Categoría: Padres fieles

Episodio 211: ¿Quién debe hacer qué en la familia? con Mateo Bixby

March 3, 2026

Podríamos abrazar la visión bíblica del matrimonio y la familia y aún así sentirnos un poco confundidos o inciertos sobre cómo luce en la vida diaria un matrimonio que vive según esa visión. Aunque existen muchos factores que impactan la vida familiar de cada hogar, hay algunos principios que nos ayudan a vivir nuestros roles bíblicos en el siglo 21. ¡Únete a nuestra conversación!

 

Transcripción:

Susi: Un matrimonio reverente suena genial. Yo quiero que mi matrimonio honre y glorifique a Dios, y me imagino que tú también lo quieres. De hecho, todo padre o madre creyente que vive con un cónyuge con quien está criando a sus hijos debería desear vivir un matrimonio que predique el evangelio a sus hijos. 

¿Pero cómo se ve algo así? Pues siendo el tercer episodio de esta serie, Matrimonios reverentes, ya hemos hablado especialmente en el episodio previo a este, el 210, sobre la visión bíblica de los roles que Dios ha establecido para el matrimonio. En la conversación que vamos a tener ahora con Mateo, vamos a construir sobre lo que ya hemos dicho en esta serie. Así que, claro, te animamos a escuchar los episodios 209 y 210 si aún no lo haces, para poder tener el cuadro completo de lo que estamos hablando. 

Mateo, gracias por acompañarnos.

Mateo: Claro, claro.

Susi: A pesar de tener un poco de gripa y la voz un poco rara.

Mateo: Si nadie me conoce, pues es que sigo siendo yo.

Susi: ¡Sí, testifico que sigue siendo Mateo aquí conmigo grabando! Pero Mateo, en el episodio anterior nos diste una descripción o resumen breve del rol bíblico del esposo y el también de la esposa. Los voy a leer para arrancar aquí: el esposo bíblicamente debe ser el líder espiritual, amoroso y servicial en su familia, y la esposa: ayuda idónea, sumisa y respetuosa, enfocada en la familia. Amén. Qué bonito. Excelente. Todos queremos vivir así. Ya tengo una perspectiva bíblica de mi rol en el matrimonio, pudiera pensar, ¿verdad?

Mateo: Aunque yo creo que muchas personas todavía no lo verían como muy bonito; esas definiciones no les van a atraer mucho. Les van a parecer muy extraños, incluso horribles. “Eso es horrible. Yo no quiero vivir así”. Pero creo que sí refleja la perspectiva bíblica, lo que Dios realmente dice en su Palabra.

Susi: Sí, y eso es un reto para nosotros. Primero tenemos que preguntarnos: ¿realmente quiero abrazar y amar la visión bíblica del matrimonio? ¿Y por qué? Creo que hay una brecha entre nuestra teoría y nuestra práctica. Porque yo sí creo que podríamos sentarnos en una conferencia de matrimonios, vamos a decir, escuchar esto y decir: “¡Ah! ¡Qué bonito!”

Mateo: Sin duda.

Susi: Y en nuestras mentes aceptar la teoría. Creo que los cristianos somos buenos a veces para hacer esto en otras áreas, pero hablando del matrimonio, ¿por qué nos cuesta llevar una enseñanza bíblica teórica al día a día, especialmente en nuestros matrimonios, y tener esa sabiduría para saber qué significa eso en este momento de mi matrimonio?

Mateo: Creo que a veces sabemos lo que implica, pero no queremos hacerlo porque tenemos el pecado remanente en nosotros. Y aunque lo entendemos y sabemos qué implicaciones tendría, no queremos practicar las implicaciones. No queremos hacerlo. ¿Por qué? Porque somos pecadores todavía. El fruto del Espíritu no brota de manera natural en nosotros, y a veces incluso las verdades que nosotros sabemos que la Biblia dice, en el fondo, nuestra mente no las acepta como las mejores formas de vivir. 

Pensamos: “Bueno, los caminos de Dios son bonitos, pero no son los mejores para que yo pueda llegar a ser verdaderamente feliz. Si yo vivo de esa forma, voy a vivir una vida miserable, triste, de sufrimiento, y eso no es lo que yo quiero”. Claro, es todo lo contrario, al revés. Cuando yo vivo a la luz de la Palabra de Dios, es entonces que yo voy a ser verdaderamente feliz. No va a ser fácil, pero sí es la manera de hacerlo. 

Creo que también mucho tiene que ver con nuestra falta de meditación, nuestra falta de marinar, por decir así, en la Palabra de Dios para que nuestra mente sea realmente renovada. La mente renovada es una mente que ve las cosas desde la perspectiva de Dios. Cuando yo no he pasado el tiempo suficiente en la Palabra de Dios, llego a las circunstancias de la vida diaria y en vez de pensar lo que Dios quiere que yo piense, yo pienso lo que me enseñaron, lo que mi mente me dice, lo que escuché en las redes sociales o en un podcast secular. Pienso cosas humanas. No pienso las cosas bíblicas.

Es por eso que el temor de Dios es el principio de la sabiduría. En el Antiguo Testamento en particular, la sabiduría es la destreza práctica. Es destreza en vida; es saber cómo tomar las verdades de la Palabra de Dios y llevarlas a la vida práctica. Ahora estamos hablando del matrimonio, de la crianza, y es saber tomar esas verdades y cómo aplicarlas. 

Nos falta sabiduría porque no hemos meditado en la Palabra de Dios, porque realmente no tememos a Dios tanto como deberíamos, esa reverencia, ese respeto por él, incluso ese elemento de temor real, porque el temor de Jehová es temor. Lo suavizamos mucho en reverencia, y sí, es reverencia, es respeto por Dios, pero también hay un elemento de temor porque Dios es grande; Dios es imponente; Dios es exigente en su santidad. Tengo que tomar ese principio y luego aplicarlo a mi vida matrimonial a la luz del resto de la Palabra de Dios también. 

Entonces, principalmente, creo que mucho tiene que ver con nuestra falta de no marinar, de no meditar profundamente en lo que la Palabra dice para nuestras vidas.

Susi: Porque al final del día, si no confiamos en que lo que Dios dice que es verdad, no vamos a temerle. No vamos a vivir como él dice. Esa fe en que: bueno, yo no lo entiendo todo. Yo no entiendo como esposa cómo es que vivir sumisa y respetuosa va a traer la bendición de Dios sobre mi hogar y va a glorificar a Dios. Y al final eso es lo que es más importante. Mi mente no comprende todo, pero cuando marino, como dices, en la Palabra de Dios, mi mente está marinada ahí, mi fe también va a crecer. 

Yo creo que el temor a Jehová y la fe, la confianza en que Dios sabe, es como a veces vamos con el doctor y el doctor dice: “Haz esto.” Y tú tienes que decidir si le crees, porque a tu parecer, ¿y eso? ¿Cómo me va a ayudar? A veces tiene lógica lo que dice el doctor y a veces no. Obviamente no son infalibles como Dios, los doctores, pero es una decisión que tomamos. Yo decido si tomo el medicamento que me receta. Con Dios, tenemos que decidir si creemos, realmente creemos, que es mejor seguir sus mandamientos y su patrón que nos establece. 

Yo estaba pensando, cuando yo estaba meditando esta pregunta para mí como esposa y madre: negarme a mí misma es una de las cosas que más me dificulta tomar lo que en mi mente sé que es verdad porque he creído a Dios, pero vivirlo. Porque la verdad es que tanto para esposo y como esposa, hacerlo como Dios dice requiere que me niegue a mí mismo. Y eso es muy difícil. 

Por eso, puedo creer en mi mente: ¡sí! Qué bonito, ideal, ahí flotando en el aire. Pero eso significa que yo me tengo que sacrificar, que yo no voy a tener todo lo que yo quiero, que yo no voy a estar cómoda, que yo no voy a comer lo que yo quiera, que no voy a sentirme como yo quisiera sentirme en este momento. Y yo creo que eso también es un reto.

Mateo: Pero es una parte básica de la vida cristiana. Tenemos que negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguir a Cristo. Y si no hacemos eso, no podemos ser seguidores de Cristo. Jesucristo dijo que la semilla tiene que caer a la tierra y morir. Y solamente entonces puede dar fruto. Lo vemos en la vida del apóstol Pablo. Él dice que él moría cada día. 

Estamos en febrero ahora mismo que estamos grabando este episodio, y está el día del amor y la amistad, como se conoce aquí en México, y se celebra eso. Pero cuando vemos el amor bíblico, el amor bíblico es un amor que muere, no por sí mismo, sino por otros. Se niega a sí mismo. Mucho de lo que nosotros tenemos que hacer es matarnos, asesinarnos, asesinar nuestros deseos. Y curiosamente, ese es el camino a la plenitud, al fruto, a la vida abundante que Dios nos ha prometido. 

Eso es completamente contrario a lo que nos dice nuestra lógica y lo que nos dice nuestro mundo, que nos promete que la única manera de ser felices es haciendo todo lo que nosotros queremos, consiguiendo todo lo que queremos conseguir, que se cumplan cada uno de nuestros deseos. Tristemente, ese es el camino del fracaso, del dolor, de la bancarrota moral y familiar. Pero Dios nos ha dado algo mucho mejor. Pero sí requiere esa fe en Dios, en su Palabra, y morir a nosotros mismos cada día.

Susi: Yo pienso en la esposa y la madre que anhela tener fruto espiritual en su hogar. Anhela que su hogar alcance ese fruto, pero tiene que comprender que ella, y también el papá, o el esposo, tiene que morir. Ese es el camino para lograr ese objetivo que a veces genuinamente deseamos. Lo vemos y decimos: “Yo sí quiero ese tipo de hogar.” Pero no hemos estado dispuestos a hacer el sacrificio necesario.

Pensando en—vamos a ir con el esposo, y luego con la esposa—pensando en esas descripciones bíblicas: líder espiritual, amoroso y servicial. En base a esto que hemos ya visto en el episodio previo, ¿puedes mencionar algunas cosas que un esposo en el día a día tiene que hacer para cumplir este rol que no puede delegar a su esposa?

Mateo: Es muy común definir el rol del esposo bíblicamente con algunas palabras como proveedor, protector, pastor y procreador. Esas son cosas que Dios le ha dado al hombre para llevar a cabo en el hogar, y no puede delegar esas a la esposa. En la provisión, por ejemplo, el esposo debe ser el que está trabajando para proveer las necesidades de la familia. Por supuesto que hay casos excepcionales que pueden suceder por una situación de salud o algo, pero en el cuadro típico de la familia, el esposo debe ser el proveedor.

Susi: Debe sentir ese peso de responsabilidad.

Mateo: Claro. No que él genere todos los ingresos, porque la mujer virtuosa de Proverbios trabajaba para la familia, pero él es el que tiene el peso de esa responsabilidad y que debe de ser el principal proveedor de la familia. 

Es protector de la familia, tanto físico como espiritual: debe proteger a la familia. Debe ser el pastor de la familia. Hay un pastor en la iglesia; es el que alimenta a las ovejas de la iglesia. Es el que cuida de ellas; las sana; va detrás de ellas cuando se extravían. Eso es lo que debe hacer el esposo también. El esposo debe estar siempre buscando el bien de la familia, el alimento espiritual de la familia, yendo detrás de las ovejas extraviadas de la familia. Esa es su responsabilidad como pastor de la familia.

Y el procreador, pues también como parte de eso, de multiplicación. Pero todo eso implica el liderazgo espiritual. Realmente esa es la parte más grande. Tiene que tomar la iniciativa en las cosas espirituales. No puede dejar esas cosas a la esposa, como frecuentemente sucede en muchos matrimonios. El esposo es pasivo en la vida espiritual. Pero él tiene que estar creciendo en santificación personalmente, y él tiene que estar liderando a la familia en eso: en el devocional familiar, por supuesto, en el servicio, en la iglesia, en la asistencia. Estas son cosas que él debe de asumir como su responsabilidad. 

Es curioso porque cuando pensamos en los roles del matrimonio, pensamos en cosas como sacar la basura, pintar la casa, lavar el carro, hacer el mantenimiento. Y esas cosas las asociamos con el rol del varón. Está bien que las haga. Muchas veces tienen que ver con su fortaleza física, porque normalmente el hombre sí es más fuerte que la mujer. 

Pero esas no son las responsabilidades vitales y principales del esposo. Son las cosas más espirituales que son sus obligaciones mayores. Creo que tenemos la tendencia a caer en estereotipos culturales: esta es la forma que debe ser el esposo. Estas son sus actividades. Muchas veces están un poco lejos de lo que la Biblia enfatiza como el rol del varón.

Susi: Pudiera incluso darle a un varón, a un esposo, una falsa seguridad de que está cumpliendo. “Es que yo soy el que llevo el carro al mantenimiento. Yo obviamente soy el que traigo el dinero a la casa. Yo estoy cumpliendo.” Cuando felizmente a lo mejor la esposa llevaría el carro al taller si el esposo tomara el liderazgo que debería de tomar. Y no habría ningún problema con eso. Sí, yo creo que esos estereotipos impactan mucho. 

Creo que nos impactan también a las esposas, porque las expectativas que tenemos de nuestros esposos—es curioso, porque el rol de la esposa es ayuda idónea, sumisa y respetuosa, como nos dijiste, enfocada en la familia, pero muchas veces la intentamos definir en base a lo que hace el esposo. Y obviamente, si vamos a hacer la ayuda idónea, sí, nuestro cumplimiento de nuestro rol va a depender de él de muchas maneras, pero ¿qué es lo que yo como esposa debo abrazar sin importar si yo creo que mi esposo está “cumpliendo”?

Mateo: Sí, es curioso porque convertimos el matrimonio en un contrato. No es un contrato; es un pacto. La diferencia entre un contrato y un pacto es que un contrato establece condiciones para las dos partes, pero si una de las dos partes no cumple, se cancela el contrato. 

Pero un pacto es diferente porque un pacto es entre dos personas—bueno, el pacto matrimonial es entre tres, porque Dios es parte de ese pacto matrimonial. Se hace delante de él. Y tiene elementos que son incondicionales, que son innegociables. Sí, hay expectativas de parte de los dos lados del pacto, pero yo las cumplo sin importar lo que tú haces, en gran medida porque estoy haciendo ese pacto delante de Dios, sobre todo. Yo no puedo depender de lo que tú hagas, y tú no puedes depender de lo que yo haga. Lo tenemos que hacer porque vamos a hacerlo delante de Dios. Es lo que Dios espera de nosotros.

Pero hablando de la esposa, creo que es muy importante que ella esté cultivando su propio caminar personal con Dios, aún si su esposo no lo hace. Es la parte más importante de nuestra vida como cristianos. Y es lo que Pedro incita y motiva a las esposas a hacer, incluso cuando tienen un esposo inconverso. ¿Qué debe hacer? Debe de cultivar ese espíritu casto y respetuoso que no es natural para ningún ser humano. Pero es lo que debe de hacer.

Debe de respetar a su esposo. En Efesios, capítulo 5. Pablo dice eso a la esposa, aun cuando el esposo no cumple con todas las obligaciones, el cuadro que Dios le ha dado a él. La esposa debe de cuidar a su casa, amar a su esposo. Es lo que Tito, capítulo 2 dice. Y esto es difícil. Decimos: bueno, pero es que mi esposo no lo está haciendo. Bueno, hiciste el pacto delante de Dios. Pero también, una pregunta: ¿tú crees que cuando Pablo le escribe a Tito todas las mujeres a las que Tito ministraba tenían esposos que cumplían con su rol? 

Susi: No, claro que no.

Mateo: ¡No, por supuesto! De hecho, Tito está en Creta, y Creta era una isla llena de marineros que eran básicamente piratas. El cuadro típico del cretense es un hombre perezoso, holgazán, mentiroso. Ese es el cuadro. En ese contexto dice: “Mira, tú ama a tu esposo. Ama a tus hijos. Cuida tu casa. Se sujeta a tu marido para que la Palabra de Dios no sea blasfemada”. Estas son cosas que Dios exige de toda mujer—no de una mujer que tiene al esposo ideal, sino de toda esposa, sin importar lo que él haga.

Susi: Sí. Como esposa casada por casi 28 años ya…

Mateo: ¡Guau! 

Susi: Entiendo que solemos hacer eso. Es difícil para nosotras concebir cómo se ve el día a día cuando yo debo ser una ayuda idónea de un hombre que no me gusta la dirección hacia la que me está dirigiendo, o que no está cumpliendo. 

Hay algunas cosas ahí prácticas que yo creo que las mujeres solemos tratar de compensar lo que vemos como deficiencias. Es muy común: mi esposo no lidera la familia espiritualmente. Es un creyente; va a la iglesia. No es que sea inconverso (porque eso sí es una situación a veces diferente); es salvo, pero yo quisiera que hiciera esto y esto y lo otro, y quizás sí está fallando. ¿Pero cuál es la tendencia de nosotras? Compensar en el sentido de tomar el liderazgo que es suyo, en lugar de fomentar, o apoyar o alentar un liderazgo en él.

Eso se ve diferente—quizás como hombre, podrías ayudarnos. Si yo siento que mi esposo no está liderando como yo quisiera el primer paso es que yo tengo que (obviamente) evaluar. Porque yo me estoy inventando una visión…

Mateo: Puede ser.

Susi: Sí, entonces yo tengo que preguntarme: ¿estoy idolatrando cierta visión propia que yo tengo? Pero ¿cómo podría una esposa, en lugar de tratar de tomar un liderazgo que su esposo ella siente que no está ofreciendo? ¿Cómo podría alentar ese liderazgo y ser esa ayuda idónea? Cosas muy diarias o prácticas.

Mateo: Es curioso porque los hombres no respondemos muy bien al hostigamiento ni a la agresividad, y para compensar el fracaso, el fallo del esposo, muchas veces la esposa se vuelve agresiva y empieza a hostigar a su esposo. Muchas veces eso provoca que nosotros tiremos la toalla. Si no teníamos la inclinación de hacerlo antes, mucho menos lo vamos a querer hacer ahora. Es importante que la esposa tenga sabiduría en cómo interactúa con su esposo. 

Hemos estado en situaciones donde alguien, una esposa, de manera pública delante de otras personas, hace comentarios, o incluso en conferencias, una pregunta acerca de: ¿Cómo debería de ser mi esposo? Y el esposo está ahí. Es obviamente un misil teledirigido hacia su esposo. Eso no le va a ayudar.

Susi: Y ella en ese momento no está cumpliendo el rol de respetar, honrar a su esposo. 

Mateo: Está exponiendo a su esposo delante de otros. 

Susi: Dios no quiere que una esposa haga eso. Eso no es cómo Dios la quiere usar.

Mateo: No. Sí es complicado, y mucho depende de la actitud del esposo, pero a tener la facultad de hablar dulcemente, suavemente con el esposo, de halagar las cosas buenas que sí hace. Si los hombres no respondemos bien a la crítica y al hostigamiento, respondemos muy bien a los cumplidos y a los halagos. 

Yo recuerdo muy bien algunas cosas que tú has dicho acerca de mí, que yo sé que no las cumplía del todo, pero me animaron a aspirar a hacerlo, mientras que cuando me siento reclamado, prefiero no hacerlo: “No, esta mujer, ¡mira cómo es! Así no lo voy a hacer”. Creo que esa sería una parte muy importante, y es parte de ese espíritu casto, respetuoso, humilde, manso, que Dios dice que realmente tiene un impacto en el esposo.

Susi: Y ahí está la clave. No estamos hablando de manipulación; estamos hablando de un espíritu realmente humilde, afable, apacible, respetuoso, que quiere alentar cualquier señal positivo. Y yo, de verdad, yo animo mucho a las esposas: no creas en tu mente ese castillo de perfección, porque eso te va a hacer no ver lo que tu esposo sí está haciendo. 

Él es una persona diferente. Tiene ideas diferentes. Tiene maneras diferentes de hacer las cosas. Y él puede estar haciendo algo bien, o tomando un paso muy positivo, pero como no es exactamente lo que tú querías, tú no lo ves como algo bueno. Eso mata esa iniciativa y liderazgo de tu esposo.

Mateo: Y el cinismo que se ha instalado en el corazón de la esposa muchas veces después de años de que el esposo no cumple (vamos a asumir que no está cumpliendo, no está haciendo lo correcto), pero se instala un cinismo que cuando el esposo intenta dar un paso, lo criticamos. Incluso: “Bueno, a ver hasta cuánto dura esto. Seguro que lo va a hacer dos veces, y ya no lo va a hacer más”. Y empezamos a hacer gestos y caras, y los hombres somos muy sensibles a esas cosas. Somos muy frágiles; ¡los hombres realmente somos muy frágiles! Entonces tiramos la toalla. Y ese cinismo que se ha instalado mata precisamente lo que nosotros quisiéramos lograr. Anima a tu esposo. Dale cumplidos, aunque no lo haga perfectamente, pero anímalo.

Susi: Y facilítaselo. ¿Ves que tu esposo toma un paso positivo? Pregúntale cómo le puedes ayudar a que eso sea más constante. ¿Cómo podemos ajustar el horario familiar? ¿Cómo podemos…? Yo creo que esa idea de ayuda idónea es: tú eres la contraparte perfecta. Tú ves los puntos positivos, y con lo que batalla tu esposo, y tú haces todo lo posible para ayudarlo, mientras que permites que tu esposo también te lidere de una manera que quizás tú no quieres. 

Casi nunca queremos que la gente nos lidere como necesitamos, ¿verdad? Esto es el concepto de ayuda. Es una palabra activa. No es una palabra pasiva, pero es una acción que se somete a la dirección de otro. Y eso requiere mucho negarse a sí mismo, como ya dijimos. 

Bueno, avanzando aquí con las cosas que queríamos tratar en este episodio (porque yo creo que podríamos seguir hablando de esto todo el día), pero yo creo que a veces queremos que los roles en el matrimonio sean como…poder hacer listas. El esposo debe hacer todo esto, y la esposa debe hacer todo esto. Pero ¿cómo podemos decidir en el día a día quién debe hacer qué? No es tan prescriptivo, ¿verdad?

Mateo: No. Creo que mucho depende de la situación particular de cada matrimonio, de las habilidades de cada quien, de las circunstancias de cada familia. Porque, por ejemplo, no es lo mismo si la esposa trabaja todo el tiempo, si trabaja medio tiempo, si no trabaja; pues en cada una de esas situaciones las actividades particulares de cada miembro de la familia van a ser diferentes. 

Tendríamos que meternos realmente a la familia, al hogar de cada quien. Si la esposa no trabaja va a tener más tiempo para la casa. Es natural que ella se va a hacer cargo de la mayoría de los quehaceres del hogar. Ahora, si ella sí trabaja, si el esposo quiere que ella trabaje para ayudar en la provisión económica, bueno, pues él tiene que tomar en cuenta eso y reconocer que va a tener que compartir más de las responsabilidades y obligaciones de las tareas domésticas.

Creo que como hombres (para los hombres que están escuchando) tenemos que reconocer que no es ser mandilón. Agarrar una escoba y un trapeador y ayudar en la casa, lavar los trastes, ayudar en la cocina, incluso preparar comida…

Susi: O ayudar con la tarea de los niños…

Mateo: …muchas cosas—eso no es ser mandilón.

Susi: Es invertir en la familia y servir.

Mateo: Es ser un siervo amoroso. Es parte de la definición que hemos dado. Ahora, para la esposa, la esposa no debe de exigirle a su esposo ciertas cosas; incluso la esposa que trabaja debe recordar que es la esposa que debe ser cuidadosa del hogar. Entonces, si su trabajo le impide cumplir con sus obligaciones, o crea tantos conflictos en el hogar, debería de evaluar si debe trabajar o no, porque su obligación principal es ser cuidadosa del hogar. Es parte de su definición.

Susi: Y de su esposo es proveer. Quizás tenemos que bajar nuestras expectativas de provisión, cortar algunas prioridades económicas de nuestro hogar y abrazar esa visión bíblica de que lo más importante es lo que estamos invirtiendo, especialmente en nuestros hijos, discipulando a la siguiente generación. Si eso requiere menos vacaciones y menos carros…

Mateo: …menos ropa de marca…

Susi: Sí, pero más tiempo para estar invirtiendo en nuestros hijos, vale la pena ese sacrificio. 

Yo también estaba pensando que a veces esto de quién debe hacer qué se convierte en una competencia de: ¿cuánto puedo lograr que mi esposo o mi esposa haga?, en lugar de: ¿cómo los dos podemos servir? Y ahora sí, pensando también en que están ahí hijos de por medio (esto es un podcast de crianza, entonces me imagino que la mayoría de la gente tiene hijos): ¿cómo los dos podemos dar, tomando en cuenta todas las responsabilidades que tenemos? 

Si lo podemos ver así, creo que eso nos va a ayudar mucho a tener esa actitud de: ¿qué es lo que yo debo aportar? ¿Cómo puedo ayudar a mi esposo o a mi esposa a cumplir su rol? Ahora sí vamos a estar trabajando en unidad, que es un tema que vamos a tratar en el siguiente episodio: el tema de la unidad.

Mateo: Hemos mencionado el tema de ser equipo en otros episodios, pero para hacer equipo tenemos que ser siervos. Esa perspectiva de siervo es crucial. Tenemos los dos que tener la perspectiva: mira, yo haré lo que sea necesario para que la visión bíblica del matrimonio y la familia se cumpla en este hogar.

Susi: A pesar de lo que haga mi cónyuge.

Mateo: Sí, y si los dos lo tienen, va a ser maravilloso, ¿verdad? Va a ser increíble. Pero incluso si solo uno de los dos lo tiene, debe tener esa perspectiva: bueno, yo voy a hacer lo que yo debo de hacer, lo que a mí me corresponde, para que se cumpla la visión bíblica aquí en mi familia. Y no nos volvemos un “terminator”—una máquina de guerra de obligar a todos: “Yo voy a obligar a mi esposo”, “Voy a obligar a mi esposa que lo haga”.

No. Yo. Yo asumo mi responsabilidad, pero cuando tengo esa perspectiva ya no estoy diciendo: “Eso va en la lista de mi esposa. Eso lo debe hacer ella. Eso no es mío. Yo no lo voy a hacer”. O: “¿Por qué no lo hace ella? Lo voy a hacer, pero lo voy a hacer de mala gana, y reclamándole porque ella no lo está haciendo”. No, yo soy un siervo para cumplir esto, y si mi esposa no puede o no lo hace porque no quiere, bueno, yo voy a hacer lo que a mí me corresponde, y a veces va a ser más de lo que yo pienso que me corresponde. Pero es la perspectiva de siervo que tiene que caracterizarnos.

Susi: Yo pienso en ese pasaje de 1 Pedro 3, donde Pedro motiva a la esposa que tiene un esposo que de alguna forma no está cumpliendo. Es inconverso. Quizás puede ser uno de esos esposos que dice ser creyente, pero no cumple. ¿Pero cuál es la forma en que ella va a ser luz? ¿Cómo ella va a inspirar a su esposo a querer buscar ser el hombre que Dios quiere que sea? Primero ser salvo, y la implicación es luego ser un esposo que cumple.

No es hostigar; no es con su lengua. Es con su corazón sumiso, respetuoso, afable, apacible. Es su relación personal con Dios que la lleva a cumplir su rol a pesar de lo que está haciendo su esposo. Yo me imagino a esta mujer, sí, a lo mejor sí saca la Biblia y la lee con sus hijos cuando el esposo no lo hace.  Pero ella nunca delante de sus hijos habla mal de su esposo que está faltando su liderazgo. 

Ella suple las necesidades de sus hijos, mientras que ella vive esa visión bíblica. Y eso es al final lo que Dios dice, lo que Pedro dice, que puede ganar el corazón de su esposo. Yo creo que esto es un principio que podemos llevar a los matrimonios: tú cumpliendo tu rol, seas esposo o esposa.

Mateo: Con el corazón, con la actitud correcta.

Susi: Es lo que va a inspirar, motivar al otro. Nunca las actitudes negativas motivan al bien.

Mateo: Y no solamente va a cambiar el matrimonio, pero puede tener un impacto muy grande sobre nuestros hijos, hablando de la crianza. Lo que más va a dejar huella en el corazón de nuestros hijos es nuestro corazón, nuestras actitudes. No si cada uno cumplimos perfectamente con cada elemento, pero si yo tuve la disposición, la actitud correcta, eso va a marcar a nuestros hijos más que si pudimos ponerle palomita a cada obligación o responsabilidad. 

Creo que es un buen punto aquí para cerrar, para tanto el esposo como la esposa. Todos tenemos que pensar cómo está nuestra actitud, nuestro corazón, porque realmente eso va a marcar toda la diferencia.

Susi: Y en nuestros hijos, aún y si el otro cónyuge no cumple el testimonio de uno, el ejemplo de uno de los dos puede ser muy poderoso en la vida de los hijos.

Mateo: Así es.

Susi: Evaluémonos: ¿qué ajustes necesitamos hacer en nuestra perspectiva, en nuestra actitud, hacia el cónyuge, pero también hacia nuestros roles y cómo los estamos viviendo en el matrimonio? En el siguiente episodio vamos a tratar este tema en particular de la unidad, de trabajar como equipo en el matrimonio y en la crianza. Nos vemos pronto.

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Autores

  • Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de tres adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México.

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  • Nació y creció en España, de padres americanos misioneros. Estudió en Estados Unidos y está trabajando en su doctorado. Lleva más de 20 años viviendo en Monterrey, México, junto con su esposa Susan, con quien crió tres hijos: Aarón, Ana y David. Es pastor fundador de la Iglesia Bautista La Gracia en Juárez, Nuevo León, Mexico.

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