¿Sientes que tu hogar parece más un partido entre dos (o más) equipos rivales en lugar de un solo equipo trabajando juntos hacia una meta mutua? ¡Tu familia no es la única que lucha con esto! En este episodio hablamos de las causas comunes de la falta de unidad, la perspectiva bíblica de la unidad, y qué hace falta para perseguir la unidad como equipo matrimonial. ¡No te lo pierdas!
Transcripción:
Susi: ¿Será posible que dos personas que vienen de trasfondos y familias diferentes, con sus propias personalidades y preferencias, vivan día tras día en su hogar en unidad? Esto parece un sueño, un sueño de esos que desaparece el momento de despertar y que luego casi ni puedes recordar. Pero la Palabra de Dios nos llama a la unidad en el matrimonio.
Continuamos aquí, Mateo y yo, en esta serie, Matrimonios Reverentes. Mateo, gracias por estar otra vez aquí.
Mateo: ¡No me hables, Susi! ¡No quiero hablar!
Susi: Aquí no tenemos unidad, pero vamos a grabar un podcast [se ríen]. ¿Estarías de acuerdo que la Palabra de Dios nos llama a los matrimonios cristianos a la unidad en el matrimonio?
Mateo: ¡Ay! Pues si vas a meter la Biblia, Susi, bueno, entonces sí.
Susi: Aquí siempre metemos la Biblia, mi amor.
Mateo: Por eso es reverente, ¿no?
Susi: Sí. Porque no queremos matrimonios irreverentes.
Mateo: De esos hay muchos.
Susi: Parece que sí. ¡Creo que nosotros hemos sido en algún momento ese matrimonio irreverente!
Mateo: El domingo en la iglesia estaba predicando acerca de las marcas de un verdadero discípulo de Jesucristo, y mencioné el pasaje en Lucas 14 donde Jesucristo dice que tienes que aborrecer a padre y a madre y a tu esposa. Y me salió del alma en ese momento decir: “Bueno, eso algunos de ustedes ya lo cumplen”. Y todo el mundo se puso a reír.
Susi: Pues, es que todos sabemos la desafortunada realidad de que no siempre sentimos un profundo y romántico amor los esposos entre nosotros. Pero por eso necesitamos aprender sobre la unidad.
Mateo: Sí. Bueno, eso no estaba en el script de hoy, pero es la realidad.
Susi: Sí, es la cruda realidad. Entonces, ¿qué nos dice la Biblia? ¿Sí nos llama a la unidad en el matrimonio?
Mateo: Sí, por supuesto que sí. Creo que todos entendemos esto. Creo que todos anhelamos esto, pero si recordamos en la Palabra de Dios, desde el primer momento que aparece el matrimonio en Génesis, capítulo 2, Dios está llamando al hombre a la unidad. Incluso en el capítulo uno, donde habla de la creación, hay una meta, un propósito, que Dios le ha dado a Adán. Y él necesita a Eva para poder cumplir ese propósito. Ellos, los dos, necesitan trabajar para que se pueda lograr. Y si no logran eso, no van a poder cumplir el objetivo que Dios tiene para ellos.
Lo curioso es que cuando no ponen el objetivo de Dios para sus vidas, tampoco van a tener unidad entre ellos. Pero luego ya llegando al capítulo 2, vemos que Dios dice que el hombre va a dejar a su madre y a su padre, y se va a unir a su esposa. Esa palabra me ha llamado mucho la atención a través de los años porque pudiéramos traducirlo como soldar. La idea es pegar dos cosas. Están tan pegadas que nada los puede separar. Esa es la clase de unidad que debería existir entre un hombre y su esposa.
Debería ser que nosotros, como hijos de Dios, en nuestro matrimonio, tenemos una meta unida, una cercanía, una intimidad, una transparencia que es tal que nada puede interferir, nada se mete entre nosotros dos. Esa es la meta de Dios. Es el cuadro de Dios. Y lo vemos, como hemos mencionado ya muchas veces, en esa imagen de la desnudez de Adán y Eva: la transparencia completa. Pero la Biblia dice que se convierten en uno. Son una sola carne. Otra vez, la idea de soldar: dos cosas se hacen una sola cosa. Eso debe suceder en nuestro matrimonio también.
Susi: Yo estaba pensando en el concepto de unidad. Sabemos esa palabra. Conocemos ese término, pero no sé si pudiera haber maneras en que hemos malentendido o mal aplicado este concepto al matrimonio, o realmente quizás no hemos comprendido del todo qué significa eso.
Mateo: Sí, a veces nuestra meta es no divorciarnos. Si no nos hemos divorciado, estamos bien; hemos cumplido con la meta de Dios.
Susi: Estamos unidos.
Mateo: Pero claramente podemos estar juntos todavía en el matrimonio, vivir en la misma casa, y no tener esta clase de unidad que hemos mencionado hace unos segundos. Estar juntos, no divorciados, no es tener unidad.
Ahora, también hay parejas que parece que se van al otro extremo—que no pueden hacer nada solos. Tienen que hacer todo juntos. Cada vez que salen, si van a ir al supermercado, tienen que ir juntos. Si van a ir a hacer un pago, tienen que ir juntos. Y supuestamente eso demuestra su gran unidad. Pero la cercanía física no es la unidad que la Biblia describe para nosotros.
También creo que otro concepto que a veces asociamos con la unidad es la unanimidad. Pensamos que si vamos a estar unidos tenemos que estar de acuerdo en todo.
Susi: Definitivamente, sí.
Mateo: Por supuesto que queremos acuerdo, pero somos dos personas diferentes, como mencionabas en la introducción. Tenemos trasfondos diferentes, perspectivas diferentes, y vamos a tener opiniones diferentes acerca de cómo se deben hacer las cosas, o qué está bien, qué está mal. Y eso no es un impedimento a la unidad verdadera. Porque la unidad verdadera es cuando podemos trabajar juntos, a pesar de que podemos tener algunas diferencias. Por supuesto, en lo importante vamos a tener que trabajar para llegar a un acuerdo, pero no tenemos que tener una unanimidad total en todos los temas.
Esto sucede en el liderazgo en la iglesia, por ejemplo. En una iglesia donde tienes una pluralidad de líderes, de ancianos, de pastores, va a haber momentos donde hay desacuerdos. Si los desacuerdos son de primer nivel, pues no van a poder continuar juntos como pastores. Pero cuando hay cosas que son secundarias, podemos tener diferencias de opinión y llegar a una decisión, y aunque no sería mi decisión, puedo apoyar todavía la decisión que el cuerpo de ancianos ha tomado, y podemos vivir en unidad dentro de la iglesia. Eso sucede también en el matrimonio. Debemos poder reconocer las diferencias e incluso celebrar las diferencias y vivir juntos en unidad.
Susi: Sí, yo creo que algunos pudiéramos tomar la enseñanza clara bíblica de que el hombre es la cabeza y la esposa debe someterse y respetarlo, como decir que la esposa debe tener todas las mismas opiniones, que no puede tener sus propias opiniones o ideas, que nunca puede cuestionar o dar una perspectiva alternativa.
Eso pudiera ser una manera en que realmente esperamos…por ejemplo, un esposo pudiera esperar: “Bueno, la Biblia dice unidad. Eso significa que mi esposa tiene que llegar a estar de acuerdo conmigo en todo”. O incluso una esposa pudiera sentir: “Bueno, yo me caso y ya no tengo derecho a opiniones. Tengo que guardar mi cerebro y nada más seguir”.
Obviamente esto no es lo que creemos que la Biblia está enseñando. Primero tenemos que entender bien qué es la unidad, y que no lo estemos definiendo a nuestra manera, sino mirando la Palabra para buscar qué está diciendo la Palabra.
Mateo: Hablando de la unidad, es interesante que la unidad se puede vivir en diferentes facetas. Y debemos de vivirla en diferentes facetas. Tiene que haber una unidad en lo espiritual. Tenemos que estar caminando juntos, porque si dos no están de acuerdo, no van a poder caminar juntos. Pero la vida espiritual es muy importante. Para tener una unidad genuina en el matrimonio, se construye sobre una unidad espiritual.
Luego también va a haber unidad emocional donde hay un amor que es recíproco, un interés mutuo. Y luego también se va a manifestar en lo físico en el matrimonio. Estas tres áreas de la vida funcionan en conjunto. A veces queremos tener unidad en una y no en otra o en las otras. A veces el esposo, normalmente, está muy interesado en la unidad física. Él quiere tener unidad sexual. Pero no está trabajando en tener unidad emocional y unidad espiritual con su esposa. Entonces no vas a tener unidad en el matrimonio, y se va a manifestar incluso en lo físico.
Es curioso, porque sí hay un orden de prioridad. La unidad es prioritaria en la vida espiritual. Lo veo muchas veces como una pirámide. La base, la parte más ancha de la pirámide, es la unidad espiritual. Sobre eso se puede construir una unidad emocional, y sobre la unidad emocional se puede poner la unidad física.
Cuando no tienes el fundamento bien, las áreas superiores no van a estar bien tampoco. Esto es muy interesante, porque el mundo lo que hace es invierte todo. ¿Qué es lo que pone primero? Lo físico. Entonces, ¿qué es lo que buscas? Una persona que te atrae físicamente.
Susi: Que eres compatible físicamente también. Por eso tienes que estar con esa persona antes de casarse, para saber si son compatibles.
Mateo: Sí. Y luego, pues, vamos a ver si emocionalmente complementamos. Y lo espiritual, pues mucha gente ni lo va a desarrollar en el mundo. Pero otra vez esto es la pirámide al revés. No va a ser estable. Eso explica por qué hay tantos divorcios, tantos matrimonios inestables, porque no están poniendo el fundamento sólido.
Lo triste es que muchas veces los cristianos tampoco están poniendo ese fundamento sólido. Quieren construir una unidad, quizás emocional o física, pero no están trabajando en una unidad espiritual basada en la Palabra de Dios, en su propia comunión con Dios, los dos por su lado, pero luego también que les lleva a tener una unidad espiritual entre ellos. De ahí, entonces, puedes poner la unidad emocional y la física también.
Estos conceptos de la unidad en las diferentes esferas nos pueden ayudar a identificar por qué quizás en cierto aspecto estamos bien y en otro aspecto estamos mal. Bueno, quizás no estamos trabajando todas las esferas.
Susi: Tú y yo hemos hablado con muchas parejas, muchas personas que se criaron en hogares cristianos, pero entre sus padres no hubo unidad espiritual. Entonces, realmente no se criaron en un hogar donde se ve la unidad como la Biblia lo proyecta. Se quedan confundidos realmente de cómo se ve un matrimonio cristiano.
Así que podemos habernos criado en un hogar cristiano, pero quizás no vimos ese ejemplo. Tenemos que volver a las bases y examinar nuestro propio matrimonio, y pedirle a Dios que nos ayude a reorganizar las prioridades de esta forma para que realmente estemos teniendo una unidad bíblica.
Mateo: Claro. Lo que ellos vieron era una pareja que no se había divorciado y que iba a la iglesia, pero no se llevaban muy bien en la casa. Y piensan que ese es el cuadro del matrimonio como debe de ser. No lo es; Dios quiere algo mucho, mucho más intenso y mucho más hermoso en la unidad en el matrimonio.
Susi: ¿Cuáles serían algunas de las causas? Quizás hemos mencionado ya algunas, pero ¿por qué es que hay tanta falta de unidad en los matrimonios cristianos de hoy?
Mateo: ¡Uf! ¡Es una pregunta que nunca acabaríamos!
Susi: Muy amplia.
Mateo: Sí, son muchas razones, muchas causas. Yo creo que una de las razones básicas es que no hemos aprendido a morir a nosotros mismos. No hemos aprendido a dejar a un lado nuestros deseos, nuestras opiniones. Pensamos que eso es lo más importante, y cuando no se hace lo que yo quiero, va a haber un conflicto.
Creo que eso también tiene que ver con nuestro orgullo. La Biblia nos dice que es por el orgullo, la soberbia, que viene la contienda. Cuando yo estoy muy, muy enfocado en mí, en mí mismo, en mis deseos, en cómo me siento yo, voy a tener conflicto con otras personas. Es imposible evitarlo. Y como no hemos madurado espiritualmente, aprendiendo a negarnos a nosotros mismos, no hemos aprendido a tener unidad con otras personas, sino a vivir en conflicto.
Luego le agregamos lo que es la mala comunicación. A veces hay una falta de comunicación que puede contribuir a una falta de unidad, porque la comunicación es la savia de las relaciones. Si no corre la savia, la flor y el árbol no va a crecer; no va a florecer. Sin comunicación, nosotros no podemos tener una relación unida, floreciente, que cumple con el objetivo que Dios nos dice.
Algunos dicen: “No, pero nosotros tenemos mucha comunicación”. Sí, pero es una mala comunicación. No sigue los principios que Dios nos enseña en su Palabra. Hay mucha ira, hay mucho enojo, hay muchos gritos, hay muchos insultos. Eso no debe caracterizar al hijo de Dios, y no va a contribuir a la relación matrimonial. Santiago nos dice que la lengua es un fuego, un fuego de maldad. Es algo que inflama nuestras relaciones. Dice que es inflamada por el infierno.
Hemos hablado con matrimonios que se hablan mal, y dicen: “No pasa nada. Es que así somos”.
Susi: “Nos entendemos”.
Mateo: “Se nos pasa. Nada más explotamos, y se nos pasa”. El problema es que esa forma de comunicación está inflamada; o sea, la llama es una llama infernal. Viene del infierno mismo. No podemos hablar de esta forma. Es diabólico eso, nos dice Santiago.
Entonces, ¿qué nos debe de caracterizar? Una comunicación de mansedumbre, de honestidad, pero también por el perdón. Creo que una de las razones por que no hay unidad es porque no sabemos perdonar.
Susi: Y pedir perdón.
Mateo: Sí, las dos cosas. Nuestro orgullo no nos permite pedir perdón, humillarnos, reconocer nuestro mal. Pero también nuestro orgullo nos impide ofrecer el perdón: “¡Pero mira lo que me hiciste! ¿Cómo puedo yo superar eso?” Porque te estás poniendo en un lugar de importancia desmedida. Tú me ofendiste a mí, y yo soy el rey de mi universo, y entonces es una ofensa muy grave.
Pero cuando nos reconocemos como pecadores, nos reconocemos como siervos de Jesucristo, que pecaste en mi contra, pero yo recuerdo que yo he pecado en contra de Cristo. Yo he recibido perdón; por tanto, yo puedo ofrecer perdón. El evangelio nos ayuda a vivir en perdón. Creo que el perdón es una de las razones claves.
Susi: Lo que decías de humildad, y todo eso—también el orgullo es lo que no permite flexibilidad. Yo quiero que las cosas sean así; quizás en el caso del esposo: “Bueno, yo soy el que mando aquí”. Ese orgullo no me permite flexibilidad de decir: “Bueno, hay más de una manera de hacer las cosas”. O: “Tengo que pensar en otros”, como dijiste. Pero muchas veces la inflexibilidad en el matrimonio también está causando falta de unidad.
Mateo: Sí. Dios nos llama a soportarnos. Iba a mencionar Colosenses 3:13 y 14: “soportándoos unos a otros”. Eso puede parecer muy negativo: pues nada más te aguanto. Pero tiene una connotación positiva, y lo vemos en la siguiente frase: “y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro”. En el matrimonio vamos a tener esas quejas.
Susi: Es imposible evitar pecar el uno contra el otro.
Mateo: Claro. Pero perdonamos. ¿Por qué? “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. Luego continúa en el versículo 14 diciendo: “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”. A veces no tenemos el amor que describe la Biblia, que es un amor no tanto romántico o sentimental (aunque eso es parte del amor matrimonial), pero es un amor de sacrificio; es una decisión que yo tomo porque he hecho un pacto delante de Dios: te voy a amar.
A veces esposos han dicho: “¿Sabes qué? Yo ahora mismo no tengo mucho afecto romántico por mi esposa, pero yo sí la amo porque he hecho un pacto con ellos”. Sí, no es la situación ideal, pero qué bueno que están reconociendo eso. Porque hay un pacto, y es el amor que nos vincula. Es el amor que nos une. Tenemos que trabajar mucho en comprender qué es lo que el amor bíblico es, y qué es lo que no es. Porque tenemos conceptos muy humanos, muy terrenales, no espirituales.
Tenemos que comprender lo que es el amor bíblico, y luego tenemos que empezar a vivirlo. Empieza por entregarnos, por sacrificarnos. Es lo que Cristo hizo por nosotros. ¿Qué hizo? Se entregó a sí mismo por nosotros. El amor bíblico, si lo pudiéramos definir en una sola palabra, yo lo definiría con entrega o sacrificio. Yo me sacrifico por el bien de otra persona, porque amo a esa persona. Eso es muy, muy difícil de vivir en el matrimonio en particular, que es curioso porque se supone que ahí es donde vivimos el amor. Vemos las películas, lo romántico, sí. Pero el amor bíblico es mucho más robusto y exigente que el mero sentimentalismo que vemos en nuestra sociedad y en las películas y series.
Susi: Yo también estaba pensando que a veces algunas cosas que pudieran causar la falta de unidad, es cuando no hemos obedecido la visión bíblica de dejar a padre y madre y unirnos a nuestro cónyuge, dejar el control o la influencia desmedida que suegros o padres quieren tener. Un esposo, digamos, quiere guiar a su familia, pero llega a la casa y su esposa ha estado hablando con su mamá. Y “es que tenemos que hacer las cosas así”. Y “es que mis papás no me dejan”. O de alguna forma esa esposa—también los esposos lo pueden hacer con sus padres o su mamá también—no nos hemos independizado de la manera correcta.
Por favor, suegra, que estás escuchando, no estoy diciendo que tus hijos nunca deben hablar contigo y que nunca deben pedirte consejo. Pero la verdad es que tenemos que estar dispuestos a formar un nuevo hogar y no buscar primero la opinión de mis papás antes de hablarlo con mi esposo, o no permitir una influencia desmedida en nuestras vidas. Porque la verdad es que un esposo no quiere estar escuchando todos los días lo que opinan sus suegros. La verdad es que eso no contribuye a la unidad.
Mateo: Sí, creo que los que están ya en la etapa de vida, como nosotros, que ya somos suegros, tenemos que trabajar en eso, porque siempre hemos sido la autoridad en la vida de nuestros hijos, y luego se casan, y ya no somos la autoridad en sus vidas. Ellos han formado su propio hogar, y tenemos que respetar eso. Queremos estar disponibles para aconsejarles, e incluso, en amor, de vez en cuando, quizás vamos a tener que ir con ellos y decirles: “Oye, estoy preocupado por esto. ¿Cómo van? ¿Qué estás pensando?” Pero yo no soy la autoridad. Yo no debo tener la mano ahí metida en su hogar diciéndoles: “Así es. Así no es en el matrimonio. Deben de tratarse así. Tú no puedes hacer eso”. Ya no es mi rol. Yo ya no estoy.
Susi: Tampoco debo estar exigiendo un nivel de lealtad, según yo, que interfiere en su dinámica familiar, en sus prioridades familiares. Ahí está donde tanto la pareja que se casó como los suegros o los padres, tenemos que realmente respetar el hecho de que la Biblia dice que forman su propio hogar, su propia unidad. Tenemos que cuidar eso.
Eso también me hizo recordar que a veces otra causa de la falta de unidad es que realmente no tenemos las mismas prioridades. Podemos tener a un esposo que su prioridad en la vida es estar cómodo. Entonces trabaja duro en el día, y llega con el dinero y “ya déjenme en paz”. Y la esposa puede tener su prioridad en la vida: es tener ciertas cosas materiales, o tener felicidad. Se casó porque pensó que el matrimonio la iba a hacer feliz. Tenemos que unir nuestras metas y prioridades.
Eso nos regresa a lo que dijiste de la vida espiritual. ¿Cómo es que yo puedo saber si la vida espiritual, la unidad espiritual, es una base? Tenemos que estar hablando de metas y prioridades en nuestra familia, y juntos perseguir las mismas prioridades. Eso es clave también para evitar esas cosas que son causa de falta de unidad.
Yo creo que eso nos puede llevar a preguntarnos: quizás obviamente la unidad normalmente sí la encontramos alrededor de intereses mutuos; en otros ámbitos de la vida esto es común. ¿Cómo te hiciste ese grupo de amigos? Bueno, muchas veces porque tenían un interés común y eso los unió. Entonces, quizás los creyentes, los matrimonios cristianos, hemos tratado de buscar unidad alrededor de motivos deficientes. ¿Pero cuál es ese interés mutuo que sí debería de motivarnos?
Mateo: Sí, hay motivaciones deficientes. Los niños muchas veces se convierten en lo que une a una pareja. Nos llevamos mal, pero no nos divorciamos por nuestros hijos.
Susi: Pero al momento que sale el último hijo del hogar, muchas veces se disuelve el matrimonio.
Mateo: Sí, o se instalan en una apatía y un distanciamiento total, y se llevan mal, pero pues ahí están. A veces hay metas económicas que nos unen. Lo que queremos es vivir en tal colonia, una casa de tal tamaño…
Susi: Con tal nivel de vida…
Mateo: Sí, esas cosas nos mueven. Es curioso porque a veces incluso la iglesia es lo que nos une, pero en un sentido negativo: en el sentido de que tenemos nuestras amistades ahí, y si nosotros nos divorciamos, o si la gente sabe que estamos peleados, van a pensar mal de nosotros. Entonces guardamos cierta fachada de apariencia con ellos, y no cuidamos realmente esta clase de unidad que deberíamos de tener.
Puede pasar lo mismo con la familia: “Yo quisiera dejar a esta mujer, pero si lo hago, mis padres van a poner el grito al cielo, y voy a estar mal con ellos. Entonces no me voy a divorciar”. Y esas son metas deficientes. Lo que nos tiene que unir es una búsqueda común de la gloria de Dios, un amor por Dios y luego una sumisión a la Palabra. Porque yo puedo amar a Dios, supuestamente. Yo puedo decir: “La gloria de Dios es lo más importante”. Pero ¿cómo sé que realmente amo a Dios? Yo cumplo sus mandamientos, obedezco sus mandamientos. Eso es lo que Jesús dijo.
Lo que nos va a unir es cuando los dos amamos a Dios tanto que vamos a la Palabra de Dios y nos sometemos a la Palabra de Dios. Ya aludiste un poquito a esto. Cuando no estamos comprometidos con la Palabra de Dios, a someternos a la Palabra de Dios, no vamos a poder resolver nuestros problemas, porque no hay una base común. Es mi opinión, y es tu opinión, y son igualmente válidas, pensamos. Bueno, ¡yo siempre pienso que mi opinión es más válida que la tuya!
Susi: ¡También la mía que la tuya!
Mateo: ¿Cómo resuelves eso? ¡No resuelves eso! Es imposible. Uno va a tener que tirar la toalla, o uno se va a tener que imponer sobre el otro. Pero la Biblia nos provee de las verdades, y esas verdades nos proveen de principios que forman filtros sobre las cuales podemos llegar a acuerdos, o por lo menos llegar a decir: “Bueno, no estamos en perfecta sintonía aquí, pero podemos amarnos y superarlo también”.
Susi: Esa visión de la gloria de Dios…cuando nuestro dinero lo vemos como un recurso que le pertenece a Dios, ya no nos peleamos tanto por el dinero. Porque obviamente pudiéramos tener ideas variadas acerca de qué significa glorificar a Dios con tu dinero, pero si realmente el deseo de ambos es eso, eso va a resolver muchos problemas. Y así con todas las áreas de la vida donde tenemos desacuerdos comúnmente.
Mateo: Los hijos…
Susi: Sí. Esa meta de la gloria de Dios nos va a ayudar muchísimo a poner esas cosas en su lugar.
El título de este episodio es Criando como equipo: criando en equipo como matrimonio cristiano. ¿Cómo es que esta idea de equipo—es como una analogía, una metáfora—cómo eso nos puede ayudar a ver cómo funcionaría si es que realmente estamos en equipo?
Mateo: Pues yo juego fútbol. Me encanta. Tienes un DT, el director técnico. Él es el que manda en el equipo. Él es el que decide quién juega, quién no juega, quién entra, quién sale, cuál es la formación. En nuestro equipo, el director técnico no es el padre; el director técnico es Cristo. Cristo es el que manda. Él es el que nos dice cómo deben ser los roles, y nos sometemos a él. Todos nos sometemos a él. Ahora, en un equipo de fútbol profesional, normalmente tienes el capitán. Él tiene también cierta jerarquía y autoridad.
Susi: Él es capitán sobre el campo de juego durante el partido.
Mateo: Claro. Él es el que puede hablar con el árbitro, y muchas veces es la voz del técnico, incluso con otros jugadores. También hay un segundo capitán, y un tercer capitán normalmente. El esposo es el primer capitán. Cuando él está, él es el que tiene esa voz de autoridad. Pero cuando no está, el segundo capitán se pone el brazalete de capitán, y él es el que toma ese rol. Pero en el momento en que está el capitán, si está en la banca y entra como sustituto, el segundo capitán se lo quita y se lo da.
Susi: Se lo pasa. Esa sería la esposa, la mamá, ¿verdad?
Mateo: Claro; la esposa es “la segunda capitán”, por decirlo así. Y los hijos serían los miembros del equipo que tienen que seguir las indicaciones, instrucciones. Pero todos tienen la meta de jugar bien. Todos tienen la meta de ganar partidos. Todos trabajan para eso. Eso es el cuadro que deberíamos de tener en el matrimonio.
Susi: Sí. Y eso tendría implicaciones. Yo me sacrifico. Yo no debo querer ser la estrella a costa del bien de mi equipo, de que logremos las metas del equipo. Entonces, cuando uno cree que todos sus deseos y sus preferencias se tienen que cumplir, eso ya no es jugar en equipo.
Mateo: Lo hemos visto con equipos de fútbol. Esos equipos explotan, truenan, saltan por los aires cuando uno tiene que ser la estrella. Eso pasa en los matrimonios también.
Susi: Sí. Yo pienso que también muchas veces jugadores tienen que sacrificarse. Incluso el mismo capitán se sacrifica para el bien de todos. Él no es capitán porque él es el más importante, por decir. Él es el capitán para que él pueda guiar, ayudar a guiar a que todo se dé el resultado que todo el equipo está buscando.
Mateo: Así es. Muchas veces ni es el goleador principal del equipo, la estrella. Es el que más espíritu de equipo tiene. Y eso es lo que le permite llegar a ser capitán. Así debería ser el matrimonio también. Deberíamos de tener ese espíritu de equipo. Eso es lo que nos va a permitir ser buenos capitanes de nuestro matrimonio.
Susi: Genial. La verdad es que, aunque estemos en equipo y seamos muy unidos, siempre sí van a existir desacuerdos. Así que no te vamos a dejar sin herramientas para resolver tus desacuerdos. En el siguiente episodio, el 213, vamos a compartir contigo algunos pasos prácticos para que podamos tener un modelo de cómo resolver desacuerdos en el matrimonio de una manera que honra a Dios, que honra su plan para la familia, y también que honra a la otra persona, para que esposo y esposa estén realmente honrándose entre ellos.
Así que gracias, Mateo, por tu unidad conmigo en este episodio. Quédate con nosotros porque aún no acabamos esta serie Matrimonios Reverentes. Bendiciones.




