Categoría: Vida familiar

Episodio 209: Matrimonios irreverentes matan la crianza reverente, con Mateo Bixby

February 17, 2026

Como familias cristianas, es fácil desarrollar un tipo de “visión túnel” en el que nos enfocamos tanto en la crianza diaria de los hijos que minimizamos el impacto que tienen otros factores en la vida de nuestros hijos. En un hogar donde los hijos están creciendo con ambos padres presentes, la relación matrimonial es de enorme impacto sobre ellos. Por esta razón, es indispensable que padres y madres creyentes pongamos atención a nuestra relación matrimonial. ¡Únete a nuestra nueva serie y examinemos juntos la salud de nuestros matrimonios!

 

Transcripción:

 

Susi: La crianza de los hijos no sucede en un vacío. Los factores que impactan el desarrollo emocional, físico, intelectual y espiritual de un niño o una niña son muy variados. Su propia personalidad única, su entorno físico y relacional, sus propias capacidades—todo esto se une para contribuir a lo que llegará un día a ser como adulto. 

Pensando en la crianza reverente, que es una crianza que busca vivir constantemente consciente de la presencia y soberanía de Dios en nuestras vidas y criar a nuestros hijos para conocer a Dios y disfrutar de Dios para siempre, hemos observado que hay un aspecto de la vida familiar que es clave para la crianza, pero no tiene que ver directamente con los hijos. Es la relación matrimonial. 

Mateo está aquí conmigo, y queremos traerte una serie sobre el matrimonio reverente, porque hemos visto un problema. ¿Verdad, Mateo? Matrimonios que quieren saber ¿qué hago para criar bien a mis hijos?, pero sus matrimonios realmente no permiten que puedan hacer una crianza reverente. ¿Cómo hemos visto esto?

Mateo: Sí, lo hemos observado en muchos matrimonios cuando a veces nos han pedido consejos acerca de cómo corregir problemas que ellos tienen. A veces hablas con ellos, y te cuentan que discuten, que se gritan, que se enojan, y eso lo hacen delante de los niños. Luego dicen: “Oye, pero no pasa nada porque se nos pasa, y luego estamos bien. El 80% del tiempo, el 90% del tiempo, estamos perfectos, y nos amamos, y nos llevamos bien”. Y piensan que esas cosas no tienen impacto sobre la vida de sus hijos. 

Nos damos cuenta que eso no es cierto, que todo lo que sucede en el ámbito familiar y el matrimonio en particular sí tiene mucho que ver con cómo los hijos van a ver la vida, cómo van a ver el matrimonio, incluso cómo van a ver a Dios. Es interesante, ¿no? De hecho, hemos bromeado a veces de que el siguiente podcast sería Matrimonio reverente, ¿verdad? Pero bueno, no es otro podcast completo, pero sí una pequeña serie sobre este tema. Creo que tiene mucho que ver con la crianza de nuestros hijos.

Susi: Sí. A mí me da un poquito…hasta casi de risa a veces, cuando alguna mamá dice: “¡Ay! Pero no entiendo por qué mis hijos se tratan así. Les he dicho mil veces que no se traten así”. Pero ella trata a su esposo así. O entre ellos interactúan de una manera que no quieren que sus hijos hagan, y es difícil a veces que nos caiga el veinte, como decimos en México, de que lo que yo hago, obviamente estoy ejemplificando a mis hijos cómo interactuar y cómo tratar a otros.

Mateo: Y muchas veces ellos lo hacen de una manera más exagerada que nosotros. 

Susi: Sí. Son más inmaduros. 

Mateo: Entonces pensamos: ¡mira cómo lo hacen! Es por la inmadurez que ellos tienen. Pero simplemente están tomando lo que nosotros moderamos un poquito, quizás porque somos un poco mayores y no caemos en los excesos de la niñez o juventud, pero son las mismas actitudes, las mismas acciones, llevado a un grado mayor. Pero nosotros se lo hemos enseñado, se lo hemos ejemplificado en la forma en que nosotros interactuamos.

Susi: Yo pienso en cómo he visto que en algunos matrimonios no hay confianza entre papá y mamá. Entonces mamá o papá les dice cosas a los niños como: “No le vayas a decir a tu mamá qué hicimos esto”. O: “No le vas a decir a papá que compramos esto”. Ahí inmediatamente le estás enseñando al niño cómo llevar relaciones para manipular o esconder cosas. Y el niño sabe, aunque a lo mejor no lo puede expresar tal cual, que no hay confianza entre papá y mamá. Eso entonces establece un patrón para los niños de cómo relacionarse con otros.

Mateo: Y luego nos molestamos cuando ellos nos esconden cosas a nosotros, ¿verdad?

Susi: ¡Exacto!

Mateo: Pero les enseñamos a hacer eso.

Susi: Bueno, entonces, ¿por qué, si un matrimonio, una mamá, un papá está diciendo: “Bueno, yo quiero criar bien a mis hijos; estoy muy preocupado por mi crianza”, por qué entonces debe estar preocupado también por su matrimonio? Es necesario para una crianza reverente.

Mateo: Creo que tenemos la idea de que nuestra enseñanza, la instrucción que damos a nuestros hijos, está de alguna manera aislada del resto de la vida, y especialmente del matrimonio. Como si: bueno, yo tengo mi devocional familiar (muy importante, por supuesto). Yo llevo a mis hijos a la iglesia. (Pues es un mandato de Dios. Lo tenemos que hacer como hijos de Dios.) Pero como si hiciéramos eso, es la píldora mágica que va a corregir cualquier otra deficiencia que tenemos en nuestra vida familiar o personal.

Pensamos: bueno, eso va a garantizar que mis hijos crezcan en los caminos del Señor y que no se alejen de Dios. Nuestra enseñanza tiene una gran influencia sobre nuestros hijos, pero nuestra vida tiene un impacto mucho, mucho más grande. Los hijos van a ver nuestro ejemplo, y nuestra vida va a influir en ellos mucho más de lo que nosotros decimos o de lo que les enseñan en la iglesia. 

Quiero tener algo de cuidado cuando expreso lo siguiente, pero en la mayoría de los casos, cuando los hijos se rebelan o se alejan de Dios, tiene que ver con la vida personal de los padres, y muchas veces con el matrimonio mismo de los padres. Ahora, digo “cuidado” porque los hijos son seres humanos. Tienen un intelecto; tienen una voluntad propia; toman sus propias decisiones. Los mejores padres pueden tener hijos que se rebelan. Pero sigue siendo cierto que en la mayoría de los casos la vida de los padres tiene mucho que ver. Lo que los hijos han visto en la vida de sus padres influye sobre ellos.

Y donde sale más a menudo es en el matrimonio, porque por alguna razón en el matrimonio es donde más se ve lo que realmente somos. Delante de otras personas podemos tapar un poquito lo que hacemos, lo que somos. Cuidamos la imagen. Pero en el hogar, y especialmente en el matrimonio, que es la relación más íntima de todas, bajamos la guardia. Es la relación donde también hay la más interacción. Es constante. En los momentos buenos, los momentos malos, casi no puedes huir de esa relación. Entonces ahí sale lo que realmente somos. 

Tiende a salir la impaciencia, el egoísmo, la soberbia, la falta de dominio propio. Eso lo escondemos delante de los demás, pero en el matrimonio mismo sale. Y nuestros hijos lo detectan. Lo ven. De maneras muy sutiles nosotros comunicamos la actitud que tenemos hacia nuestro cónyuge. Nosotros mostramos o el fruto del Espíritu, o las obras de la carne, en cómo interactuamos en el matrimonio. Y aunque lo queremos tapar, aunque lo queramos esconder de nuestros hijos, ellos lo ven. 

Si no somos consistentes entre lo que somos en la casa y lo que somos fuera de la casa, nuestros hijos ven esa hipocresía, y dicen: “Mira, en la iglesia sí dan una buena apariencia, pero aquí en la casa están discutiendo, están peleándose, están mintiendo, se critican, se burlan el uno del otro. Hay desprecio de parte de mamá hacia papá”. Quizás le cuestiona abiertamente; le contradice delante de los hijos. Le esconde cosas, como acabas de mencionar. El esposo no ama a su esposa. No le muestra ternura; no ayuda en la casa; no le da la honra que ella se merece.

Nuestros hijos son grandemente impactados por esa clase de actitudes y tratos que tenemos. Si queremos que nuestros hijos aprendan a no discutir, a no mentir, a no criticar, a no burlarse de otras personas, nosotros lo tenemos que evidenciar en esa relación que es la más íntima y la más importante de la vida, que es la relación matrimonial.

Susi: Yo creo que también algo que quizás contribuye a que los hijos vean a sus padres como hipócritas, es que a veces dejamos que vean demasiado. Hay familias donde papá y mamá nunca están solos para poder resolver sus cosas, para poder platicar. Hablan de cosas de otras personas delante de sus hijos. Hablan de problemas en la iglesia delante de sus hijos. 

A veces necesitamos tener más sabiduría también de dedicar tiempo a estar juntos como matrimonio, y preguntarnos también si somos una familia demasiada abierta en el sentido de que mamá y papá no guardamos una confidencialidad en ciertas cosas. Eso es otro asunto, ¿verdad?

Mateo: Claro. No queremos ser hipócritas; no queremos aparentar algo delante de los hijos cuando luego nosotros estamos teniendo problemas. No es eso a lo que te refieres, sino sí, la sabiduría de saber que hay ciertas cosas que nuestros hijos no tienen el discernimiento o la madurez como para entenderlas y recibirlas bien y poder procesarlas y responder bíblicamente.

Susi: Exacto. Pues quizás nos puede ayudar entonces a iniciar a reformatear nuestra perspectiva del matrimonio. Yo creo que, como con todo, si no tenemos una comprensión bíblica de un tema, no la vamos a poder vivir de una manera que realmente sea cristiana, que sea reverente. Entonces, ayúdanos a saber, a entender por qué existe el matrimonio, y qué rol juega en la crianza en sí.

Mateo: Pensemos primeramente en la familia. La familia existe para extender el reino de Dios. Es algo que hemos comentado. Creo que tenemos un episodio entero sobre ese tema. Es el método original de Dios para extender su reino. Sigue siendo una de las herramientas principales que Dios usa para la expansión de su reino. 

En la creación original, Dios hace al hombre y a la mujer compatibles de una manera física para que se puedan reproducir, porque necesitan reproducirse para poder extender los límites, las fronteras, del reino de Dios para que abarque todo el mundo. Esa era la intención de Dios. Dios desea esa reproducción física para extender su reino. 

Creo que lo podemos ver en Malaquías 2:15, donde él dice que Dios busca una descendencia. Está hablando en el contexto del matrimonio, y dice que los matrimonios debían de guardarse en su espíritu y no ser desleales el uno contra el otro. ¿Por qué? Porque Dios busca una descendencia espiritual. Y sabemos que la palabra descendencia o simiente es tan importante en la Biblia: es la simiente de la mujer, la simiente de Abraham…tantas cosas que recordamos de la historia bíblica que nos apuntan a Jesucristo. 

Pero esa descendencia, esa simiente, es la línea espiritual que Dios está usando para llevar a cabo su obra. Entonces nosotros como padres debemos de reproducirnos físicamente, pero Dios quiere la reproducción espiritual también. ¿Y cómo lo hacemos? Nos multiplicamos físicamente, y luego nos reproducimos espiritualmente en ellos. 

Una de las maneras principales en que lo vamos a llevar a cabo es en el matrimonio, porque según Efesios, capítulo 5, el matrimonio existe para ser un ejemplo vivo, un cuadro, de Cristo y la iglesia. Y cuando una pareja ha sido verdaderamente transformada por el Evangelio, su matrimonio lo delatará. Lo va a mostrar. Y eso va a tener un gran impacto sobre los hijos. 

Creo que esta es una de las razones porque el apóstol Pablo pone en los requisitos del pastor y del diácono que sea ejemplar en su vida familiar, en su matrimonio y en la crianza de sus hijos. ¿Por qué? Porque si el evangelio realmente se ha arraigado en tu vida, se va a ver en tu vida familiar. 

Ahora, lo opuesto también es cierto. Si el evangelio no se ha arraigado verdaderamente en tu vida, si tienes un cristianismo superficial, se va a ver también en tu vida familiar. Creo que la vida familiar es uno de los mejores indicadores del impacto y de la importancia real que el evangelio tiene en nuestras vidas, y cuánto nos ha transformado. 

Cuando nuestros hijos ven ese cuadro, y lo ven en vivo y en directo, lo ven en todo color, lo ven no en la perfección—porque ninguno de nosotros somos perfectos—pero sí en la sinceridad, en la vida genuina que nosotros tenemos primeramente con Dios y luego con nuestro esposo, nuestra esposa, ese impacto es imposible de calcular. 

Pero cuando vemos también un matrimonio que no cumple con las expectativas divinas, donde el evangelio es algo superficial, los hijos lo detectan también. Detectan que no tiene esas raíces en ellos, y eso también tendrá un impacto que es imposible de calcular. Pero tristemente lo tendrá para mal. Y no estamos cumpliendo con el rol que Dios quería, que era una reproducción espiritual también.

Susi: Pienso en algunas personas que pudieran estar escuchando, que también quizás no tienen cónyuge salvo, o quizás crían solos. Pero esto aplica para ellos también porque los hijos nos observan en las relaciones más cercanas de nuestra vida y en nuestro ámbito diario. Y obviamente el matrimonio, nada reemplaza el matrimonio en una familia. Pero incluso una mamá convertida que está casada con un inconverso, o viceversa, puede vivir el evangelio en la forma en que trata con esa persona que no conoce a Cristo. 

Estaba pensando bastante en ese tema de que hay personas que escuchan que no tienen un matrimonio cristiano, pero aquí es donde está la esperanza para alguien que está casado con un inconverso o que está criando solo. Comoquiera, el evangelio es posible vivirlo. Es posible vivirlo con los más cercanos. Obviamente aquí estamos hablando del matrimonio, pero todo esto puede aplicar a una persona así.

Mateo: Piensa en 1 Pedro. Lo venía escuchando en la camioneta esta mañana. En capítulo 3, le dice a la esposa que se someta a su esposo y que viva de una manera respetuosa, mansa, para que pueda ganar a su esposo sin palabra. Está dando a entender que el esposo es inconverso, y su influencia puede ser tan grande cuando ella vive el evangelio, que lleva a la salvación de su esposo. 

Bueno, eso también es cierto en la vida de nuestros hijos. Podemos vivir el evangelio de una manera tan clara, tan cristalina, que nuestros hijos pueden también ser convertidos, aun cuando pudiéramos estar en el contexto donde nuestro cónyuge no es salvo. Y eso es esperanzador también. Pero sí requiere que nosotros vivamos la vida de Cristo. 

En el capítulo 2 está hablando del sufrimiento de Cristo, y cuando habla de la mujer, dice: “Así mismo las mujeres, así como Cristo sufrió”. Sí va a requerir ese sufrimiento muchas veces. Pero ahí, en el sufrimiento, es donde podemos mostrar el evangelio de una manera clara, donde todo el mundo va a tener que reconocer que es sincero. Porque en el sufrimiento, en la prueba, es donde se muestra la realidad de quienes somos.

Susi: Exacto. Y nosotros lo hemos visto. Lo hemos visto en familias que a veces no estamos seguros qué tan firmes están en su fe, y llega una gran prueba, y algunos no perseveran en la prueba. Pero otros nos sorprenden, y vemos la respuesta a esa prueba en su matrimonio y en su familia. Y eso tiene un impacto enorme en sus hijos, cómo ven el evangelio vivido así.

Quizás para ayudar a nuestros oyentes a reconocer cómo esto pudiera estar pasando en sus vidas, ¿cuáles son algunas de las cosas visibles (visibles porque nuestros hijos los ven) en el matrimonio que luego, después socavan esa crianza reverente que queremos hacer?

Mateo: Creo que muchas veces delante de los hijos mostramos ciertos tratos que no son bíblicos, que no tienen el fruto del Espíritu como su patrón. Hemos mencionado ya gritos, enojos. Bueno, la Biblia prohíbe ese tipo de comportamiento en Efesios, capítulo cuatro. Entonces, cuando nosotros actuamos de esa forma, estamos yendo en contra de la Palabra de Dios, y nuestros hijos saben que eso está mal. 

No puedes decir: “Bueno, es que el 90% del tiempo estamos bien”. Bueno, pero ese 10% va a ser de mucha influencia sobre nuestros hijos. Hemos escuchado de padres que discuten delante de los niños, que se gritan, incluso a veces que se pegan—o sea, violencia física. Y a veces es de parte de la esposa hacia el esposo. Siempre lo pensamos al revés.

Susi: No es exclusivo de los hombres.

Mateo: Los hombres nunca deben de usar su fortaleza física en contra de su familia. Es grave. Eso es un pecado ofensivo delante de Dios. Pero estas cosas marcan a nuestros hijos cuando lo ven. 

También creo que cuando hay desacuerdos y no nos podemos poner de acuerdo, y no solamente no nos podemos poner de acuerdo, pero ventilamos esas diferencias constantemente. No es como que, bueno, lo conversamos. No pudimos llegar a un acuerdo y bueno, papá decidió cómo tiene que ser, y mamá escogió someterse (que eso pasa en cualquier matrimonio). Pero hay desacuerdos, y nos peleamos, y seguimos haciendo comentarios, y seguimos resistiendo. Y luego: “Pero mira. ¡Es que yo te dije! ¿Te acuerdas? Y tú no me hiciste caso.”  Y nuestros hijos empiezan a ver eso. 

Ven cómo trabajamos en contra del otro en vez de trabajar en equipo—lo que tú decías: “No se lo digas a papá. No se lo digas a mamá”. Quizás hay reglas o expectativas diferentes en el hogar. Papá no está; entonces sí podemos hacer esto. O mamá no está, entonces ahora sí. En la disciplina: expectativas diferentes de cuándo se aplica la vara, o si se debe aplicar o no. Y no nos sometemos a las Escrituras. Entonces los hijos saben: bueno, mamá sí me disciplina; papá no. O papá sí me disciplina, mamá no. Y después de la disciplina uno va corriendo con el otro, porque el otro es el que consuela: ay, bueno, tú sabes, hijo, que tu papá es así. Tú sabes que tu mamá es así. Yo quisiera que no te disciplinara, pero bueno, ella lo hace. Él lo hace. Estamos jugando el uno contra el otro en vez de reconocer que somos uno.

Susi: Eso refleja una falta de unidad, la unidad que es parte del propósito original del matrimonio. Si la visión bíblica de Dios para el matrimonio es “una sola carne”, tiene que haber unidad. A veces las parejas dicen: “Es que no podemos. No podemos estar en unidad porque somos tan diferentes.” Pero hay una mala comprensión ahí de lo que produce unidad. De hecho, vamos a hablar más de la unidad en el matrimonio en otro episodio para poder abundar más. Pero hablando de cómo se manifiesta, cuáles son las cosas visibles que se manifiestan.

Mateo: A veces son cosas muy simples como gestos, expresiones faciales. 

Susi: Creo que las mujeres somos culpables.

Mateo: ¡Pero no solo las mujeres! 

Susi: Sí, los hombres también.

Mateo: El hombre está sentado viendo un partido, y su esposa le pide ayuda con algo, y no dice nada, pero simplemente con la lentitud con la que se levanta…

Susi: La expresión de la cara.

Mateo: Todo eso. Son cosas visibles que nuestros hijos observan, y causan que ellos vean la falta de unidad. Y como tú dices, el cuadro bíblico es de un hombre y una mujer que viven en una transparencia completa, una unidad armoniosa. Entonces no estamos viviendo el cuadro bíblico delante de ellos.

Susi: Yo pensaba también que a veces lo visible es cómo resolvemos las cosas, pero no de una manera bíblica. Entonces nuestros hijos ven que cuando se enojaron y se gritaron, nunca se habló del asunto, pero el siguiente día papá llegó con—no sé—chocolate. O papá llevó a todos a cenar al restaurante favorito de mamá, y ya así se resolvió. Ahí mismo no están aprendiendo el evangelio. No están aprendiendo perdonar, y todo eso del evangelio. Están aprendiendo algo que realmente no es bueno.

Mateo: Sí, aprendiendo a tapar el problema, aprendiendo a comprar el favor de alguien, pero no de forma madura y bíblica, conversar acerca del problema y llegar a un acuerdo.

Susi: ¿Cuál es la raíz de todo esto? O sea, ¿cómo lo podríamos solucionar? ¿Qué deberíamos de buscar?

Mateo: Sí, porque podemos intentar eliminar formas, tratos, pero no reconocer que esas cosas vienen de nuestro corazón. Tenemos que regresar a conceptos muy básicos de nuestro corazón y permitir que nuestro cristianismo realmente nos transforme hasta lo más profundo de nuestro ser. Que no sea algo superficial. 

Cuando no nos podemos llevar bien con nuestro cónyuge, cuando hay esas obras de la carne, significa que no estamos andando en el Espíritu. Y hemos hablado mucho de eso recientemente, aquí en Crianza reverente. Y si no hay fruto del Espíritu, es que no hay comunión con el Espíritu, o por lo menos no hay suficiente comunión con el Espíritu de Dios.

Muchas veces hay una ausencia en nuestra vida personal de una vida devocional, o quizás hay un cumplimiento rutinario de la vida devocional, y nada más estamos cumpliendo. Sí, leemos la Biblia, oramos, vamos a la iglesia, pero no estamos permitiendo que esas verdades se arraiguen en nosotros, que permeen nuestra vida y que transformen la forma en que nosotros vivimos. 

El problema realmente viene de nuestro corazón, de un corazón que todavía—puede ser que sea salvo—pero que no ha sido todavía transformado completamente a la imagen de Jesucristo. Y es un proceso. No somos perfectos, pero tiene que haber progreso. Y ese progreso tiene que ser evidente para nuestros hijos, o si no, los vamos a desanimar. Los vamos a alejar del evangelio.

Susi: Pienso que nuestro instinto es: mi esposo necesita hacer esto. Cuando mi esposo cambie, cuando mi esposa cambie, entonces yo podré cambiar. Pero parte de la solución es que cada uno por su parte se humille. Si tú estás en un matrimonio con una persona difícil, que no sabes si es salvo, comoquiera tú puedes tomar pasos. Tú te puedes someter a Dios. 

Tenemos que recordar la meta de la crianza reverente, que es glorificar a Dios. No es tener la familia perfecta. No es tener más cosas en esta tierra. No es tener hijos exitosos cuando sean grandes. Tenemos que volver a la meta. Dios está transformando, quiere transformar cada miembro de mi familia para su gloria. Pero solamente puedo—no digo controlar—pero yo soy responsable por mí. Yo no puedo cambiar a nadie más en mi familia. No puedo transformar a mi esposo ni a mis hijos. Yo creo que aquí una clave es preguntarme si yo me voy a someter a Dios, a su plan, a sus principios, a su proceso de santificación.

Mateo: Sí, finalmente, todo eso nos apunta otra vez al evangelio, porque es el evangelio que nos salva y transforma nuestro corazón. Porque éramos pecadores, esclavos del pecado, y recibimos una naturaleza nueva cuando somos salvos por el evangelio. Pero luego el evangelio tiene que seguir obrando. Porque a través del evangelio no solamente Dios nos libra de la paga del pecado, que es la muerte espiritual y eterna, pero nos libra también del poder del pecado. Y es una obra progresiva.

Pero ahora podemos agradar a Dios porque tenemos esa naturaleza nueva. Lo podemos hacer a través del poder del Espíritu Santo por nuestra unión con Cristo, porque nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo. Hemos resucitado con él para andar en vida nueva. La vida que ahora vivimos, la vivimos en la fe del Hijo de Dios. No está en nosotros, pero sí tengo que ocuparme en mi salvación con temor y temblor. No me gano mi salvación, pero sí tengo que esforzarme diligentemente en las cosas de mi salvación. Y eso requiere que yo estudie la Palabra de Dios, que yo escuche la predicación de la Palabra de Dios, pero sobre todo requiere que yo obedezca la Palabra de Dios. 

Recientemente en la iglesia, el pastor Daniel predicó la última parte del Sermón del Monte en Lucas. Cristo termina el Sermón del Monte con esa pregunta punzante (Luc 6:46): “¿Y por qué me llamáis: «Señor, Señor», y no hacéis lo que yo digo?” Y eso es después de que les puso unas enseñanzas tan difíciles. Ama a tu enemigo. Saca la viga de tu propio ojo antes de querer sacar la paja de los demás. El buen árbol produce buen fruto. Entonces Cristo dice: “No te sirve de nada escuchar todo esto a menos que lo obedezcas y vivas así”. 

Creo que ahí es donde está el problema. No vivimos así. Vivimos como muchas parejas inconversas. Sí, nobles…quizás no llegamos a los mismos extremos, pero el evangelio todavía no se ha arraigado tanto en nosotros. Entonces, ¿qué es lo que nuestros hijos ven? Que el evangelio no funciona. 

Pero cuando permitimos que el evangelio realmente transforme nuestra vida, que el carácter de Cristo está creciendo en nosotros cada vez más, van a entender que el evangelio realmente sí funciona. Y van a ver cómo sometemos nuestras prioridades a la Palabra de Dios, porque Dios es lo más importante para nosotros. Van a ver cómo trabajamos para que en nuestro matrimonio esté el amor, la unidad, el gozo, que estamos trabajando en equipo. ¿Por qué? Porque deseamos agradar a Dios, y porque el Espíritu Santo nos capacita para que podamos agradar a Dios. 

Creo que ese matrimonio es el que realmente puede tener un impacto en la vida de sus hijos, y no garantizar, pero sí inclinar la balanza a favor de hijos que van a creer el evangelio y van a también ser transformados por el evangelio. Y si eso falta en nuestra vida, lo más probable es que vamos a destruir la vida espiritual de nuestros hijos, aún si vamos a la iglesia o tenemos devocionales familiares. Eso no tapa la realidad de la vida que evidenciamos en nuestro matrimonio, sobre todo.

Susi: Por eso la crianza irreverente mata la crianza reverente. Por eso le pusimos ese título a este episodio, porque puedes estar haciendo un montón de esfuerzos por hacer cosas buenas con tus hijos, pero quién eres en tu matrimonio, con tu cónyuge, quién eres en tu vida diaria, es lo que más impacto va a tener. 

Igual si no estás en un matrimonio o si estás en un matrimonio con un inconverso, es lo mismo: quién eres todos los días es lo que va a tener ese impacto. Y no queremos suponer que todos nuestros oyentes entienden la visión bíblica del matrimonio, y los que llevamos años en la iglesia, igual necesitamos siempre reajustar y repasar nuestra perspectiva del matrimonio. Así que en los siguientes episodios te vamos a traer varios aspectos del matrimonio. Vamos a tratar de aplicarlo de una manera muy práctica a la vida diaria de la familia, la crianza. 

Así que quédate con nosotros. Si tú estás escuchando y tú sabes que tu cónyuge no suele escuchar, este es un buen momento para los dos convertirse en oyentes de Crianza reverente. Compártelo también con los matrimonios de tu iglesia, para que todos podamos crecer en nuestro matrimonio. Tenemos que abrazar la realidad de que nuestro ejemplo personal como mamá o papá es lo que más impacto tiene sobre nuestros hijos. 

Así que esta semana evalúa tu propia actitud hacia tu matrimonio, tu cónyuge y tu propia actitud hacia Dios y el control que Dios debe tener en tu vida y en tu matrimonio. 

Nos vemos la siguiente semana. Bendiciones.

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Autores

  • Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de tres adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México.

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  • Nació y creció en España, de padres americanos misioneros. Estudió en Estados Unidos y está trabajando en su doctorado. Lleva más de 20 años viviendo en Monterrey, México, junto con su esposa Susan, con quien crió tres hijos: Aarón, Ana y David. Es pastor fundador de la Iglesia Bautista La Gracia en Juárez, Nuevo León, Mexico.

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