Nuestro hogar lejos de casa: La iglesia

August 23, 2026

Nota del editor: este artículo es un fragmento del libro de Melissa Kruger, “Crianza con Esperanza”. Este libro te invita a anclar tus esperanzas y expectativas en Cristo. Enfatizando principios en vez de fórmulas, Melissa te ayudará a entender cómo puedes ayudar a crecer y bendecir a tus adolescentes en maneras que traen honra a Dios. Esperamos que este fragmento sea un punto de partida y traiga ánimo a tu crianza y te aliente a recordar la importancia de la iglesia en tu vida y en tu familia. Puedes encontrar el libro en Amazon.

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Todos queremos que alguien se preocupe por nosotros, que nos escuche cuando contamos nuestras dificultades, que se alegre de vernos y que sepa nuestro nombre. Este deseo de ser conocidos, de tener a alguien con quien compartir la vida, es tan antiguo como el huerto del Edén. El primer “No es bueno” de toda la historia ocurrió antes que el pecado entrara en escena. “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18). Adán fue creado a imagen de un Dios trino y relacional. En medio de un mundo perfecto, Adán tenía necesidades relacionales. No fuimos creados para estar solos. Nos necesitamos los unos a los otros. Nuestra familia nos brinda el primer sentimiento de pertenencia que tenemos de pequeños. Los miembros de la familia ampliada pueden ofrecernos más apoyo, ánimo y cariño. Queremos formar parte de algo más grande que nosotros mismos, queremos pertenecer. Los preadolescentes y los adolescentes se encuentran en una encrucijada especialmente difícil en cuanto a su sentido de pertenencia. 

Como padres, es importante que comprendamos que nuestros hijos necesitan la estabilidad de la familia, pero también que es normal que a esta edad deseen un mayor sentido de comunidad. Numerosas familias tratan de satisfacer estas necesidades a través de los deportes, las actividades, los barrios y las escuelas; sin embargo, en medio del intento de formar comunidades saludables para nuestros hijos, a veces descuidamos la comunidad que el Señor estableció para su pueblo: la iglesia. 

Aunque todos los creyentes son miembros de la gran iglesia mundial “invisible” (todo el pueblo de Dios), es importante que los creyentes formen parte de una congregación local. Queremos que nuestros hijos pertenezcan a una comunidad de fe, que conozcan a otros y sean conocidos por otras personas que aman a Jesús. Es tentador dejar de ir a la iglesia o simplemente elegir “conectarnos desde casa” cuando se ajusta a nuestros horarios. Sin embargo, la iglesia es mucho más que el culto del domingo por la mañana. No es solo una descarga de información espiritual. Es una familia. Tiene bendiciones para ofrecer que pueden sostener a nuestros hijos mucho después que se marchen de nuestro hogar. La iglesia también nos sostiene a nosotros como padres. Sé que algunos de ustedes han sido heridos por la iglesia. Para ser sincera: yo también. Algunas de mis heridas más profundas han sido causadas por personas de la iglesia. Sin embargo, no dejo de ir a la iglesia. Sé que la necesito. Y sé que mi iglesia me necesita. Nos pertenecemos los unos a los otros, y Dios nos ha dado dones para servirnos unos a otros.

 

Principios bíblicos sobre la iglesia

Puede ser difícil ir a la iglesia, especialmente con niños. Todos tenemos cosas que preferiríamos hacer: dormir hasta tarde, ir de vacaciones, participar en equipos deportivos itinerantes, dar un paseo, leer el periódico o preparar un gran desayuno en familia. Y esas pueden ser cosas buenas; sin embargo, si reemplazan nuestra asistencia a la iglesia como familia, interferirán con una parte importante de nuestro propio desarrollo espiritual, así como con el desarrollo espiritual de nuestros hijos. 

Es útil comenzar considerando estas preguntas: ¿Necesitamos ir a la iglesia? ¿Realmente marca la diferencia en nuestra vida espiritual? ¿No sería igual de bueno sentarnos en casa y escuchar un sermón “mejor” de un pastor del otro extremo del país, que unirnos y formar parte de una congregación local? Quiero que comencemos a reflexionar sobre estas cuestiones teniendo en cuenta cinco importantes beneficios que nos aporta la iglesia: es un lugar de culto, aprendizaje, cuidado, servicio y pertenencia. 

 

Un lugar de culto 

Hebreos 10:22-25 explica el privilegio que tenemos como cristianos de acercarnos a Dios; pero también nos advierte que no dejemos de reunirnos. Nuestra fe no es simplemente un sistema de creencias personales. Forma parte de una experiencia corporativa y familiar. Hay algo en reunirse para adorar a Dios que fortalece nuestra fe. Hacer esto es importante, y se nos exhorta a no dejar de congregarnos y animarnos unos a otros cuando estamos juntos. 

Como padres de adolescentes, es importante que vayamos a la iglesia. Es importante que entiendan que la fe es algo más que algo personal. Les estamos dando la oportunidad de aprender a adorar a Dios: orar, escuchar su Palabra, participar de la cena del Señor y cantar alabanzas a su nombre. Les estamos enseñando que adorar a Dios es un asunto corporativo. 

 

Un lugar de aprendizaje 

La iglesia también ofrece oportunidades de crecimiento, ya que aprendemos sobre la fe de otros creyentes. La carta de Pablo a los Efesios nos lo explica (lee Ef. 4:11-16). Así como el culto es una experiencia colectiva, el crecimiento espiritual también se produce en comunidad. Si queremos una fe sólida que resista los cambios y las influencias culturales, necesitamos el alimento de la Iglesia. Todos somos parte de los demás y dependemos unos de otros para crecer. Necesitamos equiparnos, y Dios ha constituido pastores y maestros con el propósito de edificar a la iglesia. 

Aunque pueda parecer que tus hijos adolescentes no están escuchando nada de lo que se dice en el sermón o en la escuela dominical, es probable que estén asimilando más de lo que tú crees. La Palabra que sale de la boca de Dios se escucha en la iglesia, y Él promete que no volverá vacía (Isaías 55:11). Puede que no veamos el fruto de inmediato, pero, con el tiempo, las lecciones aprendidas dentro de la comunidad de la iglesia pueden fortalecer a nuestros adolescentes para que crezcan más maduros en la fe. 

 

Un lugar de cuidado 

La iglesia ofrece un lugar de culto y enseñanza, así como un lugar para el cuidado del rebaño. En 1 Pedro 5:2-3, Pedro nos recuerda que todos necesitamos que nos guíen. Las ovejas tienden a descarriarse. Necesitan un pastor que vaya tras ellas y les muestre el camino de regreso a la senda. También nosotros necesitamos instrucción; cuando tú te sientes inseguro de cómo criar a tu adolescente, el consejo de un creyente mayor de la iglesia puede ayudarte inmensamente. Una madre de setenta años puede ofrecerte la sabiduría y la orientación adquiridas a lo largo de años de experiencia. Un joven de veinticuatro años de tu congregación puede ser capaz de interactuar con tu adolescente y animarte cuando no está dispuesto a escucharte. Los ancianos sirven de ejemplo a seguir y cuidan de la iglesia con sus fieles oraciones y su servicio. Formar parte de una iglesia ofrece una gran cantidad de recursos para ti y tu familia; es una bendición ir a un lugar en el que tú y tu adolescente puedan crecer juntos. 

 

Un lugar de servicio 

La iglesia no es solo un lugar al que acudimos para crecer y que cuiden de nosotros es un lugar en el que nos servimos unos a otros con amor. Cada creyente tiene dones espirituales que debe utilizar en la comunidad, como enseña 1 Corintios 12:4-7. A medida que tus hijos te vean utilizar tus dones dentro de la iglesia, aprenderán que la iglesia no es solo trabajo del pastor y de los demás líderes. Todos los miembros son importantes. De hecho, ¡los adolescentes importan! Ellos también tienen algo para dar. 

A veces, tratamos de hacer que la iglesia sea atractiva para los adolescentes intentando que todo sea entretenido para ellos. Pero cuando la iglesia los equipa y les anima a usar sus dones para servir, en realidad se sienten más unidos al cuerpo. Servir no es una carga, sino una bendición para nuestros adolescentes; ellos desarrollan confianza a medida que utilizan los dones únicos que Dios les ha dado para ser de bendición a los demás. 

 

Un lugar de pertenencia 

Como comentamos al principio, hemos sido creados para vivir en comunidad; la iglesia es nuestra comunidad aquí en la tierra mientras esperamos nuestro hogar celestial. Los adolescentes desean desesperadamente pertenecer a un lugar. Puede que busquen ese sentido de pertenencia en todos los lugares equivocados, pero el anhelo es bueno. Dentro de unos años, tus hijos se independizarán. Pueden elegir quedarse en tu ciudad o mudarse lejos. La iglesia puede proporcionarles un “hogar lejos de casa” dondequiera que vayan. Estamos destinados a ser una gran familia ampliada: hermanos, hermanas, madres, padres, hijos e hijas. 

Como padres, no siempre podemos estar ahí para nuestros hijos. Un día, saldrán al mundo. Uno de los mejores regalos que podemos darles es dejar que la iglesia sea una parte normal de sus vidas para que se sientan cómodos al asistir a la iglesia. La iglesia es una fuente de ricas bendiciones para nosotros y para nuestros hijos. Sí, puede que queramos la tranquilidad de pasar la mañana del domingo en la cama, pero necesitamos la iglesia. Tenemos un lugar donde adorar a Dios, crecer en la fe, recibir cuidado, utilizar nuestros dones y encontrar una verdadera comunidad y sentido de pertenencia. No descuides el cuerpo. Tú necesitas la iglesia, y tus hijos adolescentes también. 

 

Una nota de esperanza del Evangelio

Sé que no siempre es fácil encontrar una buena comunidad de fe y hacer de la iglesia una prioridad para los adolescentes. Aunque la asistencia regular a la iglesia puede resultar incómoda al principio, con el tiempo se convertirá en una parte normal (¡y bienvenida!) de tu vida familiar. Aunque en el pasado te haya costado formar parte de una iglesia o hayas tenido experiencias negativas, te animo a intentarlo de nuevo. 

A lo largo de los años, he forjado muchas amistades entrañables a través de la comunidad de la iglesia. Estas amigas me han recibido en sus hogares, han amado a mis hijos, me han traído comida cuando estaba enferma y han compartido la vida conmigo. Y yo he hecho lo mismo por ellas. Hemos estudiado juntas la Biblia, orado juntas, llorado juntas y celebrado juntas. La vida es mejor en la iglesia. Bendecimos a nuestros hijos adolescentes con una comunidad especial cuando hacemos de la iglesia una rutina habitual de nuestra vida familiar. 

 

Principios para reflexionar
  • La iglesia es una parte importante del crecimiento y desarrollo espiritual de cada miembro de la familia. 
  • La iglesia es un lugar saludable para que los adolescentes tengan una vida de comunidad y un sentido de pertenencia.
  • Escucha las inquietudes de tus hijos adolescentes sobre la iglesia. Habla con ellos y mantén abiertas las líneas de comunicación.
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Autor

  • Melissa Kruger sirve como vicepresidenta de programas de discipulado para Coalición por el Evangelio (TGC en sus siglas en inglés). Es autora de múltiples libros incluyendo: La Envidia de Eva: Cómo hallar satisfacción en un mundo de ambición, Camine con Dios durante su maternidad, Creciendo Juntas: Una guía para profundizar las conversaciones entre mentores y discípulas, Adonde llegues a ir, te quiero decir…, y Crianza con Esperanza: Cómo criar a tus hijos adolescentes en un mundo desafiante. Su esposo, Mike, es el presidente del Reformed Theological Seminary, y son padres de tres hijos adultos en Charlotte, North Carolina.

     

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