“Mamá, ¡eso no es justo!” ¿Alguna vez te has preguntado cómo es que tu niña de tres años sabe que las cosas deben ser “justas”? ¿Qué causa esa indignación dentro de ti cuando eres tratado “injustamente”? Como seres creados a la imagen de Dios, anhelamos la justicia, pero como pecadores torcemos la justicia. Hablemos sobre la gran importancia de tener un hogar donde reine la justicia como un fruto del Espíritu.
RECURSOS ADICIONALES
- Ayuda para devocionales familiares sobre la justicia: (Descarga el pdf, o lee el texto abajo)
- Lee aquí el artículo: Justicia: una virtud para cada hogar cristiano
- (Escucha aquí un sermón de la Iglesia Bautista la Gracia sobre el fruto del Espíritu “Justicia”.)
Hoja de ayuda para devocionales familiares
¿Qué es la justicia bíblica? “Es la rectitud, honradez, e imparcialidad en el trato que le damos a otras personas” – Mateo Bixby
Día 1: Lee Deuteronomio 32:4 y Deuteronomio 4:8
- Enlisten los atributos de Dios que encuentran en Deuteronomio 32:4. ¿Saben qué significan estos atributos? ¿Cuáles de estos atributos están faltando en tu vida?
- Piensa en cómo actúas con tus amigos, hermanos o papás. ¿Pueden ellos ver la justicia de Dios en tus acciones?
Día 2: Lee Éxodo 18:21-22
- ¿Puedes practicar la justicia bíblica sin cultivar una relación con Dios? ¿Qué cosas específicas podemos hacer para fomentar el temor a Dios?
- ¿Cuáles cosas de las que mencionaste en la pregunta anterior necesitas mejorar o comenzar a hacer?
Día 3: Lee Romanos 3:10 y Filipenses 3:9
- ¿Puedes mostrar temor a Dios con base en tu propia justicia? ¿Por qué no?
- ¿Cuál es la verdadera base de la justicia de Dios?
- ¿Te has dado cuenta de tu necesidad de la justicia de Dios?
Texto de la semana para memorizar:
- Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
ADORA, ORA, EXAMÍNATE:
ADORA: Te agradezco Señor Jesús porque a través de tu justicia puedo vivir una vida justa.
ORA: Padre, que mi vida refleje tu justicia; ayúdame a que otros puedan ver en mí un temor reverente por ti y tu rectitud.
EXAMÍNATE:
- ¿Has recibido primeramente la justicia de Cristo?
- ¿Evitas los extremos de pensar en la justicia solamente como acciones o de pensar que ya no importan tus acciones?
- ¿Vives en justicia con toda persona y en todo momento?
El Ejemplo de Cristo:
- Isaías 53:11 “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”
Transcripción:
Susi: Una de las preocupaciones que los padres cristianos más expresan cuando nosotros hablamos con ellos es sobre el mundo tan malo en el que vivimos y el impacto que tiene sobre sus hijos. Yo creo que es común sentir que vivimos en la época más inmoral e injusta de toda la historia. Pero la verdad es que no es así. La injusticia, la inmoralidad, la falta de honestidad e integridad han sido problemas desde que el pecado entró al mundo.
En este episodio seguimos con nuestra serie sobre el fruto del Espíritu hablando de la justicia. Pero tú sabes, ya acabamos con la lista que el apóstol Pablo nos dio en Gálatas 5. Mateo, que está aquí conmigo otra vez, dinos por qué podemos hablar de la justicia cuando supuestamente estamos hablando del fruto del Espíritu.
Mateo: Las nueve virtudes que el apóstol Pablo incluye en Gálatas capítulo 5 no son todas las virtudes que el Espíritu produce en nuestra vida. No es una lista exhaustiva, y no es como si esas son las nueve virtudes que el Espíritu produce. No. Son nueve virtudes características de lo que el Espíritu hace en nosotros, y hay más virtudes que se aplican y deberían de crecer en nuestra vida también.
Ahora, cuando hablamos del fruto del Espíritu, creo que enfatizamos específicamente lo que el Espíritu hace para producir eso en nosotros. Cuando hablamos de una virtud cristiana, otras virtudes, incluyendo esas, estamos enfatizando más el aspecto personal, la responsabilidad que yo tengo de producir eso en mi vida.
Pero sea como sea, son virtudes que el Espíritu produce en mí. Yo no puedo ser justo por mi propia cuenta si el Espíritu Santo no obra en mi vida. Tampoco el fruto del Espíritu del amor se va a producir en mi vida si yo no trabajo en eso. Así funciona la santificación. El Espíritu hace su papel, pero yo también tengo que hacer mi papel. Entonces todas las virtudes cristianas son el fruto del Espíritu en mi vida.
Susi: Eso nos ayuda a los padres a entender que aún cuando no estamos seguros, como hemos comentado en otros episodios, no estamos seguros que nuestros hijos sean salvos, pero al entrenarlos en virtudes cristianas los estamos preparando para más fácilmente colaborar con el Espíritu para producir estas cosas en su vida cuando sí conozcan a Cristo, ¿verdad?
Mateo: Así es, porque es parte justamente de la imagen de Dios que Dios ha puesto en todo ser humano, aunque está corrompido por el pecado ahora, pero es parte de esa imagen de Dios.
Susi: Sí, muy bien. Pues hoy queremos hablar de la justicia. Estaba pensando, yo recuerdo muchas veces escuchar a uno de nuestros hijos decir: “Pero mamá, ¡eso no es justo!” Y yo recuerdo como niña tener ese termómetro interior que se indignaba cuando cualquier cosa era, o me parecía, injusto. Obviamente también nos lamentamos por las grandes injusticias que existen en el mundo. ¿De dónde viene eso? ¿Cómo es que un niño, sin que tú le enseñes, sabe que algo es justo o injusto?
Mateo: Es curioso. Nadie tiene que enseñarte eso. En diferentes culturas alrededor del mundo, en diferentes épocas, todos tenemos una sensación de qué es justo y qué no. A veces hay pequeñas diferencias acerca de cómo se define exactamente, pero todos tenemos eso. Es parte de la imagen de Dios en nosotros; es parte de la conciencia que Dios ha puesto en todo ser humano. Hay un conocimiento del bien y del mal, y es curioso porque todos anhelamos vivir en un mundo justo. Todos queremos que nos traten con justicia.
Pero lo curioso es que muchas veces, mientras que anhelamos que nos traten a nosotros con justicia, nosotros no tratamos a los demás con justicia en nuestro trato, en nuestra interacción, en cómo hablamos con las personas, en cómo los tratamos a ellos. Entonces también resalta una de las áreas de hipocresía en nuestra vida, porque yo quiero que me traten con justicia, pero no trato a otros con justicia.
Susi: Sí. Lo vemos con los niños, ¿verdad? En un minuto, en un momento del día, un niño puede estar reclamando a su mamá que ella haga justicia: “Es que tú le diste un pedazo más grande de ese pastel que a mí”. Y cinco minutos después puede estar tratando completamente injustamente a su hermanito o al vecinito. Obviamente hay que destacar que el anhelo de justicia no significa que somos justos en todas las áreas de nuestra vida.
Mateo: Y creo que cuando hablamos de la justicia, a diferencia de algunas de las otras virtudes que hemos mencionado, la justicia es una virtud eminentemente práctica. No es tanto de nuestra actitud, aunque veremos que sí fluye de una actitud, pero es algo que se practica. Es algo que se ve en el día a día. Es ahí donde nosotros tenemos que entender la justicia.
Cuando empezamos a hablar de la justicia, si lo fuéramos a definir, tendríamos que definirlo como una rectitud, una honradez, quizás una imparcialidad en el trato que nosotros le damos a otras personas. Y eso no caracteriza a nuestro mundo. Lo que hay en nuestro mundo es la falta de rectitud, es la falta de honradez, es la falta de imparcialidad, donde hay justamente esa parcialidad, ese favoritismo hacia nosotros o hacia otras personas. Pero nosotros como cristianos que conocemos a Dios y conocemos la Palabra de Dios, buscamos vivir en rectitud, y en honradez, y en imparcialidad, porque eso fluye del carácter de Dios. Viene del carácter mismo de Dios. Dios es justo.
Susi: Perfectamente justo.
Mateo: Sí, y hay muchos versículos que nos hablan de eso: Deuteronomio 32:4 nos dice que “Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto”. Ese es Dios. Escuchamos eso y nos parece hermoso. Bueno, yo por lo menos lo veo y me parece hermoso, y quisiera que el mundo en el que nosotros vivimos fuera así. Vemos a tantas personas que actúan con injusticia, y no solamente fuera de la iglesia, pero también incluso dentro de la iglesia podemos ver injusticia, porque somos seres humanos pecadores. No somos perfectos.
Pero Dios es así, y nosotros debemos de imitar a Dios. Nosotros debemos de aspirar a tener esa misma justicia que Dios tiene, y debemos de tenerlo con toda persona y en todo momento. Esa es la clave de una persona que es íntegra en su justicia. No es justa en ciertos contextos donde le conviene, sino es justa con todos y en todo momento, aun cuando le puede costar. Creo que ahí vemos la diferencia entre si anhelamos la justicia o si usamos la justicia como una herramienta para nuestro propio beneficio.
Susi: Eso sería lo que a lo mejor haría un niño. Un niño que es muy inmaduro, tiene esa imagen de Dios en él; eso es lo que le permite saber que las cosas deben ser justas. Pero él, siendo egoísta—porque hemos dicho muchas veces que los niños nacen súper egocéntricos; el mundo gira alrededor de ellos—él quiere la justicia cuando le conviene. Pero él quiere hacer su propia justicia cuando le conviene. Muchas veces hemos visto a niños reinventando las reglas del juego: “¡No, no! Vamos a cambiar esa regla!”
Mateo: Sobre la marcha, sí.
Susi: Nosotros lo vimos muchas veces con nuestros hijos, y ahí el debate: “¡No! La regla…”. ¿Por qué? ¿Por qué quieres reinventar las reglas? Porque quieres todavía de alguna forma practicar la justicia, pero que esa justicia sea la más conveniente para ti. Obviamente nos reímos, y son cosas de niños, pero los padres tenemos que guardarnos de la hipocresía, de exigir justicia en un área y no practicarla en otra, porque eso contradice el evangelio en nuestro hogar.
Mateo: Y creo que podemos meditar mucho en la justicia de Dios. Una manera de cultivar justicia en nosotros es meditar en su justicia, y admirarnos de la hermosura de esa justicia, y anhelar ese mundo perfectamente justo, a ese Rey perfectamente justo que un día va a gobernar, y ya no habrá abuso, ya no habrá corrupción, y anhelar eso. Y luego eso nos puede inspirar a vivir de esa forma en este mundo que no lo es así. Es lo que nos permite ser sal y luz en un mundo que es corrupto y que es injusto.
Si nosotros somos diferentes, el mundo verá eso y glorificará a nuestro Padre que está en el cielo. Pero tenemos que pensar mucho, meditar mucho en la justicia de Dios. Porque si no, nos vamos a acoplar al mundo, a la injusticia que existe en ella, y dejar que nuestros propios deseos y nuestro propio beneficio nos gobierne a la hora de tomar las decisiones prácticas en esos momentos donde tenemos que ser justos o donde podemos ser injustos.
Susi: Hay muchísimos momentos, oportunidades de la vida, para ser injustos y también para ser justos. Y los padres tenemos que estar atentos a todas las áreas de la vida, no solamente encajar lo espiritual en un rinconcito o en un área específica. Estamos enseñando a nuestros hijos la justicia, o la falta de, en todas las áreas de la vida. Es muy fuerte.
Mateo: Y cuando vemos eso en la Biblia es muy interesante, porque podemos ir al Antiguo Testamento y ver la justicia y notar que la justicia era algo que se hacía. Ese es el énfasis muy fuerte en el Antiguo Testamento: se hace. Y se junta con la ley, y las leyes de Israel que Dios había dado eran leyes justas. Es uno de los énfasis. Por ejemplo, Deuteronomio 4:8: “Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?” Entonces, un énfasis muy marcado en cuanto a la justicia en el Antiguo Testamento es sobre la ley, sobre la obediencia a la ley, y esa práctica. Eres justo conforme obedeces la ley, con lo que haces.
Un aspecto muy, muy particular era que la ley predicaba la justicia para las personas vulnerables: el pobre, el huérfano, la viuda, el extranjero. Ahí es donde se demostraba la justicia genuina. Otra vez, tengo la oportunidad de ser injusto y tener un beneficio propio, pero si soy verdaderamente justo, no me aprovecho de esas personas vulnerables, sino que actúo en justicia donde nada me exige que lo haga y realmente no es para mi propio beneficio. Eso es ser justo.
Susi: Como que yo por cualquier razón, por tener más dinero o algo, tengo un cierto poder que podría ejercer para sacarme algún beneficio, pero yo pienso (aquí pensando en cómo criamos a nuestros hijos) si yo le enseño a mis hijos que todos somos igualmente creados a la imagen de Dios, entonces todos tenemos el mismo valor, eso es justo. El estándar de justicia en cuanto al valor del ser humano es que todos somos iguales. Ese estándar de justicia me hace saber que aunque alguien quedó en una condición vulnerable, no es justo aprovecharme de esa situación.
Mateo: Yo no soy más valioso por ser más rico, por ser más inteligente…
Susi: Educado…
Mateo: Más educación, sí. Nada de eso. Todos somos creados a la misma imagen de Dios. Todos debemos de ser tratados igualmente. Curiosamente, este es un valor particularmente cristiano. Es un valor que el cristianismo ha promovido y que no existía en el mundo antes del cristianismo—bueno, por lo menos del judaísmo y luego el cristianismo—en el mundo occidental. Fue el cristianismo que volvió a revivir esto. ¿Por qué? Porque se estaba enfocando en la Palabra de Dios y lo que la Palabra de Dios enseña acerca de la justicia y del ser humano. Creados a la imagen de Dios todos, todos merecemos ser tratados de la misma forma. Da igual cuál es nuestra condición social o económica o académica.
Susi: Sí. En el Antiguo Testamento entonces, viendo que esto era lo que hacías, ¿Dios presentaba alguna motivación por esto a su pueblo?
Mateo: Es curioso como una y otra vez se conecta la justicia con el temor de Dios. Por lo menos ocho o nueve pasajes lo hacen de una manera muy clara. No va a haber justicia si no hay temor de Dios. Por ejemplo, en Éxodo, Moisés está dando instrucciones acerca de quiénes van a escoger para ser los jueces. Obviamente, los jueces deben de juzgar con justicia.
Susi: ¡Ojalá! ¡Deberían!
Mateo: Es lo que deseamos incluso el día de hoy, ¿no? Pero dice en Éxodo 18:21 y 22: “Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares…. Ellos juzgarán el pueblo en todo tiempo”. La clave que les permitía juzgar con justicia era que estaban temiendo a Dios.
No temían a otras personas; no buscaban su propio beneficio, sino cada vez que ellos emitían un juicio, lo emitían delante de Dios. Me recordaba un poquito a Crianza Reverente: “Tú y tus hijos delante de Dios”. Bueno, cuando tú recuerdas quién es Dios, en reverencia, en temor a Dios, estás delante de él en el momento de tomar tus decisiones prácticas, vas a vivir con justicia.
Susi: Sí. Pusimos ese nombre reverente por ese aspecto de temor a Dios, pero pusimos el tagline “Tú y tus hijos delante de Dios” porque pensamos en que si los padres criamos en cada momento consciente de que estamos delante de Dios (eso es temor a Dios) criaremos bíblicamente. Confesaremos nuestro pecado cuando fallamos, y cambiaremos y obedeceremos a Dios, pero también los hijos. Tenemos que enseñar a nuestros hijos desde que tengan 1, 2, 3 años que están delante de Dios. Entonces, podemos inculcar un temor a Jehová en hijos muy pequeños para que crezcan con esa conciencia. Es eso, ¿no? Es el temor a Jehová.
Mateo: Y eso les va a permitir luego ser justos cuando tú no estás. Porque puede ser que tú los crías para actuar justamente, y lo hacen porque tú estás, porque temen el castigo que tú les puedes dar. ¿Pero qué pasa cuando tú no estás? A veces eso sucede con los hermanos.
Susi: ¡No hablemos de eso, Mateo!
Mateo: La mamá está en el cuarto; se portan bien. Ella sale; los deja jugando y en un minuto ya uno está llorando porque el otro le pegó, le quitó el juguete, etcétera. ¿Por qué? Bueno, no tienen temor a Jehová. ¿Y qué va a pasar cuando son adolescentes si no han sido creados con el temor a Jehová? Tú no vas a estar con ellos. Ellos van a estar con sus amigos. Van a andar en la calle visitando las casas de otras personas. ¿Cómo van a actuar ahí? ¿Van a actuar con las virtudes cristianas? Solamente si hay un genuino temor a Dios. Entonces tenemos que cultivar eso en nuestros hijos porque es la motivación que va a dar el fruto, especialmente este de justicia.
Susi: Pero la verdad es que aún en el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios no pudo. No pudo vivir en justicia. Hay ejemplos de los que sí, pero nadie podemos hacerlo. ¿Hay un cambio cuando llegamos al Nuevo?
Mateo: Sí, antes de eso nada más déjame comentar que en el Antiguo Testamento vemos a Dios señalando áreas de justicia o injusticia, una y otra área. Decías antes que la justicia abarca todas las áreas de la vida, y entre la nación de Israel veíamos que Dios señala sus juicios corruptos, donde pagan sobornos, donde se favorece al rico y al poderoso, donde se cometían asesinatos con impunidad, donde autoridades usaban su posición de autoridad para su propio beneficio personal, donde reyes y líderes construían mansiones lujosas a expensas del pueblo, donde había robo, donde no se pagaba el salario de los jornaleros, donde se usaba la mentira para hacerse rico, donde había pesas injustas para adquirir esas ganancias de una manera deshonesta. Son muchas áreas de la vida. Y también pensaba: eso describe nuestro mundo también.
Susi: Exacto. Sí, por eso dije en la introducción: queremos creer que nunca ha sido tan malo el mundo, pero la verdad es que la injusticia siempre ha estado ahí.
Mateo: Sí, y de hecho, en un mundo occidental hay valores que son, como decíamos, cristianos, que no existían en muchas culturas y en muchos lugares del mundo, muchas épocas, ¿verdad? Pero gracias a Dios, ahora tenemos ese beneficio de vivir en un mundo que sí ha sido cristianizado de cierta forma.
Pero seguimos viviendo en un mundo injusto. ¿Por qué? Porque no hay justo, ni aún uno. El Antiguo Testamento lo predicaba. El apóstol Pablo también lo predica en Romanos, capítulo 3, y es ahí donde la pregunta que hacía es: ¿hay un cambio luego en el Nuevo Testamento? Y sí hay, porque en el Nuevo Testamento nos vamos a dar cuenta que la justicia es algo que primeramente tenemos que recibir.
Susi: En lugar de hacer como el Antiguo Testamento.
Mateo: El Antiguo Testamento enfatizaba mucho el hacer. Pero llega el Nuevo Testamento, y ahora hemos tenido ese laboratorio de la historia de Israel, donde se ha hecho esa prueba, y se ha demostrado que ni Israel, el pueblo escogido de Dios, con la ley de Dios que él había revelado para ellos, pudo practicar la justicia. Necesitamos algo nuevo. Y lo nuevo es la justicia que ahora recibimos por Jesucristo, por la fe en él, su muerte, su crucifixión, su resurrección.
Ahora nosotros recibimos el regalo de ser justificados, de ser declarados justos y recibir la justicia de Cristo acreditada a nuestra cuenta. Somos vestidos con la ropa blanca de la justicia de Jesucristo. Pablo describe esto en Filipenses 3:9: “Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”. Primero tenemos que recibir la justicia por la fe, y entonces recibimos esa justicia que Dios nos da, la justicia de Cristo. Luego, ahora sí, empezamos a poder practicar la justicia, en parte porque tenemos el Espíritu ahora morando en nosotros.
Susi: Por eso es un fruto del Espíritu.
Mateo: Sí, y ese cambio es sumamente importante que lo comprendamos, incluso para la crianza de nuestros hijos. Queremos inculcar en nuestros hijos valores de justicia, por ejemplo, pero no van a poder vivir en justicia hasta que son regenerados y tienen el Espíritu morando en ellos y están creciendo en santificación. No dejamos de inculcar eso en nuestros hijos, sino cuando no pueden hacerlo, les apuntamos a Cristo y les decimos: “Es que tú necesitas esa regeneración. Necesitas ser salvo, la naturaleza nueva que Cristo te da”. Luego, después de que son salvos, cultivamos eso, en el poder del Espíritu Santo, para poder vivir en esa justicia.
Ahora, aún en el Nuevo Testamento, la justicia sí es algo que recibimos primero, pero luego es algo que vivimos.
Susi: Sí sigue siendo muy práctico.
Mateo: Sigue siendo muy práctico. Lo que la ley del Antiguo Testamento señalaba, a lo que apuntaba, la justicia que buscaba, eso ahora nosotros lo podemos vivir por el Espíritu. Romanos 8:4 dice: “para que la justicia de la ley”, la del Antiguo Testamento, la justicia que la ley del Antiguo Testamento promovía, que ellos no pudieron cumplir, para que esa justicia “se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Entonces, ahora que yo estoy en Cristo, no regreso a la ley para vivir la ley, la justicia de la ley. No, lo que yo hago es yo vivo en el Espíritu y ando conforme al Espíritu.
El versículo uno de Romanos 8 lo enfatiza: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme” no a la ley, sino “al Espíritu”. Es en la sumisión al Espíritu—y obviamente el Espíritu no está peleado con la ley—pero el énfasis ahora para nosotros es vivir en el poder del Espíritu en un sentido muy práctico. Algunos dicen: “Pues ya eres salvo, y Dios te acepta”, como si a Dios no le importara cómo vives. Y eso es un craso error. Porque a Dios sí le importa. Él dice que busquemos “primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mat 6:33). Quiere que seamos un pueblo “celoso de buenas obras” (Tit 2:14).
Susi: Entonces pensamos en nuestra familia, y esto debe ser un deseo de cada padre y madre, que en mi hogar se busque primeramente el reino de Dios y su justicia, aun cuando nadie más está viendo. Que en nuestras vidas como padres ejemplifiquemos esto y que eso impacte la vida de nuestros hijos. En tu definición mencionaste que es vivir en rectitud, honradez e imparcialidad. ¡Ay! Yo pienso como madre: ¡Guau! ¡Qué difícil vivir así! O sea, primero somos padres que vivamos así.
Mateo: En todo momento y con toda persona.
Susi: Esto es un estándar muy alto. Pero creo que podemos hablar de algunas cosas prácticas. ¿Cómo se ve esto? ¿O en qué áreas? Quizás puede haber áreas que no nos hemos dado cuenta que de verdad en nuestro hogar no estamos viviendo en justicia de esta forma. ¿Cuáles serían algunas cosas?
Mateo: Hay muchas cosas que pudiéramos mencionar. Quizás una muy obvia es no robar. Si vamos a vivir en justicia, no robamos. Pablo nos dice que “el que hurtaba, no hurte más” (Ef 4:28). Tenemos que nosotros evitar el robo—el robo de objetos, el robo de dinero, incluso el robo del tiempo. A veces en el trabajo no cumplimos con el tiempo. Hacemos otras cosas que no son del trabajo en horario de trabajo.
Susi: Bueno, ¿y cómo es que eso afecta a nuestros hijos? Quizás papá puede pensar: estoy en el trabajo. Mis hijos no se dan cuenta. Pero si hay patrones en la vida de papá o mamá donde: “Bueno, son mis horas de trabajo, pero me vine a pasar la tarde con mis hijos. El jefe no está; no se va a dar cuenta”, le estoy robando tiempo. Si mis hijos están viendo eso, eso les está afectando.
Mateo: Claro. Estamos inculcándoles un valor de injusticia, no de justicia. Otro, quizás muy obvio, es no participar de la corrupción. Salmo 15:5 dice: “Quien su dinero no dio a usura”. No hay corrupción. Hay justicia. Y creo que esto afecta a los dos lados. Nos quejamos mucho del político corrupto, del policía o del tránsito corrupto que pide esa mordida, ese soborno.
Susi: El trámite que debes de poder hacer ante el gobierno sin tener que pagar, pero todos saben que tienes que pagar.
Mateo: Y nos quejamos de eso. Pero el justo no solamente no pide sobornos, pero no paga sobornos. Tenemos que mirarnos al espejo también en nuestra propia vida y ver si estamos siendo injustos y participando de esa corrupción de un lado o del otro.
Otro aspecto es que no se aprovecha del vulnerable. Lo hemos mencionado anteriormente, pero muchas veces nosotros vemos oportunidades de aprovecharnos, y nos aprovechamos y buscamos el beneficio personal. Podemos incluso llegar a ser algo abusivos con las personas. Y eso no es justo. Proverbios 31:8 y 9: “Abre tu boca por el mudo en el juicio de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso”.
Susi: Pienso en los padres y en nuestra crianza, y es posible que nuestros hijos no nos observen maltratando al vulnerable, pero incluso esto se puede ver en actitudes hacia el menos inteligente, el que tiene menos habilidades porque no tuvo mucha educación, el que no tiene dinero para pasear a su familia o hacer las cosas que nosotros. Papá y mamá pueden tener una actitud soberbia, de desprecio, hacia ese tipo de persona.
Eso ya es entonces no tratar al vulnerable…pensamos en el vulnerable: es una persona que ha perdido poder de alguna manera para cuidarse, y deberíamos de estar buscando maneras de ayudar a esas personas. Y nuestros hijos sí se fijan en nuestras actitudes.
Mateo: Sí, y una persona justa juzga con justo juicio precisamente a esas personas. Nos dice Levítico 19:15: “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo”. Este es el concepto de imparcialidad. Creo que aquí es donde incluso como padres podemos inculcar injusticia en nuestros hijos sin darnos cuenta. Lo hacemos cuando favorecemos a nuestros propios hijos por encima de otros. Bueno, yo tengo una responsabilidad con mis hijos. Yo tengo que cumplir con ellos; tengo responsabilidades para con ellos que no tengo con otros.
Susi: Y puedo darles regalos de Navidad y no darles a otros hijos—cosas así.
Mateo: Claro. Pero hay estándares de justicia que superan mi relación de padre e hijo. Yo debería de valorar esas cosas, y hay situaciones donde mis hijos quizás deben de sufrir un castigo. Yo pudiera usar mi influencia para que no lo sufran, para que no sean castigados. Pero sería injusto hacerlo.
Susi: O no solo castigo, sino consecuencias naturales.
Mateo: También.
Susi: Sucede en la escuela. El papá o la mamá que llega ahí reclamando cada calificación baja. Es posible que tu hijo reciba calificación baja y ¡que lo merezca!
Mateo: ¡Nooo!
Susi: Entonces, mi primera pregunta debe ser: ¿esto refleja la realidad de que mi hijo no está cumpliendo o no entiende? ¿Pero qué hacemos? Ahí vamos corriendo con la directora o la maestra y les quitamos a nuestros hijos—fíjense bien—el privilegio de sufrir las consecuencias, porque eso es justo. Y la justicia que Dios ha establecido siempre va a ayudar a dirigir a nuestros hijos hacia él.
Mateo: Creo que no nos damos cuenta cómo les enseñamos a ser injustos, a ser corruptos, cuando nosotros priorizamos la comodidad y el bienestar de nuestros hijos por encima de un valor tan importante como la justicia.
Susi: No podemos olvidarnos de hablar de la mentira, porque obviamente pudiera ser tan obvio que se nos pase, pero cualquier manifestación de mentira o falta de honestidad es injusticia, ¿verdad?
Mateo: “El que habla verdad declara justicia; más el testigo mentiroso, engaño”. Proverbios 12:17. Creo que es una de las maneras más comunes que podemos ser injustos y enseñarles a nuestros hijos a ser injustos también.
Susi: Y a veces hemos desarrollado una forma de definir mentira—la mentira de la que estamos hablando aquí es cualquier falta de honestidad necesaria.
Mateo: Fíjate que podemos mentir dando una información falsa (esa es la definición más clásica), pero también podemos mentir dando una impresión falsa donde todo lo que decimos es técnicamente correcto y verdad, pero damos una impresión que es injusta.
Susi: Acomodamos nuestras palabras de una manera para poder decir “no mentí”, pero para hacer entender a la otra persona lo que queremos que piense para que de alguna forma nos deje tranquilo.
Mateo: Quedar bien.
Susi: Ajá, quedar bien. Sí. Y nuestros hijos son muy inteligentes. Tienen radares muy sensibles y nos van a imitar. Entonces van a empezar a mirar a otras personas y hablar con otras personas de una manera que consiga lo que ellos quieran, consiga quedar bien, o lo que tú quieras. Ahí eso es súper importante. Y es fácil hacerlo, Mateo, cuando me han criado así. Es difícil romper tu molde de cultura, sea familiar, o cómo tú has desarrollado hábitos.
Esto requiere que como padres vengamos delante del Señor y le pidamos de verdad, de todo corazón, que nos muestre la injusticia en nuestra vida, porque lo más probable es que no lo vamos a ver por encima, ¿verdad? No lo vamos a ver naturalmente.
Mateo: Vivir con rectitud, honradez, imparcialidad con toda persona y en todo momento—eso solamente puede fluir del carácter de Dios y en dependencia del Espíritu. Que Dios nos ayude a vivir así, porque es muy difícil y será imposible sin su poder.
Susi: Sí, pero gracias a Dios que si somos sus hijos, sí tenemos al Espíritu morando en nosotros. Entonces podemos humillarnos todos los días delante de él. Es decir: “Yo sé que no soy el padre, la madre perfecta. No estoy manifestando el fruto del Espíritu, la virtud cristiana, de una manera que debería. Señor, ayúdame, humíllame, enséñame dónde estoy fallando y llévame a la verdad para que yo pueda vivir la verdad delante de mis hijos”.
Bueno, gracias, Mateo. Todavía nos quedan dos episodios más de la serie, así que quédate con nosotros y recuerda, por favor, para que esto venga a ser más parte de tu cultura familiar, te hemos preparado una hoja para devocionales familiares. Es muy sencilla: puedes ir a crianzareverente.com, buscar el episodio 206, y ahí va a haber un enlace para que tú puedas descargar un PDF donde te hemos puesto para tres días de la semana un pasaje y un par de preguntas para que puedas platicar con tus hijos, con tu cónyuge, y así comenzar a fomentar una cultura de justicia producida por el Espíritu Santo en tu hogar.
Gracias por acompañarnos. Deseamos que el Espíritu Santo pueda tener control de ti y de tu hogar esta semana. Bendiciones.




