Categoría: Vida Espiritual

Camina en Vida: el poder de la resurrección para padres

March 29, 2026

De todas las festividades, la Pascua es mi favorita. Siempre lo ha sido. Cuando era pequeña, mi papá estudiaba un posgrado y no había mucho dinero para nada más que lo necesario. Sin embargo, mi mamá estaba decidida a que estrenara un vestido cada Pascua. Incluso en mi adolescencia y en mis primeros años de adultez, ella se mantuvo comprometida con esa causa, y a mi me encantaba. Me encantan todas las tradiciones de la Pascua: las cosas que comemos y hacemos. Me encantan los himnos que cantamos en la iglesia el domingo de resurrección.

Cuando mis hijos eran pequeños, vivíamos en una finca de varias hectáreas con un pequeño estanque. Cada domingo de resurrección, antes del amanecer, entraba en sus habitaciones y les susurraba al oído: “Ha resucitado”. Después de responder adormilados, “¡En verdad ha resucitado!”, todos bajaban las escaleras con dificultad, tomaban una taza de chocolate caliente y una manta calientita, y se dirigían al muelle de madera de nuestro pequeño estanque en Kansas. Los seis nos sentábamos uno al lado del otro frente al estanque, turnándonos para elegir los himnos que cantábamos al subir el sol. Rara vez recordábamos las letras completas de los himnos y yo nunca cantaba afinado, pero esas mañanas siguen siendo algunos de mis recuerdos favoritos: cantando alabanzas al Hijo resucitado mientras amanecía.

La Pascua celebra el acontecimiento más significativo de nuestra fe: la resurrección de nuestro Salvador. Sí, la crucifixión y la resurrección son el centro de nuestra salvación. Pero, como Pablo escribió a la iglesia de Corinto: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Cor. 15:14, 17-19).

 

Vida para hoy

La resurrección es el evento que confirma y valida todo lo que Jesús dijo sobre sí mismo y todo lo que hizo para salvarnos. Y la resurrección de Jesús garantiza que un día resucitaremos en gloria con Él. Pero ¿acaso la resurrección de Jesús solo impacta nuestra salvación futura? ¡No! Impacta nuestra vida actual.

Pablo escribió en Romanos 6:1-4:

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

¿Lo notaste? Porque Jesús resucitó, ¡estamos llamados y capacitados para vivir una vida nueva hoy! No tenemos que esperar hasta el final de esta vida y el comienzo de la siguiente para experimentar una nueva vida. Podemos vivirla ahora mismo, dondequiera que estemos; no importa cuánto tiempo llevamos caminando con Jesús; no importa cómo haya sido nuestro día hasta ahora. Podemos vivir en el poder de la resurrección.

 

Vida a través de la muerte

Pero lo que pasa con la vida resucitada es que solo llega a través de la cruz, después de la crucifixión. En la gran inversión, la vida viene después de la muerte. Mira nuevamente el pasaje de Romanos: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (énfasis mío). Es importante recordar que no solo nos pertenece la resurrección y la vida de Cristo, sino también su crucifixión y muerte.

Uno de mis profesores en el seminario se refirió a la muerte y resurrección como el latido de la vida cristiana. El latido del corazón tiene dos partes: pum-pum. De la misma manera, los cristianos vivimos en el doble ritmo de: muerte-vida, morir-vivir. Estamos llamados a morir a ciertas cosas: el orgullo, la envidia, la jactancia, la calumnia, la inmoralidad, las malas palabras, el chisme, el egoísmo. Al mismo tiempo, estamos llamados a vivir para otras cosas: la mansedumbre, la humildad, la paciencia, la bondad, el gozo, el amor.

¿Te cuesta alguna parte de este latido? ¿Te cuesta morir a ciertos pecados o vivir en tu nuevo yo? ¿Sí? Yo también. Por eso creo que las palabras de Pablo a la iglesia de Roma son muy útiles. No dijo que debiéramos esforzarnos mucho para morir a ciertos pecados y esforzarnos mucho para vivir en el poder de la resurrección. Dice que, en Cristo, ¡ya morimos y ya resucitamos!

 

Vida a la luz de la eternidad

A los teólogos les gusta hablar del hecho de que Cristo nos libra de la pena y el poder del pecado y que un día también nos librará de su presencia. Es decir, somos perdonados y justificados (declarados inocentes) porque Jesús tomó la pena de nuestro pecado sobre sí mismo. Como Pablo  escribió en el pasaje anterior, hemos muerto al pecado; el poder del pecado que reina ha sido roto. Ya no somos esclavos del pecado, sino que hemos sido liberados para ser esclavos de la justicia. (Rom. 6:17, 22) ¡Y un día glorioso seremos completamente libres de la presencia del pecado! Pero quisiera añadir a la lista una palabra más que también comienza con “p”. Hoy, el día en que tú y yo podemos vivir en el poder de la resurrección y en una vida nueva, debemos alejarnos intencionalmente de la práctica del pecado.

Así es como caminamos en una nueva vida. Así es como caminamos en el ritmo de dos tiempos de muerte y resurrección. Practicamos alejarnos de lo que nos lleva a la muerte y caminamos hacia lo que nos trae vida. ¿Cuál es el reto para ti hoy? ¿Necesitas alejarte de la ira, amargura, glotonería, borrachera, falta de perdón, rabia, envidia, jactancia o pereza (o cualquier otra cosa que el Señor te traiga a la memoria), y recordarte que “con Cristo estoy juntamente crucificado”? (Gál. 2:20a) ¿Necesitas caminar hacia el gozo, perdón, paciencia, dominio propio, humildad, mansedumbre, amor, paz, esperanza (¡o cualquier otra cosa que el Señor te traiga a la memoria), y recordarte, como lo hizo Pablo: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”? (Gál. 2:20b)

Amigos, servimos a un Salvador resucitado. Él vino a darnos vida. Caminemos en ella.

 

Este artículo fue publicado primero en Risen Motherhood. Traducido y publicado con permiso.

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Autor

  • Courtney Doctor (MDiv, Covenant Theological Seminary) se desempeña como coordinadora de iniciativas para mujeres en The Gospel Coalition. Es maestra de Biblia y autora de varios estudios bíblicos, incluyendo: From Garden to Glory: A Bible Study on the Bible´s Story, Steadfast: A Devotional Bible Study on the Book of James, y In View of God´s Mercies: The Gift of the Gospel in Romans. Courtney y su esposo Craig tienen cuatro hijos, dos nueras y cinco hermosos nietos. Puedes seguirla en Twitter e Instagram.

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