En un mundo roto por el pecado, ningún matrimonio será perfecto, y ninguna situación de crianza será ideal. Pero existe un reto especial sobre el cual vale la pena conversar: un creyente con un cónyuge no-creyente criando juntos a sus hijos. ¿Cuáles principios bíblicos aplican a esta situación y cuáles no? ¿Es posible que un creyente cumpla su rol bíblico en el matrimonio cuando está casado con alguien que no vive en sumisión al Evangelio? ¡Únete a esta conversación para examinar las Escrituras juntos!
Transcripción:
Susi: La Biblia nos presenta un cuadro hermoso del matrimonio cristiano, donde dos personas viven según el diseño de Dios y ejercen sus roles en sumisión a Cristo. En esta serie, Matrimonios Reverentes, hemos explorado este diseño y cómo se vive en la práctica. Pero la realidad es que no todos los creyentes que están buscando vivir el evangelio en su hogar tienen un cónyuge que comparte esa misma meta. Entendemos que existen padres y madres que nos escuchan, que no están casados con una persona salva y convertida.
Mateo, ¿este hecho hace nulo todo lo que hemos visto sobre un matrimonio reverente? ¿Cómo es que una persona creyente que está casada con un inconverso puede, o debe, acercarse a esta visión bíblica del matrimonio?
Mateo: En primer lugar, creo que tenemos que reconocer que sí cambia mucho de la dinámica del hogar. Muchas de las cosas que hemos mencionado describen la relación entre dos personas que sí aman a Dios, que sí tienen el deseo de hacer el bien, y que por lo menos ven las Escrituras como algún tipo de autoridad en su vida. Si no tenemos eso, por supuesto que va a influir. No vamos a poder tener el mismo tipo de conversaciones; no vamos a poder tener las mismas metas en muchas ocasiones que compartirían entre un matrimonio creyentes.
Pero, de la otra forma, tenemos que reconocer que la Palabra de Dios nos da los principios y mandamientos que Dios quiere que nosotros apliquemos para nuestra vida, y son la mejor forma de vivir en todo momento, en toda cultura, en toda situación. Todavía aplica para el matrimonio, y todavía dirige la manera en que nosotros vamos a vivir. No podemos simplemente dejar a un lado las enseñanzas del evangelio porque nuestro cónyuge no es salvo.
Creo que esa es una tentación que muchas veces tenemos de decir: “Bueno, el evangelio aplica en la iglesia. Los mandatos de Dios sirven en un contexto cristiano. Pero luego, cuando yo voy al contexto del trabajo, ahí ya no puedo vivir a la luz del evangelio”.
Susi: No funciona.
Mateo: Sí, ahí no funciona porque es que allí son inconversos. No, el punto de la Palabra de Dios es que ahora que eres un discípulo de Jesucristo, tienes que dejar que tu luz brille. Y no puedes brillar siendo igual que las personas que te rodean. Tienes que vivir a la luz del evangelio, incluso en un matrimonio donde no tienes un cónyuge que es salvo.
Vemos esto de manera muy clara en 1 Pedro 3, el pasaje clásico donde Pedro le indica a las esposas que tienen esposos inconversos, que no creen la Palabra, que ellas se sometan a sus esposos, que den un testimonio de una conducta de un corazón que es afable, que es apacible. Su conducta es casta y respetuosa. Ese es el enfoque de esas esposas con esposos que son inconversos. Eso es lo que espera de ellos.
Susi: Y con la esperanza de que se convierta, de que llegue a creer.
Mateo: ¿Y cómo van a creer en ese pasaje? No por la palabra de las esposas, sino por el ejemplo de las esposas. Esa es la cosa que más nos choca en ese pasaje. Porque creo que llega a un punto en una relación entre un esposo inconverso y su esposa que es salva (o puede ser al revés también), pero el punto es que la esposa cree que si le dice las cosas una vez más, que esta será la ocasión cuando se va a convertir, cuando va a entender, cuando va a cambiar.
Pero ¿qué sucede? Se vuelve hostigosa, y el esposo deja de escuchar y se convierte en un problema. No estoy diciendo que la esposa nunca debe de hablar la Palabra, compartir el evangelio con su esposo. Pero sí tiene que identificar el momento donde su esposo ya no va a escuchar, y entonces tiene que enfocarse en este tipo de conducta que es afable, ese espíritu apacible, ese respeto con su esposo.
Susi: Y la sumisión, porque el pasaje se trata de la sumisión. De hecho, todo el contexto ahí de 1 Pedro, de esos capítulos, es la jerarquía que Dios ha establecido y la sumisión que deben practicar los ciudadanos a su gobierno, los criados a sus amos. Entonces, pensando en la visión bíblica del matrimonio, la verdad es que hasta cierto punto una persona salva puede vivir su parte de la visión bíblica que hemos visto. Un esposo puede vivir su parte de la visión bíblica, aún y cuando no responde, y la esposa igual. Sí, es posible. Nada más que—creo que la pregunta que hacíamos es ¿cómo debemos acercarnos a este reto?
Tengo que tener expectativas claras de que mi ejercicio de mi rol, o tu ejercicio de tu rol como hombre, como mujer en el matrimonio, no necesariamente garantiza la salvación del cónyuge, porque lo hacemos para algo mayor. Lo hacemos para predicar con nuestras vidas el evangelio de Cristo, porque el matrimonio, vimos, existe para eso. Es un reflejo de eso.
Mateo: Creo que es importante aquí destacar que esta misma forma de vivir, Dios se la pide a todo creyente, como mencionaste. A veces hay un enfoque muy fuerte por las tendencias culturales de nuestro día en decir: “Mira, la esposa someterse, ¡qué situación más difícil! ¡Qué anticuado! ¡Qué arcaico! Le pides algo a ella que no pides a nadie más”. No, es lo mismo que se le pide a todo creyente. Los ciudadanos tienen que someterse a sus gobiernos injustos. El gobierno romano, en el tiempo del apóstol Pedro, no era un gobierno justo. Había persecuciones locales, y llegaría pronto, si no es que ya estaban en una persecución imperial a manos de Nerón. ¿Qué tenían que hacer? Someterse y dar testimonio. Esa sumisión daría testimonio.
Susi: Y eso era para todo creyente.
Mateo: Claro. Los criados, los que eran posesión de otras personas—¿qué dice el apóstol Pedro? ¿Levanta una revolución en contra de esa estructura arcaica y opresiva? No. ¿Qué dice? Sométete. ¿A quiénes? A los que son difíciles de soportar, incluso a esos amos. ¿Por qué? Porque el evangelio está por encima incluso de tu bienestar, de tu comodidad, de que tú tengas una vida feliz.
Va a mandarnos a sufrir, pero luego nos va a apuntar a Cristo. Otra vez esa esposa, ese esposo, con cónyuge inconverso: mira a Cristo. Mira el sufrimiento de Cristo. Pedro una y otra vez va a mencionar a Cristo, y lo va a poner como ejemplo. Nos va a decir que hemos sido llamados para seguir en sus pisadas. Lo que siempre dice es: “Mira, Cristo sufrió injustamente, pero el resultado fue tu salvación. Ahora tú debes estar dispuesto a sufrir injustamente para la salvación de otras personas también”. Ese es el llamado que nosotros tenemos.
Susi: Yo creo que, pensando en el contexto de la crianza, obviamente, siendo un podcast sobre la crianza, muchos padres se preocupan por la salvación de sus hijos. Esto también va para allá. No es una garantía con un sello seguro, pero una mamá que vive este tipo de vida predica el evangelio a sus hijos también. Y un papá que puede estar en esa situación, al ejercer sus roles de manera piadosa, paciente y amorosa, mirando a Cristo, sus hijos van a percibir eso. Yo creo que así tenemos que acercarnos a este tema, recordando este contexto al cual Cristo está llamando a su pueblo.
Mateo: Sí, y es la forma que Dios quiere que nosotros, como extranjeros y peregrinos, vivamos para que nosotros podamos ser luz, para que podamos atraer a las personas de las tinieblas a la luz admirable. Ese es el llamado. Si necesitas ayuda con esto, te animo a leer 1 Pedro, si quieres todo el disco.
Susi: Sí, cinco capítulos.
Mateo: Pero si quieres enfocarte en algunos de manera específica, en capítulo 2 y capítulo 3, ¡aunque el capítulo 4 también tiene cosas muy buenas! Pero nos dan una perspectiva correcta de cómo es que debemos de estar nosotros en un contexto de sufrimiento, de injusticia, de maltrato de parte de personas que son inconversas. Va a ser de mucho ánimo.
Susi: Sí, y eso nos ayuda a los padres, porque normalmente nuestras metas son mucho más egoístas y diarias: lo que quiero es paz en mi casa. Lo que quiero es que mis hijos tengan un papá que ame a Dios. Lo que quiero es que mis hijos tengan una mamá que se someta a mí, me siga la onda.
Mateo: Que todos vayamos juntos a la iglesia.
Susi: Como la meta suprema.
Mateo: Sí, como si eso fuera la solución a todos nuestros problemas, y no lo es.
Susi: Entonces, lo que tú nos has dicho: 1 Pedro nos da dónde fijar nuestros ojos. Y eso es lo único que nos da la posibilidad de vivir piadosamente 20, 30, 40, 50 años en matrimonio con una persona inconversa.
Mateo: Sí. Abarcando un poquito más de 1 Pedro, empieza el capítulo 1 hablando de esa esperanza que tenemos de una herencia incorruptible, inmarcesible, incontaminada, que está reservada para nosotros en el cielo. Nosotros tenemos que mantener los ojos ahí. Eso es lo que nos permite sufrir alegremente. Porque dice que nos alegramos ahora, aunque por un poco de tiempo (y ese poco de tiempo, creo que es nuestra vida).
Susi: Terrenal.
Mateo: Sí, terrenal, y puede ser hasta la vida eterna. Estamos esperando ese momento. Pero de mientras sufrimos. ¿Pero cómo sufrimos? Alegremente. La única forma que puedes hacer eso es si recuerdas tu esperanza. Es lo que Pedro va a decir más adelante en el capítulo 3. Después de hablarles a las esposas, otra vez amplía la toma y habla a todas las personas, a todos los creyentes, y les dice que debemos estar dispuestos a sufrir injustamente, y que debemos estar preparados para dar razón de la esperanza que está en nosotros. Tenemos que tener esa esperanza, esa mirada puesta mucho más allá de mi comodidad, de mi felicidad, y en algo mucho más grande.
Susi: Amén. Quizás podemos hablar de manera práctica. Primero, aunque no es una experiencia tan común, sí existe: puede existir una familia donde el padre, el papá, el líder del hogar, sí es creyente, pero tiene una esposa que no profesa ser seguidora de Cristo. ¿Cómo puede un padre en este esta situación vivir su rol, por lo menos en ese liderazgo espiritual que debe tener?
Mateo: Es un poquito más fácil que para la esposa, en el sentido que él es el líder espiritual. Pero todavía puede haber muchos problemas dentro del hogar con una esposa que quizá no respeta a su esposo, que no ama a Dios, que quizás no quiere ir a la iglesia y pone todo tipo de trabas y oposición a eso. Pero el esposo tiene que amorosamente, apaciblemente…
Susi: Valientemente…
Mateo: Sí, tiene que ser el líder espiritual y tiene que decir: “Mira, si ella no quiere ir a la iglesia”—quizás no puede obligarla a ir a la iglesia, pero él puede decir como líder de esta familia: “Yo voy a llevar a los hijos a la iglesia. Yo voy a estar en la iglesia”. Tiene que estar dispuesto a tomar decisiones que pueden provocar la ira de su esposa.
Lo que muchas veces sucede es que el esposo quiere paz en la casa y no toma las decisiones que debería de tomar. Y dice: “Mira, prefiero que mi esposa esté contenta, que agradar y obedecer a Dios”. En realidad, es lo que está diciendo. Y no puede ser. Tenemos que estar dispuestos a sufrir, aunque sea injustamente, para que luego ese testimonio sea lo efectivo. Porque el testimonio más claro, más fuerte para el evangelio no es las palabras que nosotros decimos o incluso cómo compartimos el evangelio con nuestra boca. Pero especialmente en estos contextos difíciles, es el ejemplo que damos a largo plazo viviendo el evangelio en la práctica.
Y es difícil. Cuando es fácil, nadie ve el evangelio como espectacular, pero cuando ven cómo nosotros hemos respondido a la injusticia, al maltrato, hemos sido fieles a Dios, hemos dado el testimonio con la vida, las personas van a glorificar a Dios. Es lo que nos dice Pedro.
Susi: Incluyendo los hijos, los hijos que están creciendo en un hogar donde mamá no establece un ambiente de crecimiento espiritual en el hogar. Pensamos: es menos complejo para el padre que está en esta situación porque él es el líder y él sabe lo que tiene que hacer. Pero es más difícil en el sentido de que es muy difícil que el ambiente de un hogar sea establecido por un papá que tiene que salir todos los días a trabajar y no está presente. Tiene sus retos cada uno. Pero el testimonio, el impacto en la vida de los hijos, estadísticamente hablando, de hecho, es que un padre fiel que llega a casa y sirve, imita a Cristo siendo el líder siervo, es impresionante.
Mateo: Sí. No recuerdo exactamente las cifras, pero el estudio al que te refieres mencionaba varios casos. Por ejemplo, cuando tienes los dos padres que son cristianos y van a la iglesia, aproximadamente el 40% de sus hijos siguen a Dios ya de adultos. Cuando el padre es inconverso y la madre salva, baja ese porcentaje por ahí del 20—algo así—el 20%. Pero cuando el padre es el que es salvo y va a la iglesia y la esposa no, la madre no, en ese contexto sube el porcentaje como por más allá del 50%.
Susi: De los que siguen en la iglesia como ya como adultos. Eso habla muy fuerte de la influencia, incluso de un papá que no tiene una esposa creyente. Increíble.
Mateo: Sí, y yo creo que es porque hay esta noción de que el cristianismo es para mujeres. Entonces, cuando mamá va a la iglesia, eso no tiene tanto impacto. Cuando papá y mamá van a la iglesia, tiene impacto, pero no tanto como cuando el papá. Esto dice: esto no es para mujeres. Esto va en serio. Para el padre eso es un ánimo. Ahora, no queremos desanimar a la mamá, porque estamos hablando del poder del evangelio que tiene para transformar vidas.
Susi: Pero motivar a un padre, que es difícil resistir a tu esposa todos los días. Pero vale la pena, y sí tiene un resultado eterno.
Mateo: Así es.
Susi: Quizás podemos hablar un rato acerca de la situación de madres. Porque la verdad es que es una experiencia muchísimo más común que una mujer sea salva y que está viviendo con un esposo inconverso. ¿Cómo ella debe entender específicamente esta dinámica de sumisión a un esposo inconverso? Porque esa es la gran pregunta que muchas veces hay.
Mateo: Claro. Primero, claramente la Biblia manda la sumisión de la esposa al esposo, y no es solo para esposos salvos, porque Pedro lo deja muy claro para el inconverso también. Tiene que haber esa actitud respetuosa hacia el esposo. Eso es lo que tiene que dominar en el corazón de la esposa. Debe someterse a su esposo en todo lo que pueda. Por supuesto, hay límites: cuando hay algún tipo de abuso físico, situaciones extremas de ese tipo. Ahí tendríamos que proteger, por supuesto, la integridad física de la esposa, de los hijos.
Susi: O incluso si el esposo está pidiendo a la esposa diciéndole que haga algo que es abiertamente pecaminoso, ella ahí sí: Dios es mi principal autoridad. Dios me dice sométete a tu esposo, pero si al someterme a mi esposo voy a desobedecer claramente a Dios, pues obviamente ahí no.
Mateo: Sí, Dios nos manda a que obedezcamos primero a Dios antes que a los hombres. Pero creo que es importante hacer una aclaración ahí. La esposa se somete al esposo hasta que el esposo le manda a ella que haga algo que es claramente antibíblico. Creo que eso esas tres palabras, o frases, son importantes. “Le manda a ella”: esto no es cuando el esposo está haciendo algo malo…
Susi: Y eso te da la excusa.
Mateo: Sí, ahora para hostigarle…
Susi: Porque eso es muy común: escuchar a las mujeres: “No, pues mi esposo es así y así, entonces yo puedo así y asá”.
Mateo: Exacto. No. Es cuando te manda a ti hacer algo que es claramente—claramente, no una interpretación, no algo que tú entiendes. No. Hay evidencia clara en la Biblia.
Luego la palabra “antibíblico”: esto no tiene que ver con mis preferencias, donde yo de repente me cuelgo de un versículo que dice algo más o menos relacionado. Te está mandando a ti hacer algo que es claramente antibíblico. Ahí tienes que decir: “Perdón, esposo, yo te amo; intento someterme a ti”. ¡Obviamente no vas a poder decir eso si no lo estás haciendo! Pero: “Tú sabes que mi disposición es intentar someterme a ti en todo lo posible, pero lo que tú me estás pidiendo ahora va claramente en contra de la Palabra de Dios. Dios es mi autoridad más grande, y yo no te puedo obedecer aquí. Haré otras cosas, lo que tú pides hasta que pueda, pero aquí no puedo”.
Susi: Aquí hay un asunto donde muchas mujeres sienten, por ejemplo, que el mandato bíblico de “no dejes de congregarte” significa, por ejemplo, que aunque el esposo no quiera que ella asista a ciertas reuniones, ella tiene que estar en la iglesia cada vez que se abren las puertas, y él no le puede tocar esa parte de su vida. ¿Cómo aconsejarías? Yo sé que lo hemos hecho con mujeres incluso en la iglesia. ¿Qué perspectiva tienes ahí?
Mateo: Bueno, primero reconocemos que Dios sí nos manda a congregarnos. Entonces, si el esposo te prohíbe congregarte, en mi opinión personal, es uno de los casos donde diríamos: “Mira, Dios me manda a congregarme y lo voy a hacer”. Ahora, eso no significa que tienes que estar en cada actividad de la iglesia, como comentabas. Algunas iglesias tienen culto el domingo en la mañana, culto el domingo en la tarde, culto entre semana, reunión de grupos pequeños, reunión de mujeres, y otros ministerios: evangelismo, club de niños…
Susi: Escuelita bíblica en el verano de toda una semana.
Mateo: “Yo tengo que estar en todas esas actividades porque eso es no dejar de congregarme”. Eso es una falacia, ¿verdad? Lo que Dios manda es que nos congreguemos. La reunión principal de la iglesia el domingo normalmente es por la mañana, pero en el culto de predicación, eso sería el mandato indispensable que tenemos que cumplir. Lo demás, ahí creo que sí tenemos que someternos al esposo.
Si el esposo dice: “Mira, yo no quiero que vayas entre semana porque yo llego a la casa y yo necesito mi cena el momento en el que yo llegue a la casa”. Ahí es posible y probable que la esposa debería de respetar a su esposo y no ir a ese culto, mucho menos todas las actividades. Porque una de las quejas de los esposos es: “La iglesia me robó mi esposa, porque ya no veo a mi esposa, porque está en la iglesia todo el rato”.
Susi: Y tendrían razón, porque muchas veces las mujeres cristianas se agarran de eso. Esta es un área que Dios a mí me deja controlarla. “Mi esposo no me toca mi vida de iglesia. Y él ya sabe. Yo ya le he dicho”. He escuchado a mujeres hablar así. “Mi esposo sabe que yo, todo lo que sea de la iglesia, eso es mío”. La verdad es que eso no es bíblico.
Mateo: No.
Susi: Eso también es anti-evangelio, porque el esposo está viendo, en sus ojos, una hipócrita. Porque dice: “Sí, Dios me manda que me someta a ti. Me someto, pero solo me someto en las áreas donde me conviene. Y aquí en esta área, no. No. Todo esto de la iglesia es mío”. Esa actitud no ayuda nada, porque cómo ese esposo va a querer algo con la iglesia cuando él ve esa actitud en su esposa.
Yo creo que algunas sugerencias serían mirar la agenda familiar juntos, pensar en maneras de facilitarle al esposo todo lo que él espera en la casa, y todavía poder llegar las más veces posible a la iglesia. Y cuidar mucho la actitud delante de los hijos, y mostrar ese respeto al esposo, todo ese esfuerzo por facilitarle todo lo que se pueda en la casa, como él prefiere, y todavía poder llegar a las actividades de la iglesia.
Mateo: Sí. Y entendemos que hay situaciones muy complejas. No estamos siendo insensibles. Hemos trabajado con personas que tienen esposos que son irrazonables. Las demandas, las expectativas, las formas de tratar a su esposa son completamente en contra de la lógica humana, mucho menos bíblica. Es increíble pensar en situaciones que a veces las esposas están viviendo. Pero otra vez, no invalida lo que la Palabra dice. ¿Tú crees que tu situación es tan única que te permite negar la enseñanza?
Susi: Eres la excepción.
Mateo: Sí, tú eres la excepción. Pero piensa: tu situación va a ser más difícil, más compleja, que mujeres que vivían en una cultura pagana donde no se conocían los derechos humanos, no había feminismo como ahora hay. No es posible que tu situación sea tan compleja, más compleja que cualquier situación que Pedro está mencionando.
Entonces tenemos que someternos primero a la Palabra. Si vamos a someternos a nuestro cónyuge, como la Palabra dice, primero tengo que someterme a la Palabra misma. Muchas veces ahí no queremos. Hemos recibido tantas influencias de nuestra cultura que muchas veces no hay una sumisión real a las Escrituras. Tenemos que ir a la Palabra de Dios y ver lo que dice. Y nos va a chocar. Sí, nos va a chocar, pero es la mejor manera de vivir. Eso es lo que tenemos que entender.
Susi: Sí, y pensando en nuestro testimonio delante de nuestros hijos, esa vida congruente de la mamá es la más poderosa. Mamá es una persona piadosa desde adentro, desde su espíritu afable y apacible, su corazón sumiso al Señor. Eso es lo que va a llevar a una congruencia. No va a ser incongruente para el hijo que una semana no vamos a la iglesia y otra semana sí. Porque van a ver: mi mamá se somete y respeta y honra a su esposo, que es algo que Dios le manda hacer. Sí vamos a la iglesia todas las veces que podamos, pero mi mamá no es irrespetuosa cuando se trata de la iglesia, irrespetuosa en otras cosas. Todo eso porque las mamás muchas veces se preocupan: ¿Quién va a ser el líder espiritual de mis hijos? ¿Quién va a ser? Pues ella con su vida y con (obviamente) todas las acciones que ella pueda hacer. Ella sí debe leer la Biblia con sus hijos, ¿verdad?
Mateo: Claro, sí. Cuando no está el esposo para llevar ese liderazgo espiritual, ella va a ejercer un rol más importante, más activo, en la vida de sus hijos. Pero estoy completamente de acuerdo que mucho, mucho tiene que ver con la forma en que ella vive, la actitud que ella demuestra. Si ella está yendo a la guerra con su esposo constantemente, eso va a tener un impacto mucho más negativo que si no puede participar en el ministerio de niños todas las semanas.
Susi: Exacto. Podríamos mencionar aquí, ya casi para terminar (y esto puede pasar tanto para esposos o esposas), a veces hay situaciones donde ambos dicen ser cristianos, pero, pensando en la esposa en esta situación, el esposo no vive como cristiano. No ejerce su rol de liderazgo. A veces va; a veces no va. A lo mejor y va porque le gusta cumplir, pero la esposa sabe que en la casa él no está predicando el evangelio con su vida. ¿Algún consejo también para estas hermanas?
Mateo: Creo que casi todo lo que hemos dicho aplica, porque la realidad es que es muy probable que ese hombre no sea salvo. Porque el que es salvo da fruto en su vida.
Susi: La Biblia deja eso muy claro.
Mateo: Sí. Probablemente, entonces, la perspectiva que tenemos es: este hombre es inconverso, no para faltarle el respeto, sino para ajustar nuestras expectativas. Y, otra vez, ¿qué hacemos? Vivimos el evangelio en la casa con ese espíritu afable y apacible, con ese ornato incorruptible del corazón. Eso es lo que nos caracteriza. Eso es lo que Dios puede usar para cambiar tanto al esposo como a los hijos.
Susi: Los hijos van a percibir la hipocresía de papá, o de mamá, si aplica. Y van a percibir la piedad genuina también.
Mateo: Creo que podemos ayudar a nuestros hijos ahí, conforme van creciendo especialmente y adquieren cierta madurez. Puede haber conversaciones respetuosas, pero cuando el esposo, supuestamente creyente, actúa de una forma que no va de acuerdo con la Palabra de Dios, y el hijo está enojado con su papá y frustrado: “¡Él dice ser creyente, y mira cómo está actuando!”; ahí la esposa, en vez de entrar y seguirle la corriente: “Sí, no lo puedo creer. ¿Cómo es posible? ¡Qué malo!” No. “Sí, hijo mío, la verdad, tienes razón. Eso va en contra de la Palabra de Dios, pero tu papá está batallando. Tenemos que orar por él”.
Si eso va de la mano con esa tendencia de vivir en sumisión y en respeto, va a ayudar al hijo. No va a eliminar el dolor que siente y la frustración por la hipocresía de papá, pero le va a ayudar a procesarlo. No ayudamos a nuestros hijos diciendo: “¡No! No hables de tu papá así. ¡Qué falta de respeto!” No. Ayudamos a procesar. Vamos a pastorearle un poquito en esa situación.
Pero otra vez, cuidado con tu actitud, con comentarios despectivos, con miradas, con la forma en que tú interactúas con él delante de tus hijos. Otra vez, todo tiene que ser dirigido por esa actitud respetuosa y sumisa.
Susi: Yo creo que pudiera ser difícil para padres y madres que críen solos en la fe. Es una vida solitaria. Pero, para terminar, ¿qué palabras de esperanza podrías compartir con padres que están viviendo en esta situación?
Mateo: Primero, que el evangelio es el poder de Dios para la salvación de personas inconversas. No podemos dejar de creer en el poder del evangelio. Y la mejor manera de predicar el evangelio es de vivir el evangelio. Si tú no vives el evangelio, tu predicación no va a servir. El esposo más perverso, más pagano, sabe que la esposa debe someterse a su esposo, por ejemplo. Lo va a reclamar si no lo hace. Entonces vive esa parte del evangelio.
Y la última palabra de esperanza es: y si no surge el efecto que tú deseas y tu esposo nunca se convierte, ¿entonces qué? Bueno, regresando a 1 Pedro: “Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois” (3:14). Si por causa de la justicia tú sufres, eres bienaventurada, bienaventurado. Y más adelante, en capítulo cuatro, dice: “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros” (4:14). Luego dice: mira, si sufres por hacer mal, pues te lo mereces. “Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello”.
Tu vida puede glorificar a Dios cuando tú vives la vida cristiana aun cuando requiere padecer. Es fácil decirlo aquí en un podcast; es fácil para nosotros, uno dirá: “Ah, sí, pero tu esposa es creyente, y tú eres creyente, y lo tienen fácil”. Sí, pero Pedro escribía a mujeres y a esposos que no lo tenían fácil. Y esta verdad también aplica para nosotros el día de hoy. En tu situación, glorifica a Dios. Glorifica a Dios. Tienes una bienaventuranza, una bendición especial de Dios sobre tu vida, cuando tú vives el evangelio aun cuando enfrentas el sufrimiento.
Susi: Amén. Quizás si estás en esta situación necesitas leer 1 Pedro. Te dejamos con esa tarea para que medites en las verdades de 1 Pedro. Bueno, con este episodio cerramos la serie Matrimonios Reverentes. Gracias, Mateo, por acompañarnos en esta serie.
Mateo: Me ha encantado.
Susi: Te invitamos en estas siguientes semanas que no estaremos publicando episodios nuevos, que visites la página crianzareverente.com, que entres a Spotify, YouTube, donde hay un montón—más de 200—episodios pasados donde puedes repasar o escuchar los que aún no habías escuchado.
Te agradecemos por siempre seguirnos, también por tus mensajes y palabras de ánimo cuando nos topamos con ustedes. Entendemos que la crianza no es fácil. El matrimonio no es fácil, pero tenemos a un gran Dios que nos sostiene por medio de su evangelio. Bendiciones.




