Tomé una clase en la universidad de fotografía en blanco y negro. Estaba ansiosa por absorber los conocimientos que mi profesora había adquirido en una prestigiosa escuela de arte. Para mi decepción, me costó comprender los conceptos que explicaba en sus clases y en sus presentaciones de PowerPoint. Mi conocimiento no se convirtió en comprensión hasta que empecé a usar mi propia cámara (¡desperdicié un montón de película en el proceso!) y le pedí ayuda a mi esposo. Él me ayudó a aplicar los conceptos aprendidos en clase a mi cámara. ¿Fueron mis clases ineficaces? Desde luego que no, pero fue el aprendizaje práctico y la experiencia lo que me hizo crecer como fotógrafa y cultivó la pasión que aún siento por ella, inspirándome a compartir ese don con los demás.
Como madres cristianas, anhelamos que nuestros hijos crezcan en su amor por el Señor. Oramos para que la fe que compartimos se convierta en su propio anhelo: ser discípulos que vayan y hagan discípulos. Nos esforzamos por “instruir al niño en su camino” con la esperanza de que “aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22:6). Sin embargo, como esposa de pastor, he conocido a muchos creyentes cuya única experiencia del “discipulado” fue más un estilo estéril de sermonear que una experiencia práctica y enriquecedora. El Señor utiliza muchos medios para el crecimiento espiritual de sus discípulos, incluyendo entornos formales como estudios bíblicos y servicios en la iglesia, pero algunos de los momentos más significativos de formación se dan en las oportunidades de discipulado creativas y cotidianas que aprovechamos como madres.
Deuteronomio 6:6-7 nos ofrece una imagen clara de estas oportunidades “menos formales” donde se lleva a cabo la formación y el discipulado de parte de los padres:
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
Aquí vemos que el discipulado se da en diversos momentos, lugares y espacios. Las madres podemos hablar con nuestros hijos mientras caminan, están sentados, se despiertan o se van a dormir. Instagram puede mostrarnos varios vídeos o publicaciones que nos indican cómo hacerlo, pero el discipulado no es una fórmula universal. Cada una de nosotras puede considerar la dinámica particular de su familia y buscar ser fieles con las oportunidades que se nos presenten.
Descubre qué les motiva a ti y a tu hijo
Una forma en que mi esposo y yo intentamos conectar con nuestros hijos es descubriendo un gozo compartido. A mi hijo le encantaba jugar con sus soldaditos cuando era pequeño. Le gustaba crear batallas, pero yo intentaba hacerme amiga de mi enemigo. Esos momentos de juego nunca duraban mucho. La realidad es que los niños se dan cuenta cuando sus padres se deleitan con la actividad o no. Son observadores atentos y, a veces, descubren más fácilmente lo que deleita, motiva e impulsa a sus padres que sus padres mismos. Podemos ocuparnos tanto con nuestras agendas que no nos detenemos a observar a nuestros hijos: sus intereses y talentos individuales. Claro que hay actividades fáciles de compartir, como ver películas o ir de compras, pero piensen en una actividad práctica que requiera desarrollar una habilidad, aprender algo o resolver un problema juntos. Esto crea un ambiente maravilloso para el discipulado.
Mantén la Palabra de Dios en el centro
¿Qué es lo que realmente produce un verdadero cambio en el corazón de una persona? Es la obra del Espíritu y la Palabra de Dios, que es viva y eficaz (Hb. 4:12). Por lo tanto, este debe ser el fundamento de nuestro discipulado. Una vez que hayamos establecido la actividad, queremos dirigir intencionalmente nuestra conversación hacia las cosas del Señor. ¿Recuerdas Deuteronomio 6? Debemos enseñar a nuestros hijos con diligencia y aprovechar cada oportunidad según nos mueva el Espíritu Santo.
A mi hija menor le encanta la naturaleza, y a mí me encanta la jardinería. Así que me ayuda a cosechar lechugas mientras hablamos de la creación de Dios en Génesis. O, mientras plantamos semillas, hablamos de conceptos de “la parábola del sembrador”, prestando especial atención a cómo el mismo tipo de semilla puede germinar en un lugar del jardín pero no en otro debido a las condiciones. En lugar de espiritualizar la actividad que estamos haciendo, intento usarla como punto de partida para volver a la Palabra de Dios como eje central. Si bien ambas disfrutamos de la actividad, la jardinería es solo otro medio que nos ayuda a reforzar lo que ya estamos aprendiendo en las Escrituras.
Aprovecha al máximo la etapa en la que estás
Pasar tiempo con nuestros hijos puede ser intencional sin ser rígido. Estos momentos surgen de forma natural de nuestra propia relación con Dios. Al deleitarnos en el Señor, ese deleite se refleja en el pan que horneamos, en los balones de fútbol que pateamos y en los libros que leemos y comentamos. En el proceso, podemos ayudar a que nuestros hijos crezcan en su amor por el Señor, fortalecer nuestro vínculo y, además, desarrollar nuevas habilidades para la vida.
Además, parte de la creatividad reside en los momentos y lugares donde conversamos con nuestros hijos. Si eres una madre que trabaja fuera de casa y el único tiempo libre que tienes en esta etapa es el trayecto al colegio, aprovéchalo. Escucha canciones con versículos bíblicos o la Biblia en audio. Comenten el significado del versículo o pasaje que acaban de escuchar. Si a tu hijo le gusta leer, busca un audiolibro de calidad y luego analicen elementos de la historia, interpretando su mensaje a la luz de las Escrituras. ¿Qué problemas surgieron? ¿Cuál podría ser la solución bíblica a ese problema? ¿El personaje tomó la decisión correcta?
Sea cual sea tu contexto, no existe una fórmula universal para la relación única que tienes con tu hijo. La belleza de la Palabra de Dios reside en que es provechosa y aplicable a todas las situaciones de la vida. Si bien la participación en una iglesia local y el estudio formal de su Palabra son vitales, los padres también tienen oportunidades únicas para hablar del Señor y educar a sus hijos a lo largo del día. Así pues, con atención, busquemos maneras naturales de aplicar los principios bíblicos y enseñar a nuestros hijos a administrar sus dones, todo para la gloria de Dios.
Este artículo fue publicado primero en Risen Motherhood. Traducido y publicado con permiso.




