La podemos llamar “blanca” o “piadosa”, pero sigue siendo una mentira. Podemos minimizar el engaño o justificar una doble vida, pensando que nuestra cultura no nos deja otra opción. Pero el libro de la sabiduría, escrito por el hombre más sabio del mundo, nos pinta un cuadro totalmente diferente. La integridad y la honestidad son clave en la vida cristiana y en la crianza. ¡Conversemos sobre un tema que solemos evadir!
Transcripción:
Susi: Los padres solemos minimizar el impacto de ciertas cosas sobre nuestros hijos. Pensamos: mi hijo no se da cuenta, o: seguramente no le va a afectar. Los niños son resilientes y flexibles. Pues esto es así hasta cierto grado, o con relación a ciertas cosas quizás, pero de todas las cosas que yo he visto minimizado por padres cristianos, hay una que destaca: la mentira. La falsedad o la falta de integridad. Por alguna razón pensamos que no es gran cosa. Pero el libro de Proverbios tiene algo que decirnos sobre esto. Para hablar sobre este tema estoy agradecida por tener un invitado nuevo al podcast de Crianza Reverente, Leo Mayer. ¿Así dices tu apellido, Leo? “Mayer”.
Leo: Bueno, sí, los gringos lo dicen así aquí en Dominicana.
Susi: ¡Yo soy gringa!
Leo: Leo Mayer.
Susi: Mayer. Ok, muy bien, Leo. Leo se conecta desde la República Dominicana. Gracias, Leo, por estar aquí. Bienvenido al podcast de Crianza Reverente.
Leo: Claro, gracias a ti, Susi, por la invitación. Es un honor. Es una bendición, la verdad, para mí poder estar en tu espacio, estar en el espacio de ustedes y contribuir de alguna manera a poder abordar este tema tan práctico en el día a día, que de hecho muchas veces es obviado en medio de nuestra labor de crianza.
Susi: Así es. Me imagino como padre y pastor has visto esta necesidad. Cuéntanos un poquito de tu ministerio, tu familia, para conocerte.
Leo: Sí, así es. He visto esas cosas, y las he visto en mi propia familia y la iglesia. Así que, bueno, nosotros tenemos el privilegio de haber sido llamados por el Señor para plantar una iglesia en la ciudad de Santiago de los Caballeros, aquí en la República Dominicana. Fuimos parte—de alguna manera todavía somos parte de la Iglesia Bautista Internacional, la IBI. Por la gracia del Señor la iglesia nos envió a plantar esta otra iglesia.
Tenemos un año y pico viviendo en esta ciudad. Mi esposa nació allá. El Señor hizo maravilla, yo diría, para dirigirnos hacia ahí mientras estuvimos en el seminario en los Estados Unidos durante unos años. Vimos la mano del Señor clarificando estas cosas. Así que hemos estado sirviendo a una comunidad allá, creciente. Dios ha sido fiel, y aprendiendo un día a la vez a amar a Dios todavía más y amar a la gente a que él nos envía.
Susi: Tu esposa es Masi, y tienes dos hijos, ¿verdad?
Leo: Así es. Tenemos a Mia; tiene casi 12 años, y a Zac, que de hecho esta semana cumple 8 años, así que hemos sido bendecidos con ellos.
Susi: Amén. Como yo te decía cuando estábamos hablando hace rato, esas edades son geniales: todavía moldeables, enseñables, divertidas. Así que, que disfrutes mucho esta etapa.
Gracias por aceptar estar aquí. Estamos en medio de una serie sobre Proverbios, y hemos hablado mucho de buscar la sabiduría. Obviamente el libro de Proverbios es sobre la búsqueda de la sabiduría, y este tema de la mentira, la falsedad, la integridad, ¿cuánto peso dirías tú que el autor de Proverbios da a este tema? ¿Y por qué crees que sería así en un libro que es sobre la sabiduría?
Leo: Yo creo que es una pregunta clave para iniciar una conversación con este tema, absolutamente, y es sorprendente en realidad, porque el autor—o yo diría, podríamos decir los autores—de Proverbios le ponen a la verdad, y, por otro lado, a la falsedad, a ambos tópicos, una importancia muy superior a la que típicamente se le da en nuestros días. Pudiéramos andar por todo el libro de Proverbios. Yo sé que tendríamos que ser más precisos para poder seguir expandiéndonos.
Pero si tú me permites, por ejemplo, la verdad cuando te introduces en el libro de Proverbios y empiezas a notar el tema particularmente de la verdad, lo puedes observar bajo distintos tópicos de diferentes ángulos. Yo pudiera darte algunos ejemplos que tú encuentras en Proverbios. Por ejemplo, el tema del valor y el mandamiento de buscar la verdad. Tú encuentras pasajes como el famoso pasaje del capítulo 23:23 también, que dice: “Compra la verdad, y no la vendas; adquiere sabiduría, disciplina e inteligencia,” algo que al principio de Proverbios también el autor lo menciona.
Tú encuentras también otro ángulo sobre la verdad como deleite de Dios, y a su vez, el rechazo de la mentira; la verdad como un valor que debe permanecer en el tiempo, y se contrasta, de hecho, con la mentira, que es algo que es pasajera; y la verdad en cuanto aún al campo de la justicia, o inclusive el testimonio que nosotros damos unos a otros—hay varios pasajes que tú puedes observar alrededor de ese. Así que, si te fijas en el tema de la verdad, hay un gran peso.
Por el otro lado, la falsedad misma y la mentira. Proverbios, y tú sabes que es la particularidad de Proverbios, que es sumamente práctico. Es una invitación a la reflexión, una invitación a pensar alrededor de los temas que él está trayendo. Porque como tú introducías, tiene que ver con la sabiduría, y la sabiduría no es otra cosa que la sabiduría bíblica. No es otra cosa que nosotros aprender a vivir en términos prácticos la fe que hemos profesado de una manera que honre a Cristo, de una manera que sea coherente con el evangelio.
No solo la verdad tiene mucho peso más allá de lo que nosotros a veces deberíamos o quisiéramos admitir, pero también la falsedad. Te voy a dar rápidamente unas pinceladas. Proverbios habla de la falsedad o de la mentira, catalogándola como un delito grave delante de Dios. Es una de las cosas de mayor peso aquí, y yo sé que de seguro vamos a regresar ahí más adelante, pero Proverbios 6 habla de la mentira como una causa de abominación divina. Es decir, es como que le da una nausea; es una impresión que causa en Dios la mentira. Tiene ese sentido.
También Proverbios habla de consecuencias e injusticia aún en medio de la comunidad, en donde nosotros vivimos. Yo pudiera decir en ese sentido, la mentira pervierte el testimonio y la justicia. Daña. Corrompe. Si pudiéramos buscar otro testimonio, la mentira destruye y aplasta al prójimo. No hay duda de que la mentira arruina las relaciones personales. Proverbios habla de eso en varios pasajes. Degrada el carácter; de alguna manera afecta o degrada la autoridad misma. La mentira no es coherente, o es incompatible con el liderazgo, cualquier liderazgo que sea—en la casa, en la política, en la familia, en la iglesia. Proverbios 19:22, sorprendentemente para mí, dice que es peor que la pobreza.
En resumen, Susi, no hay duda de que el libro de Proverbios le da un gran peso tanto a la verdad como a la falsedad. Lo hace porque depende de a qué yo incline mi vida, de a qué nosotros inclinemos nuestra vida—es decir, a la verdad o a la falsedad—nosotros vamos a ver una vida fructífera o no. Claro, aquí hablamos de una vida fructífera según Dios. Entonces no hay duda de que, en resumen, hay una gran importancia a ambos tópicos que Proverbios provee.
Susi: Si, me encanta cómo nos has ayudado a pintar un poco el cuadro que el autor de Proverbios—los autores, como dices—nos pinta, porque dijiste eso de como si le diera náusea a Dios. Yo creo que ese tipo de imagen que los autores en los libros de poesía en particular nos dan, es para que sintamos ese peso. Pienso que, en las culturas especialmente de Latinoamérica, no compartimos este sentir con Dios muchas veces. No valoramos lo que él valora en la verdad. No queremos aceptar la náusea que le da, el asco que le puede dar, cuánto es en contra de su carácter la mentira, la falta de integridad. Yo creo que esto es. Me encanta como has abierto aquí el tema para que no solamente con nuestras mentes aceptemos: “Ok, está bien. Proverbios dice no hay que mentir,” pero que esto es algo que para Dios tiene mucho peso.
Habiendo estudiado todo esto tú en el libro de Proverbios, ¿hay como dos o tres lecciones principales que Proverbios tiene para los padres y los hijos en cuanto a este tema que los padres incluso pudieran aplicar también en su hogar?
Leo: Sí, yo creo que sí. De alguna manera es un reto poder resumir tantas lecciones que el libro de Proverbios provee, pero no hay duda de que hay varias de ellas que se destacan. Y es la razón por la que deberíamos prestar atención. Yo introduciría la respuesta afirmando que la sabiduría abarca la integridad. Eso es mi manera de introducir esta respuesta. Tú sabes ya, y decíamos ahorita, como parte también de esta respuesta, Susi, la sabiduría no es solo conocimiento intelectual. Tampoco es una astucia mental, como ser sagaz. Es más bien la capacidad práctica y moral de vivir en sintonía con la verdad de Dios que nosotros conocemos como la Palabra.
Así que no se puede ser sabio sin ser íntegro. Ese es mi punto aquí. Y en este sentido yo recordaba Proverbios 2:6–8, que dice: “Porque el Señor da la sabiduría, y de su boca proceden el conocimiento y la inteligencia. Él reserva la ayuda para los rectos”. Ese es el íntegro, o los íntegros, “y es escudo para los que caminan en integridad”. Ahora, para ir al punto de la pregunta, una característica de la integridad es la veracidad. Nosotros sabemos; creo que deberíamos admitir que no hay integridad si no decimos la verdad. Porque ser íntegro es eso; es ser completo. Es no tener grietas.
Y eso implica que la sinceridad es un botón, por un lado, o un pin de solapa. No sé cómo le llamarán en México, pero de estos pines que uno usa aquí en las chaquetas, de identificación—“solapero”, algunos sitios le llaman, pero el punto es que la sinceridad es un botón o un pin de solapa, un solapero de la integridad. Así que yo creo que, en primer lugar, Susi, esta es la primera lección que yo pienso que podemos extraer y que Proverbios destaca. Tiene que ver, relacionado a los padres, e inclusive padres e hijos acerca de la integridad, ambos, es decir, los padres, por un lado, y los hijos, deben abrazar la verdad como un principio de vida.
Nosotros vivimos en una época en donde eso no es un valor. Lo que yo quiero decir es que cuando expreso “abrazar la verdad”, me refiero a tener la verdad como un pensamiento dominante o influyente, no simplemente como una opinión, pero como un filtro, como el guía, o la guía—no sé cómo dirán ustedes—pero el timón del vehículo. Entonces, en la relación entre padres e hijos, ser veraces es clave para construir confianza. Imagínate qué pasa a lo contrario. Si la relación entre ellos se basa en mentiras, cada uno va a vivir con sospechas, con dudas. Nosotros sabemos que es imposible mantener una relación familiar sana con esas características, con sospecha, con duda. Así que, en primer lugar, yo creo que esta es la primera lección: tenemos que determinar abrazar la verdad.
Otra cosa que pudiéramos pensar, hablando de otro principio fundamental que Proverbios enseña sobre la integridad y que aplica tanto a padres como a hijos, tiene que ver con la honestidad. Aquí naturalmente yo tengo que decir algunas cosas. Mientras el compromiso que yo hago con mi familia, de padre a hijos, de hijos a padres, mientras el compromiso que yo hago de decir la verdad en este entorno familiar, obviamente eso me prepara para mis interacciones con los demás integrantes, como yo decía ahorita. Pero, por otro lado, la honestidad me consolida como una persona íntegra en todos los ámbitos de mi vida. Y yo creo que eso, lo que hace es que garantiza que esa verdad que ya yo he abrazado no sea una regla de palabras solamente, sino una forma de ser en mis acciones, en mis intenciones, en mis decisiones.
Decir la verdad es un requisito indispensable para la honestidad. Estamos muy claros, pero la realidad es que no basta por sí solo. La honestidad requiere la verdad en los hechos. Sumado a eso está la transparencia en la intención y la coherencia de los actos. Entonces, la honestidad, quizás para establecer alguna diferencia, porque yo no quiero que se vaya a confundir una cosa con la otra, aunque está muy relacionada: la honestidad proviene de ser honesto; es decir, de ser honrado, de ser decente.
Yo digo que se encuentra unida a la veracidad; de eso no hay duda. Y cuando Proverbios habla de honestidad, se refiere al valor y a la protección de la integridad. Si tú me permites, yo puedo citar algunos versículos del mismo Proverbios para afirmar esto. Por ejemplo, en el capítulo 10:9 dice que “las personas íntegras caminan seguras, pero las que toman caminos torcidos serán descubiertas”. En 11:3 el autor dice: “La honestidad guía a la gente buena; la deshonestidad destruye a los traicioneros”. En 28:6 el proverbista dice: “Es mejor ser pobre y honesto que ser rico y deshonesto”. Y en el 18 del mismo capítulo dice: “El que es honrado será rescatado, pero el que es perverso será destruido de repente”.
Entonces, como tú puedes notar, Susi, Proverbios contrasta constantemente la honestidad con el engaño. Y el mensaje central es que, aunque la trampa o la mentira parezca ofrecer ventajas a corto plazo, es la integridad la única que garantiza la verdadera seguridad, la verdadera paz, y yo agregaría el favor de Dios a largo plazo, el favor divino. La interacción de los padres a los hijos y de los hijos a los padres tiene que caracterizarse por la honestidad. Lo reconozco: a veces la honestidad se siente más que lo que se expresa, porque se trata de ser honrado.
Así que todo aquello que pueda hacer sentir honrados a los hijos o sentir honrados a los padres, yo me comprometo a hacerlo. Porque, como dije anteriormente, por un lado, he abrazado la verdad como un principio de vida; ahora abrazo la honestidad como un principio de vida. En resumen, antes de pasar a la última lección, eso es ser honesto. Y eso debe ser un rasgo que nos distinga, sobre todo como creyente.
Hay una tercera lección principal que yo agregaría, y yo la expreso de esta forma: el mejor beneficio de la relación padres e hijos es la vida íntegra que ellos lleven. Déjame explicar un poquito eso, porque yo sé que la pregunta está relacionada a la integridad, pero déjame expandir un poco aquí. Cuando los padres viven de una forma íntegra, ellos abrazan la veracidad como un valor no negociable, como decíamos ahorita, lo que ellos están haciendo es ofreciendo o supliendo o proporcionando la mejor protección y herencia para sus hijos. Ese es el primer aspecto aquí que yo creo que es relevante.
Lo que estoy tratando de decir, Susy, es que la mejor manera de educar no es solo mediante reglas y palabras, que es la tendencia nuestra como latinoamericano, pero a través del ejemplo diario. Nosotros sabemos que un estilo de vida que modele, que sea un patrón de la integridad, crea un ambiente (emocional inclusive) seguro y moral, inclusive para los hijos. Mira lo que dice el proverbista, por ejemplo, en el capítulo 20:7: “El justo camina en su integridad”. Y mira la segunda parte, que es donde está el punto importante: “Bienaventurados son sus hijos después de él”. ¿Por qué? Porque él es íntegro. Él deja el legado de la integridad. Eso es lo primero.
Lo segundo es que cuando los hijos se comprometen a ser humildes y a obedecer a sus padres—este es el segundo aspecto para corresponder a mi tercera lección relacionada a la integridad. Aquí cuando yo hablo de obedecer a los padres, me refiero a escuchar, a que el hijo escucha con docilidad, con disposición de atender a sus recomendaciones y someterse a sus reglas. Esas cosas revelan, yo digo, mediante esa sumisión, la verdad de la integridad.
Por eso tú encuentras al principio, en Proverbios 1:8 y 9, el autor dice: “Oye, hijo mío, este es el consejo”. Acuérdate que Proverbios, como sabemos, es un papá escribiendo a un hijo. Y eso es parte de lo hermoso de Proverbios. No podemos desconectar lo que analicemos de Proverbios de este contexto. Es un papá instruyendo, entrenando, interesado en que sus hijos, o en este caso, su hijo, pueda crecer en madurez, rechazar la insensatez, rechazar la simpleza, abrazar la sabiduría para su propio beneficio y para la gloria de Dios.
Entonces él dice en estos versos (8 y 9 del capítulo 1): “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la enseñanza de tu madre”. Aquí viene la expresión poética: “Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello”. Hay un adorno que da la sabiduría al ser humano, y aquí estamos atando esto a la humildad. ¿Por qué? Porque cuando yo obedezco de corazón, como debo hacer, estoy evidenciando humildad. El humilde es una persona que es enseñable, como sabemos.
Hay un montón de otras cosas que yo puedo agregar, pero en conclusión, Susi, una madre o un padre que es íntegro maneja su relación con sus hijos basado en la veracidad, basado en la honestidad y comprometidos con la integridad. Yo creo que de esa manera podría resumir estos principios esenciales que se destacan en el libro de Proverbios y que se relacionan o podemos aplicar en la crianza.
Susi: Sí, excelente, porque yo creo que justo como dije en la introducción, muchos padres no entendemos la importancia de esto. En cierto sentido, todo descansa sobre esto, porque yo puedo enseñar a mis hijos todo el día la Palabra, pero si en mi vida no ven la congruencia de que yo viva lo que yo digo, no va a tener un impacto. Pensemos un momento en algunas de estas lecciones que mencionaste, y cómo es que comúnmente fallamos en ser íntegros delante de nuestros hijos. Porque yo pensaba mientras tú hablabas, que a veces escuchamos la verdad y pensamos solamente en la Biblia. Entonces hay padres que creen que “bueno, si yo le enseño la Biblia y lo llevo a la iglesia, está recibiendo la verdad”. Pero la verdad es un concepto muchísimo más amplio en Proverbios.
En Proverbios, cuando dice verdad, no solamente se está refiriendo a la verdad de la Palabra; se está refiriendo a decir la verdad. Yo voy a mencionar uno: yo veo a padres con hijos muy pequeños mintiéndoles, diciéndoles amenazas de lo que van a hacer si no obedecen, o si no se callan, o si no se suben al carro…lo que tú quieras. Y no tienen ninguna intención de cumplir con lo que les están diciendo. Les están tratando de manipular. Eso lo hacen desde muy pequeños. Y esto establece un ambiente en la casa de falta de integridad. El niño no sabe si puede creer o no lo que el padre dice. Ese es un ejemplo que yo he visto comúnmente, pero ¿de qué otras maneras los padres fallamos en ser íntegros?
Leo: Sí, la verdad es que hay muchas. Yo te escucho y estoy pensando en tantas cosas. Otro ejemplo práctico es cuando irrespetamos a nuestro cónyuge. Cuando yo le hablo, si le hablo de manera irrespetuosa a mi esposa, con improperios, con falta de respeto en sentido general, es una manera de faltar a la integridad. Es una manera de reflejar una incoherencia en mis palabras.
También cuando criticamos a otros. A veces estamos con la familia comiendo y demás, y estamos comentando algo de manera inapropiada de una persona, y agregando detalles que no tienen nada que ver con la persona. Es una crítica a su carácter, que estamos ofreciendo o hablando, trayendo informaciones sobre ella, que no vamos a hacer nada con ella, que no tenemos interés de ayudarla. Todo eso primero es falta de integridad, y segundo, naturalmente va a tener un impacto negativo a nuestros hijos.
Pero no solo eso, Susi, también cuando nos airamos de manera desmedida. El latino es, en ocasiones (bueno, lo he visto en algunos países)…en Dominicana es común verlo en la sociedad. Los padres se enojan de una manera desmedida, exagerada, a veces por el tránsito, a veces por la línea (no sé cómo dicen ustedes), la fila o la línea en el supermercado, a causa de la impaciencia. Todo eso es un mal ejemplo. Es falta de integridad. O yo mencioné lo de los improperios, cuando un esposo o cuando un cónyuge se dirige al otro, pero también cuando habla de manera natural, a veces en un espacio de informalidad, con sandeces (no sé cómo llaman ustedes, pero palabras inapropiadas).
Yo creo que también cuando no pedimos perdón luego de pecar u ofender. Yo te puedo decir, si me permites ser honesto, las veces que yo no le he hablado de manera apropiada a mi esposa en frente de mis hijos, el Espíritu Santo me ha reprendido, y yo he tenido que pedirle perdón a ella, pero también a mis hijos. En ocasiones me ha pasado, me llegó a pasar. Claro, no es una práctica, gracias a Dios, pero si somos honestos, yo creo que muchos de nosotros, los hombres, lo hemos hecho, a veces sin darnos cuenta. Pero pecamos, sin maquillar las cosas. Lo que he hecho después que el Espíritu Santo me hace entender (si no es algo muy claro), le pido perdón a ella, pero luego en la noche, cuando vamos a orar, vamos a acostar, que me reencuentro con mis hijos, yo les digo: “Miren. Yo quiero pedirles perdón, porque quizá mi manera de expresarle a su mamá no fue la mejor forma. No es coherente con el evangelio”.
Claro, hay otras batallas que los hombres tenemos, que aún las mujeres tienen, con el orgullo y todo lo demás, que están detrás de todas estas cosas, pero el enfoque nuestro aquí es la incoherencia y la integridad. Yo creo que es íntegro el poder pedir perdón. No hay duda de eso. Y yo agregaría una sola cosa al final, quizás. Yo sé que no es lo único, pero cuando somos orgullosos, Susi—y yo sé que es sutil esta forma de ser incoherente con la integridad que yo estoy expresando. Cuando somos orgullosos eso es sutil, pero se transmite. Por ejemplo, en conversaciones informales: constantemente si yo quiero llamar la atención y siempre estoy hablando de mis logros y títulos y cosas que yo he logrado de una forma arrogante, eso de alguna manera se transmite. En resumen, al final del día, es incoherencia. Es falta de integridad. Yo pudiera mencionar algunas de esas cosas.
Susi: Sí, estoy de acuerdo. Nuestros hijos están viendo nuestra vida, y están escuchando, Dios mediante, la instrucción de la Palabra en la iglesia, en la casa, y cuando hay incongruencia entre lo que están escuchando y lo que sus padres viven, siempre debe haber una petición de perdón, una aceptación pública delante de nuestros hijos, que eso no fue congruente. No debemos buscar que ellos nos vean como perfectos, obviamente, pero que ellos sepan que cuando hay una incongruencia, el problema soy yo, y yo pido perdón. Yo confieso. Yo me arrepiento.
Es increíble lo poderoso que es esa práctica para los hijos, aprender qué significa ser un hijo de Dios. Buscar la sabiduría no es ser perfecto; es buscarlo y luego arrepentirme cuando no lo vivo. Excelente. Creo que nos has presentado un cuadro muy completo, y creo que hay algunas prácticas que los padres tendríamos que examinar. Es muy común, por ejemplo—tenemos que ser a lo mejor breve aquí—pero es muy común en México que los padres les pidan mentir a sus hijos. ¿Hay otras prácticas donde estamos casi animando a nuestros hijos a ser mentirosos? No sé si esto es algo que sucede también donde tú vives, pero ¿qué deberíamos de pensar en estas situaciones?
Leo: Bueno, si tú me permites brevemente introducir con una anécdota o ilustración aquí popular en Dominicana, es que esta persona llama a la casa de una familia. El niño toma la llamada, en ese tiempo cuando había teléfonos y no celulares, y alguien del otro lado dice: “Pásame a tu papá”, y él va donde su papá y le dice: “Mira, te está llamando fulano de tal”. Y el papá le dice: “Dile a él que no estoy aquí”. Así que el niño toma el teléfono y dice: “Dice mi papá que él no está aquí”.
Susi: ¡Exacto!
Leo: En resumen, sí, es muy común aquí también en nuestro país, desafortunadamente.
Susi: Yo creo que los padres tenemos que examinarnos y decir: “¿Nada más estoy evitando problemas? ¿Estoy inculcando en mi hijo una tendencia de evitar problemas mintiendo?” Creo que eso es principalmente lo que está pasando.
Leo: Sí, eso es lo que se transmite completamente. De hecho, Susi, yo a veces leo libros de crianza y entro a leer el libro pensando: yo necesito aprender a criar a mis hijos. Termino de leer el libro, si es muy bueno, diciendo: yo necesito crecer para que ellos puedan ver. La dirección cambia. No es hacia mis hijos; yo necesito primero que Dios haga una obra en mí, y lo otro va a surgir mas naturalmente.
Pero regresando al tema de las mentiras que mencionábamos hoy con la ilustración y todo eso, yo creo que la Biblia nos da suficiente información, argumentos, verdades para hacernos ver que no hay mentiras aceptables. Los seres humanos mienten, como tú mencionabas ahorita, por beneficio, buscando el beneficio. Encontramos la mentira aún desde el inicio de todas las cosas, desde el momento en que la serpiente engañó a Eva. Desafortunadamente en nuestra época la mentira se ha vuelto una práctica normalizada. Lo vemos continuamente en la sociedad. Lo vemos en las películas, se nota en las relaciones laborales, se nota en los negocios, incluso a veces en la iglesia. Para nuestra generación la mentira es una estrategia sagaz. Tú mencionabas algo relacionado a eso.
Uno la implementa—no uno; como creyente espero que no sea una práctica de nosotros los creyentes—pero la sociedad la utiliza para salir de una situación desfavorable, cualquiera que sea. Es una especie de salvavidas conveniente. Esa es la mentira. La mentira, sin embargo, de acuerdo a la Biblia, en el fondo, es egoísmo, o más bien es un acto egoísta. Porque quien miente, lo que está buscando es un beneficio personal, por tanto, es pecado, y de ahí que la mentira es un acto de traición al prójimo. Cuando yo miento, yo desobedezco el segundo mandamiento porque estoy dañando a mi prójimo.
Pero no se detiene ahí. Si yo ofendo al prójimo, yo estoy ofendiendo a Dios. Eso es algo que la Palabra de Dios lo enseña. No hay duda. Esta es como una forma de resumirlo. Yo creo que nosotros como creyentes debiéramos de hacer un poquito más de introspección, de reflexión con relación al tema de la mentira para rechazar la mentira, para no dejar que la mentira sea parte de nuestro carácter inicialmente y luego, por tanto, que no sea parte de nuestra dinámica familiar, porque no honra a Dios. Reitero: daña al prójimo. Proverbios habla mucho de eso.
Y, sobre todo, no complace a nuestro Dios. Yo creo que este es el asunto. Nosotros como padres necesitamos regresar a la verdad bíblica de que nuestra mayor meta en la vida debe de ser complacer a Dios, por causa del evangelio, por causa de la cruz, por causa de la sangre de Cristo. La meta es llegar al punto en donde, como el padre dijo de Jesús, nosotros vivamos de una manera en que él tenga complacencia en nuestros actos, aún especialmente en nuestras familias, en nuestra crianza, en nuestro matrimonio.
Susi: Como decías, cuando usamos la mentira, entrenamos a nuestros hijos a escaparse de sus problemas y sus retos, al final estamos entrenando su carácter. Cuando nos ven a nosotros enfrentar algo difícil, aunque decir la verdad es difícil, les estamos entrenando que hacer las cosas a la forma de Dios es mejor, aún cuando se siente más difícil. Me encanta cómo mencionaste ahí al final, y quizás con esto podemos cerrar, al final es Cristo quien nos capacita. No tenemos que estar aquí como padres diciendo: “Yo tengo que ser íntegro,” y así voy a forzarlo. Lo voy a producir de alguna forma solo. ¿Cómo el hecho de que Cristo es verdad, y él se sacrificó por nosotros, nos da lo que necesitamos para ser íntegros?
Leo: Sí, yo creo que tu tocas un punto relevante. Yo creo que es fundamental, y sirve de broche de oro. Creo que nuestro error ha sido como creyentes pensar, Susi, que la integridad es la meta primaria en la vida cristiana, cuando la Biblia nos enseña que la prioridad es amar a Dios. Cuando yo me acerco a Dios, cuando yo estoy cerca de Cristo, cuando yo estoy cultivando mi relación personal con Cristo, conociéndolo a él, conociendo sus valores, conociendo su carácter, su forma de ser, mi vida es cambiada.
Yo puedo pensar en Dios como alguien tierno, como alguien bueno, perdonador, misericordioso, clemente, lento para la ira, etcétera. Eso es lo que hace; primero afecta mi mente, claro está, y empieza a asombrar mi mente: ¡Guau! ¡Qué Dios! Pero no se detiene ahí si yo mantengo mi conexión con él. El Espíritu de Dios sabe bajar eso del cerebro al corazón. Mis afectos empiezan a dar un giro, y ahora yo valoro a Dios no simplemente porque yo sé que él es bueno, pero porque yo estoy saboreando, como dice el Salmo 34. Yo estoy probando la bondad de Dios. Yo sé cómo se siente ser perdonado. Yo sé cómo se siente ser provisto, ser guiado, ser protegido, y eso cambia mi corazón.
Y como resultado de eso, ¿qué es lo que yo quiero? Yo quiero complacer a ese Dios, y de manera automática, yo diría por default, mi próxima pregunta es: ¿cómo yo puedo complacer a este Dios? ¿Cómo yo puedo caminar, vivir mi vida, tomar mis decisiones, lidiar con mi matrimonio, criar a mis hijos, pensar inclusive, actuar, decidir, etcétera, de una manera que él sea exaltado? Entonces de ahí es que viene mi trabajo por la integridad. Pero, fíjate que yo no empecé por querer: “No, yo necesito ser santo,” porque tú terminas siendo legalista si empiezas ahí. Yo empiezo por el principio, por amar a Dios y decir: “Señor, qué bendición tú has sido para mi vida. ¿Cómo yo puedo reflejar esa bendición y esa transformación que tú has hecho en mi vida?” Bueno, tú, vive una vida coherente; tú, vive una vida práctica que sea sabia de acuerdo con el libro de Proverbios.
En resumen, dije varias cosas, pero a modo más práctico todavía, y respondiendo la pregunta de manera más directa, yo creo que nosotros necesitamos abrazar la integridad como un valor, partiendo de la premisa que acabas de expresar, pero nosotros necesitamos comprometernos con Dios en crecer en una vida que sea coherente. Nosotros necesitamos comprometernos en ser padres que críen de una manera como la Palabra de Dios lo establece. En sentido general es eso: abrazar la integridad, abrazar el deseo de glorificar a Dios, pero no olvidar que mi prioridad es tener cercanía con el Señor, complacer a Dios, porque mi meta final es estar cerca de él.
Susi: Amén. Sí, eso es lo que nos da el poder día en día de resistir nuestra carne que nos dice: “Miente. Miente. Es más fácil,” que nos dice: “Manipula a tus hijos. Es más fácil que discipularles, disciplinarles.” Nuestra carne busca la salida más fácil, y muchas veces esa salida es precisamente la falta de integridad.
Gracias, Leo, por apuntarnos a la verdad, por ayudarnos a ver este tema de una manera muy amplia y muy profunda. Valoramos tu inversión en las familias.
Leo: Es una bendición para mí. Es mi oración—nuestra oración—que el Señor pueda usar este tiempo para edificar a otros. Gracias a ustedes.
Susi: Amén. Gracias. A ti que nos escuchas, gracias por estar otra vez con nosotros en este episodio, y sigue con nosotros porque aún no termina nuestra serie sobre Proverbios. Bendiciones.




