La crianza está repleta de momentos agradables, hermosos, chistosos y memorables. Casi todos los padres jóvenes han escuchado las palabras “¡Disfruta cada momento! ¡Se pasa muy rápido!” Pero si vivimos con los pies sobre la tierra sabemos que no todos los momentos de la crianza son agradables. Existen retos, dificultades y circunstancias indeseados. ¿Cuál debe ser nuestra perspectiva ante esta realidad? ¡Hablemos del tema!
Transcripción:
Susi: La paternidad y la maternidad realmente es un regalo de Dios. De esto no hay duda. Es un enorme privilegio experimentar el milagro de un parto o de recibir a un niño en adopción y ser una parte clave de su desarrollo y su crecimiento. Creo que existen pocos padres cristianos que, por lo menos en teoría, estarían en desacuerdo con esta verdad. Pero ¿qué tal la realidad del día a día? ¿El hecho de que estoy viviendo un regalo de Dios significa que tengo que disfrutar cada momento?
Por un tiempo he querido tratar este tema aquí en el podcast de Crianza Reverente. Estoy muy agradecida de poder hacerlo con una invitada nueva, Mafer—María Fernanda Agudelo, del país de Colombia. Mafer, muchas gracias por aceptar esta invitación y hacer el tiempo para estar con nosotros.
María Fernanda: Gracias, Susi. Gracias por invitarme. De verdad que es un honor estar acá.
Susi: “Mafe” te dicen en tu país, ¿verdad? Aquí en México normalmente creo que diríamos “Mafer” a una María Fernanda, pero en cada lugar tiene su manera.
María Fernanda: En Colombia omitimos la R para hacerlo más cortito todavía.
Susi: Muy bien. Entonces aquí estamos con Mafe, y Mafe, cuéntanos un poquito de tu familia. ¿Tienes hijos? Para conocerte.
María Fernanda: Claro que sí. Bueno, sí, tengo dos hijitos. Estoy casada hace 16 años ya. Tengo dos hijitos: una niña de 13 años, ya una adolescente, y un chiquitín de 5 años. Y bueno, estamos juiciosos desde casa haciendo “homeschooling” con ambos niños. Empezamos el año pasado con la mayor; este año con el más chiquito. Eso es mi tarea principal. Aparte de eso, hago algo de fotografía junto con mi esposo. Trabajamos juntos. Y servimos en la iglesia. En eso estamos.
Susi: Muy bien. Qué bueno saber un poquito de cómo es tu día. Porque yo creo que muchos escuchan, y podríamos pensar: es que mi situación es diferente, o mi situación es más complicada. Pero la verdad es que todos tenemos complicaciones y responsabilidades grandes.
María Fernanda: Muchas. Por ejemplo, en mi caso he pasado por las complicaciones de tener a los niños, por ejemplo, en el colegio, y tener que levantarse muy temprano, tener que hacer desayuno, almuerzo, todo para que ellos lleven…luego salir, llevarlos, entrar, regresar…una cosa a la otra. Ahora que estamos en “homeschooling” es otra historia, pero también trae sus complicaciones.
Susi: Exacto. Hay retos. Beneficios y retos mayores con cada situación diferente que las familias escogemos, ¿verdad?
María Fernanda: Así es, todo el tiempo.
Susi: Hoy queremos hablar de un tema que, como dije en la introducción, la verdad tengo mucho tiempo queriendo hablarlo, en parte porque como mamá con niños pequeños, a mí se me decía estas cosas como: “Ay, disfruta cada momento”, “Ay, es que se pasa bien rápido”. Y la verdad es que hubo momentos cuando pensaba: “Yo no sé si estoy de acuerdo con eso”. Entonces, te pregunto a ti: ¿te ha pasado que te digan así: disfruta cada momento? y ¿por qué crees que la gente lo diga tan seguido? No sé si es tu experiencia.
María Fernanda: Sí, lo he escuchado. Yo creo que todas las mamás en algún punto de nuestra vida lo hemos escuchado. En mi caso, casi siempre venía de las mujeres mayores, especialmente cuando me veían un poquito cargada, y las cosas no estaban funcionando bien. Ellas tenían a bien decirme: “Disfruta cada momento. El tiempo se pasa muy rápido”. Era como: “Ok. Lo intentaré”. Pero sí, es algo que es bastante común, yo creo, en la maternidad, especialmente en esos primeros años cuando uno está empezando, y acostumbrándose, y tomando rutinas y aprendiendo a ser mamá. Porque estás aprendiendo, ¿no? Es algo que escuchas muy comúnmente.
Susi: ¿Y cómo te hacía sentir cuando te decían eso? ¿Qué sentimientos tenías acerca de eso?
María Fernanda: A veces era—ya no lo escucho tanto—pero a veces era: “Ah, bueno, sí, tiene razón. Debería estar disfrutando este momento”. Pero otras veces, sobre todo cuando estaba muy cargada, cuando las cosas de pronto no estaban funcionando tan bien, se sentía como un peso, y tal vez algo de culpabilidad. Porque sientes que estás desperdiciando el momento en el que están los niños, y sientes que no lo estás haciendo bien. Entonces es una carga al final. Termina cargándote realmente.
Susi: Sí. Yo recuerdo sentir eso. Si no lo estoy disfrutando, significa que soy mala mamá, que no amo a mis hijos. Si no disfruto esto, algo está mal con mi forma de ejercer la maternidad. Sí, a mí me hacía cuestionar mucho.
María Fernanda: O tal vez te sientes incomprendida porque: “¡Ay! Pero es que no se están poniendo en mis zapatos. Esto no es tan fácil como tú quieres hacerlo ver”. O muchas veces, en mi caso, que tiendo a ser muy resolutiva, era como: “Ok, voy a hacer todo lo que necesite para que esto funcione bien”. Es cargarme para hacer más cosas, para que se vuelva disfrutable la maternidad o la crianza en ese momento.
Susi: Yo creo que tienes razón en que muchas veces las personas que dicen cosas así—yo he tratado de no decirlo ahora que mis hijos están grandes. Creo que hay otras formas que los padres que estamos un poco más avanzados en el camino podríamos animar mejor a los que vienen por atrás. Pero sí creo que son personas que incluso a lo mejor sienten: “Es que yo no lo disfruté. Yo perdí mucho tiempo”. O: “Yo me quejaba mucho, y ahora veo que debí haberlo disfrutado”. Yo creo que hay una motivación buena muchas veces, ¿no?
María Fernanda: Exactamente. A veces viene de la nostalgia. Especialmente las personas mayores que ya han pasado por todo eso, y te ven a ti sufriendo. Y de pronto en su experiencia, ¡claro! ¡Es un bebé! ¡Qué lindo! “Yo ya no tengo a mi bebé. Ya no lo puedo disfrutar. Entonces, disfruta de tu bebé”. Viene de ese deseo real genuino de que las mamás más jóvenes puedan ver lo que tienen en sus manos como un regalo.
A veces también hay un poquito, especialmente en nuestros días, de idealización de la maternidad, un poquito de: todo tiene que ser momentos mágicos. Y la conexión: es cómo sentirte plena. Creo que también las redes sociales han influido mucho en eso. Muchas veces esa influencia en las redes sociales, terminamos unas con otras diciéndonos: “Tienes que disfrutarlo todo”. Hace que muchas veces se convierta en una carga real para las mamás.
Susi: Sí, así es. De tu punto de vista, según la Palabra de Dios, ¿tendrá la Palabra de Dios algo que decir sobre este tema? ¿Y cuál debería de ser nuestra disposición hacia la crianza?
María Fernanda: La Palabra de Dios definitivamente sí tiene algo que decir con respecto a este tema. Obviamente no nos lo va a decir todo en un solo versículo, porque no es la intención principal. Pero podemos ver en varios pasajes en la Escritura como el Señor anhela que nosotros podamos ver la maternidad como algo que es un regalo de Él, pero al mismo tiempo que podamos entender que hay situaciones que son difíciles y que no son precisamente disfrutables, por decirlo de alguna manera.
Por ejemplo, cuando nosotros vamos al Salmo 127:3, que es como la base, por decirlo así, de todo lo que es la crianza y los hijos, dice: “He aquí herencia de Jehová son los hijos, cosa de estima el fruto del vientre”. Entonces, claro, el Señor nos está mostrando que nuestros hijos y todo lo que tiene que ver con la crianza es algo que debemos estimar. Es algo que debemos amar.
Pero al mismo tiempo nos está mostrando en otros versículos, como por ejemplo Tito 2:4, cuando les está hablando a las ancianas que enseñen a las más jóvenes, una de las cosas que deben enseñarles a las más jóvenes es amar a los hijos. Parece contradictorio porque uno dice: “¿Pero qué mamá no ama a sus hijos?”. Pero hay una parte de nosotras que necesita aprender ese amor genuino, ese amor que es más bíblico para con nuestros hijos.
Cuando nosotros empezamos a ver todos estos diferentes versículos, por ejemplo, Efesios 6:4, que nos dice que los padres no provoquemos a ira a nuestros hijos, o en Deuteronomio, cuando se nos habla de que nosotros debemos constantemente educar y enseñar a nuestros hijos, se nos muestran una serie de principios, de fundamentos, de cómo debe ser esa crianza: qué es el amor, qué es tener la disposición, qué es tener paciencia, constancia. Y sobre todo fidelidad; yo creo que eso es como la base de lo que debería ser nuestra crianza.
Pero la Palabra de Dios no niega que el trabajo, cualquiera que sea el que tengamos, y en nuestro caso la crianza, muchas veces es difícil. Por ejemplo, vemos en Eclesiastés 2:22-23, que dice: “¿Qué recibe el hombre de todo su trabajo y del esfuerzo de su corazón con que se afana bajo el sol? Porque durante sus días su tarea es dolorosa y penosa”. La Biblia reconoce que estamos en un mundo caído, y aunque los hijos son un don y son un regalo, al mismo tiempo nuestro trabajo puede ser penoso. Puede ser doloroso, difícil.
Creo que como mujeres debemos entender que, si bien estamos llamadas a amar a nuestros hijos, a disfrutar la crianza, al mismo tiempo podemos entender que por estar en un mundo caído va a haber cosas que no son disfrutables. Va a haber cosas que no nos van a gustar. Pero aun así debemos caminar en fidelidad en medio de esas cosas.
Susi: Me encanta ese punto que haces sobre la fidelidad porque yo creo que, si los padres podemos tener eso como la meta en lugar de disfrutar o ser feliz o de alguna forma que todo vaya bien, eso nos va a ajustar bastante las expectativas. Dios me pide ser fiel. La verdad es que Dios no nos pide disfrutar toda la vida. Pide, o manda, o nos anima a tener gozo en todo. Pero eso no significa que haya un disfrute, un deleite en sí en cada tarea de la vida.
María Fernanda: Así es. Es difícil. Nada más ponte cuando tus hijos se enferman. Quizás alguna de las que nos escucha se puede identificar con una clínica por varios días. Es natural que no disfrutemos de eso. El Señor nos pide contentamiento en medio de la circunstancia, pero no nos está pidiendo que falsamente estemos disfrutando del momento. Tenemos esa doble experiencia.
Hay cosas que definitivamente no vamos a disfrutar de la crianza. Si nuestros hijos pecan, no lo vamos a disfrutar. Si nuestros hijos se enferman, no lo vamos a disfrutar. Pero en medio de eso el Señor nos pide que nosotros sigamos siendo fieles en nuestra tarea. Yo creo que eso es el punto y el objetivo al que nosotros estamos llamados como papás.
Susi: Amén. ¿Tú crees que es posible que incluso alguien pudiera buscar demasiado el disfrute, y llegar a ser egoísta en ese deseo de disfrutar de nuestros hijos? No sé si has visto algo así.
María Fernanda: Sí. Yo creo que se trata muchas veces en este afán de disfrutar y de quizás llegar incluso a verme como se ve en las redes sociales. O quizás de cumplir esto que me están diciendo de que disfrute, yo puedo llegar a ver a la maternidad como una experiencia de consumo. Entonces, en esa experiencia de consumo, yo me satisfago a mí misma. Tengo que buscar mi comodidad emocional. Tengo que buscar mi sensación de plenitud. Y en eso yo puedo hacer muchas cosas.
¿Cómo podría verse eso? Por ejemplo, ponerme más cargas a mí misma para que mi maternidad se vea como se ve la de los demás. Llegan las vacaciones y tú haces mil planes, y al final estás supremamente cargada porque quieres cumplir y hacer tantas cosas. Y no disfrutas. Lo paradójico es esto: que no terminas disfrutando realmente la maternidad.
Quizás cuando amamos más algunas etapas de nuestra crianza que otras: esa etapa linda de cuando son bebés, y ahora que quizás alguna ya tiene un adolescente como yo—¡ay! Esta etapa ya no me gusta tanto. Se convierte en esto de no disfrutarlo; en nuestro afán de querer disfrutar, terminamos no haciéndolo.
Quizás cuando priorizamos muchas actividades que yo disfruto por encima de lo que los niños necesitan, por ejemplo. Los hijos pueden necesitar algo, pero yo estoy afanada porque quiero hacer cosas que yo disfruto. Es convertir la maternidad, o la crianza, en un ídolo. Se convierte en un ídolo funcional. Tú sabes—tenemos ídolos que son fáciles de identificar, y otros que no lo son tanto. Y sucede muchas veces con muchas mamás que, de alguna manera, y me incluyo yo allí, terminamos buscando que el disfrute de la maternidad sea mi fin último, y nos perdemos en el camino.
Susi: ¿Sabes lo que he observado que puede suceder? Yo creo que cuando un papá o una mamá tiene esta idea de que tiene que disfrutar, se lo contagia a sus hijos. Entonces ahora los hijos los llevamos a todas las actividades que ellos quieran hacer para que ellos disfruten. Y tal como tú dijiste, no tomamos decisiones acerca de qué vamos a hacer, qué no vamos a hacer, en qué vamos a participar, en qué no vamos a participar, no las tomamos en base a la fidelidad a Dios, tanto nosotros como nuestros hijos, sino en base a qué disfrutan mis hijos. Es el mismo ídolo del disfrute.
Quizás yo soy una mamá muy aterrizada y yo entiendo que yo no tengo que disfrutar todo, pero quizás estoy buscando de alguna forma—es el mismo ídolo, pero para mis hijos—que mi hijo pueda disfrutar todo. Les contagiamos a nuestros hijos ese deseo que realmente es incorrecto de que la vida se trata de disfrutar.
María Fernanda: Tal cual. Y al final les hacemos daño. Les hacemos daño porque estamos omitiendo otra parte de la vida que es muy importante: la parte del sacrificio. Es la parte de esperar, es la parte de la paciencia, es la parte del aburrimiento, por ejemplo. Como todo ídolo, al final termina volviéndose contra ti y volviéndose contra tus hijos.
Susi: Sí, así es. ¿Qué te ha ayudado a ti como mamá que es seguidora de Jesús a acercarte a esos momentos? Vamos a decir que te estás enfrentando a un momento, a una tarea o alguna etapa de la crianza que no te parece tan disfrutable. Creo que nos inventamos una palabra, ¡pero está bien! ¿Qué te ha ayudado a ti en realidad? Quizás algo muy práctico en tu experiencia personal.
María Fernanda: Bueno, a mí definitivamente hay algo que me gusta mucho, y es siempre hablar de las disciplinas espirituales. Porque sin las disciplinas espirituales estamos sin nuestro escudo, sin nuestra protección como tal, libres para que nuestro corazón haga lo que quiere. En mi caso particular, la oración es muy importante. Los días en los que yo no he orado, porque de pronto me he levantado corriendo y estamos de afán y se nos hizo tarde, suelen ser los días en los que más difícil para mí es la crianza, en los que más difícil se hacen los días y las circunstancias. Leer y estudiar permanentemente la Palabra, también de alguna manera no tanto como para llenarme de una serie de “tips”…
Susi: De tener ahí a la mano frases mágicas.
María Fernanda: Exacto. No tanto para eso, pero sí para maravillarme de quién es Dios. En la medida en que yo centro mi mirada en el Señor, en la medida en la que yo estoy meditando en quién es él, en cómo ha sido a través de la historia, en lo que ha hecho y en su obra, mi corazón se asombra, y mi corazón está formado, y mis pensamientos también.
No es tanto—claro, ayuda memorizarte algunos versículos que intencionalmente te hablen de esto. Pero es más el querer buscar quién es Dios y conocerlo más a él y maravillarme con él de tal manera que mi corazón pueda ser transformado todos los días y yo pueda seguirlo a él y actuar como él desea que yo actúe. Ese es, yo creo, una de las cosas más importantes que el Señor me ha permitido hacer en los últimos años. Porque de alguna manera, sí buscaba: “Vamos a buscar qué versículo exacto me habla de esto, y lo voy a sacar en mi mente”. Claro, ayuda, por supuesto, pero la intención principal debe ser buscar al Señor, buscar su gloria, su belleza, lo que él habla acerca de él, y que nuestro corazón pueda ser transformado a través de eso.
Yo creo que esas han sido dos cosas, pero la tercera que no quiero que se me escape es caminar con otras hermanas. Caminar con otras hermanas en el proceso ha sido para mí, en los últimos años especialmente, ha sido una bendición enorme. Porque aquellos puntos en los que yo soy ciega, ellas pueden verlos. Y al tener mi corazón abierto a hablar, y a tener mi corazón abierto también a escuchar lo que ellas tienen para decir, he podido aprender, y he podido crecer en muchas áreas que yo jamás me hubiera imaginado. Caminar juntas con otras hermanas también es muy importante para eso.
Susi: A mí me encanta. Me encanta lo que dices de los medios de gracia, las disciplinas espirituales, porque la verdad es que los subestimamos bastante. No se sienten prácticos para la crianza. No se siente que me están dando soluciones inmediatas como yo necesito. Pero pensaba en lo que dijiste de la oración. ¿Por qué? Porque he vivido lo mismo que tú dices. ¿Por qué es que los días cuando yo me levanto y yo empiezo a correr la carrera sin detenerme, a que mi corazón se asombre de Dios y dependa de él y se entregue a él, por qué es que entonces la crianza es más difícil? Porque también a mí me ha pasado muchas veces eso.
Yo pienso que creemos que la oración, muchas veces, es para conseguir de Dios lo que necesitamos o queremos. Pero la verdad es que la oración principalmente sirve de dependencia. Por eso pueden suceder exactamente las mismas cosas, pero si mi corazón está humildemente asombrado de Dios y dependiente de él, tengo un filtro diferente para interpretar las dificultades de la crianza.
Cuando mis hijos se portan mal, o sucede uno de los millones de cosas que pueden suceder que hacen que la crianza sea difícil, cuando suceden esas cosas, ya mi filtro, mi manera de mirar, es diferente. Porque mi mente ha sido renovada y mi espíritu ha sido entregado al Señor, rendido al Señor, y ya puedo ver esa situación con otros ojos. Estoy totalmente de acuerdo contigo.
María Fernanda: Además hay gracia que viene a través de esas disciplinas espirituales sobre ti. Esto es algo en lo que no pensamos mucho, pero realmente se derrama gracia sobre nosotras cuando nos acercamos al Señor a través de estas disciplinas y deseamos realmente rendir nuestras vidas a Él. A veces lo vemos como una solución práctica, pero más que una solución práctica es la manera en la que el Señor derrama poco a poco de su gracia sobre nosotros para poder hacer la tarea.
Susi: Por eso pensar en la lectura bíblica, la oración, la comunidad, como tú dijiste, y otros, pensar en ellos como disciplinas espirituales es muy bueno porque sí son cosas que tenemos que hacer. No suceden sin ningún esfuerzo, pero verlos como medios de gracia es sumamente importante.
Creo que hemos mencionado en algún momento esto, pero mi esposo una vez predicó una predicación sobre los medios de gracia en la iglesia. Nos puso la imagen mental de una catarata o una fuente de agua que está fluyendo. Siempre está fluyendo; nunca deja de fluir, pero tú te tienes que meter en ese flujo de agua. Tú no puedes estar afuera y decir: “¡Ay! Pero no me está mojando. No me está llegando”. Tú te tienes que meter a ese flujo constante de la gracia de Dios para la vida diaria. Y eso es oración, Palabra, comunidad, ayuno, todas las disciplinas espirituales, como las llamamos.
María Fernanda: Así es, totalmente. Necesitamos ahora sí, como dijiste tú, hacer ese esfuerzo. Al principio puede parecer un esfuerzo, pero en la medida en la que vamos avanzando, esa gracia va cayendo sobre nosotras, y se va volviendo menos pesado. Tú vas viendo cómo tu corazón va siendo transformado. Y eso es muy bueno.
Susi: Sí. Y en la crianza tú sabes que te estás convirtiendo en un padre o una madre más útil delante del Señor, no por ti, sino porque él te está controlando más, y ya tú casi te conviertes en el medio de gracia para tus hijos.
María Fernanda: Lo necesitamos urgentemente, porque cuando tú miras lo que es la crianza, es que tú estás enseñando a unos más pequeños a seguir al Señor. Pero de alguna manera tú eres la parte visible para ellos.
Susi: Así es.
María Fernanda: En tus fuerzas tú no puedes hacer nada. Absolutamente nada. No vas a ir—en Colombia tenemos un dicho: no vas a ir a ningún Pereira. Es una ciudad de Colombia, pero es una forma de decir que no vas a llegar a Roma. No vas a lograr nunca realmente ser esa persona que guía de manera bíblica a tus hijos si tú no estás constantemente debajo de esa fuente de gracia que te da el Señor a través de las disciplinas espirituales.
Susi: Me encanta. Qué bueno. Espero que alguna mamá o papá que diga: “Ay, sí, he dejado esas disciplinas. He dejado eso”, pueda animarse. La verdad es que nosotros somos los primeros que beneficiamos, y también nuestros hijos.
Como última pregunta, antes de cerrar, ¿hay algo que tú has visto en la vida de Jesús, la forma en que él trataba a las personas, o incluso cómo Dios trata a nosotros como sus hijos, que te da un patrón para manejar esos días cuando la verdad es que no hay disfrute en la crianza?
María Fernanda: Bueno, Susi, a mí me encanta esta parte de la Palabra, porque en la Palabra no se nos esconde que tanto Dios como Jesús también tenían momentos no disfrutables. Es muy lindo, porque cuando tú ves esos momentos no disfrutables, por ejemplo, cuando en el Antiguo Testamento el pueblo de Israel una y otra vez se apartaba del Señor (vamos, por ejemplo, al libro de Jueces, o en los Reyes, cuando una y otra vez los reyes se apartaban del Señor), el Señor seguía siendo fiel en medio de eso.
Esa fidelidad del Señor es un ejemplo para mí, porque no tengo que esperar a que todos los momentos sean disfrutables para yo poder continuar con mi tarea fielmente. Por ejemplo, a mí un versículo que toda la vida me ha gustado es Lamentaciones 3, cuando dice que “por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque sus misericordias son nuevas cada mañana” (v.22). Dios como Padre es un Dios que ama, pero ama fielmente. Por eso, esa debe ser nuestra meta: ser fieles en nuestro llamado.
Y Jesús como nuestro ejemplo, y digamos el culmen de nuestra revelación, todavía más. Te voy a dar el ejemplo que más me gusta a mí, que es cuando Jesús está en Getsemaní, y Jesús dice: “Señor, aparta de mi esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Aún en medio de una situación que era realmente muy difícil, y que realmente no era disfrutable, Jesús quiso hacer la voluntad del Padre. Él no niega que esto es algo que él no quisiera hacer en términos humanos, pero al mismo tiempo él dice: “Voy a hacer la voluntad del Padre”.
Cuando lo contrastamos con Hebreos, que es la parte más linda de todas, Hebreos nos da a nosotros la visión más amplia de este pasaje. En Hebreos se nos muestra que Jesús lo hizo porque tenía presente el gozo que tenía por delante. Dice: “El autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de él soportó la cruz” (12:2). Aún Cristo tuvo momentos que tuvo que soportar. No disfrutar, soportar. Pero tenía un gozo puesto por delante, “despreciando la vergüenza”.
Allí en Hebreos 12 se nos dice: “Consideren, pues, a Aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra él mismo, para que no se cansen ni se desanimen en su corazón” (v.3). Él, y el evangelio, es nuestro ejemplo. En la crianza vamos a tener momentos que no son disfrutables, que no son agradables, pero así como Cristo, nosotras, por la obra que Él ha hecho en la cruz, porque Él ha muerto en la cruz y ha pagado por nuestros pecados, y porque tenemos al Espíritu Santo viviendo en nosotras, podemos también ser fieles a ese llamado a pesar de que no todos los momentos sean tan bonitos y tan agradables y tan “Instagrameables”.
Susi: Genial. Me encanta. Qué lindo, ¿no? La verdad es que vivimos en un mundo roto, y lo entendemos, y no tenemos que fingir. Tenemos una razón por la que podemos gozarnos en la fidelidad. Quizás entonces las hermanas mayores no deberíamos decirles a las mamás más jóvenes: “¡Disfruta cada momento!” Quizás deberíamos decirles: “Sé fiel en cada momento. Sé fiel”. La fidelidad es lo que Dios nos pide, pero también nos lo hace posible por medio de su Hijo.
María Fernanda: Así es. Así es totalmente. Y allí cambia definitivamente nuestra meta. Ya nuestra meta no es que nuestra crianza o nuestra maternidad sea perfecta, sino que en medio de la crianza y en medio de la maternidad nosotros podamos ver a Cristo y ver su fidelidad, y ser fieles como él lo fue. Cambia por completo la perspectiva, y nuestro corazón se llena de ánimo en medio de eso. El corazón es animado allí, y nuestro corazón puede estar contento aún con esas circunstancias difíciles.
Susi: Amén.
María Fernanda: Esa es la maravilla del evangelio.
Susi: Así es. Gloria a Dios. Muchas gracias, Mafe, de verdad, por contribuir aquí con nosotros, por hacernos pensar en el evangelio, recordar lo que Cristo ha hecho y cómo eso puede cambiar tantos momentos que, claro, van a ser difíciles. Sabemos que hay padres que tienen hijos con necesidades diferentes, situaciones muy difíciles y complejas donde la verdad es que es difícil disfrutar de una manera humana. Pero ahí se puede disfrutar esa fidelidad de Dios, y ser fieles a Dios. Así que gracias por apuntar nuestros ojos a Cristo hoy.
María Fernanda: Gracias al Señor que nos ha dejado en su Palabra todo lo que necesitamos para la vida y para la piedad.
Susi: Así es. Gracias. Bueno, a los que nos escuchan, antes de cerrar, quiero decirte que este episodio será el último por algunas semanas. Si tú eres de los que nos siguen cada semana y están esperando el nuevo episodio, tendremos unas semanas de descanso para preparar la siguiente temporada. Pero hay 220 episodios que tú puedes repasar y tú puedes volver a escuchar, porque hemos tenido muchos invitados que nos han compartido mucha buena información y enseñanza.
Así que un abrazo, y nos vemos pronto. Como siempre, que el Señor bendiga tu crianza hoy día en el Señor. Bendiciones.




