Categoría: Vida Espiritual

Templanza: padres caracterizados por el dominio propio

November 2, 2025

Tu carro, tú y tu familia regresan de un día cansado de actividades. El tráfico de la ciudad se ha vuelto cada vez más difícil de sobrellevar, y mientras intentas lidiar con él, un conductor se te atraviesa y te reclama a la distancia. No puedes más. Explotas en ese momento y comienzas a recriminarle, a la distancia, al otro conductor. Por un momento olvidaste que tu familia estaba contigo, pero lo más importante es que olvidaste por completo cómo se debe conducir un creyente en medio de situaciones difíciles; te dejaste llevar por los impulsos del momento y no mostraste templanza.

Dios nos ha dado a los creyentes la capacidad de ejercer dominio sobre las cosas creadas; incluyendo las emociones e impulsos en nuestro interior. Sin embargo, por la inclinación al pecado, parece ser que ahora la creación tiene control sobre nosotros. Cuando nos encontramos en esta situación, culpamos a las circunstancias a nuestro alrededor. Pero, las circunstancias no son el problema; el problema está en nuestro corazón que obedece a los deseos perversos. Por esta razón necesitamos vivir en templanza, y al mismo tiempo modelarla a nuestros hijos.

¿Qué es la templanza?

Podemos definir la templanza como el poder controlador de la voluntad bajo la operación del Espíritu Santo. Pero para poder vivir de esta forma, necesitamos primeramente poner nuestra fe en Cristo como nuestro Salvador personal. Luego, es necesario someter nuestra voluntad a Él cada día y así poder enseñar a otros, incluidos nuestros hijos.

Es probable que puedas confundir la templanza con algunos términos populares de hoy en día como, por ejemplo, el auto control. Según este concepto uno busca contener sus emociones, impulsos y comportamientos sus propias fuerzas. Sin embargo, debemos recordar que la templanza no se vive en nuestras propias fuerzas, sino bajo la guía del Espíritu Santo.

Otra idea errónea es que la templanza es lo mismo que la disciplina. Podemos ser disciplinados en la comida, en el orden y la limpieza, o en la rutina personal, creyendo que al tener todo bajo control tenemos templanza en nuestras vidas. Podemos ver que la sociedad y el pecado han distorsionado el concepto bíblico de la templanza y de lo que Dios quiere para sus hijos. Sin embargo, la templanza no se basa en métodos, sino en la guía del Espíritu Santo.

Entonces, ¿cómo sometes tu voluntad al Espíritu Santo? Tenemos que reconocer nuestra lucha contra la carne. Gálatas 5:19-21 da una lista de los pecados con los que el creyente lucha cada día. No es una lista única ni exhaustiva, pero ilustra la naturaleza de la carne. Tener templanza te ayuda a controlarte cuando te encuentras frente a un pecado de estos. Saber controlar tu voluntad te ayuda a identificar, frenar y huir del pecado.

Ahora nos preguntamos ¿En qué áreas de nuestra vida necesitamos ver la templanza? ¿Cómo puedo saber si estoy viviendo bajo la guía del Espíritu Santo? Hay cuatro áreas prácticas que puedes evaluar y empezar a aplicar la templanza.

1. Aplica la templanza a tu lengua.

Este es el pequeño gran problema de toda persona. Santiago 3:3-5 da el ejemplo del freno del caballo y el timón de una nave. Estos pequeños artefactos tienen el control sobre cosas super grandes y fuertes. Así es la lengua con las personas. Un miembro tan pequeño pero que puede causar grandes problemas si no es controlado por el Espíritu Santo. El hombre ha logrado dominar la fuerza del mar, del aire y del fuego, pero aún no ha inventado el freno para la lengua. En muchos hogares cristianos hoy en día se ven las consecuencias del mal uso de las palabras: matrimonios heridos, resentimiento entre padre e hijos y distancia espiritual entre los integrantes de la familia.

¿Cómo podemos refrenar la lengua de forma práctica? No hables mientras te encuentras enojado con tu cónyuge o hijos; esto solo hace que avives el fuego del problema que estás enfrentando. Otra forma de refrenar la lengua es cuidar tus palabras cuando hables con tus hijos, no seas hiriente u ofensivo. Recuerda lo que dice Efesios 4:29 sobre cuidar nuestras palabras y toma tiempo para elegir las que sean de edificación para la otra persona.

Cuando estés aplicando disciplina a tus hijos cuida las palabras que les dices. Procura en todo momento que sean de edificación incluso cuando señalas el pecado. Cuando hay un problema entre cónyuges nunca se falten el respeto alzando la voz, usando palabras altisonantes o insultándose el uno al otro. Nuestros hijos se dan cuenta de esto y aprenden cómo nos comunicamos. Lo que sí debes usar son palabras de gratitud, amor y edificación. Incluso cuando no te encuentres en el mejor momento del día, tu decides quién controla tu lengua.

2. Aplica la templanza en tus pensamientos.

¿Te has dado cuenta cuánto tiempo pasas hablando contigo mismo? Si no sometes este diálogo a la voluntad del Señor, puede ser muy peligroso. Cuando pasas por momentos difíciles en tu vida, estos pensamientos, generados por tu diálogo interno, pueden llenarte de temor, angustia, ansiedad, tristeza o incluso enojo. Si dejas correr estos pensamientos es probable que termines de pleito con toda persona que pasó por tu mente en estos momentos. 

¿Cómo deberías estar llenando los pensamientos de tu mente? Filipenses 4:8 nos enseña a llenar nuestra mente de lo verdadero, justo y bueno. Pablo en 2 Corintios 10:5 nos recuerda que debemos llevar todo pensamiento cautivo a Cristo. 

En tu vida como padre o madre, cuando la preocupación por tus hijos llene tu mente, debes recordarte la verdad de que Dios cuida de los suyos. También te animo a llevar tus preocupaciones al Señor en oración. Otro pensamiento con el que los padres pueden luchar es con la culpa por los errores de crianza del pasado. Pero si has pedido perdón a tus hijos y a Dios por este pecado, es algo que no debe de atormentarte más.

Tus hijos también pueden luchar con pensamientos engañosos como: “no valgo nada”, “nadie me quiere” o “no puedo hacer tal cosa”. Como padre tienes una excelente oportunidad para enseñarles a encontrar su identidad en Dios. Puedes enseñarles que Dios nos ama al punto de entregar a Cristo en lugar de nosotros. Que el Evangelio se quede grabado en sus pensamientos.

3. Aplica la templanza en tus emociones.

Aquí es donde algunos pudieran reconocer su incapacidad de someter su voluntad a la de Dios. El mundo hoy en día está gritando: “tú puedes y debes dar rienda suelta a tus emociones”; sin embargo, hacer esto solo te pone a ti en el mando de tus emociones y no a Dios, como debe de ser. En ninguna manera te estoy diciendo que tus emociones son malas. Dios te diseñó con emociones; sin embargo, cuando éstas se apoderan de ti se convierten en un ídolo de tu corazón. Somete tus emociones al control del Espíritu Santo en tu vida diaria. 

Cuando tu hijo te desobedece no reacciones de forma impulsiva. No dejes que tu ira te controle en ese momento. A veces cuando las responsabilidades o pendientes te abruman, te dejas controlar por la tristeza o frustración. Como creyente debes mostrar a tus hijos que puedes ir al Señor en oración y descansar a pesar de las emociones que estás experimentando en ese momento.

4. Aplica la templanza en tus deseos.

Esto es algo que Satanás ha utilizado desde el huerto del Edén: “satisface todos tus deseos porque tú te lo mereces”. Vivimos en una sociedad hedonista, que considera el placer como el fin supremo de la vida. Por eso es tan urgente aplicar la templanza en tus deseos. Como creyente no debes hacer lo que te complace. Tu deber es hacer lo que Dios indica en Su Palabra. Dios conoce los deseos de tu corazón y si están alineados a su voluntad Él obrará para satisfacerlos.

Como padre debes cuidar tus consumos de comida, ropa, aparatos electrónicos, y compras en tiendas en línea. Dios te pone como administrador de sus bienes y como ejemplo de templanza a tus hijos. Cuando tus hijos te piden cosas no cumplas todos sus caprichos ni en el tiempo que ellos digan. Enséñales el valor de esperar. Anímalos a ser agradecidos con Dios cuando reciben algo de parte de Él. Habla con ellos de los deseos sexuales. Deben apartarse de la lujuria y la fornicación, y esperar para cumplir sus deseos ordenados en el matrimonio. 

¿Qué tal en el deseo de dormir? Es importante tomar el descanso necesario para recuperar fuerzas cuidando siempre de no ser perezosos. Igualmente, el ocio podría ser algo en lo cual inviertes mucho tiempo, pero 1 Corintios 6:12 nos dice que todas las cosas nos son lícitas pero que no todas nos convienen ni tampoco debes dejarte controlar por todas. Ayuda a tus hijos a encontrar un buen equilibrio en estas áreas.

Es probable que como creyente te sientas abrumado cuando no estás mostrando la templanza en todas las áreas de tu vida. No obstante, cuando la desesperación te invada recuerda voltear a Cristo, Él es nuestro mayor ejemplo de templanza.

Ante el hambre en el desierto, Cristo no se doblegó sino que se sometió a la enseñanza de su Padre de no dejarse controlar por sus deseos. Ante el sentimiento de angustia y preocupación antes de ir a la cruz, le dijo al Padre que se hiciera su voluntad y no la de Él. Pero Cristo no solo te modeló un ejemplo perfecto de templanza, Él te ha dado un corazón nuevo que tiene la capacidad de someter toda emoción, pensamiento, deseo o palabra a la voluntad del Señor.

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Autor

  • Es originario de Sinaloa, México. Casado con Marisol desde el 2012, ahora disfrutan de criar a sus dos hijas. Estudió administración de empresas en la Universidad Cristiana de las Américas, donde colaboró por varios años. Es anciano desde el 2016 en la Iglesia Bautista la Gracia en Juárez, Nuevo Leon, México.

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