Categoría: Hijos

Episodio 222: El simple, el necio y el escarnecedor, con Armando Ortiz

September 22, 2026

Vemos en las noticias que un joven murió mientras vendía drogas. Nos enteramos de que la hija casada de unos vecinos abandonó a su esposo y a sus hijos para irse con otro hombre. Observamos la conducta descontrolada de otros niños en la iglesia. Y en todas estas situaciones pensamos: “Lo bueno es que mis hijos no son ni serán así”. ¿Estás seguro? Pudiera ser que no conozcas la verdadera condición de tus hijos. ¡No dejes de escuchar este importante episodio!

 

Lee la transcripción:

Susi: Pienso que tú y yo compartimos algo en común: amamos a nuestros hijos y queremos ser buenos padres para ellos. Si hay algo que he aprendido en 24 años de ser mamá, es que nunca seré buena madre si no conozco realmente a mis hijos. Sin saber su verdadera condición y su verdadera necesidad, jamás voy a poder dirigirme a suplir lo que realmente necesitan. 

El libro de Proverbios que estamos estudiando en esta serie que se llama Proverbios para familias sabias nos ayuda a los padres a conocer a nuestros hijos y sus verdaderas necesidades. Pero te tengo un “spoiler”: es posible que no te guste el diagnóstico que Proverbios te va a ofrecer. 

En este tercer episodio de nuestra serie, estoy aquí con un gran amigo de la familia Bixby, Armando Ortiz, para hablar sobre unas personas que aparecen bastante seguido en el libro de Proverbios. Armando, gracias por acompañarnos una vez más en el podcast de Crianza Reverente.

Armando: Hola Susi, me siento feliz de estar de nuevo aquí. Gracias por la invitación.

Susi: Estuviste con nosotros hace varios años en un episodio, pero yo creo que ahora la gran diferencia es que tienes más hijos. ¿Cuántos hijos tienes ahora?

Armando: Cuatro ya. Me invitaron cuando tenía tres.

Susi: Sí, acababa de nacer el tercero. Sí, creo que sí. Entonces, ¡ahora tienes más sabiduría para ofrecernos!

Armando: ¡Eso espero!

Susi: Muy bien. Gracias por tomar este tiempo. Quiero empezar preguntándote: ¿cómo tú te sentirías si alguien, no sé, un amigo, un conocido, llamara a uno de tus hijos simple o necio?

Armando: Te voy a dar dos respuestas. Te voy a dar una respuesta muy carnal, porque me pasó sobre todo con mi hija, la primera hija, y fue esta parte de defenderla. Ella es una niña—¿qué quieres tú? —insensible. Y es esta parte donde no nos gusta escuchar eso sobre nuestros hijos. Ahora ha sido un poco distinto porque yo sé que eso es mi hijo, ¿no? Y jugando le digo, sobre todo a jóvenes en la iglesia: “¡Pues ayúdame! Necesito de tu apoyo para salir de eso”. Pero sí, es evidente esto en mis hijos, y es doloroso a veces reconocerlo.

Susi: Porque la verdad es que los padres no queremos reconocer eso. Es difícil aceptar que mi hijo, mi hija, pueda ser necia o simple. Pero quería empezar con esa pregunta porque la verdad es que, si no estamos dispuestos a considerar la condición de nuestros hijos, nunca vamos a ser padres sabios. La verdad es que la necedad es un tema que se repite a lo largo del libro de Proverbios, así que no podemos ignorarlo en una serie sobre el libro de Proverbios, y es un libro sobre la sabiduría. 

Vimos en el episodio pasado con Mateo que el temor de Dios es el principio de la sabiduría. Eso es esencial. Pero encontramos estos “necios” salpicados a lo largo del libro de Proverbios. De manera general, ayúdanos a entender qué necesitamos saber sobre estas referencias diversas a la necedad para poder entender en su totalidad el libro de Proverbios.

Armando: Claro. Proverbios es un libro muy interesante porque debe leerse como una invitación divina a caminar en el temor del Señor. ¿Cómo estamos haciendo eso? Bueno, aprendiendo esa sabiduría y aplicándola para vivir fielmente delante de Dios, pero en cada área de nuestra vida, porque a veces creemos que la sabiduría se necesita en algunos asuntos, los más grandes. Pero Proverbios nos muestra todo lo contrario. De hecho, lo que hace el autor regularmente es poner dos caminos, dos caminos que aparecen repetidamente: el camino de la sabiduría y el camino de la necedad. Proverbios nos muestra que toda persona está siendo formada por uno de esos dos caminos. 

Entonces Proverbios se convierte en un libro más que informativo: profundamente pastoral. Por eso es que vemos mucho de la metáfora de un padre hablándole a un hijo. Eso es bastante interesante. Nosotros vemos como las decisiones diarias sobre amistades, sexualidad, palabras, dinero, trabajo, disciplina, orgullo, ira, todo eso está formado por alguno de estos dos caminos. Y la manera en que actuamos y nos conducimos revela qué camino estamos siguiendo. 

Proverbios es una guía muy práctica, pero profundamente teológica y sabia para impartir instrucción. Entonces nosotros queremos saber cuáles son esos caminos, y nosotros queremos ver las advertencias de esos caminos y al final reflexionar en nuestra propia vida y en nuestra crianza qué caminos estamos siguiendo y qué caminos estamos ofreciendo a nuestros hijos ante esta realidad.

Susi: Sí. Porque la verdad, yo creo que no solemos pensar en esos términos: que en cada momento estás escogiendo un camino. Nos dejamos llevar por la vida. Vemos la crianza como “yo con mis hijos, y aquí andamos”. Y es verdad—es algo diario; es un peregrinaje. Pero constantemente nosotros como padres y nuestros hijos estamos tomando decisiones. ¿Por cuál camino voy a andar? Eso debe levantar nuestras antenas a decir: “OK, yo soy mamá. Yo soy papá. Mis hijos o van a caminar en sabiduría, o van a caminar en necedad”. Eso es súper importante. Yo creo que eso puede ayudarnos.

Armando: Sí, bastante.

Susi: Nada más eso puede cambiar la forma en que estamos manejando nuestra crianza.

Armando: Nosotros venimos programados por una cosmovisión de vida también de nuestros padres, y a veces eso mismo nos tiene cegados ante estos dos caminos. De hecho, algo que el necio hace es considerar su propio camino como el mejor, ¿no? Entonces, esto debe abrirnos la mirada. Seguramente en el episodio anterior hablaron sobre eso: abrir la mirada ante esa necesidad de escoger.

Susi: Sí, de andar en ese temor de Jehová en reverencia; se llama el podcast Crianza Reverente por eso, porque debemos andar así. Y lo que dices acerca de nuestras cosmovisiones es súper importante. Porque lo más probable es que hay cosas que yo considero sabio o necio, que eso yo lo aprendí de mi crianza o de lo que sea. Por eso los padres tenemos que estar dispuestos a detenernos y pensar.

Hablemos de estas estos personajes que aparecen. Porque realmente el concepto general de necedad ahí está, pero hay un simple, hay un necio, y hay un escarnecedor más o menos. Quizás podemos empezar con el más inocente.

Armando: Claro que sí.

Susi: El necio. 

Armando: Y a lo mejor para poner un poquito en contexto a los que nos escuchan, el autor usa un montón de metáforas, y a lo largo van apareciendo distintos personajes. Entonces nosotros vemos estos tres tipos de personas casi durante todo el libro. Y no son lo mismo. A veces se pueden confundir. De hecho, nos llegó a pasar en nuestro primer estudio ahí en nuestra iglesia sobre Proverbios. Creíamos que el simple era el necio, pero no necesariamente. Sí hay una diferencia, y es importante para nosotros como padres diferenciarla porque nos va a ayudar demasiado en nuestra crianza.

Entonces, si hablamos primero del simple, describe alguien ingenuo o inexperto. De hecho, la palabra en hebreo la imagen que se pudiera poner es fácilmente influenciable. En Proverbios representa a alguien que aún puede ser formado por la sabiduría. Todavía no está perdido. Todavía no la está rechazando, sino simplemente es ignorante. Necesita información. 

¿Cómo eso nos ayuda en la crianza? Nosotros como padres, Susi, debemos ser conscientes de que nuestros hijos siempre son simples. Siempre son simples. ¿Por qué? Porque no vienen con una configuración nata del saber y del conocimiento y de entender todas las cosas. Al contrario, vienen influenciables en un sentido donde nosotros mismos los vamos formando con nuestro estilo de vida, con nuestras palabras. 

Entonces, ¿qué hacemos al entender esto? Bueno, yo creo que esta es la etapa donde nuestros hijos más necesitan instrucción. Y aunque la instrucción es una etapa que nunca se va a acabar, sí hay un momento donde ellos incluso necesitan reconocer lo que es bueno, lo que es malo, lo que es piadoso, lo que es verdadero, lo que es falso. Algunas cosas al inicio son muy de conducta. Pero conforme va pasando el tiempo vamos llegando más al corazón, porque ya empezamos a ver la necedad, y necesitamos esta instrucción.

Hay un trabajo de enseñar o instruir en las cosas más simples de la vida a nuestros hijos, sabiendo que ellos son inexpertos, influenciables. Necesitan un camino más seguro, por lo que nosotros los vamos a formar en cuanto a su pensamiento.

Susi: Y nosotros debemos ser las principales fuentes de esa sabiduría.

Armando: ¡Claro!

Susi: Porque ahí está—si mi hijo es influenciable, es vulnerable a todo tipo de influencia. Si reconozco que mi hijo es simple, no en el sentido de tontito—a veces podemos describir a una persona que a lo mejor tiene una capacidad mental disminuida por algún accidente o algún defecto, lo podemos describir como simple. Bueno, es verdad. Es ese mismo tipo de simpleza, pero no por un defecto o un accidente.

Armando: Sí, una falla cognitiva.

Susi: Sí. Es porque así nacen. Pero eso significa que, si yo dejo a mi hijo a la deriva, a las influencias de otros, estoy fallando en mi rol. Porque creo que los padres debemos ser los principales en dirigirnos a esta simpleza. Tenemos que buscar la forma.

Armando: Fíjate lo importante que es. Por lo menos yo recuerdo, porque yo crecí en una crianza de nalgadas, de cintarazos…

Susi: Mucha disciplina, sí.

Armando: Pero no era disciplina en realidad. Era violencia. 

Susi: Abuso, sí.

Armando: Yo recuerdo que a veces íbamos simplemente en el carro y pasaba algo—lo que fuera—y mamá sólo volteaba y nos daba un manazo. Y muchas veces no sabíamos por qué. Nunca hubo la instrucción previa a la disciplina. Entonces, esta etapa de la simpleza es la instrucción formativa, o la disciplina formativa. 

Aún en la misma iglesia se parece mucho al discipulado, o es discipulado, más bien. Hay una disciplina que es formativa a través de la enseñanza. Y el simple necesita muchísimo de esa parte. Porque cuando ya llega a la corrección, hay información previa que ha sido instalada en la mente y en los corazones de nuestros hijos.

Susi: Y esa información ha formado—por ejemplo, tú dijiste hace rato, hace un momento, que el bien y el mal. Cuando un papá, desde muy chiquito—y es verdad que al principio casi solo nos dirigimos a la conducta—pero aun cuando nos estamos dirigiendo a un niño muy chiquito en su conducta, le estamos enseñando: “Esto es bien y esto es mal”. Y eso está entrenando la mente del simple.

Armando: Así es. Él está adquiriendo una información nueva que tal vez no tiene toda la capacidad cognitiva para entender las implicaciones, pero eso no es importante en esa etapa.

Susi: Pero está impactando sus decisiones. Es información que está formando cómo él piensa. Esto del “simple” de Proverbios, yo estaba leyendo también cómo Proverbios habla del simple. Hay un versículo, 14:15, que dice: “El simple todo lo cree”. Esto es algo tan sencillo: enseñar a nuestros hijos que no se crean todo lo que les digan.

Armando: Exacto. Ingenuos.

Susi: Hay niños que por su personalidad natural son más ingenuos. Entonces aquí entra otra vez el rol de los padres. Estamos discipulando a cada hijo individual. Vamos a tener algunos hijos que son así listos, así rápidos, y con ellos vamos a tener que trabajar otros aspectos más. Pero vamos a tener hijos que son muy ingenuos, que se lo creen todo. Y esto es parte de comprender de qué está hablando el autor de Proverbios. Bueno, ese es el simple.

Armando: Así es. 

Susi: ¿Quién sigue? ¿Qué otro personaje tenemos?

Armando: Tenemos al necio. Vemos tres palabras distintas en el hebreo para describir a estos hombres. Pero van ligadas, muy ligadas. Por ejemplo, tenemos a una que significa obstinado, que desprecia la sabiduría. Otro que significa moralmente perverso y endurecido, y el impío que vive como si Dios no existiera. Nos recuerda el Salmo, que el necio dice en su corazón: “No hay Dios”. Y específicamente en esta parte, Susi, es donde vive la mayor parte de nuestra crianza de nuestros hijos.

Porque después de la instrucción, nosotros hemos sido testigos de que la rechazan, y es porque no podemos negar la condición de sus propios corazones. Aunque ellos son ignorantes e ingenuos en cuanto a información, conducta y demás, su corazón viene averiado a causa del pecado. Su corazón dice: “No hay Dios”. Ellos todavía no lo declaran. Ellos todavía no viven tal vez intencionalmente así, pero la disposición de su corazón a causa del pecado va a ir en ese camino. 

Entonces ahí es donde casi siempre van a estar nuestros hijos, y donde más debemos enfocarnos nosotros en la crianza. Porque el necio ya ha recibido información. Ya sabe que eso está mal, y aun así toma el camino de la necedad, rechazando esa sabiduría.

Susi: Esa es la gran diferencia, ¿verdad? 

Armando: Exactamente.

Susi: Este ya es una persona que está tomando la decisión de rechazarla.

Armando: Conscientemente. Así es. Entonces yo creo que aquí es donde está el esfuerzo más grande en nuestra crianza, en nuestra instrucción, y a lo mejor ahí es donde la instrucción formativa ya pasa a la instrucción correctiva.

Susi: Sí. La corrección, la disciplina. Porque con el simple realmente no hay una disciplina correctiva. Hay disciplina en el sentido de establecer rutinas que les ayuden, que les enseñen. Pero ahora, cuando llegamos a la condición de necedad, de un rechazo…hay varios versículos: “El necio desprecia la corrección de su padre”. Cuando vemos a un niño que no solamente tiene la actitud normal—a ningún niño le gusta, vamos a ser honestos: ¡a ninguna persona nos gusta ser corregido! 

Armando: ¡Claro! Yo quería decir que nosotros nos identificamos muchísimo. Es nuestro peregrinaje, hasta que el Señor regrese.

Susi: Exacto. Entendemos lo que nuestros hijos están pasando. 

Armando: Así es. Yo creo que parte de pastorear el corazón de nuestros hijos es discernir eso. Es discernir cuándo es ignorancia y discernir cuándo es rebeldía. Porque pastorear el corazón es conocerlos para que la instrucción tenga realmente una eficacia a la hora de ser recibida.

Susi: Exacto. Y esa es la meta cuando les corregimos. No debo corregir a mis hijos solamente porque no me gusta cómo se están comportando. Sí quiero corregir una conducta, pero debería de querer corregir una necedad innata que está ahí, una condición que él tiene en su corazón. Yo pensaba en esto: dice que el necio desprecia la corrección de su padre. Si yo permito que mi hijo desprecie mi corrección, ¿cómo va a recibir la corrección de Dios?

Armando: Totalmente. De hecho, la corrección, Susi, modela el carácter de nuestro Padre. Dios a quien ama, disciplina. Esta es una verdad que nosotros, los padres, debemos abrazar, porque estamos modelándoles a este Padre celestial que es bueno, que es amoroso, que es sabio, pero que llega un momento donde interviene cuando la instrucción no ha sido suficiente. 

Y él obra de maneras providenciales y aun profundamente dolorosas en algunos momentos para decirnos: “Porque te amo, necesitas vivir esto, pasar esto, para sacarte de ahí”. Y tal vez nosotros, nuestra disciplina, son unos pequeños destellos para que ellos puedan entender esa relación también con su Dios, cuando ellos amen a Cristo.

Susi: Sí. Entonces aquí para los padres, yo creo, poder identificar si esta es una simpleza de mi hijo, o esta es una necedad. Y obviamente no es así de que es súper sencillo, ¿verdad?

Armando: Claro; ¡no andas con una lista que dice!

Susi: Y a veces están mezcladas las cosas. 

Armando: ¡Claro! 

Susi: Aquí hay un área de vida donde yo tengo que instruir más a mi hijo, pero para que mi hijo reciba mi instrucción, ese rechazo que está experimentando, que está ejerciendo, está mostrando un rechazo, tengo que dirigirme primero al rechazo de la sabiduría; corregir, ablandar el corazón para que me pueda dirigir a la simpleza.

Armando: Exacto. Incluso entender por qué, porque nosotros sabemos que detrás de cada conducta hay algo que lo está impulsando. Desde muy pequeños los hemos visto, y yo te quiero abrir mi corazón: yo he pedido a veces mucha oración por uno de mis hijos en específico. Y recuerdo que en una consejería bíblica un amigo me dijo: “¿Le has preguntado estas cosas?”

 —“No, nunca se lo he preguntado”. 

Susi: ¿A tu hijo?

Armando: Sí, a mi hijo. Y es que ahora me ha tocado afirmarlo y decirle: “Mira, tú no necesitas demostrarme que eres el más fuerte. Tú no necesitas demostrarme a mí para que yo te ame que tienes que ser el centro de atención. Yo te amo así”. Eso ha sido bastante valioso: investigar. 

Susi: Investigar por debajo de la superficie. Exacto. Porque esa necedad está ahí. Es real. Está rechazando la sabiduría. Pero en cada niño, y en cada uno de nosotros, hay razones diferentes. ¿Qué estoy rechazando realmente? A lo mejor me da igual hacer lo que mi papá quiere que haga, pero estoy rechazando algo. Algo me está llevando a esto.

Armando: Así es. Por eso Proverbios es riquísimo, porque ahora que ya has indagado en el corazón de tu hijo, puedes de nuevo tomar la sabiduría que Dios provee por medio de su Palabra para aplicarla. A lo mejor primero uno, ¿no? Ser consciente de esto.  Por ejemplo, yo a mis hijos sí les pregunto: “¿Sabes por qué te estoy disciplinando?” Porque yo quiero escuchar de ellos que saben que no los estoy corrigiendo sólo por ira o por gusto, sino porque ellos están violentando una de las instrucciones claras. Ya hubo información. Ya hubo advertencia. Entonces ahora hay corrección, porque simplemente quieren hacerlo. 

Susi: Y nos preocupa. No es que nosotros queremos criar hijos que hagan todo exactamente como nosotros queramos. ¿Por qué nos preocupa ese rechazo? Porque fácilmente lleva a una rebeldía ya más profunda.

Armando: Y vamos a hablar ahorita sobre eso.

Susi: Exacto. Entonces, ahora, ¿quién es el tercer personaje?

Armando: El tercer personaje es el escarnecedor. En este punto, es alguien que ridiculiza la verdad. Es alguien que no solo desprecia la corrección, sino que se burla de ella. Es alguien cínico. Es una palabra que lo describe bastante bien. Considero que esta pudiera ser una de las etapas más complejas en el tema de la crianza, porque no es un simple, adquiriendo conocimiento, ni un necio escogiendo el camino de la necedad por algún asunto egoísta, sino que se burla de la sabiduría.

No es como el necio que dice: no hay Dios, sino que se burla de quien cree que hay Dios. Si te das cuenta, ya está en un punto que pudiésemos decir de no retorno, aunque no quisiera decirlo de esa manera, porque yo considero que, si hay vida, si hay gracia, si hay palabras, si hay evangelio, pues todavía se puede hacer muchas cosas. 

Pero fíjate lo que dice el capítulo 19, verso 25: que tú disciplinas a un escarnecedor y no sucede nada en él. Dice que el simple adquiere más conocimiento—aún el escarnecedor está siendo usado no para una transformación en su vida, sino para que otros vean lo terrible que es vivir de esa manera.

Susi: Cuando castigas o disciplinas a un escarnecedor, quizás no tenga afecto inmediato en su corazón, pero los demás aprenden. Mira, esto tiene una aplicación muy fuerte para los padres que tenemos múltiples hijos. Porque la verdad es que un hijo puede pasar también entre etapas. Puede ser escarnecedor por un tiempo, luchando con diferentes cosas. Pero esto es un argumento por ser consistente en la disciplina, incluso en un hijo que no parece que está funcionando, que no parece que está tomando efecto.

Armando: Sí. No nos cansamos. Como te digo, mientras haya vida, mientras tengamos el evangelio.

Susi: Y otros aprenden. Los demás hermanos aprenden de lo que observan en su vida también.

Armando: Por lo menos yo, Susi, en la temporada que me ha tocado ser padre, cada vez veo más este patrón de padres que fueron condescendientes en la simpleza, en la necedad, y ahora tienen hijos—¡pequeños!—que te burlan, que ya es un asunto de incluso ofender a sus padres, golpearlos. Aquí yo creo que hay muchísimo trabajo que debemos hacer de no excusar a nuestros hijos, de no ser condescendientes con ellos. Amarlos es reconocer, no minimizar, reconocer que necesito trabajar más, que necesito ayuda con otros. Como te contaba, yo le hablé a un amigo y le digo: “Necesito consejería en esto”, porque es parte de este proceso de pastorear el corazón de nuestros hijos.

Susi: Sí, el escarnecedor ya es una persona arrogante, que ataca a otros o a los que le están tratando de enseñar. Yo pienso que los padres tenemos que estar dispuestos a evaluar a nuestros hijos. Tú dijiste no excusar, no pensar que la pura instrucción verbal, simplemente tratar de convencerlos, porque tenemos que entender una condición del corazón. También quiero comentar que no es que tú tengas que estar todos los días: “Hoy, ¿Es necio? ¿O es escarnecedor?” Ese no es el punto. El punto es reconocer estas señales que hemos mencionado.

Armando: Sí, ser conscientes para pastorear mejor el corazón de nuestros hijos, tener el discernimiento cuando vemos estos comportamientos, estas evidencias en nuestros hijos, va a ser mucho más simple aplicar la sabiduría que viene de lo alto. 

Yo quisiera también hacer aquí una anotación, porque hablé mucho sobre la instrucción, pero no quiero dejar de lado que la mayor parte de la instrucción en la crianza de nuestros hijos tiene que ver con nosotros modelándolo. A veces lo más sencillo es el montón de palabrerías, y a veces nuestros hijos están actuando de esa manera por la incongruencia de nuestras propias vidas. La instrucción va de la mano, porque ellos están viéndonos, si estamos aplicando esa sabiduría que queremos impartir a nuestros hijos.

Susi: Quizá lo primero que necesitamos pensar es: ¿yo soy simple? ¿Yo me creo todo lo que me dicen? ¿Yo ando cambiando de opinión a cada rato porque soy demasiado influenciable? O realmente estoy buscando sabiduría y discernimiento. O quizás yo soy la necia, que el pastor dijo eso, pero naaa… O soy esposa que: no, mi esposo me dijo que así va a ser, pero así, naaa. 

Si mis hijos observan eso, ya están observando una mamá necia, una mamá simple y obviamente escarnecedora. No creo que una persona escarnecedora esté escuchando un podcast donde buscas sabiduría bíblica, pero si pudiera suceder, ¿verdad? Tienes toda la razón: nuestra manera de lidiar con nuestra propia necedad es un ejemplo para nuestros hijos.

Armando: De acuerdo. Que Dios nos dé muchísima gracia porque lo necesitamos.

Susi: Y humildad, sí. ¿Cómo resumes tú la solución que Proverbios está ofreciendo?

Armando: Creo yo que el eje central de todo Proverbios es el temor al Señor. El principio de la sabiduría es el temor al Señor. Eso empieza por nosotros. Si nosotros como padres ya conocemos a Cristo, sí podemos tener temor del Señor. En el temor del Señor vamos a estar instruyendo a nuestros hijos. Porque a veces el otro extremo es sólo ofrecer la ley, sólo ofrecer la conducta. Y nosotros podemos tener hijos escarnecedores a causa de demasiada religiosidad, y demasiada ley, porque eso no soluciona nada. La Biblia lo aclara. La ley no salva. La ley no cambia. La ley sólo revela la necesidad de un Salvador.

Susi: Nos apunta a Cristo.

Armando: Exacto. Primeramente, nosotros abrazar ese temor. Yo veo un círculo virtuoso en Proverbios: más sabiduría, más temor; más temor, tienes más sabiduría. Y uno está ahí porque desea vivir a la luz de eso.

Susi: Yo creo que podemos pensar: cuando pensamos en necedad, ¿qué es lo opuesto? Podría ser la sabiduría es lo opuesto a la necedad. Pero el temor de Jehová es lo opuesto. Un niño que aprende a vivir en la presencia de Dios, consciente de quién es Dios y quién es él, ese es un niño que va a ser sabio. Ya esa necedad, esa simpleza natural, se va a ir reemplazando con sabiduría, y probablemente nunca llegue a escarnecedor si ha aprendido a vivir en el temor de Jehová.

Armando: De acuerdo. Y también vamos a ver el fruto de estar presentando el camino de la sabiduría mientras estamos instruyéndolo en el Señor. Ver cómo lo escoge va a ser una bendición no solo para nosotros como padres, sino para su propia vida. Y al final eso es lo que estamos buscando. Claro que seguro luchamos algunos con que ellos cumplan cosas nuestras, pero la realidad es que queremos su bendición.

Susi: Obviamente lo que más queremos es su salvación, el evangelio.

Armando: La mayor bendición.

Susi: Terminemos hablando brevemente de eso. Yo pienso que hay padres escuchando que tienen hijos escarnecedores y necios. ¿Cuál es la esperanza que el evangelio les ofrece?

Armando: Si nosotros entendemos que el principio de la sabiduría es el temor al Señor, nosotros no vamos a encontrar una mayor expresión de sabiduría que la que el mismo apóstol Pablo nos presenta en I Corintios 1:18–25, donde nos dice: “Cristo es sabiduría y poder de Dios”. La mayor expresión de sabiduría de nuestro Dios para nuestras vidas es la obra y la persona de Jesucristo. 

Como padres, debemos estar aferrados al evangelio y sus implicaciones, primeramente, para nuestras vidas. Y en segundo lugar, nuestra mayor instrucción para nuestros hijos es el evangelio de Jesucristo. No hay mejor mensaje de sabiduría que “la locura de la cruz” de Jesucristo.

Susi: Es lo único que tiene el poder para desarraigar la necedad. El escarnecedor, su única solución es rendir su vida a Cristo. Si tenemos hijos necios, hijos escarnecedores, podríamos distraernos con toda esa conducta que no nos gusta. Pero recordemos que lo que más necesitan es lo que tú dijiste.

Armando: Así es. Y si nosotros los vamos formando desde simples con la belleza de la cruz, con la hermosura de la salvación y de Cristo mismo, seguramente Dios va a usarlo como lo hizo con Timoteo, que desde la niñez aprendió la sabiduría, dice el texto, para llevarlo a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.

Susi: Esperamos que esto sea de ánimo para padres que a lo mejor están un poco desanimados con la necedad de sus hijos.

Armando: ¡Más cuando tienes varios! ¡Hasta los etiquetas!

[Se rien.]

Susi: Muchas gracias, Armando, por estas palabras de ánimo, de sabiduría. Que Dios te bendiga en la crianza de tus cuatro hijos. 

Armando: ¡Lo necesito! 

Susi: ¡Ya se multiplicaron ahí en tu casa!

Tú también que nos escuchas, lo que deseamos es que puedas minar la sabiduría de este libro de Proverbios y poder, no etiquetar a tus hijos, sino evaluarlos y tratar de discernir qué es lo que realmente necesitan. Obviamente todos sabemos que necesitan el evangelio. Así que gracias, Armando. 

Armando: Gracias, Susi.

Susi: Nos despedimos, y nos vemos otra vez la próxima semana. Bendiciones.

 

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