Categoría: Vida cristiana

Mansedumbre: Criando con gracia

October 26, 2025

Una vez entré en una casa que estaba siendo restaurada; supongo que podría llamarse una “casa para reformar”, aunque había tanto que arreglar que no estaba seguro de si valía la pena el esfuerzo. Si fuera por mí, habría contratado una bola de demolición para arrasarla, o al menos habría cogido una palanca y derribado todo lo que pudiera lo más rápido posible.

Pero la pareja que acababa de comprar la propiedad no pensaba igual. Estaban restaurando con delicadeza el interior de arriba a abajo, usando cinceles, martillos, lijas y brochas. Requeriría mucha paciencia, pero su delicadeza y mentalidad proyectista darían como resultado una hermosa casa.

Si no lo has notado, tus hijos no son personas perfectas. Hay mucho trabajo por hacer: moldear su carácter, protegerlos de su propia necedad, guiarlos cuando estén perdidos y ayudarlos a ver la idolatría de sus corazones.

Como madre, ¿cómo responderás a este llamado divino? Cuando tus hijos se desvían, ¿respondes con una actitud de condenación demoledora? Cuando tus hijos persiguen ídolos, ¿los derribas rápidamente con un vocabulario agresivo? ¿O respondes con amabilidad? ¿Usas herramientas suaves para revelarles lenta, dolorosa y amablemente dónde han fallado?

Mamá, ¿qué podría ser más importante que esto, ser una de las herramientas de Dios para formar un alma humana?

Un desastre en un estacionamiento

Te doy un ejemplo vergonzoso de mi experiencia como padre. Habíamos planeado pasar un día en un parque de atracciones local con nuestros hijos. Yo esperaba un día de felicidad familiar en el parque; esperaba que mis hijos se criaran solos ese día, y si Dios pudiera regalarme una esposa completamente santificada, ¡sería genial!

Llegamos al parque y al bajar de la camioneta uno de mis hijos me preguntó: “Papá, ¿podemos tomar algo antes de ir al parque?” No parecía una petición peligrosa. Abrí la hielera llena de refrescos y todos mis hijos vieron su lata de refresco favorita. ¿El problema? ¡Solo había una!

Inmediatamente, estalló una guerra nuclear. Mis hijos se empujaban y se jalaban, se tiraban hielo, se decían cosas desagradables y se manoteaban para que ninguno tomara la lata que querían. No podía creerlo, ni siquiera estábamos en el parque, ¡y mis hijos me habían arruinado el día! Así que me lancé y les dije: “¿Quieren pelear? No tenemos que pagar todo este dinero para que peleen. Los llevaré a casa, pondré una hielera en el patio con una lata de refresco dentro, ¡y podrán pelear para siempre!”. Al poco tiempo, mis hijos dejaron de pelear porque vieron a la multitud reunida para verme perder la calma en el estacionamiento del parque.

¿Qué estaba pasando en ese momento? El Dios de gracia maravillosa y redentora me estaba brindando la oportunidad de ejercer mi paternidad. Presten atención a esta línea: si tus ojos alguna vez ven, o tus oídos alguna vez escuchan el pecado, la debilidad, la rebelión o el fracaso de tus hijos, nunca es una interrupción, nunca es una molestia, siempre es gracia. Dios ama a tus hijos; los ha puesto con una madre de fe, y en Su gracia implacable, Él te revelará la necesidad de tus hijos una y otra vez para que puedas ser su herramienta mansa de conciencia, convicción, arrepentimiento, fe y transformación.

En ese estacionamiento, Dios expuso la condición de sus corazones para que yo, como su padre, me preocupara y aprovechara la oportunidad para abordar su pecado con mansedumbre. Pero no fui manso, fui duro.

Verán, no me molesté en ese estacionamiento porque mis hijos fueran pecadores. No, me molestó que Dios expusiera su pecado, y por eso, ¡tuve que dejar de lado mi día soñado y criarlos! No me irritó que mis hijos hubieran quebrantado las leyes del reino de Dios, sino que respondí con una actitud demoledora porque habían quebrantado las mías.

Y en el reino de Paul Tripp, ¡no se me exigirá ejercer mi paternidad durante unas vacaciones familiares, o cuando esté leyendo mi iPad, o después de las diez de la noche!

Una oportunidad perdida

Analicemos por qué no respondí con mansedumbre:

  1. Convertí un momento de mansedumbre ministerial que Dios me dio en un momento de ira.
  2. Convertí un momento de mansedumbre ministerial en un momento de ira porque personalicé lo que no era personal. Ese día, antes de salir para el parque de diversiones, mis hijos no planearon volverme loco en el estacionamiento, sino que fue por la condición tonta y perdida de sus corazones.
  3. Porque tomé como algo personal lo que no lo era, mi respuesta se volvió conflictiva. En lugar de querer atender a mis hijos, lo que realmente quería era que se apartaran para poder volver a lo que me tenía ocupado antes. Mi reacción no fue una respuesta amable “por ellos”, sino una respuesta agresiva “contra ellos”, y eso solo agravó el problema que mis hijos ya habían provocado.
  4. Por último, con mi respuesta conflictiva, me conformé con soluciones temporales que no llegan al corazón del asunto. Miren mi reacción en el estacionamiento: infundí culpa, amenacé con un castigo, avergoncé, y mis hijos quedaron completamente iguales tras el encuentro.
Un modelo para escuchar con mansedumbre

Hay un camino mejor: el camino de la gracia. La gracia en la maternidad puede manifestarse de muchas maneras, pero casi siempre requiere escuchar con mansedumbre.

Muchas mamás caen en el hábito de hablar con dureza hacia sus hijos en lugar de hablar con mansedumbre con sus hijos. Para hablarles así, debes estar dispuesto a dejar atrás los sermones espontáneos que tanto tientan a los padres y comprometerte a preguntar y escuchar. Nuestro objetivo no es solo tener una conversación, sino una que estimule la manera en que se ven a sí mismos y un anhelo por la ayuda de Dios.

En lugar de una respuesta conflictiva y demoledora como la que tuve en el parque de atracciones, he encontrado una serie de cinco preguntas que pueden ser constructivas para estimular este tipo de conversación mansa:

  1. ¿Qué estaba pasando? Aquí estás buscando que tu hijo resuma lo que sucedió en la situación que estás a punto de discutir.
  2. ¿Qué estabas pensando y sintiendo mientras sucedía? Esto ayuda a tu hijo a pensar en cómo su corazón estaba interactuando con lo que estaba sucediendo.
  3. ¿Qué hiciste en respuesta? Con esta pregunta ayudas a tu hijo a ver que su comportamiento no fue moldeado por la situación sino por cómo su corazón interactuó con ella.
  4. ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué intentabas lograr? Aquí estás ayudando al niño a examinar sus motivos. Hicieron lo que hicieron porque buscaban algo.
  5. ¿Cuál fue el resultado? Esta pregunta le permitirá a tu hijo ver la conexión entre sus deseos, su comportamiento y las consecuencias que enfrenta actualmente.

El propósito de estas preguntas, cuando se presentan con mansedumbre, no es acusar al niño de algún error sino ayudarlo a ver cosas sobre sí mismo que de otra manera no vería.

Un estándar imposible

Seamos sinceros, el tipo de crianza que he descrito no es natural. Sería correcto que dijeras: “Si eso es lo que se requiere para ser una buena madre, entonces nunca lo seré”. Si ves el fruto del Espíritu como metas morales que se te han encomendado alcanzar, te parecerán inalcanzables y desalentadoras.

Piensa de manera diferente sobre el fruto del Espíritu: son los dones morales de un Dios de gloriosa gracia. ¿Qué significa esto? El pasaje de Gálatas 5 me enseña que Dios me bendice con perdón y con un nuevo potencial. Jesús no murió solo para perdonarme, sino también para transformarme por medio de su gracia. La lista de cualidades de carácter es un regalo de su gracia, dado a cada madre.

Así que, mamá, si estás en Cristo, todos tus fracasos ya han sido perdonados; puedes admitirlos con humildad, confesarlos y buscar la ayuda de Dios. Recuerda que no estás atrapada en tu ciclo de fracasos, porque un Dios de gracia abundante está obrando para cambiarte, hacerte madurar y  crecer. Así, poco a poco, participarás más en lo que Él quiere hacer en tus hijos y estorbarás menos su obra.

 

Este artículo fue publicado primero en Risen Motherhood. Traducido y publicado con permiso del autor. 

 

Preguntas de aplicación
  1. ¿Cómo ha revelado Dios recientemente el pecado, la debilidad, la rebelión o el fracaso de tus hijos? Si tienes varios hijos, identifica sus luchas particulares.
  2. ¿En qué aspectos te pareces más a tu hijo? ¿Qué luchas comparten? Al admitir tu propio pecado, ¿cómo debería esto cambiar tu reacción?
  3. ¿Cuándo fue la última vez que reaccionaste de forma demoledora contra tus hijos? ¿Hay palabras o acciones que necesitas confesar y pedirles perdón? ¿Por qué podría ser difícil?
  4. ¿Tiendes a sermonear a tus hijos o a hablarles con condescendencia? ¿Cómo puedes practicar escucharlos con mansedumbre? Sé específico.
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Autor

  • es presidente de Paul Tripp Ministries y autor de varios libros, incluidos bestsellers como Instrumentos en las Manos del Redentor y La Crianza de los Hijos. En la actualidad es también conferencista internacional. Él y su esposa, Luella, tienen cuatro hijos adultos. Conoce más sobre su ministerio en PaulTripp.com.

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