Categoría: Padres

Episodio 210: Una visión bíblica de los roles matrimoniales, con Mateo Bixby

February 24, 2026

La única manera de vivir un matrimonio bíblico es primero conocer y entender lo que la Palabra enseña. Existen muchas opiniones humanas sobre lo que es un matrimonio cristiano, pero examinemos lo que la Biblia presenta y abracemos esta visión para así comenzar a procurar tener un matrimonio que glorifica a Dios y predica el Evangelio en el hogar. 

 

Transcripción:

Susi: La salud del matrimonio es clave en la crianza de los hijos. Predicamos y enseñamos por medio de nuestra vida diaria, y nuestros hijos observan de cerca nuestra relación matrimonial. Este es el segundo episodio de una serie llamada Matrimonios reverentes. Si no has escuchado todavía el episodio 209, te animamos a hacerlo en algún momento. 

Sería fácil dar por sentado que, si somos cristianos y estamos casados, pues tenemos un matrimonio “cristiano” o “bíblico”. Pero la realidad es que nuestra propia crianza, la cultura que tenemos a nuestro alrededor y también nuestra carne, influyen grandemente en la manera de interactuar con nuestro cónyuge. Así que en este episodio queremos mirar la visión que la Palabra de Dios nos presenta sobre los diferentes roles en el matrimonio. Mateo, gracias por estar otra vez aquí.

Mateo: Claro.

Susi: Para hablar del matrimonio, tenemos que hablar un matrimonio del matrimonio, ¿no? Mateo, ¿por qué es tan difícil hoy en día tener una perspectiva bíblica de los roles en el matrimonio?

Mateo: Sin duda, en el día de hoy, la cultura no nos ayuda a desarrollar una perspectiva bíblica del matrimonio. Tenemos el feminismo que ha tenido su auge en los últimos años, y busca propagar cierta descripción de la familia, de los roles del matrimonio dentro de la familia, y considera que la familia tradicional es arcaica, es opresiva, que incluso es dañina. 

Algunos de ellos abogan por eliminar completamente la familia y si no, quieren redefinir los roles de la familia. Esa es su intención. Todo debe ser igual. Todo 50/50. Una democracia. No hay un líder. La esposa es igual de valiosa que el esposo. Y hay ciertas cosas que el feminismo puede decir que tienen razón, pero la perspectiva que tienen en general, sí, es una redefinición de lo que se ha considerado como la familia. 

Pero si nos vamos del otro extremo al machismo, nos damos cuenta que el machismo también provee una alternativa, una versión de lo que debe ser el matrimonio, y es una versión que asociamos más con la tradición. Pero también es una distorsión, una distorsión de lo que Dios dice acerca del matrimonio. Porque ahí el hombre es dominante, es duro, es áspero; está distanciado emocionalmente de la esposa. La esposa debe estar en silencio, solo hacer lo que su esposo dice, estar encerrada en la casa. Eso es muy tradicional, y a veces lo asociamos un poquito más con la Biblia. Pero realmente ese no es el cuadro bíblico de la familia. 

Y claro, luego le agregamos el movimiento LGBTQ. Y todo lo que ha venido ya, ahora sí, lo más reciente. Y por supuesto que quieren redefinir completamente el matrimonio para que pueda ser entre dos mujeres o dos hombres o dos personas cuya identidad sexual es fluida. Es muy, muy difícil el día de hoy tener una perspectiva bíblica del matrimonio, porque estas cosas prevalecen tanto en la sociedad. Y son promovidos por todos los elementos de la sociedad: los gobiernos, la enseñanza en la escuela pública, muchos de los podcasts y las radios, las televisiones, los programas que hay ahí, lo que encontramos en las redes sociales. Todo apunta a cierto tipo de perspectiva que es completamente en contra de la perspectiva bíblica. 

Ahora, tendemos a pensar que hoy es más difícil que nunca. De hecho, parte de la pregunta era “hoy en día”—hoy, ¿por qué tenemos tanta dificultad? Pero lo que quiero destacar es que los roles bíblicos siempre han sido contraculturales. Siempre. En la época del primer siglo, cuando el apóstol Pablo y el apóstol Pedro estaban escribiendo sus epístolas, no estaban simplemente escribiendo sobre la hoja lo que eran los valores tradicionales de su cultura. Esa es la idea que muchas veces tenemos.

Susi: Sí. Por eso pensamos que: bueno, eso de la Biblia es anticuado. Eso era para los tiempos de ellos.

Mateo: Funcionaba en el primer siglo, pero no funciona en nuestro día. Pero Pablo no está propagando las ideas tradicionales del judaísmo. Pablo no está enseñando lo que la cultura grecorromana enseñaba acerca de la familia. De hecho, todo lo contrario. Las culturas antiguas del primer siglo se gobernaban por lo que se conocían como códigos domésticos o códigos familiares, y según esos códigos, los hombres tenían la autoridad absoluta, unilateral, sobre todos los que vivían dentro de su hogar: la esposa, los hijos, los esclavos. Porque se asumía la superioridad del hombre y la inferioridad de todas las personas bajo su autoridad. 

El hombre tenía un alma completa. Esto es lo que decía Aristóteles. La mujer tenía menos que el hombre y, por tanto, era inferior al hombre. Los niños tenían menos, y dependía de quién describe a los esclavos. Algunos casi ni los consideraban humanos. Entonces había dentro de esa estructura un concepto de inferioridad y de superioridad. El hombre era la autoridad porque era considerado superior, y la mujer debía de obedecer a su esposo porque era inferior. 

La Biblia no enseña eso, pero es curioso porque los judíos tampoco enseñaban lo que la Biblia enseña. Porque Josefo, el historiador judío, consideraba a la mujer inferior al hombre en todo, y por eso ella debía vivir una vida recluida en el hogar, dejando que el esposo fuera el que estuviera activo en la sociedad. 

Consideramos todo eso lo que enseñaban en el primer siglo y nos damos cuenta que lo que la Biblia, el Nuevo Testamento, enseña acerca de los roles en el matrimonio, choca frontalmente con eso. Eso de que un esposo debe amar tiernamente a su esposa, eso era radical. Que debía dedicarse a criar compasivamente a sus hijos, que debía de ser justo con sus esclavos, eso no era algo que el mundo enseñaba. 

La Biblia nos da un cuadro hermoso de cómo debe ser el matrimonio. Y le da un lugar honroso a la esposa. Sí, dice que es el vaso más frágil, pero la idea ahí no es solo de debilidad, pero de valor. Muchas veces las cosas valiosas son finas, son frágiles, que se deben cuidar. Creo que esa es la idea que el apóstol Pedro quiere promover en 1 Pedro 3:7. 

La Biblia sí nos presenta un cuadro muy diferente. Pero no solo es contracultural el día de hoy; es contracultural también en todas las épocas. ¿Por qué? Creo que esta es la raíz de todo: porque lo que la Biblia enseña acerca del matrimonio va en contra de mi carne. Va en contra de la naturaleza humana pecaminosa. No encaja con lo que nosotros pensamos que debe de ser la vida desde nuestra perspectiva humana pecadora. 

Cuando entra el pecado lo que encontramos es que distorsiona lo que Dios ha diseñado. Pero eso se nos hace normal porque somos pecadores. Nuestra perspectiva del mundo, nuestra cosmovisión, ha sido influenciada por el pecado. Entonces, el matrimonio bíblico siempre ha sido difícil de alcanzar, porque va en contra de mi carne.

Susi: Yo, por ejemplo, que crecí en un hogar cristiano, no debería de suponer que va a ser fácil para mí porque yo observé a padres cristianos, porque yo todavía tengo mi carne. Y obviamente ningún matrimonio es perfecto. Nunca debemos suponer que algo es perfecto simplemente porque “son cristianos; deben de estar bien.” Pero eso de la carne, el pecado, la naturaleza—¡ay! Eso es bien importante recordar. Porque eso significa que siempre va a ser difícil para mí mientras ande en este cuerpo, esta carne, cumplir con estos roles bíblicos.

Mateo: Sí, Pablo se lamenta: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” nos dice en Romanos, capítulo 7. Se lamenta porque él encuentra una ley que el mal está en él. Entonces, aunque no somos pecadores en el sentido que ya somos esclavos del pecado cuando estamos en Cristo, pero sí luchamos con el pecado remanente, el pecado que está arraigado todavía en nosotros, que sí, Dios está eliminando progresivamente de nosotros para que seamos más como Cristo, pero va a haber inclinaciones naturales de mi carne que luchan contra el Espíritu cuando yo llego al matrimonio. Tengo que tener las virtudes del fruto del Espíritu que no son naturales para mí como humano en un mundo caído con un cuerpo todavía sujeto a la carne. Pero tenemos el poder del Espíritu para cumplir el matrimonio y vivir el matrimonio tal como Dios quiere que lo vivamos.

Susi: Así es. Acabamos de hacer, hace unos meses, una serie sobre el fruto del Espíritu. Quizás después de esta serie todos deberíamos de regresar y escuchar todo eso otra vez, pensando: ahora esto tiene que manifestarse en mi matrimonio, ¿verdad?

Mateo: Sin duda, sin duda.

Susi: Bueno, entonces si esto es algo tan importante y que todos necesitamos, ¿dónde podemos comenzar para adquirir una perspectiva bíblica sobre los roles del esposo y la esposa?

Mateo: Pues, dijiste una perspectiva bíblica, entonces creo que ya tenemos ahí la respuesta, ¿no? ¿A dónde vamos a ir? Bueno, vamos a ir a la Biblia. Y creo que podemos ir a la Biblia, pasajes específicos, algunos de los cuales voy a mencionar en un momento. Pero cuando hablamos de la Biblia, creo que podemos ir a la Biblia en un sentido general, porque la macro historia de la Biblia sí nos ayuda a tener una comprensión correcta de la humanidad, de lo que Dios está haciendo, y eso influye grandemente en el matrimonio. 

Por ejemplo, iniciamos con un Dios creador, creador del universo, que significa que es Señor soberano sobre el mundo. Y si es Señor soberano sobre el mundo, él define lo que es moralmente bueno y malo. Entonces tenemos que someternos a su soberanía, aceptar las definiciones que él nos da de lo que es bueno y malo. 

Pero lo curioso es que el pecado y el bien no es sólo moralmente bueno. Es bueno en nuestra experiencia de vida. O sea, si queremos vivir una vida buena, una vida gozosa, debemos de hacer lo que Dios dice. Debemos de vivir a la luz de lo que Dios nos ordena. Es la mejor manera de vivir. Si queremos conocer el gozo, el deleite, la armonía que todos soñamos que podemos tener en el matrimonio, tenemos que entender que solamente lo vamos a vivir cuando vamos a la Palabra de Dios, escrita por hombres, sí, pero inspirados por Dios el Espíritu Santo, el Dios que creó el universo, el Dios que sabe cómo mejor funciona este mundo.

La Biblia nos da un panorama de verdades muy, muy grandes que sustentan un matrimonio fuerte, un matrimonio armonioso, empezando con ese Dios creador que sí, nos crea a nosotros para ser la imagen de Dios sobre la Tierra, para representar a Dios aquí sobre la Tierra. Y es curioso porque dice el hombre y la mujer son creados a la imagen de Dios. Tanto el hombre como la mujer tienen la misma imagen de Dios, que implica que no hay inferioridad y superioridad, sino que en valor todos tienen la misma posición delante de Dios. 

En esa historia de origen que tenemos en la Biblia, tenemos el cuadro de Dios para el matrimonio en intimidad y transparencia cuando Adán y Eva están desnudos. Probablemente ya lo hemos mencionado, pero no es sólo un detalle que la Biblia incluye por alguna razón que luego nos da un poquito de vergüenza cuando estamos hablando de Génesis.

Susi: ¡Queremos brincar esa frase cuando leemos esa historia con nuestros niños para que no pregunten!

Mateo: Siempre me río porque en el material de escuela dominical siempre ponían ahí la cebra en frente de Adán y Eva, estratégicamente colocada para que no se les vean desnudos, ¿verdad? Ahora, ¿cuál es el punto? Que hay intimidad y transparencia, que no hay nada que esconder, nada que los separara, nada que los dividiera. Y ese es el cuadro ideal de Dios para el matrimonio, tal como él lo diseñó, y aspiramos recuperar eso a través de Cristo y del fruto del Espíritu en nuestra vida. 

Porque el pecado, sabemos que es la siguiente parte de la historia. Entra el pecado al mundo, y el resultado es que en vez de buscar el bien el uno del otro, que pecamos el uno contra el otro, nos lastimamos, somos egoístas, estamos buscando en nuestro cónyuge lo que solamente Dios nos puede dar. Y entonces, de repente, aparecen todos los problemas que experimentamos el día de hoy en la vida común y cotidiana, y también en el ámbito de la relación matrimonial.

Pero luego también sabemos que después del pecado viene el evangelio. El evangelio es el plan de Dios para dar marcha atrás a todos los efectos del pecado, a restaurar en nosotros esa imagen caída, y también a restaurar la intimidad y armonía dentro del matrimonio mismo.

Susi: A reconciliar. Siempre hablamos de esa palabra, reconciliarnos con Dios, pero también con otros, especialmente en el matrimonio.

Mateo: Sí, Efesios describe eso, que Dios, a través de Cristo, está reconciliando todas las cosas. Y luego nos cuenta de cómo reconcilia al hombre con Dios en la salvación, al hombre con sus semejantes en la iglesia, pero también a la familia—al esposo con su esposa, a los padres con sus hijos. Está es la obra del evangelio.

Cuando no hay reconciliación, cuando no hay armonía, cuando no hay intimidad en el matrimonio, el evangelio todavía tiene que hacer su obra en nosotros. Este es el cuadro. Es una historia hermosa. Luego es allí en Efesios, por supuesto, que Dios nos da el cuadro del matrimonio ideal. Efesios 5, del versículo 22 en adelante (creo que es) empieza a describir esos roles del esposo y de la esposa. 

Otro pasaje, que si quieres estudiar: 1 Pedro 3, los primeros 7 versículos hablan específicamente a la esposa, aunque también luego le habla al hombre de su forma de vivir y de cuidar y amar a su esposa. Son pasajes que nos ayudan mucho.

Susi: Quizás puedes darnos un resumen breve de cuál es el rol del esposo. Y quiero comentar que nuestra tendencia, si tú eres mujer y estás escuchando, tú vas a escuchar la parte de qué debe hacer, cómo debe ser el esposo. A ver—bueno, si estás casada y quieres que tu esposo escuche, pásale el audio. Pero escucha con más atención la parte que te corresponde a ti. Que deseemos crecer nosotros cada uno para vivir, para buscar esa meta de la que acabas de hablar. Si yo quiero que en mi hogar se viva reconciliación, unidad, todo eso que la Biblia ofrece como ese cuadro, yo tengo que considerarme a mí mismo. Compártenos un poco sobre el rol del esposo, lo que él debe comprender.

Mateo: Regresando un poquito a lo que decías de examinarnos a nosotros mismos, creo que eso es importante. En la iglesia estamos predicando Lucas, y hace unas semanas el pastor Daniel hablaba de quitar la viga de nuestro propio ojo antes de quitar la paja del ojo del otro.

Susi: Eso sucede mucho en el matrimonio.

Mateo: Sí. Nosotros siempre queremos apuntar el dedo al otro. Queremos que él cambie, que ella cambie. Nosotros finalmente no podemos controlar lo que ellos hacen. Solo podemos controlar lo que nos corresponde a nosotros, a nuestras acciones, nuestras actitudes. Creo que es muy importante lo que dices, que cada uno de nosotros trabajemos en la viga que está en nuestro propio ojo. 

Seguro que algunos vamos a decir: “No, pero es que mi cónyuge es el que tiene la viga.” Puede ser, pero si tú tienes, aunque sea una paja, en tu ojo, no vas a poder ayudar a alguien que tiene incluso una viga. Cristo, por supuesto, está usando la exageración para hacer ese punto muy claro. Tú enfócate en lo tuyo. Les comentaba a los hermanos de la iglesia recientemente que el problema más grande en mi matrimonio es mi pecado, no el pecado de mi esposa. Es mi pecado. Tengo que trabajar en mi pecado. Sí, como has dicho, todos los que nos escuchan, sí les quiero animar, por favor, a que empiecen a trabajar en su propia vida, que consideren sus propios pecados. Eso es lo único que tú puedes controlar con la gracia de Dios. Trabaja en lo tuyo. 

Entonces esposos. La pregunta es: ¿cuál es el rol del esposo? Creo que lo pudiera resumir en ser un líder espiritual, amoroso y servicial. Hay más cosas que podemos decir.

Susi: Como la esencia.

Mateo: Sí: hay proveedor, protector, otras cosas. Pero podemos englobar muchas de esas otras cosas en esas cuatro palabras: líder espiritual, amoroso, servicial. Es curioso porque creo que fallamos en todas esas áreas muchas veces. 

El líder—¿qué pasa a menudo en los matrimonios? El esposo se vuelve pasivo. Con que sea proveedor y quizás un poco protector en los aspectos físicos del matrimonio y de la familia, es muy pasivo. No está ejerciendo un liderazgo en el hogar, en el matrimonio. No quiere tomar decisiones; quiere que la esposa haga todo en la casa. Este es el matrimonio tradicional. Incluso en el cuadro progresista, el esposo moderno, él no debe de ser líder. No. Él debe ser uno más. La democracia. Y él no puede decidir. Por supuesto que un esposo bíblico toma en cuenta a su esposa y la escucha. Pero Dios sí quiere que él sea el líder, que él sea la cabeza de la familia, del matrimonio, y que tome esa iniciativa, porque es el rol que Dios le ha dado. Entonces fallamos en el aspecto de líder. 

Fallamos también en el aspecto del líder espiritual, porque a veces, cuando hay esposos que sí son líderes, ¿qué es lo que sucede? Son líderes en todo menos lo espiritual. La esposa es el motor espiritual de la familia. Es la que lleva a la familia a la iglesia; es la que está siempre hablando de que si hacemos un devocional, o si no lo estamos haciendo. El esposo muchas veces se desentiende del aspecto espiritual de su familia. Y en el matrimonio, es la esposa que muchas veces quiere que oren juntos, y la esposa que quiere que platiquen de las cosas que tienen, las luchas. Luego entonces no somos líderes. No somos líderes espirituales.

Y no somos amorosos. El amor es tierno, es compasivo, busca lo mejor para las personas a las que ama. No está enfocado en sí mismo. Y muchos esposos son muy ásperos con su esposa, impacientes. Son duros. De hecho, Pablo advierte en contra de eso en Colosenses 3. Dice que los esposos no debemos de ser ásperos con nuestras esposas. La ternura, el amor, no es una característica que viene de manera instintiva al hombre. Tiene que trabajar sobre esto. Quizás para algunos sí, pero la mayoría de nosotros no tendemos a esa clase de amor bíblico.

Luego fallamos también en lo servicial. Llegamos a la casa y decimos: bueno, he estado trabajando todo el día. Ahora es mi momento para relajarme. Es mi momento para descansar. Y no nos vemos como siervos. De hecho, incluso a veces justificamos eso a la luz de la Biblia: bueno, yo soy la cabeza. Yo no soy la cola; yo soy la cabeza. Que me sirvan a mí como la cabeza. Pero Cristo nos recuerda que el que va a ser el más grande tiene que ser el siervo más grande. Esa es la verdadera grandeza. 

Entonces creo que fallamos en todas estas áreas principales que Dios nos ha dado. ¿Por qué? Porque es la carne, esa cosa que nos obstaculiza tanto, esa ley que hallamos en nosotros. Pero sí tenemos la victoria. Sí tenemos la gracia de Dios para cultivar estas cualidades y llegar a ser como Cristo quiere que seamos.

Susi: Yo pienso también que ahí afecta la definición cultural o tradicional del líder, de la palabra o el concepto de líder. Muchas veces el liderazgo eficaz no se practica, no llega a ser eficaz, porque sabe hablar más fuerte y convencer a todos, sino que porque sabe poner el ejemplo. Muchas veces los líderes que realmente tienen seguidores de una manera sana, es por su ejemplo—que son personas que quieren seguir su ejemplo por lo que ven en su vida. Yo creo que eso ayudaría a muchos esposos: “¡Quiero que mi esposa aprenda esto!” Bueno, si tú pones el ejemplo, nosotras vamos a mucho más fácilmente seguir tu ejemplo, ¿no?

Mateo: Sí. Tenemos que mirar a Cristo: este es el ejemplo de Cristo. Lo vemos con sus discípulos—esa paciencia, esa corrección, una y otra vez. Pero pocas veces lo vemos con frustración, menos con sus discípulos—a veces con los fariseos— pero era inusual incluso con los fariseos, aunque a veces sí tenía que volcar mesas. Pero con sus discípulos pocas veces escuchas algo como “ponte detrás de mí, Satanás.” Eso era la excepción muy grande. Y como esposos tenemos que mirar a Cristo. Si seguimos a Cristo, será mucho más fácil que nuestra esposa nos siga a nosotros.

Susi: ¿Y qué tal la esposa?

Mateo: Creo que aquí lo podemos resumir también en cuatro conceptos. Aquí van a ser más palabras, pero cuatro conceptos: ayuda idónea, sumisa, respetuosa y enfocada en la familia. Creo que ese es el cuadro bíblico que tenemos. 

Susi: A ver, otra vez: ayuda idónea…

Mateo: Ayuda idónea, sumisa, respetuosa y enfocada en la familia. Ahí están las cuatro. Y otra vez creo que es muy fácil fallar en estas cuatro áreas. Lo de ayuda idónea—¡Uy! Hablar en esos términos molesta en esta cultura moderna, porque no es fácil para nosotros adoptar un rol supuestamente secundario. Pero Dios sí diseña a la mujer como la ayuda del hombre, la ayuda perfecta, el complemento perfecto. Eva fue el complemento perfecto que Adán necesitaba para cumplir el llamado que Dios le había dado. No lo podía hacer solo. Pero luego empezamos: ¡pero yo vivir para ayudar! No nos atrae.

Susi: Como: “Eso no me da suficiente propósito en mi vida. Existir para hacer una ayuda no es existir en plenitud.” Sí, tenemos esas ideas, también porque igualamos ayuda con ayudante. Pensamos: un ayudante es alguien…

Mateo: Inferior.

Susi: Inferior como un niño que no sabe hacer muchas cosas. “Bueno, pero puede ayudar”. Pero en este caso, por lo menos a mí como esposa, cuando yo aprendí que ese concepto de ayuda, Dios usa la misma palabra a veces para describirse a sí mismo (como él es nuestra ayuda), eso cambia la perspectiva. Dios nos creó para funcionar juntos, y nadie funciona solo. En el caso del matrimonio, el esposo necesita a la esposa, y la esposa necesita al esposo. Eso ayuda a entender ese concepto de ayuda.

Mateo: Sí, y pasa mucho lo mismo con sumisa. Una esposa sumisa—otra vez, nuestra cultura, no. Y luego otra vez lo asociamos con inferioridad. Pero nos ayuda recordar que Cristo se sometió a sus padres, aun cuando no era inferior a sus padres humanos, sino era superior a ellos. Y Cristo es ontológicamente igual al Padre, es uno en esencia con el Padre, pero se somete al Padre. En el matrimonio Dios ha puesto ciertas jerarquías. El hombre es cabeza, y implica sumisión de parte de la esposa. 

Y respeto también. Otra vez esto es algo con lo que se lucha: la sumisión, el respeto. Tantas veces en la cultura se ve a mujeres que desprecian abiertamente a su esposo; lo consideran un niño irresponsable. Y puede ser que a veces los esposos no cumplimos con lo que nos corresponde hacer, pero Dios nos llama a tener esa actitud. Les llama a las mujeres de ser sumisas y respetuosas.

Susi: Sí. Creo que para las mujeres el concepto de respeto, a veces tenemos una idea errónea que sale de algo que suena lógico en la cultura, de que a alguien le respetas porque se lo gana. Es digno de mi respeto. Vemos a un líder, a un hermano en la iglesia, y vemos su reputación, su testimonio, o a alguna hermana piadosa, y le respetamos porque se lo merece. Se lo ha ganado. 

Pero creo que cuando Dios establece en la Biblia que en el matrimonio la esposa debe obedecer y respetar, someterse y respetar, está estableciendo una regla de cómo comportarnos. No está diciendo: “Mira. Cuando tu esposo te ame como Cristo ama a la iglesia, entonces, bueno, lo vas a respetar.” Está diciendo: “Esta es la manera en que una esposa cumple su rol bíblico”. Eso nos ayuda.

Yo pienso en Sara, como 1 Pedro 3 dice, que Sara le llamaba Señor a Abraham. Se sometió a Abraham porque confiaba en el Señor, que las mujeres de antaño confiaban en el Señor, y eso les permitió respetar y someterse a sus esposos. Así que, en cierta manera, esto es liberador porque no depende de cómo es mi esposo, cómo se comporta. Dios me pide y me da la fuerza y la sabiduría para respetarlo de una manera que honra esta visión bíblica de los roles en el matrimonio.

Mateo: Sí, incluso encontramos que Dios nos manda a respetar al rey y a temer al rey, a respetar al rey. No siempre el rey es digno de nuestro respeto, pero hay un respeto porque Dios ha instituido jerarquías. Y dentro del matrimonio, la jerarquía es el esposo como cabeza, y, por tanto, el respeto de parte de la esposa hacia su esposo.

Susi: Sí. Mencionaste que también la mujer debe estar enfocada en su familia.

Mateo: Sí, creo que la familia puede ser un estorbo para la mujer moderna. Los hijos son un estorbo, una molestia, que impiden que haga lo que ella desea. Se enfoca en cosas como la carrera, otras actividades, sus hobbies personales. Y todo eso llama la atención de la esposa e impide que ella se enfoque realmente en la familia. Proverbios 31 nos pinta un maravilloso cuadro de una mujer hábil, sabia, útil, pero también enfocada en la familia. Eso es lo que Dios quiere para la esposa. Es muy fácil fallar en este aspecto en un mundo que ofrece tantas alternativas.

Susi: Sí. Y tantas definiciones de lo que es ser mujer en este día. 

Bueno, se nos ha acabado el tiempo para hoy, pero puede que te estés preguntando: “Sí, OK, sí. Bien. Entiendo. ¿Pero cómo esto se ve? ¿Qué significa esto para mi día a día? ¿Cómo decidimos cosas en el hogar, y cómo trato a mi esposo o a mi esposa?” Bueno, en el siguiente episodio vamos a contestar básicamente la pregunta: ¿quién debe hacer qué y cómo se ve esto? 

Así que no te vayas. No dejes de seguirnos en tu plataforma favorita para que te salga la notificación cuando salga el siguiente episodio, porque queremos seguir hablando de cómo se ve en el hogar cuando vivimos una visión bíblica de los roles en el matrimonio. 

Hasta la próxima.

Compartir:

Autores

  • Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de tres adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México.

    View all posts
  • Nació y creció en España, de padres americanos misioneros. Estudió en Estados Unidos y está trabajando en su doctorado. Lleva más de 20 años viviendo en Monterrey, México, junto con su esposa Susan, con quien crió tres hijos: Aarón, Ana y David. Es pastor fundador de la Iglesia Bautista La Gracia en Juárez, Nuevo León, Mexico.

    View all posts

Publicaciones relacionadas