Categoría: Padres fieles

Episodio 213: Cómo resolver desacuerdos en el matrimonio

March 17, 2026

Todo aquel que haya pasado más de una semana casado sabe muy bien que dos personas distintas jamás estarán de acuerdo en todo. Cada esposo y esposa trae al matrimonio distintas experiencias y perspectivas como resultado de sus diferentes trasfondos. El mundo nos puede ofrecer muchas estrategias para “ponernos de acuerdo” pero solo la sabiduría de Dios nos ofrece las que verdaderamente le honran. Descubre junto a nosotros cómo resolver esos inevitables desacuerdos, para la gloria de Dios y el bien de la familia.

 

Transcripción:

Susi: Deseamos vivir un matrimonio que predique el evangelio a nuestros hijos. Queremos vivir el diseño de Dios ejerciendo nuestros roles en el hogar, como él ha establecido. De verdad, no hay nada que vaya a impactar a nuestros hijos tanto como un matrimonio bíblico, cálido, humilde. ¿Pero, esto significa que nunca estaremos en desacuerdo? ¿Siempre vamos a tener la misma perspectiva y opinión? O, Mateo, ¿es normal que sigamos teniendo diferentes perspectivas sobre las cosas? ¿Tú qué opinas?

Mateo: Pues por supuesto. Somos dos personas que, aunque podemos amar a Dios y podemos querer hacer lo que Dios dice en la Palabra de Dios, tenemos perspectivas diferentes. Tenemos trasfondos diferentes; tenemos dones diferentes; tenemos sabiduría que abarca diferentes áreas de la vida. Por supuesto que podemos tener una perspectiva diferente de cualquier tema.

A veces dicen que los opuestos se atraen en el matrimonio; la persona que es diferente a ti te atrae por esa diferencia. Buscas a ese tipo de persona, y terminas casándote con una persona que es muy diferente a ti, que parece muy emocionante y atractivo, y luego nos damos cuenta de que somos muy diferentes, y tenemos perspectivas muy diferentes. Lleva a esos conflictos, esos desacuerdos que hacen que la vida matrimonial, la vida familiar, a veces sí sea bastante complicada.

Susi: Sí. La verdad es que en el episodio previo a este hablamos de la unidad, y a veces tenemos esta idea de que: bueno, si estamos en unidad es porque estamos de acuerdo en todo. Dijimos que no es así. Somos dos seres humanos. Tú y yo lo hemos vivido muchas veces, ¿verdad? Tú tienes una perspectiva; yo tengo una perspectiva. 

Y yo, por ser la esposa, no necesariamente 100% de las veces simplemente tengo que decir: “Bueno, me someto y ya”. Hay un proceso; somos dos personas moderadamente inteligentes, con diferentes perspectivas que pudieran contribuir al bienestar y el crecimiento de nuestro hogar si podemos buscar la manera en que podamos estar en desacuerdo, o llegar a un acuerdo, de una manera sana.

Mateo: Creo que algo que hemos dicho anteriormente, pero vale la pena repetirlo antes de entrar en esta conversación, es que no siempre tenemos que llegar a un acuerdo. Hay muchos temas donde podemos verlo de formas diferentes, y no pasa absolutamente nada. Pero tenemos que estar dispuestos a permitir que eso suceda, porque si no, vamos a siempre estar involucrados en esas pequeñas riñas donde yo quiero obligarte a pensar lo que yo pienso también. Y eso es dañino. No es necesario. Cuando son temas de poca importancia que no afectan la vida matrimonial, la vida familiar, son simplemente opiniones que podemos tener.

Susi: Yo creo que muchas veces refleja una inseguridad que tenemos. Yo necesito que esta persona a quien amo, con quien estoy pasando el resto de mi vida, opine lo mismo que yo. Y la verdad, hay bastante libertad en decir: “Está bien. Él es otra persona”. Puedo valorar sus opiniones y entender que él es diferente, y no tengo que basar mi bienestar matrimonial en que tengamos la misma opinión, sobre todo, ¿verdad?

Mateo: Totalmente de acuerdo.

Susi: Pensé en hacer este episodio… ¿qué vas a decir?

Mateo: No, que ves: ¡sí, estamos de acuerdo!

Susi: ¡Estamos de acuerdo! Porque tú y yo nunca tenemos desacuerdos.

Mateo: ¡Uy! ¡Dios prohíbe la mentira!

Susi: Fue chiste. Fue chiste. Se me ocurrió que hiciéramos este episodio en parte porque hace bastantes años ya—yo no recuerdo hace cuántos años—escribiste un artículo. ¿Sí te acuerdas hace cuántos años?

Mateo: Bueno, lo estaba revisando; fue en el 2018. Entonces estamos hablando ya de hace como unos ocho años.

Susi: Sí, escribiste un artículo; creo que se llamaba Cinco pasos para

Mateo: Resolver desacuerdos en tu matrimonio.

Susi: Sí, y nos sorprendió bastante cuánto movimiento recibió ese artículo. Eso me hizo pensar: ¿cómo es que un artículo con ese título recibe tanta atención de las personas en redes sociales? Bueno, yo creo que es porque es una realidad, una experiencia tan común en nuestros matrimonios, que no estamos de acuerdo, y no sabemos cómo manejarlo, y algo pequeño termina siendo una pelea y no nos hablamos por tres días. 

Cuando nos detenemos a pensar: ¿cómo es que lo que íbamos a cenar hace tres noches causó que pasáramos tres días sin hablarnos? Esto es una tontería. Así que, hablemos un poco de qué es lo que tú escribiste y pensaste en ese tiempo que ha servido a muchos matrimonios.

Mateo: Creo que la primera cosa para poder resolver desacuerdos en el matrimonio es empezar reconociendo nuestro propio orgullo. Ahí está la raíz de la mayoría de nuestros conflictos. De hecho, la Biblia habla de esto; en Proverbios 13:10 dice que la soberbia lo que trae es la contienda. Es el conflicto. Cuando nosotros estamos llenos de soberbia, llenos de orgullo, pensamos que nuestra forma de pensar es la que debe controlar y debe dirigir esta situación. Y por mi orgullo, yo no puedo simplemente dejar pasar que otra persona, especialmente mi cónyuge…como tú decías, nos amamos, vivimos juntos, compartimos tantas cosas, entonces tenemos que estar de acuerdo. 

Bueno, ese es tu orgullo que está hablando ahí. Hay muchas cosas, como hemos dicho, que podemos simplemente dejar a un lado y tener opiniones contrastadas. Y no pasa nada. Pero el orgullo es la raíz de la gran mayoría de nuestros conflictos. Porque en la gran mayoría de nuestros conflictos, no hay mandamientos bíblicos claros. Es simplemente: esto es lo que yo pienso, y voy a obligarte a ti a que tú pienses lo mismo que yo. 

Muchas veces esos pequeños desacuerdos sobre qué vamos a cenar o a qué hora nos vamos a acostar o qué vamos a hacer para el cumpleaños de nuestro hijo, de repente explota y se convierte en algo mucho mayor. Creo que cuando lo unimos con una trayectoria, un trasfondo, donde estamos enfrentándonos, confrontándonos, peleándonos una y otra vez, esas cosas rápidamente se convierten en algo mucho más grande.

Susi: Yo creo que aquí, en este caso, asocio también el egoísmo o egocentrismo con el orgullo. Realmente no se pueden separar bien estas dos cosas. Entonces, mi orgullo, o mi egoísmo, dice: “Las cosas tienen que ser como yo quiero”. Y yo pienso en que a veces las mujeres, las esposas, quizás sabemos que no podemos imponer así tal cual; bíblicamente no somos el jefe del hogar. Entonces, ¿qué hacemos? Manipulamos. Nuestro egoísmo (realmente es orgullo), es decir: “Bueno, es que yo aquí merezco que se haga lo que yo quiero”. Entonces, es una combinación de orgullo y egoísmo muchas veces lo que causa esto.

Mateo: Y ese egoísmo nos hace pensar que nuestra forma de ver es la única opción. Esta es la única opción válida, y todos los demás están equivocados, y son unos tontos porque creen algo diferente a lo que yo creo. Otra vez es esa combinación de egoísmo, egocentrismo, soberbia, que se une. Y entonces estamos completamente ciegos a la validez de otros argumentos, que incluso si no llegáramos a estar de acuerdo con esa persona, al escuchar humildemente su punto de vista, podemos valorar que sí, aquí tiene razón. O es válida esa preocupación que tiene que le hace llegar a esta otra conclusión. 

Si empezamos con la soberbia, luego lo que continúa y agrava el conflicto es pensar que mi punto de vista tiene que ser la que se adopta, y es la única que es válida. No estamos dispuestos a permitir que el diálogo sea una parte de la conversación. A veces hay comunicación, pero no es diálogo realmente. Yo estoy discutiendo contigo. Estoy convencido de que yo tengo razón, y te voy a insistir en todos los argumentos que apoyan mi postura. Voy a cegar mis ojos a cualquier argumento que pudiera debilitar mi posición, y voy a rehusar reconocer cualquier validez que hay en tu perspectiva. Eso es difícil, ¿no?

Luego lo unimos también con conceptos bíblicos, temas bíblicos, y vamos a la Palabra de Dios, y estamos convencidos de que nosotros sabemos lo que la Biblia enseña acerca de este punto. No estamos dispuestos a escuchar ningún otro argumento. Pero pregúntate: ¿por qué personas que aman a Dios tanto y aman la Palabra tanto han llegado a posturas diferentes a la tuya? No es porque odian a Dios y odian la Biblia y son rebeldes. No. Son gente buena; son cristianos buenos. 

Cuando rehusamos reconocer cualquier argumento, la validez de cualquier opinión diferente, vamos a ir de conflicto en conflicto. Va a ser imposible responder a esos conflictos, resolver esos conflictos. La Biblia nos dice en Proverbios 26:12 que si hay un hombre que es sabio en su propia opinión, y luego da la respuesta: más esperanza hay para el necio que para él. Piensa en matrimonios tan llenos de conflictos. ¿Qué esperanza hay? Si no están dispuestos a abrir los ojos y considerar otras perspectivas, si se consideran sabios en su propia opinión, hay muy pocas esperanzas de que algo se pueda resolver en ese matrimonio.

Susi: Entonces, estos realmente son los primeros dos pasos: primero, reconocemos nuestro orgullo y algo de egoísmo. Luego, tenemos que aceptar que mi punto de vista no es el único válido. Ahí está la combinación de humildad: soltando cómo me aferro a mis preferencias. Y también, al acercarnos a la Palabra…pensaba en esto: lo que decías de que nos acercamos a temas con apoyo bíblico, supuestamente, pero muchas veces sacamos de contexto versículos para apoyar nuestra perspectiva sin pensar que pudiera haber otra manera de ver eso. 

Aquí también, pienso que nos ayuda a cada uno que esa humildad tiene que ser en toda área de nuestra vida, esa humildad que se requiere para acercarnos a un desacuerdo en el matrimonio. No puedo decir: “Bueno, voy a tratar de ser humilde en mi matrimonio”. No, tengo que trabajar en mi soberbia, y casi siempre la persona que tiene muchos desacuerdos en su matrimonio tiene problemas en otras relaciones de su vida.

Mateo: Sí, aunque también he conocido a personas que dicen: “Es que yo nunca tengo problemas con nadie más que mi esposa o mi esposo”.

Susi: Pues sí.

Mateo: En parte es porque guardamos la apariencia ahí fuera, pero también en parte es que esa relación tan íntima, tan cercana, permite que nuestros desacuerdos florezcan más, surjan más a menudo, y porque nos importa lo que piensa nuestro cónyuge. Quiero que ella piense lo mismo que yo, y le quiero obligar por medio de la discusión. Eso no es sano. 

Si voy a reconocer que mi opinión no es la única válida, y que yo no sé todo acerca de este tema, debería de llevarme a estudiar la Biblia. Y ese es el tercer punto. Tenemos que estudiar la Biblia. Si es un tema importante, deberíamos de hacerlo juntos, considerando lo que la Palabra dice acerca de este tema. A veces no vamos a encontrar un mandato directo sobre el tema, pero sí, muchas veces vamos a encontrar principios que nos ayudan a desarrollar esa cosmovisión bíblica que nos permite tomar decisiones en las áreas donde la Biblia no dice, no manda.

Susi: No nos da una indicación clara. Y cuando decimos estudiar el tema—en la Biblia, sí, y a veces también investigar, obtener más información sobre algo en general. Porque puede ser que tú llegues, y yo he estado pensando en algo y buscando, y yo te comparto: “Mira, yo pienso que debemos hacer esto”. Quizás ni es un tema bíblico, pero si tú nada más dices: “Ay, no, ¿qué tonterías estás leyendo en internet?”, o algo así, pero no estás dispuesto a decir: “A ver, cuéntame más. ¿Dónde sacaste tu información?” y escuchar—en general, eso debe ser la postura. Pero obviamente nuestra fuente principal debe ser la Palabra de Dios.

Mateo: Claro. De hecho, cuando escribí este artículo, en parte se dio porque una pareja estaba teniendo discusiones, desacuerdos, sobre el tema de métodos anticonceptivos.

Susi: Esto fue antes de casarse.

Mateo: Sí, eran novios, antes de casarse, y estaban tomándose un tiempo porque habían discutido acerca de este tema. Algunos de los consejos que yo les di sobre la marcha me hicieron empezar a pensar y escribir este artículo. Porque esa situación es muy común. Entonces, ¿qué hacemos? Vamos a la Palabra de Dios y estudiamos lo que la Biblia dice acerca de ese tema. Y claro que no hay un mandamiento bíblico que dice: tomarás este método anticonceptivo y no usarás este otro. No dice nada específicamente sobre el tema de anticonceptivos.

Pero sí hay principios generales en la Palabra de Dios que nos pueden guiar sobre ese tema. Creo que tienen aquí en Crianza reverente, ¿verdad? Hay un episodio sobre eso con Miguel Núñez.

Susi: Así es.

Mateo: El punto no es meternos a discutir ese tema. El punto es simplemente poner eso como un ejemplo de lo que hacemos. Vamos a la Palabra de Dios. Vemos los principios que hay en la Palabra de Dios, porque no hay un mandato claro sobre ese tema en particular. También podemos recurrir a otros recursos que nos pueden ayudar. Hay hombres y mujeres que aman la Palabra de Dios y que tienen mucha sabiduría, que han escrito sobre casi cualquier tema al que nos podamos enfrentar.

Susi: O quizás en tu iglesia hay matrimonios que tienen más trayectoria en la vida y los ves como sabios, y a lo mejor pueden también dar luz en algún tema.

Mateo: Claro. Ahora, también lo que vas a encontrar es que hay hombres y mujeres que aman a Dios que tienen opiniones opuestas. Es algo muy sano leer y estudiar los dos lados del tema. No leas solamente las personas que apoyan tu opinión. Lee también los argumentos de las personas que tienen una opinión diferente a la tuya. Probablemente vas a aprender algo, y probablemente vas a llegar a valorar que hay más base, más fundamento para esa opinión contraria de la que tú habías pensado inicialmente. Para ti era súper obvio: ¡pues claro, es esto! Luego lo estudias y te das cuenta de que sí hay apoyo para estas otras posturas. Entonces, mínimo, aunque no llegues a adoptar esa postura, mínimo vas a tener un aprecio mayor por esas personas. 

También vas a conocer mejor las debilidades de tu propia postura. Porque tu propia postura no es perfecta, y no tiene apoyo universal. Si lo tuviera, no habría discusión sobre el tema. Nadie está defendiendo el asesinato: “Yo puedo asesinar a mi vecino”. No. La Biblia es muy clara sobre eso. Entonces no hay debate sobre ese tema. Pero estos otros temas, los que estamos mencionando ahora, este tipo de temas sí va a haber desacuerdos, porque la Biblia no es 100% clara sobre estos temas. Por eso hay argumentos de los dos lados. 

Entonces, estudiar la Palabra de Dios es sumamente importante. Esa tiene que ser nuestra fuente, como tú dijiste. Es nuestra autoridad. Es uno de los principios de la Crianza reverente, que la Biblia es nuestra autoridad suficiente y todo lo que nosotros hacemos tiene que fluir de la Palabra de Dios y ser consecuente con lo que ella enseña. Tenemos que recurrir siempre a la Palabra. Es ahí a veces donde no nos interesa, porque a veces estamos muy, muy aferrados a nuestra postura y sabemos que quizás no tiene el apoyo bíblico, y entonces no queremos realmente ir a la Biblia.

Susi: Eso sucede muchas veces en áreas donde la Biblia no habla específicamente del tema tal cual, y no queremos hacer el trabajo de evaluar: ¿cuáles son algunos principios que nosotros sabemos que son claros de la vida cristiana? Prioridades…cuando se trata de dinero: “¡No! La Biblia no dice que no podemos gastar en esto”. Bueno, la Biblia no dice que no puedes gastar en eso, en comprar un carro del año, pero hay principios de mayordomía. Hay principios de cómo honramos a Dios con nuestros ingresos. Hay cosas que deberíamos de estar supliendo para nuestros hijos, que no estamos supliendo espiritualmente o físicamente. 

Casi siempre hay principios bíblicos y casi siempre si la Biblia no es explícita, hay esta necesidad de pesar, de pesar otra perspectiva. Otra persona que tiene otras preferencias va a mirar los mismos principios y va a pensar en ciertas facetas. Y tú, como otra persona, vas a pensar en otras. Entonces, cuando combinamos esfuerzos en unidad, en lugar de decir: “A ver, tú defiende tu postura, y yo defiendo”, es: “Tú compárteme lo que tú has aprendido, y yo te comparto lo que yo entiendo, y vamos a hacer esto juntos en unidad”. Esa parte es muy importante.

Mateo: Sí, y tenemos que reconocer que, en las discusiones en todos los ámbitos de la vida, pero en el matrimonio, normalmente hay una persona que es más hábil en la comunicación verbal. Eso no quiere decir que tiene la razón en el argumento.

Susi: Lo más probable es que cree que tiene la razón.

Mateo: Seguramente, pero es más diestro en la comunicación verbal, en expresarse.  Puede formular su argumento de una manera más clara, más nítida, aun cuando el argumento sea incorrecto, posiblemente. 

Es ahí donde tiene que haber una genuina sinceridad en la comunicación, respeto por el otro, el querer entender lo que el otro está intentando explicar, y también el someterse a la Biblia. Entonces, después de que estudiamos la Biblia, si llegamos a una conclusión que hay preceptos o mandamientos o principios que tienen que ver con este tema, tenemos que obedecer lo que la Biblia dice.

Susi: Someternos a la Palabra de Dios.

Mateo: Y por supuesto que esto es difícil cuando yo he estado convencido de una opinión de cierto tema, y yo quiero hacer esto, y luego me topo con la Palabra de Dios que me dice esta otra cosa. Es difícil. No quiero hacer lo que la Biblia dice. Pero lo debo de hacer porque la Biblia lo dice. Y a veces en los matrimonios vas a encontrar que uno de los cónyuges sí quiere hacer lo que la Biblia dice y el otro posiblemente no quiere hacer lo que la Biblia dice. Y ahí hay que tener cuidado porque sí debemos de trabajar en unidad, en humildad, en armonía, pero cuando es algo que es muy, muy claro, nosotros vamos a tener que someternos a la Palabra de Dios.

Otra vez, esto no es cuestión ya de preferencia, incluso de prudencia. Podemos pensar en decisiones en tres ámbitos. Hay decisiones que se basan en preceptos de la Palabra de Dios, mandamientos claros. Luego hay decisiones que se basan más en principios de la Palabra de Dios, y es una cuestión de prudencia, de cómo se aplica a esta situación. Y ahí puede haber muchas diferencias de opiniones a veces. Entonces, cuando es un tema de prudencia—yo creo que pesa más este principio o este mandamiento, y tú crees que pesa más este otro—ahí queremos darnos el beneficio de la duda. Pero luego hay muchas discusiones que tienen que ver con preferencias personales, donde realmente la Biblia no entra.

Susi: Entonces, cuando se trata de algo bíblico claro…

Mateo: …que es un precepto; es de primer nivel…

Susi: …los dos tenemos que someternos. Yo pienso en “no dejes de congregarte”. Si uno de los dos cree que: “Está bien; vamos cada 15 días. No tenemos que ir cada domingo”. Bueno, eso es un precepto claro. Ahora, quizás el ir al grupo pequeño entre semana, bueno, eso es congregarse, pero no es el culto dominical donde toda la congregación está junta. O quizás hay una clase, un instituto entre semana donde ofrecen clases, y uno dice: “Es que debemos estar cada vez que se abran las puertas de la iglesia”. Bueno, a mí me criaron así, ¿verdad? Quizás hay una diferencia ahí. Pero eso sería como un precepto.

Mateo: Bueno, la asistencia sería el precepto el domingo. Pero el otro es más cuestión de prudencia, porque quizás vamos a decir: “Nuestros hijos están muy pequeños. Sacarlos tres o cuatro noches de la semana para estas actividades es demasiado para ellos”. Quizá la prudencia dice…

Susi: “Vamos a escoger uno”.

Mateo: O: “Vamos a limitar esas cosas”. 

Susi: Y ahí pudiéramos tener diferencia de opinión.

Mateo: Claro. El esposo puede decir: “No, vamos a ir a todos los eventos de la iglesia: instituto bíblico, grupo pequeño, el culto de entre semana”. Y de repente la esposa se muere por los niños. Ahí puede haber una diferencia de opinión. Y ahí ya no es el precepto, sino es un principio que mi prudencia tiene que discernir cómo aplicarlo.

Susi: Y ahí, obviamente, entraría el hecho de que sí, la esposa al final se somete al liderazgo de su esposo, al final, si no llegan a un acuerdo. Pero él debería de estarle escuchando, entendiendo, buscando soluciones juntos. Así funcionaría.

Mateo: Exacto. Y entonces, cuando no hay una enseñanza bíblica, el quinto elemento ahí sería: somete tus deseos y opiniones a los de tu cónyuge. Pensamos que sumisión es al esposo; es la cabeza. La esposa tiene que someterse. Bueno, el pasaje donde habla de eso en Efesios capítulo 5 empieza diciendo que nos sometamos los unos a los otros. La disposición del creyente, del esposo creyente, es: yo voy a intentar someter mis deseos a mi esposa, al bien de mi esposa.

Susi: Eso va con la idea de servicio, que un líder del hogar es el mayor siervo del hogar.

Mateo: Claro. Ahora, en ocasiones, Dios pone sobre él cierta autoridad espiritual particular, y él va a tener que ejercer ese liderazgo. Y cuando hay desacuerdos, pues finalmente, el esposo va a tener que tomar la decisión de qué es lo que se hace. Pero en muchas ocasiones, donde no hay esos preceptos claros o esos principios que aplican de una manera muy directa, es cuestión de prudencia o es cuestión de preferencia. Entonces, ¿por qué no podemos simplemente ceder? Mucho tiene que ver con nuestro egoísmo y nuestro orgullo que decíamos al principio. 

Pero cuando somos humildes, y somos siervos, y somos amorosos, y buscamos la armonía del hogar, por qué no decir: “Mira, ¿sabes qué? Yo prefiero los sábados por la noche quedarnos en la casa y ver una película. Y tú prefieres salir con amigos”. ¿Por qué no podemos simplemente ceder en esos aspectos? Pero no, ahí nos empezamos a discutir, a tener conflictos.

Susi: Acusar: “Es que tú nunca…es que a ti no te caen bien ninguno de mis amigos…tú nunca quieres…”, y: “¡Tú nunca quieres estar viendo película conmigo!”.

Mateo: Sí, o el gasto del dinero: “No, es que yo quiero quedarme en la casa y hacer algo simple aquí en la casa, y es que tú simplemente quieres gastar y salir a cenar a restaurantes lujosos”. Y: “No, es que tú nunca quieres gastar dinero”. Y: “Yo lo que quiero es invertir eso en la casa”. Y de repente empiezan todo este tipo de conflictos que realmente no van a cambiar la vida si se hace de una forma o de otra forma. 

¿Pero sabe lo que sí puede cambiar la vida? Es el egoísmo, y el orgullo, que nos lleva al conflicto, y donde de manera reiterada rehusamos ceder ante las preferencias y deseos de la otra persona. Es curioso porque creo que muchas veces nuestros desacuerdos suelen ser sobre esas cosas de preferencia personal.

Susi: Dinero, comida, actividades, sí.

Mateo: Nosotros pensamos que podemos llegar a ser felices en nuestro matrimonio si se hace lo que yo quiero. Creo que muchas veces insistimos tanto en lo que queremos que terminamos por sacrificar lo que realmente deseamos.

Susi: Y lo que más nos va a hacer feliz.

Mateo: ¿Qué es lo que más deseamos? Un matrimonio armonioso, de gozo, de intimidad. Pero yo sacrifico eso porque yo quiero salir los sábados por la noche y tú quieres quedarte en la casa los sábados por la noche, y eso se convierte en un conflicto mucho más grande de lo que debería de ser. Terminamos dejando a un lado lo que realmente pudiera darnos esa armonía, ese gozo, esa felicidad en el matrimonio. Y es algo hermoso cuando lo tenemos, pero muchas veces no sabemos cómo manejarlo. 

Entonces, aquí hay cinco principios que nos pueden ayudar, porque al final piensa que Cristo, lo que busca traer es esa armonía, esa reconciliación. Dios está en Cristo reconciliando todas las cosas, nos dice Efesios 1:10 y 1:19, y nosotros vemos eso en el matrimonio también: no solo el hombre con Dios o el hombre con sus semejantes, pero en la familia, en el matrimonio, esto es lo que Dios está haciendo.

Susi: Amén. Para repasar, por si no los captaste así de manera clara, tenemos el paso de reconocer tu orgullo. Luego acepta que tu punto de vista no es el único válido. Estudia el tema con tu cónyuge, sométete a la enseñanza bíblica cuando ahí está claramente, y si no, somete tus deseos y tus opiniones a los de tu cónyuge.

Pensando en nuestros hijos y lo que están observando en nuestro hogar, esto realmente va a entrenar a nuestros hijos a cómo puedes estar en desacuerdo con alguien y todavía amarlo. Muchos padres dicen: “No sé por qué mis hijos se pelean tanto. Se pelean todo el día”. Bueno, en algunos, quizás deberíamos de preguntarnos qué es lo que están observando en nosotros. 

Hay mucha motivación por poner a un lado nuestras preferencias y nuestros gustos, por sí procurar ser un matrimonio que sigue los principios y los preceptos bíblicos. Y que lo hagamos con esa humildad y falta de egocentrismo que realmente imita a Cristo en nuestros hogares. Que Dios nos dé esa paz y armonía y reconciliación diariamente en nuestros hogares. 

Gracias, Mateo, por apoyarnos con este tema. Todavía nos falta un episodio más en nuestra serie sobre el matrimonio, así que quédate con nosotros. Si aún no escuchas los previos a este en esta serie, 209, 10,11,12, te animamos a hacerlo. Nos vemos la próxima semana. Bendiciones.

 

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Autores

  • Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de tres adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México.

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  • Nació y creció en España, de padres americanos misioneros. Estudió en Estados Unidos y está trabajando en su doctorado. Lleva más de 20 años viviendo en Monterrey, México, junto con su esposa Susan, con quien crió tres hijos: Aarón, Ana y David. Es pastor fundador de la Iglesia Bautista La Gracia en Juárez, Nuevo León, Mexico.

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