de una planta, que hemos venido hablando.

Hablamos de sembrar semillas aun antes de tener hijos, de echar raíces sanas durante los primeros años de vida, de cultivar crecimiento durante la niñez; y ahora queremos hablar un poco de cómo podemos cuidar o regar o podar durante el tiempo de la adolescencia. Para conversar de esto conmigo, tenemos hoy a una invitada especial; ella es compañera en la crianza de adolescentes y también es una voz entre mujeres cristianas para vivir el Evangelio en la vida diaria. Estoy muy agradecida por poder tenerla aquí en el programa. Wendy Bello, bienvenida y gracias por acompañarnos.

Wendy: Gracias Susi, es un gozo para mí poder compartir contigo y con la audiencia de Crianza Reverente y abordar todos estos temas. Sé que están en el corazón de muchas mamás y bueno también de muchos papás.

Susi: Sí, de hecho son mamás y papás también que nos escuchan, y sí son temas de los cuales nos llegan muchas preguntas y comentarios, acerca de estas etapas de la crianza. Wendy, ¿quieres presentarte un momento, para que los que no te conocen puedan conocer un poquito de ti?

Wendy: Claro que sí, con mucho gusto. Pues como ya escucharon, mi nombre es Wendy, nací en Cuba, pero vivo en los Estados Unidos, tengo 2 hijos con mi mejor amigo; su nombre es Abel. Nos casamos ya casi hace 26 años y pues, sí, nuestros hijos están en la adolescencia. Bueno, nuestra hija ya en poquito tiempo va a salir de esa etapa porque tiene 18 años, así que estamos terminando, como quien dice. Y nuestro “Benjamín”, no se llama Benjamín, pero es el más joven, tiene 13 años, así que está ahí en plena adolescencia y pues nada, ¿qué más puedo contarles?

Tengo el gozo de servir al Señor escribiendo libros y compartiendo la Palabra con mujeres en distintos eventos. Soy parte de un equipo de autoras hispanas que colaboramos con una división que tiene la casa publicitaria Lifeway, y que se llama Lifeway Mujeres. También contribuyo con otros ministerios como Coalición por el Evangelio y demás, y es de verdad un gozo para mí poder compartir la Palabra ya sea escrita o enseñándola en estos contextos y por supuesto practicando todo eso primero aquí en nuestro hogar con nuestros hijos y el lugar donde el Señor nos ha puesto.

Susi: Sí, creo que es el lugar más difícil para practicar lo que enseñamos en público, ¿verdad?

Wendy: Exacto, exacto.

Susi: He tenido la oportunidad de leer parte de algunos de los libros que Wendy ha escrito. Hace poco me mandaron el de “Un Corazón Nuevo”, el más reciente. Gracias a Dios por tu servicio a la comunidad cristiana, invirtiendo tu tiempo y tus esfuerzos para tener más recursos, pues es algo importante que todos necesitamos. Y te agradezco por ese testimonio que tienes. Tuvimos la oportunidad Wendy y yo de colaborar en una Biblia que hace poco salió de LifeWay, de B&H Biblias, y nos encantó colaborar juntas también en esa Biblia.

Wendy, estamos viendo este tema del trío esencial de la vida cristiana: las creencias correctas, la adoración del corazón y la obediencia que debemos practicar en nuestra vida; y hemos venido hablándolo por etapas. Así que ahora queremos ver esto en la etapa de la adolescencia y creo que a veces la transición entre la crianza de un niño y la de un adolescente puede ser difícil. ¿Cómo nos puedes describir o caracterizar las diferencias más grandes entre la crianza de niños y la de preadolescentes y adolescentes?

Wendy: ¡Uff! buenísima pregunta. Yo creo que una de las cosas que sucede es que en nuestra mente, pues obviamente esto no ocurre de la noche a la mañana, entonces como que también nosotros tenemos que adaptar un poco nuestra mente a “¡wow! ahora estoy en esta nueva etapa”. Creo que una de las cosas que más diferencia la crianza de un niño a un pre o a un adolescente es que cuando ellos son más pequeños nuestra autoridad tiene más fuerza, por decirlo de una manera. Porque somos físicamente más fuertes, somos más grandes. Pero, por supuesto, a medida que nuestros hijos van creciendo esa diferencia se va borrando, y creo que entonces comenzamos a buscar o hemos tratado de ir buscando a lo largo de los años, ganar en influencia.

Por supuesto que esto es algo que se va construyendo, y creo que ahí hay una parte de la diferencia, que ya no buscamos tanto el ejercicio de una autoridad fuerte, sino tener una voz influyente en nuestros hijos. Que nos confían más, que nos escuchan y que por esa relación que se ha ido construyendo con los años, pues les resulta relativamente más fácil colocarse bajo esa influencia que ya entonces tenemos como padres.

Y claro el trato va cambiando, ¿verdad? Porque hay algo que a veces a los padres se nos olvida y es que cuando nuestros hijos entran en esta etapa de pre y de adolescencia, ellos ya están más definidos en su personalidad, en sus preferencias, ya poco a poco ellos van llegando a sus propias conclusiones acerca de la vida. Van formando su propia visión en cuanto a diferentes cosas; y, de hecho, también empiezan a definir la fe. Y bueno, por supuesto nosotros esperamos que lo hagan con la influencia que desde pequeños hemos ido ejerciendo en ellos. Pero algo que creo que marca la diferencia es que tenemos que aprender a respetar esta nueva etapa en la que ellos están entrando. Creo que si doy un ejemplo para ilustrarlo va a ser más fácil para quienes nos escuchan, ¿verdad?

Susi: Sí, sí.

Wendy: Yo voy a usar un ejemplo super sencillo, pero creo que ilustra esta idea de las diferencias entre una etapa y otra. Cuando mi hija era pequeña e íbamos a salir a algún lugar, yo iba al closet y le decía: “Bueno, te vas a poner este vestido, con estos zapatos y te voy a peinar así, y ahora te vamos a poner este lazo”. Yo tomaba todas las decisiones de su vestuario; pero ahora ya ha crecido, y quizá necesariamente no vamos a tener los mismos gustos en cuanto a estilos de ropa. A lo mejor yo no escogería ese vestido, yo hubiera escogido otro. O tal vez a mí no me gusta ese corte de pelo, pero a ella le gusta más; y eso a veces nos cuesta y creo que nos cuesta porque, aunque no lo reconozcamos o no lo digamos en voz alta, quisiéramos un poquito como que nuestros hijos fueran una copia nuestra. ¡Pero no lo son! Porque Dios los creó con su propia personalidad y van a ir desarrollando eso, gustos, preferencias, entonces ya ellos son mayores y por supuesto eso es algo que vamos viendo poco a poco en ese cambio de una etapa a la otra. Creo que eso es un reto para nosotros como padres, porque tenemos que interiorizar que ya esa etapa luce diferente, aunque tiene sus encantos. Te doy de verdad una opinión honesta, yo era de las que cuando tuvimos a nuestros hijos le decía a mi esposo: “¿No podremos saltar de los 12 a los 20 y volarnos todos esos años del medio?”.

Susi: Aunque uno quisiera (risas).

Wendy: De verdad, porque si te soy honesta, me aterraba pensar en la adolescencia.

Susi: Y no estás sola; muchas personas expresan ese temor.

Wendy: Sí, yo creo que por dos razones; una por historias que escuchamos y conocemos, que nos cuentan; y otra por que fuimos adolescentes y sabemos.

Susi: Creo que son los padres de adolescentes que han tenido esas historias que son más propensos a hablar de eso y quizás los que han tenido buena experiencia no dicen nada, entonces lo único que escuchamos ¡son las historias de terror!

Wendy: Exacto, entonces yo cuando ellos eran pequeños yo le decía a mi esposo eso, pero, ¿quieres que te diga algo de verdad? Yo estoy disfrutando mucho la adolescencia de mis hijos, porque precisamente es otra etapa. Ya es un tiempo en que podemos tener otro tipo de conversaciones, más profundas, más variadas, podemos incluso compartir experiencias con ellos de cuando nosotros estuvimos ahí.

Entonces sí, tiene retos y como te decía, no es que perdamos autoridad como padres, porque no es lo que quiero decir, pero ya no se ejerce de la misma manera y eso es un reto, porque a un niño pequeño solamente a veces alzarle un poquito la voz y ya hay una reacción. Pero con nuestros adolescentes ya no funcionan esos métodos, es otra etapa.

Susi: Lo que dijiste al principio, eso de la autoridad y la influencia, me haces recordar un libro que ha sido, a lo largo de los años, de muchísima ayuda para mí, es el libro: “Cómo pastorear el corazón de tu hijo”.

Wendy: Exacto, de ahí yo lo aprendí también.

Susi: Hemos venido refiriéndonos un poquito a este libro en los otros episodios de las etapas, porque precisamente el autor tiene una sección del libro donde él habla de las tres etapas principales. Y yo quiero pausar otra vez aquí y decirte: si no tienes el libro de “Cómo pastorear el corazón de tu hijo”, pues ¡cómpralo! Te va a servir sin importar en qué etapa estás; pero quiero enfatizar lo que está diciendo Wendy acerca de la autoridad y la influencia. Hablando de la transición entre niñez y preadolescencia, esto es algo que puede ayudar a los papás que están escuchando y aun no llegan a esta etapa. Yo te diría que si tú estás viendo hacia adelante, hacia la etapa de la adolescencia y tienes temor, pon atención a este concepto, porque puedes prepararte a ti y también a tus hijos para la adolescencia si haces caso a esto que está diciendo Wendy.

¿Tengo autoridad? ¿Dios me ha dicho que soy autoridad, yo y mi esposo, sobre nuestros hijos? Claro que sí. Pero mientras van avanzando los años, lo que yo quiero fomentar y desarrollar es una relación de influencia, y poco a poco entonces mis hijos buscan obedecerme y agradarme, no solamente porque yo soy más grande y más fuerte, pero porque tienen esa relación conmigo. ¿Como es que desarrollamos esa influencia? Es lo que estás diciendo, Wendy. Es conversar, es preguntar, es estar dispuesto a que mi hijo no vista y no se vea exactamente como yo quiero, es verlo como una persona que tiene sus preferencias y sus dones y sus luchas.

Para nosotros, esa transición a la adolescencia de mis hijos fue muy impactado por esta enseñanza que ya habíamos recibido antes. Procurar no solamente que mis hijos hagan lo que yo quiero –porque esa es la autoridad, ¿verdad? ¿que hagan lo que yo quiero? ¡No! Que desarrollen una relación conmigo y con Dios. En ultima estancia, que ellos desarrollen el deseo de permitir influencia en su vida.

¡Y no quiero dar la impresión que seamos perfectos! En mi casa hay tres adolescentes y todos tenemos relaciones diferentes. Cada joven es diferente, pero he visto el gozo que puede venir. No quiero decir facilidad, porque no es fácil, pero si se facilita la relación entre padres e hijos cuando los hijos saben que deseas tener una influencia amorosa en lugar de que tu relación con ellos sea caracterizada por una autoridad que impone. ¿Estarías de acuerdo con eso?

Wendy: Completamente. De hecho, ponte a pensar, tal vez incluso no nos demos cuenta, pero creo que, en el fondo, me atrevo a decir, y no voy a absolutizar, pero me atrevería a decir que la mayoría de los padres, lo que de verdad queremos es influencia. Porque considéralo, hay tantas voces buscando influir en nuestros hijos. Y realmente nosotros como padres anhelamos ser esa voz influyente, por encima de las demás en el sentido de todo lo que el mundo quiere influir sobre ellos. Quiere venderles ideas, conceptos. Es eso lo que estamos hablando, buscar llegar a ser influencia, al punto de que incluso en el momento que dejen nuestro hogar, que emprendan el vuelo, podamos seguir todavía teniendo influencia (en el sentido de que regresen a los padres a buscar quizás una opinión ya cuando son más grandes y están tomando sus propias decisiones). Pero eso se gana. Hay que ir fomentando esa relación, que se convierte en una relación influyente en sus vidas, no una voz autoritaria.

Susi: Es sumamente importante, y para mí, me ha provisto con algo de sencillez, porque la etapa de adolescencia se puede sentir muy complicada. Pero cuando yo me abrumo yo recuerdo; “Bueno, sí todavía soy mamá. Todavía debo ejercer cierta autoridad, pero lo que quiero es influencia”. Eso me ayuda a poner a un lado cosas que son secundarias y realmente buscar influir en lo que trasciende, en lo que de aquí a cinco o diez o quince años va a ser importante todavía en sus vidas.

Wendy: No desgastarnos en batallas innecesarias.

Susi: Sí, sí, y de hecho la siguiente pregunta que íbamos a ver era: ¿Cuáles son algunos de los errores más comunes que los padres de adolescentes cometemos? Y creo que ese es uno. Nos da pánico ver, como tú decías, un peinado raro o una manera de vestir que no es nuestra preferencia o cualquier cosa, cuando realmente hay cosas que son más importantes. ¿Qué otros errores comunes has visto?

Wendy: Pudiera pensar en muchísimos, pero sabes, hay algo que a veces me pasa y todavía de vez en cuando tengo que llamarme a mí misma la atención, porque se me olvida. Voy a hablar de mi hija porque es la mayor. Se me olvida que ya tiene dieciocho años; entonces, ella no necesita que yo le recuerde: “Tienes un examen mañana” o “Tienes que terminar esta tarea” o “Tienes que hacer un trabajo”. ¡No! Porque eso estaba bien para cuando ella era pequeña y estaba en otros niveles escolares, pero ahora yo tengo que aprender a descansar en que eso es responsabilidad ya de ella. Yo sé que es un ejemplo sencillo, pero nos ayuda a ilustrar este asunto de cuánto nos aferramos a no querer soltarlos.

Pero ellos van a aprender poco a poco a volar solos si nosotros interiorizamos esto de que ya están en un nivel de la vida en que tenemos que contribuir a llegar a formar adultos independientes. Y no estamos llamados a controlar cada detalle ínfimo de sus vidas, como los deberes escolares, por ejemplo.

Susi: Como mamás somas más propensas quizás a esto que los papás y llevamos toda la vida controlando su vida: protección, cuidado, sustento, su alimentación apropiada, todo, todo.

Wendy: Comen o dejan de comer, todo.

Susi: Ajá, estamos tan acostumbradas, que necesitamos ir como soltando ese control para que ellos tomen esa responsabilidad, que crezcan, que maduren y que también vean que hay cosas más importantes que solamente esas cosas diarias.

Wendy: Exacto, de hecho, hay algo por ejemplo que me vino a la mente. Digamos, con mi hijo que es más pequeño, aunque es adolescente, pero está comenzando la adolescencia todavía, pues yo le digo: “¿Ya leíste hoy tu Biblia? ¿Ya pasaste tu tiempo devocional?”. Pero con mi hija ya es diferente, porque ahora yo tengo que aprender a descansar en que lo que fuimos haciendo por años y los hábitos que tratamos de llegar a formar en ella, ahora le corresponde a ella cultivar esos hábitos. Ya en esta etapa de la vida yo no tengo que estar como gotera encima. Entonces yo creo que son diferentes cositas que poco a poco tenemos que ir aprendiendo como padres, y es una etapa. A mí me gusta decir que a veces la adolescencia es un poquito de jalar y soltar, ¿verdad? En algún momento tenemos que recoger esa soga que hemos soltado quizás, y en otro momento pues la vamos soltando un poquito más.

Susi: Sí, porque todavía nos toca ayudar, discipular, incluso pensando en la ilustración de la planta, podar. Todavía estamos ayudándoles a dejar pecado, a buscar la santificación. Me encanta tu ilustración entre la diferencia entre tus dos hijos y sus edades, porque yo estoy igual, tengo uno de catorce que todavía necesita que muchos días yo le recuerde de su lectura, incluso a veces de sus tareas; pero luego mis hijos de diecisiete y dieciocho sucede más como, en algún momento de la semana estás sentada al lado de tu hija y le dices: “Oye y ¿qué estás leyendo ahora mismo en tu devocional? ¿qué has estado aprendiendo?”, entonces es como una manera de entablar el tema, pero ya no pidiendo cuentas diarias como una mamá de un niño más pequeño; así va cambiando la relación.

Wendy: Exacto.

Susi: Me gustaría que habláramos un momento de estas áreas que hemos venido viendo. Queremos mucho cuidar las creencias que nuestros hijos tienen y creo que la adolescencia es una etapa donde nuestros hijos son expuestos a muchos mensajes del mundo de afuera y llegan a dudar o a pensar de una manera independiente acerca de ciertas cosas. ¿Cómo podemos ayudar a fortalecer sus creencias correctas cuando estamos tratando con ideas no bíblicas que a veces pueden tener?

Wendy: Mira, creo que algo que debemos considerar en primer lugar, es no tomarlo personal, porque a veces nosotros cualquier duda o cualquier tipo de inquietud que ellos tengan, a veces nuestra primera reacción es como tomarlo personal, como que están atacando mi enseñanza o lo que yo pienso, lo que les he dicho.

Susi: Que yo fracasé porque no recuerdan lo que aprendieron en la escuela dominical.

Wendy: Exacto, pero yo creo que tenemos que aprender a verlo como algo genuino. La verdad es que todos batallamos con dudas en algún momento de nuestra vida. Lo que sucede es que los años pasan y se nos olvida, ¿verdad, Susi? Se nos olvida que estuvimos ahí, y es importante recordar que la adolescencia, la juventud, dependiendo el momento en que ellos tengan su experiencia de conocer al Señor, de entregar su vida a Cristo, en el momento en que el Señor, si así lo entienden, los rescate, es importante recordar que esa es una etapa en la que ellos están decidiendo si la fe que van a tener es personal o si simplemente se han ido con la corriente de la familia.

Yo creo que es crucial también que seamos honestos con nuestros hijos, tal vez la duda con la que ellos están batallando, la inquietud, la pregunta que tienen, es algo que nosotros en algún momento también tuvimos. Es bueno decirles: “¿Sabes qué? Yo estuve ahí, yo te entiendo, yo también dude de esto, yo también por un momento no estaba segura de lo que creía o no sabía”. Y esa honestidad también incluye el decirles en algún momento que tal vez vengan con una pregunta para la cual no tengamos respuesta, decirles: “¿Sabes qué? No sé, no estoy clara, pero vamos a investigar juntos, vamos a buscar las respuestas a tu pregunta juntos”. Y bueno, si es algo para lo cual sí tenemos respuesta, vamos a dar entonces esa respuesta.

Es crucial que recordemos como padres que nosotros no convencemos a nadie, eso lo hace el Espíritu Santo. Como cuando eran pequeños y les podíamos decir cualquier cosa y un niño pequeño te va a creer. Tú le puedes decir: “El cielo es verde”. Y aunque él lo esté viendo azul, él va a decir: “Ah, pero mamá dice que es verde, así que debe ser verde”. Pero los años pasan y te va a decir: “¿Por qué tú me dices que el cielo es verde si en realidad el cielo es azul?” Estoy usando este ejemplo medio loco, pero para que entendamos también que, aunque les demos todas las razones del mundo y busquemos explicaciones que a nuestro parecer sean bien fundamentadas y demás, al final ese convencimiento sobre todo en estos temas espirituales, lo hace el Espíritu Santo en el corazón.

Nosotros no cambiamos a nadie y entendamos que la mejor manera no es hacer una guerra, no es convertir esas dudas, esas inquietudes, en un campo de batalla; yo sé que no es tan fácil, que es más fácil decirlo que vivirlo, pero creo que si lo convertimos en un campo de batalla tenemos más oportunidades de perderla.

Susi: Sí, definitivamente. Mi esposo dice que la comunicación en la crianza siempre debe ser diálogo y no debe ser monólogo. Pues si eso es verdad cuando un niño tiene cinco, es muchísimo más verdad cuando un niño tiene once o trece o quince, porque lo que no necesitan nuestros hijos son sermones, necesitan dialogo. A mí me ayuda mucho pensarlo así: por diez, once, doce años, yo enseñé a mis hijos, los llevé a la iglesia, recibieron verdad, leyeron libros, leyeron la Biblia, y ahora llegan a la adolescencia y empiezan a interactuar con esas verdades. O sea, en lugar de solamente recibir como un niño más chiquito hace, como tú acabas de comentar, ahora él empieza a razonar y a interactuar.

Yo no debo ver una pregunta o una duda como una amenaza; debo verla como una oportunidad para que mi hijo ahora tome las cosas que él está escuchando tanto de mí, como de otras fuentes y él aprenda a interactuar con esos mensajes. Y yo puedo estar ahí con él para hacerlo, si yo le permito hacer preguntas y expresar dudas, y le hago buenas preguntas y buscamos juntos. Pero cuando los padres sermoneamos a nuestros hijos y les decimos cosas como: “No te quiero escuchar decir eso otra vez”, entonces ya estamos cerrando la puerta.

A veces las mamás casi no podemos controlar nuestras reacciones cuando un niño dice algo escandaloso. Dices: “Pero eso no es lo que yo le he enseñado”. Bueno, pero lo escuchó de alguna parte, entonces interactuemos, dialoguemos, hagamos buenas preguntas, escuchemos a nuestros hijos. Creo que ayuda mucho cuando reconocemos con nuestros hijos adolescentes que los mensajes que el mundo les manda son muy atractivos, en lugar de negar que sean atractivos, reconocerlo. Y entonces preguntarles: ¿Por qué eso es tan atractivo para ti? ¿Por qué crees que sea tan atractivo? Entonces ahí tenemos la oportunidad de hablar de sus deseos y todo eso.

Wendy: A mí me ha pasado a veces y recuerdo distintos momentos en que han venido a decirme algo que con esa intuición de mamá sabemos va a ser algo que tal vez no esperamos. Y no quiero decir que siempre he reaccionado de la mejor manera, pero me ha ayudado mucho en muchas oportunidades el orar y decirle: “Señor, ayúdame a no reaccionar de la manera incorrecta, ayúdame a permanecer bien tranquila, simplemente a escuchar”. Si nuestra reacción de momento es así como decías, o de rechazo o me escandalizo, pues entonces posiblemente cuando algo semejante vuelva a ocurrir no van a venir a donde estoy. Y creo que es importante también como padres, que recordemos que nosotros nunca vamos a tener todas las respuestas para todo, pero si tenemos un Dios que tiene mucha sabiduría y que nosotros podemos orar y pedirle que nos de sabiduría y cuando nuestros hijos vengan con esas preguntas apuntarlos siempre: “Ah bueno ¿Qué dice la Biblia respecto a esto? Vamos a buscar”.

Susi: Y que vean en nosotros ese ejemplo de fe, de confianza absoluta en la Palabra.

Wendy: Y hacerles ver: ¿Por qué te digo que es erróneo esto? Bueno, porque esto es lo que Dios dice. Y compararlo. Entonces, sí, la verdad es que es una etapa en que surgen preguntas. Esa etapa en la que luchan con distintas cosas, pero por ahí pasamos todos y es parte de nuestra formación. No queremos tampoco tener robots, ¿verdad? Queremos que nuestros hijos aprendan a pensar también por sí mismos, porque la realidad es que no vamos a estar eternamente y queremos que aprendan porqué creemos lo que creemos.

Susi: Lo que dices de que no son robots, eso también nos lleva a pensar en el aspecto de la adoración. Tenemos que recordar que nuestros hijos no solo son criaturas intelectuales, tienen corazones y son adoradores. Están adorando a ídolos o están adorando a Dios, y eso nos ayuda también en esta etapa a recordar que tienen amor, están mostrando amor hacia algo o alguien. ¿Cómo piensas que podríamos tratar mejor con nuestros hijos como adoradores y dirigirnos a sus corazones?

Wendy: Tú sabes, yo creo que, sobre todo en esta etapa, si pensamos en la manera en que nos relacionamos con otros adultos, eso nos puede ayudar. El aprender a ser sensibles a sus necesidades, a sus sentimientos. Con nuestras amigas, por ejemplo, nosotras las respetamos, usamos palabras corteses, usamos palabras tratando de animarlas, de edificarlas; y lo mismo tenemos que pensar cuando se trata ya de nuestros hijos en estas etapas. Y a medida que van creciendo eso se hace cada vez más real. De hecho, creo que es lo que hace que, al pasar los años, a medida que vamos entrando en la adultez, la relación con nuestros padres, ahora hablando en nuestra posición de hijas, se parece más a una amistad. Claro, siempre y cuando hayamos ido construyendo relaciones saludables con ellos en este tiempo. Entonces, yo creo que es algo que debemos recordar, que están adorando algo, ya sea a Dios o a cualquier otra cosa que no sea Dios, pero de igual manera nosotros tenemos que aprender a tratarles con ese respeto que sirve de base a una relación saludable, conscientes de que ahí hay sentimientos, ahí hay necesidades que han sido puestas por Dios.

Susi: Estoy totalmente de acuerdo con eso del respeto, que nuestros hijos sepan que sí les vemos como personas de igual valor que nosotros mismos. No los vemos como menos, y creo que fácilmente eso puede pasar en la adolescencia porque ellos están llegando a sentir que son adultos, casi, pero no sienten que se les trate así. Y claro que todavía, si tienen quince años, no son adultos. Pero sí desean ese trato, y creo que una de las maneras en que podemos hacerlo es dirigirnos a sus corazones como igualmente necesitados de Dios. Reconocer sus luchas como reales, tratar de identificarnos en lo que sea; si vemos que para una hija la comida es super importante o la apariencia, que para un hijo se obsesiona con sus calificaciones, bueno, si en cualquier manera podemos identificarnos con ellos y hablar de una experiencia en la que nosotros vimos que nuestro corazón valoraba demasiado algo, al compartir esa experiencia con nuestros hijos les ayudamos a redirigir la adoración de su corazón.

Es super importante hacerles preguntas cuando se obsesionan con algo. ¿Qué te gustaría obtener al perseguir tanto esto? ¿Qué crees que vas a lograr? Hay muchas preguntas que podemos hacerles para tratar de entender cómo están funcionando sus corazones, siempre recordando que todos tenemos corazones que deben adorar a Dios pero que fácilmente son desviados.

Incluso cuando oramos por ellos, recordar y no orar solamente porque se porten como nosotras queremos, si no que amen a Dios con todo su corazón, y eso va a producir luego esa conducta que nosotros deseamos.

Bueno se nos está acabando el tiempo, podríamos seguir aquí todo el día, pero no queremos abusar del tiempo de los que nos escuchan. Quisiera llegar a la pregunta acerca de las reglas, porque esta es una gran pregunta en la adolescencia: ¿Qué lugar tienen todavía las reglas y el hecho de exigir obediencia? Y ¿Qué debe cambiar en nuestra manera de tratar con la desobediencia? Para poder evitar legalismo y hacer más discipulado. ¿No sé qué piensas de esa pregunta?

Wendy: Bueno, Susi, yo creo que en cualquier etapa de la vida van a existir las reglas. Yo siempre les he dicho eso a mis hijos. ¿En qué sentido? En que les digo: Siempre va a haber alguien que va a tener autoridad por encima de nosotros, ya sea a nivel humano y por supuesto encima de todo está la autoridad Dios. Nunca estamos fuera de la autoridad, y por supuesto de ciertas normas y reglas. Ahora en cuanto a la crianza como tal, en esta etapa yo creo que lo que debe cambiar es que ya no tratamos con la desobediencia de la misma manera. Porque lo que funcionaba con un niño de siete, ocho años, ya no va a resultar de la misma manera con un adolescente de quince. Yo creo que en esta etapa implica más conversar, más hablar del por qué. Qué es lo que hay en el corazón que está provocando esta conducta, y usar esa conversación para, vamos a decir, discipular a nuestros hijos y ahí llevarlos a la cruz, y llevarlos al mismo tiempo a la gracia. No siempre es fácil, porque la verdad es que somos más dados a las reglas.

Susi: Confiamos en las reglas.

Wendy: Exacto, y las reglas nos ayudan, porque honestamente sí nos ayudan. Imagínate una ciudad donde no hubiera reglas de tránsito, sería una locura total. Pero al mismo tiempo, si no nos damos cuenta, cultivan en nosotros ese corazón legalista que constantemente ve su valor en seguir las reglas. Entonces, nuestros hijos pueden terminar obedeciendo simplemente para evitar consecuencias, pero sin convencimiento en el corazón.

Susi: O para quedar bien con nosotros o con otros.

Wendy: Pero el corazón en realidad no ha cambiado.

Susi: Sí, exactamente.

Wendy: Creo que esa es la diferencia más grande en la adolescencia. A un niño de cinco años tú puedes explicarle, pero hasta un punto, hay muchas cosas que no va a entender, entonces ahí es cuando tienes que decirle: “Pues no y hasta aquí”. Pero ya cuando es un adolescente, ya la conversación tiene que ser diferente.

Susi: Creo que cuando hay alguna disciplina, cuanto más sea posible, que tenga que ver con la ofensa. Por ejemplo, las conversaciones de las que tú estás hablando, un hijo hizo algo, desobedeció las indicaciones de sus padres. OK, nos sentamos a conversar, tratamos de lograr que él reconozca su desobediencia, que él esté arrepentido, esa es la meta. Luego le preguntamos: “¿Cómo crees que te podamos ayudar con esto? ¿Qué crees que te ayudaría? ¿Estás desobedeciendo en cuanto a tu uso de la tecnología? Bueno, para ayudarte vamos a quitar tu tiempo de tecnología por tres días”. O quizás permisos para salir con amigos o cualquier cosa; cuando sea posible que tenga que ver con la ofensa. Y en la adolescencia que contribuya al crecimiento o a la santificación.

Entonces, veo una obsesión, veo un problema, un ídolo en la vida de un hijo. No pongo una regla para castigarlo, pongo una limitación temporal para ayudarle, y se lo explico. Lo hablo con él y lo conversamos, y eso ayuda; muchas veces la siguiente vez, él ya sabe: “Si mami, creo que me necesitas quitar mi tiempo” o “Me necesitas quitar mi permiso”. Él ya se está dando cuenta o ella ya se está dando cuenta que eso le ayuda en esa lucha que tiene. Así que, creo que los castigos, o las disciplinas en la adolescencia, cuando sea posible, es muy bueno que tengan directamente que ver con la ofensa y con la ayuda que podemos brindar a nuestros hijos.

Wendy: Sí, definitivamente, y porque ya es una edad en la que, por supuesto, por su madurez pueden entender qué nos motiva a nosotros a llegar a tomar esa medida. Y por supuesto como padres, aunque no siempre lo entiendan, pero si comunicarles todo el tiempo: “Esta medida siempre es por tu bien”. Eso es lo que al final estamos buscando, no es simplemente un capricho.

Susi: Como Dios en su palabra que sus leyes son para bendición, porque Él quiere bendecir a su pueblo; pues es lo mismo, que ellos vean nuestro corazón y creo que tenemos que controlar mucho la frustración y el enojo en esta etapa. Necesitamos tener una perspectiva a largo plazo. Estamos discipulando casi adultos y necesitamos tener esa perspectiva de invertir en sus vidas espirituales para el futuro.

Bueno Wendy, muchas gracias por compartir lo que Dios te ha estado enseñando en esta etapa. Quiero animar a los que nos están escuchando, que recordemos que lo que queremos es cuidar el corazón, motivar una adoración, animar una obediencia que va a llevar a nuestros hijos por el camino de la bendición. No se trata de que mi familia sea la más bien portada de la iglesia, no se trata de mi reputación, no se trata de mí, se trata de discipular a nuestros hijos, para que sean creyentes que realmente glorifiquen a Dios.

Wendy: Amen.

Susi: Y a ti que nos escuchas, nos vemos la próxima semana, vamos a tener un episodio más en esta serie, un episodio especial sobre el “Nido vacío”, así que te esperamos la próxima semana, que Dios te bendiga mucho.

Transcripción por Erika Cedillo.

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Autores

  • Susi Bixby

    Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de un adolescente y dos adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México. Juntos colaboran también en la Universidad Cristiana de las Américas en Monterrey, NL.

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