La felicidad es una meta fugaz que todos los seres humanos perseguimos. La satisfacción se nos escapa, y vivimos con anhelos insatisfechos. Pero el Espíritu Santo quiere hacer una obra en cada padre y cada hijo para producir el verdadero gozo—una satisfacción que resulta de tener a Dios como el mayor tesoro. ¿Cómo puede tu familia experimentar este tipo de gozo? ¡Escucha la conversación para saber!
RECURSOS ADICIONALES
- Ayuda para devocionales familiares sobre el gozo: (Descarga el pdf, o lee el texto abajo)
- Lee aquí el artículo: Gozo: No necesitas una maternidad ideal para tener gozo.
- (Escucha aquí un sermón de la Iglesia Bautista la Gracia sobre el fruto del Espíritu “Gozo”.
¿Qué es el gozo bíblico? “El estado de satisfacción que proviene de poseer a Dios como nuestro tesoro más elevado.” – Daniel Terrazas
Día 1) Leer Filipenses 4:4.
- En este versículo, ¿hay algo que te sorprende? ¿Pablo está dando una sugerencia o un mandato? ¿Qué tan difícil crees que sería vivir de esta manera?
- Comenten en familia lo diferente que sería este versículo sin la pequeña frase “en el Señor”. ¿Cómo te ayuda a entender la única manera posible de vivir este versículo?
Día 2) Leer Lucas 10:21 y Juan 15:11; 11:33.
- Según Lucas 10:21, ¿por qué Jesús se sintió gozoso? Ahora comenten sobre cuáles son las cosas que normalmente hace feliz a los miembros de tu familia. ¿Su fuente de gozo se parece al de Jesús?
- Según los versículos de Juan, ¿el gozo que Jesús quería dar a sus discípulos significaría que nunca estarían tristes? ¿Cómo podemos tener nuestro gozo cumplido en Cristo?
Día 3) Lee Hechos 17:1-9; 1 Tesalonicenses 1:6; 5:16
- Lean el pasaje de Hechos 17, y luego lean las palabras de Pablo en 1 Tesalonicenses escritos a los mismos hermanos a quienes sucedieron estas cosas. ¿Qué aprendemos sobre la posibilidad de tener gozo aun cuando hay injusticia y sufrimiento?
- Lean la definición de gozo arriba. ¿Cómo podría nuestra familia cambiar algunos hábitos y actividades para buscar la verdadera fuente del gozo? ¿Qué puede hacer cada uno para estar más “en el Señor”?
Texto de la semana para memorizar: Filipenses 4:4 – “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”
ADORA, ORA, EXAMÍNATE:
ADORA: Gracias Señor Jesús por ser la fuente del verdadero gozo al dar tu vida por nosotros con gozo.
ORA: Padre, ayúdanos a buscarte a ti, la plenitud de gozo, y aunque vengan angustias permítenos mostrar a otros el gozo que solo proviene de andar en el Señor.
EXAMÍNATE:
- ¿Falta gozo en tu hogar y en tu vida?
- ¿Estás buscando el gozo en las cosas terrenales o en una relación íntima con Dios?
- ¿Estás usando tu gozo como testimonio para otros, dentro y fuera de la iglesia?
El Ejemplo de Cristo:
Juan 15:11 – “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.”
Transcripción:
Susi: Estamos en la serie sobre el Espíritu Santo, andar en el Espíritu y producir el fruto del Espíritu, y lo estamos aplicando específicamente, obviamente, a la crianza de nuestros hijos. Ya hemos tenido un par de episodios en esta serie. Si estás con nosotros, gracias por seguir acompañándonos.
Ya hemos visto una introducción a cómo las familias podemos andar en el Espíritu también. Ya hablamos del amor, y como les expliqué en otro episodio, estamos haciendo esta serie en parte porque en nuestra iglesia local, Iglesia Bautista la Gracia, los pastores han estado predicando una serie sobre el fruto del Espíritu, y mientras yo escuchaba cada sermón de cada domingo, yo pensaba cuán útil esto podría ser para las familias que nos siguen y nos escuchan en Crianza Reverente.
Hoy queremos hablar del gozo. Tengo el privilegio de tener aquí conmigo al otro pastor de nuestra iglesia que sirve junto con mi esposo, Daniel López. Gracias, Pastor Daniel, por estar aquí con nosotros.
Daniel: Nombre, gracias otra vez por la invitación. Ya es mi segunda vez, si mal no recuerdo, y es un gusto estar con tu audiencia.
Susi: Sí. Gracias. La esposa de Daniel, Marisol, es una gran amiga. También ellos participaron en otro episodio en otra serie que hicimos sobre los atributos de Dios. Primero, Daniel, creo que sería de ayuda para nuestra audiencia escuchar para ti personalmente cómo ha sido este proceso, qué significa para ti andar en el Espíritu, y cómo ha afectado, o qué tan importante es para tu rol de padre.
Daniel: Creo que esto puede caer como ha caído en muchos creyentes. Normalmente vemos el fruto del Espíritu, o las virtudes que representan el fruto del Espíritu en nuestras vidas, como una carga, como: “¡Ay! Tengo que ser bien amoroso”. O: “Tengo que ser bien paciente, o ser bien gozoso en muchas áreas de mi vida”. Y esto es una carga bien pesada.
Ayer justamente estaba predicando de otra de las virtudes, y pensaba después—los ejemplos buenos siempre llegan después—pensaba en una mochila donde vamos cargando estas virtudes. Y es súper pesado, y sentimos que nos estamos yendo para atrás con todo esto. Pero luego pensé en los niños, cuando los niños van a la escuela y llevan su mochila. Los niños van ahí bien, haciendo como: “¡Ay! ¡Está súper pesada, papi, la mochila! ¡No puedo!” Y realmente nosotros agarramos la mochila y soportamos el peso de la mochila. Y nosotros, simple y sencillamente, pues lo llevamos muy ligerita a la carga.
Vivir en el Espíritu es un símil con eso. Puede representar, según nosotros, una carga, pero realmente es Dios obrando en nosotros y llevando ese peso de vivir en el Espíritu. Es verdad; sí implica un esfuerzo de nuestra parte, pero es mínimo. O sea, es mínimo lo que nosotros hacemos.
Sí, ha sido un reto: ahora, especialmente, cuando lo estamos estudiando a profundidad. Porque sí, es algo que conocíamos. Es algo que hemos estudiado en algún otro momento, pero ahora entrar a detalle a cada una de estas virtudes te abre el panorama, y puedes ver muchas cosas.
Obviamente, como creyentes debe impactar en todas las áreas de nuestra vida. Pero como padre, como esposo, pensaba que esto es un testimonio que impacta en mi primer círculo, en mi círculo más íntimo, ¿no? ¿Quién va a ver si soy amoroso? Pues mis hijas, mi esposa. Cuando llegan las situaciones, ¿soy paciente? Ellas van a ser las primeras. Ellas—hablo porque yo en casa tengo puras mujeres, mi esposa y dos niñas; siempre voy a referirme a ellas.
Susi: Sí.
Daniel: Ellas van a ser las primeras que van a observar si yo verdaderamente estoy viviendo el fruto del Espíritu. Ahora, como pastor, tienes todavía ese doble reto. Porque normalmente allá afuera la gente te ve y es como “muy bien”, pero cuando estás en casa, probablemente tenemos esa…a sentirnos más relajados. Ahí sale nuestro verdadero yo.
Susi: Exacto.
Daniel: Si yo no estoy viviendo aquí…ahora, imaginemos mis hijas escuchando que papá está predicando del amor, gozo, paz, paciencia, y yo no veo eso en casa. Entonces mi testimonio se va a ver muy, muy, muy afectado con eso, y en especial cuando entremos al tema que vamos a ver el día de hoy.
Susi: Sí, y a veces son las personas más cercanas que más nos sacan del estado de andar en el Espíritu. Tú puedes decir: “Yo ando muy bien controlado por el Espíritu, hasta que llegue a mi casa. O hasta que mis hijos hagan tal cosa”. Ahí es cuando nos damos cuenta: bueno, ¿realmente estás andando en el Espíritu? ¿O estás andando en tus propias fuerzas? Y cuando llega ese reto, ya te das cuenta que realmente no estabas andando en el Espíritu.
Daniel: Es un buen espejo para nosotros darnos cuenta, como decías. Nuestros hijos, nuestra esposa, esposo, saben esos botones que se tienen que aplastar para que salga ahí lo que hay dentro de nosotros. Pero eso debería también de servir para ver: no estoy teniendo el mejor trato. No estoy mostrando mi paciencia en estas cosas que estoy viviendo con mis hijas o con mi esposa. Sí, es verdaderamente un reto.
Susi: Sí, así es. Bueno, queremos hablar del gozo. Pensando en el gozo aquí, en este contexto de que es un fruto del Espíritu, yo creo que muchas personas tienen ideas diferentes acerca de qué significa el gozo. ¿Tú, qué crees—normalmente, en qué piensan las personas cuando piensan en el gozo?
Daniel: Yo creo que gozo, lo vemos como felicidad, y sí, lleva un poquito de eso, pero creo que tenemos esta idea—¿cómo le explico?—como idealizada. Para que yo pueda tener gozo, yo tengo que vivir en esta película. Imagina conmigo—imaginen todos, por favor, conmigo, en esta intro de la película de Hollywood, donde el papá llega de su trabajo súper contento, bien vestido, en el carro que él siempre ha soñado. Llega a la casa que siempre ha soñado y lo recibe una esposa amorosa con sus hijos, todos bien contentos, bien bañaditos, bien alistaditos—todo perfecto.
Entonces ese sería el mundo ideal, por ejemplo, para un padre: “Ah, estoy en el lugar que me produce gozo. Las circunstancias a mi alrededor producen gozo en mí. Estoy contento con las cosas que estoy haciendo”. Pero, así como este cuadro, cada persona podría dibujar su propio cuadro. Entonces si no se está cumpliendo eso en mi vida, es imposible que pueda existir el gozo en mí. ¿Por qué? Porque no tengo el carro deseado, el trabajo deseado, los hijos deseados a veces. Se comportan de una forma que yo pensaría que no deberían estarse comportando. Y eso, ¿qué produce en mí? Pues, no sé—amargura, frustración y otras cosas.
Entonces, yo no puedo tener gozo en esa situación en la cual yo estoy viviendo. ¿Cuál se empieza a ser el problema? Que el gozo en el mundo, y lamentablemente, también en las iglesias, va a depender de las circunstancias. Si me va bien en el trabajo, estoy gozoso en mi trabajo. Si en mi familia, en mi matrimonio, mi relación con mis hijos me va bien, en mi casa estoy gozoso. Si las cosas en la iglesia se dan como nosotros pensamos que debe de funcionar una iglesia—no en la forma bíblica. No. Como yo pienso—cómo el pastor debe predicar, cómo los diáconos deben de comportarse, X cantidad de cosas, entonces estoy gozoso.
¿Cuál es el problema? Que no controlamos las circunstancias a nuestro alrededor. Y si ponemos el gozo en eso, nunca vamos a poder disfrutar verdaderamente lo que es el gozo. Las cosas que nos rodean están ahí, y si estamos pensando en eso, nunca vamos a tener gozo verdadero y disfrutar las cosas.
Susi: Es como una felicidad, como una emoción, ¿verdad? Muchas veces pensamos que el gozo es simplemente una emoción que yo obtengo de mis circunstancias. Creo que es común para muchos de nosotros pensar eso del gozo. ¿Cuál es la diferencia entre esa felicidad que tendemos a buscar y el gozo del cual está hablando Pablo en Gálatas 5, el pasaje que estamos viendo del fruto de Espíritu?
Daniel: Es interesante—cuando Pablo está hablando ahí en Gálatas, no lo está haciendo, primeramente, no es como una sugerencia, sino que nos está dando un mandato de vivir de esta forma, y poder ser no sólo amorosos, pacientes, sino también gozosos. Entonces, ¿de dónde proviene el gozo que el creyente debe tener? Si las circunstancias las dejamos fuera, ¿a dónde miro? ¿A dónde me debo de ver?
El gozo va a ser ese estado de satisfacción que proviene de que el creyente posee a Dios. Su cosa, su posesión, más valiosa es esa relación que puede disfrutar con Dios, y al tener esa relación, la valora como lo más grande en su vida. Eso produce un gozo verdadero. Y eso va a evitar que el creyente esté poniendo su gozo en cada circunstancia, situación, problema, que encuentra en su vida.
Mis hijos no se están comportando de la forma que yo desearía. Bueno, pero mi tesoro no se encuentra en tener al hijo ideal. Se encuentra en que yo tengo una relación personal con Dios. Se convierte en mi cosa más valiosa, mi tesoro. Ahí estamos cambiando por completo la perspectiva que el mundo tiene. Ya ahí estamos en otra situación: no es de las cosas, sueños, ideales. El gozo se trata de Dios, de la relación que tú puedes tener con él. Eso es lo más grande en nuestras vidas; por lo tanto, nos llena a plenitud.
Susi: ¿Puedes compartirnos la definición de gozo que nos compartiste en la predicación? Porque me gustó mucho.
Daniel: Sí, claro. Cómo podríamos definir de forma bíblica el gozo sería un estado de satisfacción que proviene de poseer a Dios como nuestra posesión, como nuestro tesoro, más elevado. Ese sería como haciéndolo corto lo que acabamos de decir.
Susi: Sí. A mí me ayudó mucho el concepto de siempre asociar gozo con satisfacción, porque, a fin de cuentas, eso es lo que buscamos. Me hace feliz porque me satisface. Algo me hace feliz porque me satisface temporalmente normalmente, ¿verdad? Pero eso es. A mí me ayudó mucho pensar en ese concepto de satisfacción.
Daniel: Claro. Y es lo que el mundo está buscando hoy en día, Susi, allá afuera. Es: busca lo que a ti te hace feliz. Y lamentablemente no van a encontrar gozo en hacer más cosas, en tener más cosas. Lo único donde pueden encontrar esa satisfacción que están buscando es en Dios. No hay más fuera de él.
Susi: Sí, y eso también va a tener muchas implicaciones para la crianza. Pero algo que dijiste es clave: lo de la relación con Dios. ¿Qué se necesita primero para que alguien pueda realmente experimentar gozo verdadero?
Daniel: Probablemente vamos a entrar en un tema muy sencillo y tal vez muy conocido para muchos de los que nos están escuchando. Pero lo que tú necesitas para poder experimentar verdaderamente el gozo es una relación con Cristo. Es decir, como padres no debemos de poner nuestra atención en nuestros hijos; busca tener una relación con Cristo si no la tienes como tu Salvador, primeramente. Eso es la base para construir esa relación de la cual hablábamos ahorita.
¿Por qué? Porque el mundo ahí afuera, o el hombre natural, como la Biblia lo describe, no va a poder experimentar este gozo verdadero en sus propias fuerzas, en sus propios medios, buscando aquí y allá. ¿Qué es lo que necesita? Lo necesita encontrar en su relación con él, la identidad que Cristo le puede dar a esta persona, a cada uno de nosotros, como una nueva criatura, como un nuevo ser.
Mientras estudiaba acerca del gozo, regresaba al Antiguo Testamento a ver algunos ejemplos de cómo podríamos ver personas que disfrutaron del gozo en situaciones probablemente difíciles. Llegaba a David, obviamente. David, en el Salmo 30, nos está hablando en un contexto de una batalla, de lo que él estaba pasando. Pero hay algo interesante al final de Salmo 30. Lo voy a leer para ser más claro. Salmo 30:11 y 12 dice: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre”.
David se encontraba en una situación difícil, adversa, en ese momento, pero hubo algo que cambió. ¿La batalla la ganó? ¿Su ejército fue el mejor? No. Él pone su atención otra vez en su tesoro, su posesión más valiosa. Él dice: “Has cambiado”. Tú, Señor, obraste en mí para cambiar esa situación, no de fuera. Lo de adentro. Dice: “Cambiaste mi lamento en baile. Desataste mi cilicio”. Esa condición de adversidad, de estar muy triste, ahora lo cambia completamente en alegría.
¿Qué es lo que necesitamos? Necesitamos una relación con Dios, que él pueda obrar en nuestras vidas. Y no solamente lo vemos en David, en el Antiguo Testamento, sino que en el Nuevo Testamento el Señor también habla a las diferentes iglesias en los primeros siglos, y nos deja ver que las personas que han puesto su fe en Cristo, esos nuevos creyentes, Pablo, en Filipenses 4—probablemente un versículo muy conocido por el mundo creyente—Pablo les dice: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”
Les está diciendo: debemos estar gozosos en todo momento. Pero lo interesante es cómo Pablo, aquí en Filipenses, centra la atención del gozo y del regocijo, no en lo que la persona está haciendo. Dice: “Regocijaos en el Señor”. La clave es esa: la relación que nosotros podemos tener con Cristo. De ahí parte nuestro gozo y la aplicación que le podemos dar en todas las áreas de nuestra vida.
Susi: Y creo que en Cristo vemos un ejemplo de esto, ¿no?
Daniel: Sí.
Susi: ¿Cómo vemos esta cualidad del gozo en la vida de Jesús de una manera que también nos ayude a imitarlo?
Daniel: Siempre les digo—ahora que estamos hablando del fruto del Espíritu—cómo Cristo se vuelve para nuestras vidas el ejemplo de excelencia. Cuando queremos saber cómo es vivir en el Espíritu, lo primero que tenemos que hacer es voltear a Cristo, y cómo Cristo vivió diferentes circunstancias en su vida. Ahora, vemos pasajes donde vemos al Señor contento, donde lo vemos disfrutar de la vida, donde lo vemos gozoso. Y a veces, malamente tenemos la idea de Cristo: seriedad, y nada más ahí vino a enseñar a las personas. Pero no es así, sino que verdaderamente vemos a Cristo gozarse con sus amigos en las cosas que le pasaban, admirar las cosas que había alrededor de él.
Un pasaje que nos muestra ese gozo del Señor está en Lucas 10:21. Dice: “En aquella misma hora Jesús se regocijó”. Jesús estaba gozoso. Y lo que sigue es: “en el Espíritu”. O sea, Cristo estaba viviendo verdaderamente en el Espíritu. Sabía ese reto, digamos, que ahora nosotros tenemos de cargar nuestra mochilita. Cristo también la llevó, y tenía que vivir gozoso.
¿Qué es lo que le daba gozo al Señor? Específicamente en ese pasaje que mencionaba acerca de Lucas, es en el contexto en el cual el Señor les permite a los niños darse cuenta de quién era Cristo, de verdaderamente lo que él era. El pasaje continúa diciendo: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”. Cristo estaba contento, no de las circunstancias, sino del Padre, que estaba cumpliendo su voluntad, y ahora sabía que los niños también podían tener ese conocimiento, y el alcance del evangelio. Ahí encontraba su gozo. Eso es interesante para nosotros ¿no?
Susi: Qué bonito para la crianza, para los padres. ¿Cuándo fue la última vez que nos regocijamos simplemente porque nuestros hijos pueden empezar a entender la Biblia o el evangelio?
Daniel: A veces cometemos el mismo error de este pasaje. Decimos: “No, es que para los niños, todavía no”. (Vamos a hacer un paréntesis.) El evangelio, las cosas teológicas—es decir, que aprendan de Dios, simple y sencillamente—está reservada para la edad adulta, para cuando el cerebro ya está más desarrollado. Pero no. Cristo tuvo la oportunidad de presentar el evangelio, y esa es una esperanza para nosotros como padres.
Pero también es una oportunidad que se nos abre: podemos compartirles el evangelio a nuestros niños. Podemos hablarles de verdades bíblicas a nuestros niños. Pero no lo presentemos de forma tan teológica, tan elaborada. Seamos sencillos. El evangelio es sencillo. Realmente es presentarlo de una forma muy clara a ellos, y entonces pueden también aprender de Dios, del evangelio.
Susi: Y eso nos puede dar gozo. Mi hijo—no sé—mi hijo pequeño se porta mal. Tengo que hablar con él sobre su pecado. Ah, pero tengo el privilegio de también llevarlo a Jesús en ese momento. Eso debe producirme gozo, más gozo que cuando se porta bien, nada más. Pero no somos así normalmente los padres, ¿no?
Daniel: ¿Por qué? Porque las circunstancias roban nuestro gozo. Vemos esa situación de pecado que hipotética mencionábamos y es: “¡Ay! Otra vez mi hijo está haciendo…”. No lo vemos de la forma diferente, de: “Tengo una oportunidad para hablar con él, de cómo esto va en contra de lo que Dios quiere para él”. No para mí, sino lo que Dios demanda para mi hijo. Los padres deberíamos de encontrar también ese gozo en esa oportunidad que tenemos.
Yo sé que esto hicimos como un paréntesis, pero déjame regresar al ejemplo de Cristo, porque cuando él se convierte en nuestra norma para la vida, algún padre que nos esté escuchando en este momento podría decir: “Bueno, ¿y cuando Jesús lloró? No estaba gozoso en ese momento”. Quisiera mencionar al menos dos cosas, dos situaciones de la vida de Jesús, que podríamos pensar: híjole, aquí no estaba gozoso. Probablemente aquí no disfrutó el gozo, como estamos hablando en este momento.
Primero, cuando está Cristo a punto de entrar a Jerusalén, ya en los últimos momentos de su vida, y ve la ciudad a lo lejos, y sabe de la condición de pecado en la cual se encuentra la nación, y Cristo llora por la ciudad. Ellos estaban ciegos y no podían ver la salvación que tenían delante de ellos en ese momento. Y Cristo llora por el corazón de las personas.
¿Significa que Cristo no estaba gozoso en ese momento? No, simple y sencillamente estaba expresando una emoción. Dijimos ahorita que el gozo no es una emoción, sino que es encontrarle sentido verdadero en lo que Cristo es para nosotros, en lo que Dios es para nosotros. Cuando también está en Getsemaní y está agonizando ahí, con su alma angustiada por lo que iba a pasar, podríamos pensar que estas circunstancias de la vida le robaron el gozo. A Cristo, no. No se lo robaron porque el gozo del Espíritu—y esto es algo bien interesante—no implica ausencia de tristeza. Es decir, va a haber esas circunstancias en nuestras vidas que van a ser tristes y que van a ser difíciles, incluso para nosotros.
Hablemos de una enfermedad en nuestros hijos. ¿Eso nos va a robar el gozo? No. ¿Vamos a estar preocupados? En verdad que sí, y nos vamos a ocupar de eso y proveer las cosas que necesita para la salud de nuestros hijos. Pero ¿nos quita el gozo? No. ¿Por qué? Porque nuestro gozo no está en esas situaciones.
Al igual que Cristo lo estuvo viviendo. Veía la ciudad, veía incluso su propio sufrimiento, y ¿eso le quitaba el gozo? No. Porque sabía…hablemos del sufrimiento o la angustia que él estaba sintiendo en el Getsemaní. ¿Le quitó el gozo? No, porque sabía que lo que venía era mucho mejor para su Padre. Para él no, porque era un sufrimiento verdadero que iba a pasar. Por eso estaba tan angustiado. Pero su gozo estaba en la esperanza de redención a raíz de lo que él iba a pasar. Nuestro gozo proviene de eso, para Cristo y para nosotros.
Susi: Por eso nos ayuda mucho pensar en el gozo, principalmente, como un estado de satisfacción y no una emoción de felicidad. En medio de una emoción de tristeza, puedo comoquiera seguir encontrando mi satisfacción en Dios. A lo mejor mi gozo no se ve como risas, pero ahí está. Es un contentamiento y satisfacción interno.
Daniel: Sí, claro.
Susi: Pues en los minutos que nos quedan me gustaría si pudiéramos comentar un poquito sobre quizás un padre o una madre que puede decir: “¿Pero realmente qué importa si mis hijos me ven sin gozo?” ¿Qué consecuencias puede tener? ¿O qué señales quizás hubiera en la vida de un padre, para decir: yo no tengo el gozo?
Daniel: Creo que esto podría ser complicado, porque en cada uno de nosotros se manifestaría de forma diferente. ¿Por qué? Porque normalmente lo vamos a asociar a las circunstancias. Pero, por ejemplo, los padres normalmente están desempeñando un trabajo, ¿verdad? Entonces hay cosas que pasan en el trabajo que producen estrés. Y cuando llegamos a casa queremos llegar pateando la mochila que los niños dejaron tirada porque no está en el lugar correcto. O nos enojamos con nuestra esposa porque la comida no estaba caliente cuando nosotros llegamos. El estrés que traemos del trabajo, desbordarlo con nuestra familia.
Esos son señales de que no estamos encontrando gozo verdadero. La mamá, situaciones que pasan en casa. O las mamás que trabajan también, y quieren que sus niños hagan las tareas solos. Estas otras cosas pasan, y puede ser enojo, puede ser frustración, incluso algún tipo de depresión, la ansiedad, porque el cuadro ideal que pintamos no está sucediendo, y entonces tengo que hacer esto, tengo que…
Las mamás, incluso algunos papás, nos cargamos de muchas tareas porque queremos que todo esté a la perfección, y descuidamos la relación que podemos tener, no solamente con Dios, que es lo más importante, sino a veces también con nuestros hijos. Nuestros hijos son quienes pagan ese estrés del papá, ese enojo del papá, la frustración de la mamá, la ansiedad que tiene o la tristeza.
Esas señales nos podrían indicar que nosotros no estamos encontrando el gozo en nuestra relación con Dios, sino que hemos cambiado la dirección a las circunstancias o a las personas. A veces lo podemos aplicar en el matrimonio: si el matrimonio no está ideal como yo lo pensaba, no tengo gozo. Si mi relación con mis hijos no es la que yo espero, estoy triste, estoy frustrado. Esas podrían ser algunas señales que nosotros podríamos encontrar.
Ahora, vamos a encontrar situaciones difíciles, como mencionábamos ahorita, pero eso no tiene que robar nuestro gozo. Pablo, escribiendo a la iglesia en Tesalónica, en su primera carta les hace un reconocimiento de cómo ellos habían encontrado el gozo. En el primer capítulo, el versículo 6 dice: “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros”, hablando de Pablo y del Señor, Cristo, como nuestro mayor ejemplo, “recibiendo la palabra en medio de gran tribulación”.
La iglesia estaba pasando por cosas muy difíciles, en gran tribulación. Pero termina ese versículo diciendo: “con gozo del Espíritu Santo”. ¿Qué estaba haciendo la iglesia? Estaba imitando a Pablo, pero a Cristo como nuestro mayor ejemplo, y estaba obteniendo su gozo de la relación que tenía con el Espíritu Santo. Veíamos ahorita, necesitamos tener una relación verdadera para que eso pueda producir, y en medio de todo eso, está la gran tribulación que ellos estaban pasando, cosas muy pesadas y muy difíciles que ellos estaban viviendo, pero eso no arrancaba el gozo que tenían en sus vidas.
Que las circunstancias no dicten, en nuestra relación como padres, como esposos, como esposas, dónde debemos encontrar nuestro gozo.
Susi: Para terminar con un par de aplicaciones, quizás también para nuestros hijos, hijos de diferentes edades, obviamente diferentes condiciones espirituales, yo creo que muchas veces los padres—yo personalmente he visto que es común que los padres no procuren que sus hijos encuentren la satisfacción en Dios.
Obviamente, a veces no sé si es salvo o no, pero de eso ya hemos hablado, incluso en episodios anteriores. Queremos inculcar estas virtudes confiando en que cuando Dios salve a nuestros hijos ya estarán encaminados con las actitudes correctas. Pero yo pienso que, con los niños, los padres tenemos que invitar a nuestros hijos a tener las mismas motivaciones, su misma satisfacción en el Señor. A veces les motivamos con fuentes de gozo deficientes, ¿verdad?
Daniel: Muchas veces como padres—quiero regresarme un poquito, porque probablemente lo que ahora nuestra sociedad está diciendo que tenemos que hacer con nuestros hijos específicamente es blindarlos. Es decir, mi hijo no tiene que pasar por ninguna situación difícil.
Si en la escuela no le gusta cómo la maestra está dando la clase, lo que yo hago no es enseñarle que él debe estar contento en esa situación en la que se encuentra. No, yo voy y hablo a la escuela y le digo que me quiten esa maestra. O si no es mi caso ser un padre conflictivo, lo que yo hago es quito a mi hijo de la escuela y me lo llevo a otra escuela. Y si no funciona me lo llevo a otra escuela. Y si no funciona, me lo traigo a mi casa. Ahí te vas a dar cuenta que el problema no era el maestro, ¿verdad? ¡Sino que era el chamaco!
Susi: En general tienes razón, sí.
Daniel: Pero ¿qué estamos haciendo? Los blindamos, y no les estamos—o, mejor dicho, estamos perdiendo la oportunidad de llevar el evangelio a nuestros hijos en medio de esas situaciones. Porque podríamos enseñarles a que ellos encuentren gozo en Cristo y no en la escuela, en los amigos difíciles que puedan tener. Los que tienen hijos más grandes, en las relaciones que ya empiezan a tener, tanto de amistad como probablemente de noviazgo, porque si “el muchacho ya no me habló. ¡Soy la más infeliz del mundo! Ya no puedo hacer…”. “A ver, hija, si encuentras tu felicidad y tu gozo en la relación que tú tienes con un muchacho, con una muchacha, ahí ya hay un problema”.
Nosotros como padres tenemos esa gran oportunidad de cuidar eso, de cuidar las relaciones con nuestros hijos, con las maestras, todas esas cosas que encontramos. No los blindemos; sí, tenemos que cuidar a nuestros hijos, entiendo esa parte, pero no los blindemos de: nada de sufrimiento para él. No. En medio de situaciones difíciles, puede encontrar gozo. Porque luego viene este peligro: cuando nosotros blindamos de esa forma, nuestros hijos crecen y se enfrentan al mundo…
Susi: La vida real.
Daniel: La vida real. Pero nosotros, más o menos ahí tergiversamos las cosas y decirle: “No, mira, el gozo del Señor es que tú estés feliz en todo momento, y que todo pase bien”. Y cuando ellos lleguen allá afuera, no van a decir que: “mis papás me mintieron”. Van a decir: “Dios empezó a fallarme así, y ese Dios que mis papás me habían dicho, creo que no es”.
Susi: No existe.
Daniel: Exactamente. Y ahí empiezan a buscar otras cosas, y lamentablemente perdemos a nuestros hijos. No nosotros, sino de la relación que ellos pueden tener con el Señor. Enseñémosles desde pequeños de forma sencilla, cómo ellos pueden encontrar el gozo en la relación que pueden tener con Cristo como su Salvador, viviendo en el Espíritu y de verdad gozándose al encontrar esa satisfacción que el mundo tanto está buscando.
Susi: Yo pienso que en parte les llevamos por ese camino cuando, por ejemplo, les señalamos su pecado y les ayudamos a entender cómo el pecado quita el verdadero gozo por las consecuencias que trae. Yo recuerdo algo tan sencillo como los regalos de Navidad. Muchos padres utilizan la posibilidad de regalos para tratar de motivar buena conducta, o como amenazas, pero un regalo debe ser un regalo. Y no es una fuente de alta satisfacción; es una fuente de una felicidad pasajera.
Yo recuerdo cuando nosotros utilizamos regalos pasados que se habían roto o que se habían abandonado para recordar a nuestros hijos: ¿Tú te acuerdas cuánto tú deseabas eso? Y un mes después, ¿dónde estaba ese juguete? Mira, es lo mismo con todas las cosas que tú puedes desear sobre esta tierra. Claro que puedes disfrutar de tener ciertos juguetes, pero recuerda que solo Cristo te va a satisfacer el corazón.
O sea, son oportunidades tan mínimas, uno piensa, o de cosas diarias. Yo, mi amonestación sería: piensa en qué estás utilizando para motivar a tus hijos, porque debes presentarles la motivación de un Salvador que por gracia los ama, y que ellos puedan regresar ese amor y rendición a ese Salvador.
Daniel: Sí. No estamos en contra de los regalos y de las cosas buenas que el Señor nos ha permitido tener, pero no enfoquemos el gozo de nuestros hijos en esas cosas. Enfoquémoslo a Cristo. Eso es lo que de verdad nuestros hijos después, en un futuro, si el Señor lo permite, nos van a agradecer por encima de cualquier regalo, de cualquier premio, de cualquier lugar a que los podamos llevar. Llevarlos a Cristo: ese sería nuestro mejor regalo.
Susi: Exacto. Nuestro supremo gozo es el Señor. Amén. Gracias, Daniel, por aportar aquí en el podcast, y también por las predicaciones en la iglesia.
Vamos a seguir, porque solo hemos apenas empezado la serie, así que gracias por estar con nosotros. Recuerda que puedes ir a crianzareverente.com al Episodio 198, que es este, y ahí puedes bajar o descargar un PDF de una ayuda para que puedas tener devocional familiar esta semana con tus hijos alrededor del tema del gozo en el Espíritu. Que Dios bendiga a tu hogar esta semana, y que les dé verdadero gozo en el Señor. Bendiciones.




