Episodio 228: La sabia mujer virtuosa, con Alejandra Slemin

November 3, 2026

Muchas madres han admirado desde lejos a la mujer virtuosa de Proverbios 31, lamentando su propia incapacidad o aspirando ser como ella. ¿Qué puede aprender una madre del siglo XXI de las palabras que una madre hace miles de años escribió para su hijo sobre el tipo de mujer con la que vale la pena criar hijos? Hablemos sobre este famoso capítulo y sus sorprendentes palabras de ánimo para las madres de hoy. 

 

Transcripción:

Susi: Nuestra cultura tiene muchas opiniones sobre lo que una mujer puede ser o lo que ella debe hacer. En particular, tiene mucho que decirle a la mamá de hoy sobre su identidad personal, su vida doméstica y laboral, su relación con su esposo y con sus hijos. Como madres cristianas, estamos expuestas a estas ideas, y podríamos ser influenciadas por ellas. 

Pero el libro de la sabiduría, que hemos estado estudiando, quiere hablar a nuestras vidas sobre esto. Sí, en una serie sobre la crianza, sobre el libro de Proverbios, claro que no podemos dejar fuera el famoso capítulo 31. Estoy muy feliz de tener una vez más en el podcast a mi amiga Alejandra de Slemin desde Canadá aquí con nosotros. Gracias, Ale, por aceptar la invitación.

Alejandra: Feliz de estar en Crianza Reverente porque soy una seguidora asidua de este podcast.

Susi: Gracias a Dios. Nos encanta tenerte aquí. Sabemos que eres una mamá en las trincheras, como dirían; pasas todo tu día educando en casa, discipulando a tus hijos. Recuérdanos, porque ya tiene algo de tiempo que no has estado aquí, más o menos las edades de tus hijos, para entender cómo es tu vida ahorita.

Alejandra: Bueno, tengo uno que ya va a cumplir 18 años, tengo una de 14, un varón de 10 y una hembra de 7 años. Tengo cuatro flechas en diferentes etapas de la vida en este momento en casa.

Susi: Por lo menos ya no cambias pañales. Ya todos se bañan y se visten solos.

Alejandra: Todos se bañan y se visten y comen solos. Gracias a Dios. Y hasta cocinan.

Susi: Ah, genial. Eso ayuda mucho. Bueno, gracias por tomar tiempo de tu agenda tan llena de vida familiar. Incluso por eso también te quería invitar para este episodio, porque queremos hablar sobre algo que tiene mucho que ver con nuestra vida diaria como mamás. Gracias por estar aquí. 

Quizás para empezar, hemos estado viendo a lo largo de esta serie, porque ya llevamos bastantes episodios hablando de Proverbios y hemos visto cómo el gran tema de Proverbios, el temor de Jehová, impacta cada uno de los temas individuales que hemos estado viendo. El último capítulo del libro, muchas veces yo siento que lo solemos estudiar aparte, como si fuera uno de esos pequeños santuarios cristianos que se dedican a un santo—la mujer virtuosa. Pero, ¿cómo el tema central de Proverbios sobre la sabiduría, el temor de Jehová, nos ayuda a entender el capítulo 31 en general? ¿Cómo nos acercamos a este capítulo?

Alejandra: Mira, la realidad es que Proverbios es muy especial para mí de manera muy cercana, porque cuando era niña, entre los 10 a 16 años, mi padre cada verano nos ponía el reto de leer el libro de Proverbios cada mes del verano. Lo hacíamos dos o tres veces en el verano. Así que crecí con este libro muy cerca de mi corazón. 

La sabiduría que no es algo que acumulamos como información, o como inteligencia, o como intelectualidad, sino más bien es la correcta aplicación del conocimiento. Entonces vemos en Proverbios 1:7 donde nos dice que el temor del Señor es el principio de la sabiduría, ese temor enfocado a una reverencia y dependencia del Señor que es la materia prima para poder ser sabio. 

Entonces, Susi, nos habla por 30 capítulos de cómo aplicar la sabiduría en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida, pero deja ese capítulo 31 con un enfoque a dos personas, yo diría. Porque nos enfocamos solamente en la mujer, pero realmente es como si estuviéramos volviendo a Génesis capítulo 1, donde el hombre y la mujer son el enfoque. Son el inicio; son lo que Dios creó a su imagen y semejanza, como el punto de partida. “Si me temen, si me reverencian, tendrán sabiduría. Si caminan conmigo tendrán sabiduría”. El capítulo 31 pienso que es el epítome de esos 30 capítulos.

Susi: Entonces nos está presentando un ejemplo, casi, de la persona que vive todo esto.

Alejandra: Sí. Yo diría que nos presenta un resumen de lo que ocurre en un hombre, de lo que ocurre en una mujer y de lo que ocurre en unos hijos y en una sociedad que aplica el temor al Señor, la reverencia al Señor, la dependencia del Señor como la base de la sabiduría, como el principio de la sabiduría. Nos deja una responsabilidad especial. Eso es lo que veo en ese enfoque en el capítulo 31. Aquí hay una responsabilidad de por vida en forma de un poema realmente.

Susi: Sí, es un poema. Cierto. En tu experiencia, ¿qué suele pasar cuando en particular las mujeres, pero todos, leemos este capítulo y surgen en nuestra mente inmediatamente expectativas de todo tipo en nuestra cabeza cuando leemos este capítulo? ¿Cuáles son algunas de esas expectativas, en tu experiencia?

Alejandra: Uy, las impresiones acerca de Proverbios 31 varían. Varían dependiendo cómo tú te sientas ese día, pero también varían y causan en nosotras algún tipo de reacción. Siempre causan alguna reacción. Ese capítulo o te inspira o te intimida. Y podemos responder con incredulidad: ¿será cierto que una persona puede ser tan productiva? O podemos responder de una manera como sentirnos inferiores. Esto puede exponer incluso nuestras inseguridades. Sentimos que el estándar está tan lejos de lo que es esa mujer virtuosa que yo prefiero ni alcanzarlo. Lo que yo no puedo alcanzar, es como que tiro la toalla y lo suelto, y vuelvo y me pregunto: ¿y será cierto que una mujer puede ser tan productiva?

A pesar de que este es un acróstico de una madre hacia un hijo, la Biblia la presenta como una mujer real. La Biblia la presenta como una mujer que tuvo un compromiso más allá de sus habilidades. Tenía un compromiso con Dios, y ese era el terreno en donde ella podía ser fructífera. Entonces, si lees Proverbios 31 de una, te vas a sentir un poquito asustada, intimidada y posiblemente hasta cierres la Biblia. Es la realidad. Yo me sentiría un poco intimidada.

Susi: Sí. Creo que parte de esa expectativa surge cuando lo leemos como si fuera—cómo lo digo—muchos versículos en Proverbios realmente nos están diciendo algo que hacer y no hacer, pero no todos. En general tenemos que recordar que Proverbios busca nuestro temor de Jehová. 

A veces leemos este capítulo y, como tú dices, sentimos condenación, o por lo menos las que son como yo, de que yo siempre tengo mis listas de quehaceres y un espíritu de: ¡mira, sí se puede! Yo podría leer este capítulo y decir: “Sólo me falta esto y esto para ser la mamá perfecta, o la esposa perfecta”. Entonces creo que si nos acercamos al Proverbios 31 pensando que nos está dando una lista de cosas que nos tienen que caracterizar para ser una mujer virtuosa, creo que hemos perdido el punto.

Alejandra: Estamos al revés. Estamos trayendo una pequeña línea de religiosidad a lo que es por gracia y no por obras. Estamos mostrando las obras: tengo que hacer todo esto para ser “la…”. No, es al revés. El hecho de que soy una mujer que teme al Señor, que ama al Señor, que tiene una relación íntima con Cristo—es como fruto. Es como el fruto del Espíritu. Como fruto, esto es lo que sale de mí luego de ser transformada y renovada por el poder de la sangre de Cristo. 

Entonces, puedo acercarme con mi lista, con mis post-its, y he visto muchos libros para mujeres, incluso escritos en esa intención. Tienes que ser; tienes que hacer; tienes que lograr. ¿Tú sabes qué pasa, Susi? Que no tan solo yo lo leo para mí, también lo leo para otras. Digo: “Uff, esa no está…aquella no está”. No tan solo pongo expectativas en mí, sino que también pongo expectativas en otras. Incluso me comparo con otras que están más adelante que yo tal vez en un área, o un poquito más atrás que yo en otra área. Leer la Palabra de Dios sin un entendimiento real puede causar efectos que no son los cuales Dios diseñó que nosotros leyéramos y fuéramos impactadas por su Palabra.

Susi: Quizás nos ayude recordar que este capítulo fue escrito, o es el récord, el registro, de las palabras de una madre. Yo creo que muchas veces olvidamos esto. 

Alejandra: ¡No fue una suegra que lo escribió!

Susi: ¡Tampoco fue un hombre! Un hombre no se inventó su perfil de mujer deseada. No fue así. Entonces, ¿cómo impacta nuestra lectura de este capítulo cuando entendemos que una madre le escribe a su hijo, que aparentemente iba a ser, o era, rey? Ella está describiendo a esta mujer virtuosa; ¿qué intención crees tú que ella tenía? ¿Cómo esto nos ayuda a leer mejor?

Alejandra: Yo pienso que primero nos da un abrazo de solidaridad, y nos dice: “Mira, esto yo no lo escribí para acusarte. Eso yo lo escribí como una madre comprometida con el amar a mi hijo y con advertir a mi hijo”. Recuerda que Proverbios 31 inicia con advertencias no de la mujer o a la mujer, sino a su hijo. Ella le habló de advertencias, primero acerca de su pureza sexual y la compañía, los amigos, con los que debía juntarse. Luego le habla del alcohol y los excesos que se pueden cometer cuando uno está bajo la influencia del alcohol. Luego le habla del poder y la prudencia y la compasión. 

A veces entramos a Proverbios 31 inmediatamente al versículo 10, sin ver el contexto del 1 al 9, donde ella le dice: “Hijo, ven acá. Mira. Vamos a comenzar por aquí. Lo primero es que tú como hombre (por eso decía al principio que es a los dos que nos habla), tú como hombre vigila estas cosas en tu vida, porque si eso gobierna tu vida, va a tener una consecuencia muy negativa en tu descendencia y en tu propia vida”. Inicia con el hombre. Eso es un mejor consejo. Eso es un buen consejo. Como madre, ella estaba atenta a los peligros que estaban alrededor de su hijo en la etapa de la vida en la que estaba su hijo. 

Yo creo que nos deja un ejemplo como madres de ser asertivas y tener discernimiento en cómo aconsejar a nuestros hijos varones específicamente. Mi hijo de 10 años, por ejemplo, cuando me lo siento en la pierna o cuando tengo un tiempo a solas con él, los consejos que le doy posiblemente no son los mismos a mi hijo de 18 años. Están en etapas diferentes. Como madre, debo tener ese amor y esa dedicación de poder aconsejarlos de acuerdo a la etapa de la vida en la que ellos están. 

Ella le habló de temas reales a su situación. Y ese niño que en algún momento tal vez ella aconsejó, creció para ser un rey. Porque mi frase favorita de uno de mis poemas favoritos que escribió William Ross Wallace dice que la mano que mece la cuna gobierna al mundo. A veces pensamos que este niñito de 10 años, de seis meses, se va a quedar siendo así. Este niñito creció y fue un rey. Su influencia fue sobre naciones. 

Esas madres de niños pequeños—no se van a quedar pequeños, mis hermanas. Van a crecer siendo hombres fieles al Señor. Es nuestra oración que sean. Entonces iniciar el proceso de ese compromiso de aconsejar a nuestros hijos. Yo pienso que como madres nos anima a que tomemos ese tiempo de aconsejar a nuestros hijos dependiendo la situación en la que se encuentran, y hacerlo de una manera bíblica, con amor y con compromiso de acompañamiento.

Susi: Es increíble pensar en la madre de un rey y de qué cosas se preocupaba ella por él. Pienso en después de la introducción, la parte que se dirigió a Lemuel, después le describe a una mujer virtuosa o hacendosa. Yo me pongo en el lugar de esta madre, y esto me ayuda a mí como una esposa, una madre que quiere agradar a Dios. Yo puedo leer esto—ella no le está dando a su hijo una lista de cualidades que tiene que buscar en sí. Ella le está diciendo: “Mira, necesitas buscar a una mujer, no de las que encuentras cuando te vas a tomar vino con tus amigos, sino la que está activamente buscando el bien de otros, la que teme a Jehová”. Esa es la idea de esta madre. 

Porque yo me pongo en su lugar. Yo tengo hijos adultos, y yo pienso, esto a mí me ayuda a leerlo pensando, ¿a mí me caracteriza las cualidades internas que esta mujer evidentemente tiene? Y eso quita la carga con la que muchos leemos este capítulo, y me hace pensar en si yo pudiera haber sido candidata, no por cuántos negocios propios tienes, porque eso realmente no es el punto. Su punto lo llega a expresar claramente cerca del final: es esta mujer que teme a Jehová, y como resultado se ve cómo ella pasa todo su tiempo invirtiendo en el bienestar de otros. Eso a mí me impacta, poder pensar. Yo debería de evaluarme.

Alejandra: Sí, la verdad es que la mujer virtuosa—esa palabra tan larga sí me intimida. No te puedo ser deshonesta en este momento. Sí, me intimida, pero de verdad, Susi, estudiando a profundidad este capítulo, he encontrado que esa palabra específicamente, virtuosa en hebreo, es la palabra chayil, que denota fuerza y destreza. Entonces imagínate que dijera “mujer fuerte, mujer guerrera, mujer con destrezas, ¿quién la hallará?” Esa misma referencia la encontramos cuando Booz le dijo a Rut en Rut 3:11, le hace referencia y le dice que “tú eres este tipo de mujer. Tú eres una mujer virtuosa”.

Susi: “Todos saben que eres una mujer virtuosa”.

Alejandra: Claro, todos saben que tú eres una mujer chayil. Tú tienes el valor de una guerrera. Y no es una guerrera que controla, que lastima, sino que es una mujer cuya fortaleza está sometida a un general, cuya fortaleza está sometida al Señor, cuya vida está sometida al Señor. Por eso es difícil encontrarla, porque si somos honestas, nos es difícil pensar que somos llamadas guerreras, pero guerreras con una fortaleza domada por el Señor, sometida al Señor. 

Me da mucho ánimo leer Proverbios 31 con esta perspectiva, pensando en ver la feminidad como Dios la ve. Dios no nos ve como mujeres débiles, como mujeres sin talento, como mujeres sin habilidades, sino que presenta la feminidad y la maternidad como una línea de batalla con las fuerzas de las tinieblas. El Señor nos ve y ve a las mujeres que muestran una feminidad bíblica y asumen la virtud como un llamado del Señor, nos ve como heroínas. Nos ve como heroínas en los lugares centrales de batalla. 

Pensar en que esta mujer virtuosa es una mujer chayil…tú eres una mujer chayil, Susi. Yo soy llamada a ser una mujer chayil también. Las hermanas que nos escuchan son llamadas a ser esa mujer. Este capítulo es más que una lista de cosas que hacer o ser; es una invitación a mirar el transcurso de vida de esta mujer en diferentes escenarios, y ese es el tipo de mujer a la cual tú le debes poner atención. Yo como mujer que lo leo, al leerlo soy invitada por el Señor y su Palabra a unirme a él y decir: “Pero si el Señor me ve como una mujer chayil a través de Jesucristo, ese es mi lugar. Ese es el lugar en donde debo estar”. Es una invitación que el Señor me hace a vivir toda mi vida como una mujer virtuosa.

Susi: Amén. Qué lindo. Pensamos en cómo este rey, su mamá le está diciendo: “Tú no necesitas una esposa que esté allá haciendo discursos y las cosas que las reinas hacen”. 

Alejandra: “Que sea tu competencia, que sea tu igual…”

Susi: Ella le describe a una mujer como si fuera común, en el sentido de que tiene a su familia, que trabaja con las manos. Todo eso. Piensa en los pobres. Esto es la mujer—esto debe ser la mujer típica. Todas nuestras iglesias deben estar llenas de esta mujer, no por las cosas específicas, de que si tiene un negocio o si tiene un jardín o todo eso, sino por la invitación que tú dices: estamos respondiendo a un llamado, a una invitación a ser este tipo de mujer y de madre en particular. Y no sé, Ale, si hay algo específico en este capítulo, alguna lección que tú nos compartas y digas: “Mira, cuando este capítulo dice esto, a mí me ha ayudado o ha servido como una lección para mí en mi maternidad”.

Alejandra: Yo creo hay tres cosas específicas que a mí me hablan directamente.En los primeros versículos, sobre todo en el versículo 10, cuando habla de la mujer virtuosa, la mujer hacendosa, comienzo a pensar si yo sé quién yo soy. Este título de “mujer virtuosa” fue un título que el Señor utilizó el poema de esta mujer, pero fue inspirado por el Espíritu Santo para que estuviera en la Palabra de Dios. Y digo: “Guau, el Señor ve en mí como mujer el potencial de una mujer que tiene una identidad dada por Cristo, que puede transmitir virtud por la obra de Cristo en mí, por lo que el Espíritu Santo está haciendo dentro de mí”. 

Me reta a pensar, número uno, si yo conozco mi identidad en Cristo. ¿Dónde estoy yo buscando mi identidad? Porque mira como la compara y dice: “Mira, ni las joyas preciosas la superan”. A veces pensamos que la manera en la que nos vemos, la manera en la que luce nuestra casa, si vivimos en un residencial de personas adineradas o en un lugar más humilde, si me pongo tal ropa, si mis hijos van a tal o cual colegio, todo eso es lo que adorna mi identidad. Y no es así. Lo que dice qué yo soy es Cristo. Cristo es quien ha dicho quien yo soy y el valor a mi vida lo da él. El mundo no es quien impacta o informa mi identidad. Es Cristo quien me ha dado identidad. Entonces lo primero que me reta es a pensar si yo sé quién soy, y soy una mujer virtuosa—tengo la oportunidad de ser una mujer virtuosa—por lo que Cristo ha hecho en mí. 

Lo segundo es que me hace activamente pensar, Susi, si yo estoy sirviendo con amor en los lugares de influencia que el Señor me ha dado. Fíjate que en el versículo 11 inicia con su marido. Hermanas, hay maridos que no son fáciles de amar. Yo lo sé. Hay relaciones más fáciles que otras, pero tengo que meditar y pensar si estoy activamente sirviendo con amor. Y si no tienes marido, pues nos vamos a los siervos que tengan, o tu lugar de trabajo. Y si tienes marido o hijos, pues vámonos a los hijos y a quienes el Señor ha puesto alrededor de ti. Y si no tienes ni marido, ni hijos, ni trabajo, tienes vecinos. Eso te lo puedo asegurar. ¿Cómo estoy no tan solo sirviendo, sino sirviendo con amor, sabiendo que lo que yo hago tiene un legado eterno? 

Lo tercero es que me insta mucho a preguntarme si como mujer cristiana estoy construyendo de arriba para abajo o de abajo para arriba, si lo que estoy haciendo es mucha productividad, muchas actividades: lo hice, lo hice, lo hice, pero lo que está abajo es un deseo de autopromocionarme o un deseo de vanagloriarme, y no, como termina el libro de Proverbios en el capítulo 31, en el temor al Señor. No dice la mujer que haga todo esto es. La mujer que haga todas estas cuarenta cosas es. No. Dice que muchas han obrado con nobleza, pero esta la supera a todas. Dice que aún la gracia es engañosa, y que la belleza es vana. Entonces en el versículo 30 nos dice: “Pero la mujer que teme al Señor”.

Me reta a pensar: Alejandra, ¿estás caminando en una manera que muestra que tienes un Señor, y que al Señor sirves? Y como al Señor sirves, este marido que es un poco difícil, vas a buscar la manera de amarlo. Estos hijos que no son tan santos y tan buenos como yo esperaba, voy a buscar la manera de amarlos. Este vecino, estas cosas, Señor, que tú has puesto en mis manos, o esta carga, porque a veces la maternidad y la feminidad se sienten como una carga. La mujer que se rinde al Señor, la mujer que reverencia al Señor, la mujer que tiene al Señor como primer lugar, ésta será alabada.

Y conecto con Isaías 40:29 que dice que “él da fuerzas al fatigado, y al que no tiene fuerzas aumenta su vigor”. Colosenses 1:11 nos dice que “seamos fortalecidos con todo poder en el Señor”. Y 1 Pedro 4:11 nos dice: “El que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén”. Proverbios 31 es una invitación a rendirnos al Señor, a dejar que él haga su obra en nosotras y a tener un despertar, yo diría, Susi, como mujeres: ¡guau! El Señor me invita a que él sea mi fortaleza cuando yo me rindo a él.

Susi: Amén. Qué bonito. Me gusta mucho lo que dijiste de examinarnos: ¿cómo está construida nuestra vida? Porque solo porque venga al final del capítulo la parte de “la mujer que teme al Señor, ella será alabada,” no significa que es como la cerecita que se pone arriba del helado. Creo que lo que esta mamá le está diciendo a su hijo, en el caso de la autora o el autor original, está diciendo: “Lo que quieres es una mujer, una esposa, que toda su vida está construida sobre el temor de Jehová”.

Alejandra: Y todo lo demás se hace pequeño.

Susi: Exacto. Entonces, todo lo que ella pone en este poema, porque como tú bien dijiste, es una poesía, es una manera de explayar poéticamente cómo se ve cuando alguien vive así. Así que yo creo que para las mamás es súper importante lo que estás diciendo, que aquí lo que importa es tu identidad, primero que tú te veas como esta hija de Dios a quien él llama a caminar en su temor. Y eso es reverencia. Como hablamos mucho en Crianza Reverente, esta es la reverencia. Las madres tenemos que construir nuestras vidas sobre una reverencia personal. Yo no lo hago para que me alaben. Yo no lo hago para que mis hijos y mi esposo se levanten el día de las madres y me alaben. Qué lindo si es así, pero que yo esté viviendo de una forma que tanto refleja el temor de Jehová, que eso es el resultado natural.

Alejandra: Que es de lo que estoy llena. Estoy llena de Cristo. Estoy llena del Señor. Estoy llena del fruto del Espíritu Santo. En cada etapa de hacer de mi vida, eso se va a reflejar y voy constantemente a analizar de la siguiente manera, Susi, y quiero dejar a las hermanas con esto. Cuando leamos Proverbios 31, ¿qué tal si lo convertimos en una oración? Señor, ayúdame a ser una mujer hacendosa, una mujer que ame a su marido, que el corazón de su marido confíe en ella. ¿Qué tal si lo hacemos una oración al Señor, un clamor mío al Señor para que él obre eso en mí en vez de un listado de comparación con mi vida o con la vida de las demás? Eso va como resultado a que al final del capítulo yo me rinda, Susi, y yo diga: “Señor lo que yo tengo que hacer es tenerte. Lo que yo tengo que hacer es entregar mi vida a ti, y tú te vas a encargar de producir el fruto en mí”.

Susi: Qué lindo sería, que todas las mamás que estamos escuchando, las mujeres, pudiéramos orar así a nuestro Señor. Igual los esposos, que puedan orar por sus esposas así. Quizás hay un esposo que está escuchando y dices: “Mi esposa no es buena madre”. O: “Mi esposa no hace lo que debe”. Bueno, quizás puedes orar por ella, que tema a Jehová. Que ella no enfoque en la belleza física, sino que se enfoque en temer a Jehová. Que ella vigile la marcha de su casa. Que ella pueda abrir su boca con sabiduría. Que fuerza y dignidad sean su vestidura. Todo esto. Está genial.

Alejandra: Amén. Cambia el cambia el contexto en nuestra mente y se vuelve un clamor. Yo creo que eso es lo que necesitamos hacer por nosotras mismas, por otras, por las futuras generaciones. “Señor, envía a mi hijo una mujer que sea virtuosa, que te tema”. Se convierte más en una oración que en una lista de requisitos. Cuán bello es el Señor, Susi, que hasta ahí nos la pone fácil, diría yo, y nos invita y nos dice: “Mira, por la obra de Cristo esto puede ocurrir en tu vida, no importando tu pasado, no importando la culpa que puedas sentir. Hoy puede ser el día en que a través de Jesucristo tú puedas convertirte en una mujer virtuosa”. Y eso puede ocurrir todos los días, porque nuevas son las misericordias del Señor cada mañana. Más que Proverbios 31 ser un peso que jamás podremos alcanzar, Proverbios 31 es una invitación a reavivar nuestro compromiso de mujeres virtuosas con Cristo.

Susi: Amén. Gracias, Alejandra, por esas palabras, por prepararte para compartir esto con nosotras. Yo creo que ha sido de mucha ayuda.

Alejandra: Yo feliz de estar aquí. Cuando el Señor nos habla a través de su Palabra es algo muy especial.

Susi: Amén. Así hemos deseado que sea esta serie sobre Proverbios: que podamos tomar el libro de Proverbios, no como una lista de reglas, una lista de cosas que nuestros hijos deben y no deben hacer, sino como esa fuente de sabiduría, porque está todo basado en caminar en el temor de Jehová. Y eso es lo que deseamos para nuestras familias. 

Gracias por acompañarnos una vez más. Todavía falta un poquito de esta serie, así que no te vayas. Quédate con nosotros para terminar esta temporada de Proverbios para familias sabias. Adiós.

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Autores

  • Susi Bixby

    Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de tres adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México.

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  • Es una pecadora que está siendo transformada por Cristo y Su Palabra. Fue atrapada en la montaña rusa del matrimonio y la maternidad, re-definiendo el mandato de tomar su cruz y seguir a Cristo. Comprometida con discipular y aprender a deleitarse en Dios junto a otras hermanas, con la ayuda del Espíritu Santo está mostrando que ser cuidadosa de su marido, casa e hijos es un regalo glorioso de Dios. Esposa de su amado David Slemin y madre de 4 niños, juntos colaboran en la plantación de una iglesia en la ciudad donde viven en Canada. Alejandra ama la lectura, caminar en la montaña y servir en su comunidad.

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