Habían pasado once años desde que nos convertimos en padres y por primera vez nos vimos forzados a pensar detenidamente en dónde estudiarían nuestros hijos. El aumento de los costos educativos del colegio y una serie de inconformismos nos hicieron ver que necesitábamos un cambio. El problema fue que no sabíamos hacia dónde dirigirnos.
No fue fácil. Fueron meses de revisar colegios, currículos, escuchar recomendaciones y hasta leer comentarios en google. Y mientras más buscábamos, más dudas teníamos. Fue justo allí, en medio de nuestra confusión y orando al Señor por sabiduría, que hallamos en nuestros corazones motivos incorrectos al intentar buscar la alternativa al colegio de los niños.
Así que este no es un artículo acerca de si es mejor el colegio cristiano o el homeschooling, o si eres una mamá terrible porque tus hijos estudian en una escuela pública; en estos casos, cada familia tiene una realidad particular que debe ser abordada de manera individual. Es por ello que este artículo tiene el objetivo de que identifiques si hay en tu corazón motivos erróneos para elegir el tipo de educación que tienes en mente para tus hijos, que desplazan a Dios del centro de la crianza.
1. Primer motivo: comodidad
Un día, mientras buscábamos colegio, alguien nos recomendó hacer homeschooling (educación en casa). No me enorgullece para nada confesar esto, pero lo primero que pasó por mi mente fue: “¿Y quién se aguanta a mi chiquitín todo el día en casa?” Lo sé, suena terrible, pero si somos honestas, más de una mamá puede sentirse así.
Este error surge de ver la crianza como una carga pesada que se debe minimizar, en lugar de verla como una responsabilidad dada por Dios. En esta motivación, la comodidad de los padres prima por encima del mandato de criar a los hijos y suele disfrazarse de excusas como el cansancio, las ocupaciones y las distracciones. En últimas, se trata de tomar decisiones educativas evitando el sacrificio que supone la crianza.
¿Cómo se ve en la práctica?
La comodidad como motivación puede verse como alguien que considera el homeschooling y lo rechaza porque siente que no podría con su hijo todo el día (ya viste, fue mi caso). También puede verse como una madre o un padre que inscribe a sus hijos en la mayor cantidad de actividades extra-curriculares porque es más fácil que otros los entretengan. O padres que eligen colegios con la jornada escolar más larga posible, con tal de tener más horas “libres” para ellos.
¿Qué dice la Palabra frente a esto?
Deuteronomio 6:6-7 nos muestra el principio básico acerca de sobre quién recae la educación de los hijos: los padres. Podemos hacer una lectura similar de Efesios 6:4, pues es a los padres a quienes se dirige el mandato de criar a los hijos en disciplina e instrucción del Señor, no a los profesores, abuelos, tutores, o tíos.
Pero nota algo importante: el principio de Deuteronomio implica que la crianza se debe hacer con diligencia. En el Hebreo, el verbo usado para diligencia es וְשִׁנַּנְתָּם (veshinantam), que quiere decir repetir una y otra vez hasta que algo quede profundamente grabado. Describe un proceso continuo, que implica mucho más que solo un devocional de diez minutos en la noche. Requiere esfuerzo y repetición constante para formar el corazón.
Así mismo, Efesios 6:4 usa la palabra “críenlos”, que viene del griego ἐκτρέφω (ektrephō), lo que significa nutrir, alimentar y sostener constantemente. Es un proceso que no es ocasional, sino continuo, intencional y espiritual, que no debe depender de nuestras ganas, de nuestro ánimo o de nuestro tiempo libre. Delegar tu responsabilidad a un tutor, la iglesia, el colegio o las actividades extra-curriculares por comodidad es claramente una desviación del mandato de nutrir tú mismo la vida de tu hijo.
2. Segundo motivo: orgullo
Si me preguntas qué me gustaba más del colegio donde estaban mis niños, era que era uno de los mejores colegios de mi país, reconocido por sus becas internacionales y sus altos estándares académicos. Además, soñaba ver a mis hijos logrando lo que yo no había podido por motivos económicos, hablando el perfecto inglés que yo trastabillo, teniendo la beca que soñé tener. ¿Por qué me dolía tanto cambiar a mis hijos de colegio? Porque me dolía mi orgullo. ¿Quién estaba en el centro? Yo, por supuesto.
Este error surge de ver a los hijos como un medio para la gloria personal de los padres. En esta motivación, hacemos nuestras elecciones educativas basadas en lo que nos aporta estatus, éxito económico, aprobación social o lo que nos permita presumir delante de otros padres.
¿Cómo se ve en la práctica?
El orgullo como motivación puede verse al elegir éste o aquel tipo de educación porque “garantiza” el éxito de nuestros hijos. Tal vez sea que los hijos deben hacer determinado curso para cumplir los sueños frustrados de sus padres. Puede tratarse de unos padres que toman decisiones basadas en la aprobación de otras personas o para no quedarse atrás de los demás.
¿Qué dice la Palabra frente a esto?
La Palabra nos enseña que el orgullo es lo que precede a la destrucción (Prov. 16:18) y así mismo, nos dice que una vida centrada en el Señor implica tomar decisiones no basadas en buscar el favor de los hombres, sino en agradar a Dios (Gal. 1:10). 1 Corintios 10:31 concluye en este mandamiento: Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios. No nuestra gloria, no la de nuestros hijos, sino la gloria de Dios. Y eso incluye, por supuesto, decisiones escolares.
3. Tercer motivo: miedo
Empezamos a considerar el homeschooling (¡quién lo creería!) cuando varios de nuestros amigos de la iglesia nos mostraron las bondades del mismo. Pero el beneficio mencionado que más resonó con mi corazón (frecuentemente temeroso), fue el de evitar que se volcaran al mundo. ¿A quién no le gustaría creer que puede tener la posibilidad de hacer a sus hijos cristianos? Bueno, esto era lo más parecido a ello.
Este error surge de tomar decisiones escolares para controlar resultados que solo Dios puede garantizar. El miedo termina siendo la emoción que toma el centro y mando de nuestras decisiones, prometiéndonos protección. Sin embargo, en realidad está usurpando el lugar de Dios al intentar controlar lo que Él gobierna y eliminar lo que Él usa para formar el carácter de nuestros hijos.
¿Cómo se ve en la práctica?
El miedo como motivación puede verse cuando una madre mete a su hijo a un colegio cristiano o hace homeschooling por miedo al secularismo o a que sus hijos se desvíen. También pueden ser unos padres que piensan que cierto currículo, colegio o modelo educativo es lo que transforma el corazón de sus hijos. O padres que estructuran toda la educación intentando eliminar cualquier dificultad para sus hijos.
¿Qué dice la Palabra frente a esto?
La Biblia nos enseña que la salvación proviene solamente del Señor (ver Ez. 36:26, Jn. 3:5-8 y Rom. 9:15-16). Así que, ningún sistema (ni colegio, ni homeschooling) puede regenerar el corazón de un hijo.
Pero también nos enseña que el temor no es un buen consejero. Cuando leemos la historia del rey Saúl en 1 de Samuel, podemos observar la vida de un hombre que constantemente tomó malas decisiones por temor. Por el contrario, la Biblia nos llama múltiples veces a no temer porque Dios es santo, bueno, fiel, justo, verdadero; es nuestro Padre y nos ama. No se preocupen por el día de mañana (Mt. 6:34) es el llamado a todo cristiano a vivir en confianza diaria, no en control preventivo.
Debo resaltar que es igualmente importante decir que el sufrimiento no siempre es algo a evitar. Dios usa múltiples veces el sufrimiento para formar y santificar a sus hijos (Rom. 5:3-4). Por esto podemos cantar con el salmista:
Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda Tus estatutos. (Sal. 119:71)
El Evangelio como centro de nuestras decisiones
Hay tres respuestas del evangelio para estas motivaciones equivocadas. Quiero dejártelas para que, al igual que yo, puedas orar basada en ellas y obrar con sabiduría en las decisiones escolares para tus hijos.
Ante la comodidad, el Evangelio responde con una cruz: Y a todos les decía: ‘Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame’ (Lucas 9:23).
Ante el orgullo, el Evangelio responde con humildad: Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil. 2:5-8).
Y ante el miedo, el Evangelio responde con seguridad en Dios: El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas? (Rom. 8:32).
Que el Señor nos ayude a tomar decisiones basadas en su Palabra y no en nuestras malas motivaciones.




