Categoría: Hijos,Padres fieles

Episodio 223: Escuchando a la Dama Sabiduría, con Susi Bixby

September 29, 2026

El ruido de fondo de la vida diaria, junto con la enorme variedad de voces que claman por nuestra atención, nos presenta a los padres cristianos un gran reto: a quién vamos a escuchar. Es nuestra responsabilidad darle el peso debido a las voces de la verdadera sabiduría, y entrenar a nuestros hijos a hacer lo mismo. ¿La Dama Sabiduría tiene tu oído?

 

Transcripción:

Susi: En cierto sentido, vivimos en la época más ruidosa de la historia. Es difícil encontrar un lugar público sin algún tipo de ruido de fondo, como música o programas de televisión o eventos deportivos. En muchos hogares, la televisión o Alexa nos provee de ruido constante para no sentir silencio. Nuestros oídos están acostumbrados a oír algo todo el tiempo. Pocos niños están creciendo en ámbitos donde existe el silencio y la quietud. 

Pero no sólo esto, sino que nunca ha sido tan fácil escuchar tantas voces que hablan a nuestras mentes. Las redes sociales están llenas de influencers que nos llaman a seguir sus ideas. YouTube nos provee de un sinfín de videos shorts para entretener, informar, convencer y provocarnos a la acción. La inteligencia artificial, las series, la música, la publicidad que vemos a nuestro alrededor, todo nos pide escucharle. Nuestros hijos oyen muchas voces y tienen que escoger a qué y a quién escuchar. Y no siempre escogemos bien, ni nosotros los padres, ni nuestros hijos. 

Pero, aunque podemos decir que hay más ruido y más voces que nunca, quizás, la necesidad de escoger entre las voces que escuchamos no comenzó con el Internet, ni la llegada de Alexa ni la existencia de YouTube. Comenzó en el huerto del Edén. Adán y Eva, las primeras personas creadas a la imagen de Dios para vivir en el mundo que él había creado para ellos, tuvieron que escoger a quién escuchar. Tomaron una decisión equivocada, y toda la humanidad ha sufrido las consecuencias. 

El libro de Proverbios nos presenta esa misma batalla de escuchar o a la voz de la Dama Sabiduría, o a otras voces que seducen y llevan a la destrucción. Este episodio del podcast Crianza Reverente es el cuarto episodio de la serie Proverbios para familias sabias. Quizás si no has escuchado los primeros tres, puedes hacerlo—el episodio 220 al 222. 

Para prepararme para esta serie, pasé un par de meses leyendo repetidamente, tomando notas sobre este libro de Proverbios. Una de las primeras cosas que me llamó la atención fue cuántas veces aparece el verbo escuchar u oír, frecuentemente en forma de imperativo. Muchas veces el autor dice: “Oye. Escucha. Inclina tu oído”. Y estos no tienen el tono de un simple consejo. Hay urgencia. Son invitaciones urgentes de parte del autor para su hijo, principalmente. 

De hecho, al mero comienzo del libro, después de que Salomón nos dice lo que va a escribir y presenta la premisa de su libro, que es: el principio de la sabiduría es el temor de Jehová, como ya hemos hablado, en el siguiente versículo, Proverbios 1:8 dice así: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre”. El libro comienza con un padre llamando a que su hijo le oiga. Escucha los primeros dos versículos del capítulo 2: “Hijo mío, si recibieras mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría”. El paralelismo de Proverbios nos ayuda a saber que está igualando recibir con oír. 

En Proverbios 4:20 tenemos una imagen que sigue explicándonos lo que el autor está intentando comunicar a su hijo con este llamado que le está haciendo. Dice así: “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones”. ¿En qué te hace pensar esa frase? “Inclina tu oído”. Quizás te imaginas una persona moviendo la cabeza un poco hacia un ladito, acercándola para captar mejor lo que su amigo o su abuelito le está contando. Visualizo a alguien en un lugar muy ruidoso, tapando un oído e inclinándose más cerca con el otro para escuchar mejor lo que quiere oír. Salomón ruega, llama a su hijo a inclinar su oído, escuchar de manera intencional y atenta. 

Siento que esto llega a un tipo de clímax en el capítulo 8, empezando en el versículo 32. Dice: “Ahora, pues, hijos, oídme, y bienaventurados los que guardan mis caminos. Atended el consejo, y sed sabios, y no lo menospreciéis. Bienaventurado el hombre que me escucha”. 

Ahora, aunque Salomón es el autor, aquí la que está hablando es un personaje especial a quien Salomón da vida en el libro de Proverbios. Si escuchaste el episodio anterior sobre el simple, el necio y el escarnecedor, recuerdas que dijimos que a lo largo de Proverbios conocemos a varios personajes que el autor utiliza para comunicarse a un nivel más profundo. Es una estrategia literaria increíble que ayuda al lector a identificarse, a involucrar sus emociones y responder de una manera más transformadora. 

Entonces, el primer personaje que Salomón introduce en este libro es la que vamos a llamar la Dama Sabiduría. ¿Quién es esta Dama Sabiduría? Primero la vemos en Proverbios 1:20–21: “La sabiduría clama en las calles, alza su voz en las plazas; clama en los principales lugares de reunión; en las entradas de las puertas de la ciudad, dice sus razones”. Aquí estamos aprendiendo algo acerca de la sabiduría, la verdadera sabiduría que este personaje está representando. Está diciendo que la sabiduría no habla en secreto. No se esconde. Habla públicamente. Se deja conocer. Se deja escuchar.

Si leyéramos los primeros nueve capítulos de Proverbios, veríamos mucho acerca de esta Dama Sabiduría. Pero si nos brincamos al capítulo 8, quiero que veamos un poquito acerca de quién es ella y lo que ella hace. Dice Proverbios 8: “¿No clama la sabiduría, y da su voz la inteligencia? En las alturas junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para”. 

¿Cómo deberíamos de visualizar a esta Dama Sabiduría a quién se debe escuchar? Es un personaje representando la sabiduría que quiere encontrarnos en todos los momentos decisivos de la vida, y se hace conocer. Se hace escuchar. Nunca podremos tener la excusa de no escucharla. Nunca podremos decir: “Es que no sabía dónde encontrarla”. Ella es abierta; ella está disponible. Un poco más abajo, en Proverbios 8 leemos, por ejemplo en el versículo 5, que ella dice: “Entended, oh simples, discreción; y vosotros, necios, entrad en cordura”. 

Me hace pensar en lo que estábamos hablando en el episodio previo con Armando, que tenemos a nuestros hijos simples, y nosotros también a veces somos simples. A veces somos necios. Necesitamos crecer en discreción y en cordura. Pero para esto tenemos que oír escuchar la voz de la Dama Sabiduría. Tenemos que escuchar.

Versículo 7 de este mismo capítulo, Proverbios 8:7, dice: “Porque mi boca hablará verdad”. Si nosotros somos padres cristianos que supuestamente estamos buscando caminar en la verdad y que nuestros hijos caminen en la verdad, tenemos que escuchar. Es imposible conocer la verdad; la boca de la Dama Sabiduría habla verdad, y “todas las razones de su boca son justas”, como dice el versículo 8. “Todas ellas son rectas al que entiende” (v. 9).

Entonces ella clama, ella nos llama en el versículo 10 a recibir su enseñanza “y no plata; y ciencia antes que el oro escogido”. “Mejor es la sabiduría que las piedras preciosas” (v.11). Esto es increíble lo que la Dama Sabiduría nos está llamando a escuchar. Llegamos al versículo 13, y aquí nos conectamos con lo que sabemos que es la premisa del libro de Proverbios: el temor de Jehová es el principio de la sabiduría. Dice: “El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco”.

Más adelante, en el versículo 15, dice que por ella, por la sabiduría, “reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia…dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra”. Luego dice la Dama Sabiduría: “Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan”. 

Cuando yo leo esta frase, yo pienso en nuestros hijos. ¿Sabes que tus hijos, si están chiquitos, temprano pueden aprender a buscar la sabiduría? No tienen que esperar a ser adultos. Si tienen a padres que les ayudan, pueden hallar la sabiduría. Pueden amar la sabiduría desde pequeños. Pueden ser enseñados a hacer esto. Versículo 21 dice: “Para hacer que los que me aman tengan su heredad, y que yo llene sus tesoros”. Esto es el camino al cual nos lleva la sabiduría. Pero lo que está diciendo el autor de Proverbios es que tenemos que escucharla. Tenemos que buscarla. Cuando este capítulo habla acerca de la sabiduría, nos enseña muchísimo. 

Algo que simplemente quiero mencionar aquí de pasada es que dice—estamos en Proverbios 8:22—dice: “Jehová me poseía en el principio”, y luego sigue hablando de cómo en la creación, antes de que existiera nada—los montes, los collados, todo—Jehová poseía la sabiduría, y con esa sabiduría creó la tierra, formó los cielos, puso el mar, estableció los fundamentos de la tierra. La sabiduría (v. 30), estaba con Jehová ordenando todo. La sabiduría sabe cómo funcionan las cosas. Sabe cómo funciona la vida en esta tierra que Jehová creó. ¿Por qué no le escucharíamos? ¿Por qué no responderíamos nosotros y nuestros hijos a la invitación que nos está haciendo la Dama Sabiduría? 

Cuando llegamos a Proverbios 9, vemos que la Dama Sabiduría también prepara un banquete. Abre las puertas; invita a entrar. La sabiduría no solamente es para los ricos, la élite; es para los simples. Es para los sencillos, es para los necios, es para los no tan inteligentes, es para nosotros. Nuestros hijos simples desesperadamente necesitan a la Dama Sabiduría. Necesitan escucharla. Su destino eterno se encuentra en escuchar y hacerle caso a la verdadera sabiduría. Nadie vive bien la vida sin la sabiduría, porque no tendría temor de Dios. Esto es sumamente importante para nuestra crianza. 

Si te fijas en cómo la Dama Sabiduría habla, ella no manipula; ella no miente; ella no seduce; ella no obliga. Algo interesante de Proverbios es que Dama Sabiduría no es la única mujer que aparece aquí. De hecho, en los capítulos del uno al nueve hay una interacción, o hay dos mujeres, hay dos voces que están hablando. Está la Dama Sabiduría que invita al camino de la vida, pero está la mujer extraña, y obviamente sabemos que hay una manera literal en la que debemos ver esta mujer extraña que seduce a los hombres y los lleva a la destrucción. 

Pero también aquí tenemos un personaje que pudiéramos decir que representa algo más general también: que donde está la voz de la sabiduría clamando, siempre hay otras voces también a quienes no debemos escuchar. Este contraste nos ayuda a pensar en discernir entre las voces, las voces que anuncian la verdad, que llaman a creer y obedecer, que prometen algo que verdaderamente se va a cumplir, que advierte de los peligros. Esas voces son muy diferentes a las de la mujer extraña, entre comillas, que seducen con los placeres de este mundo, con la fama, con la riqueza, que al final lo que están haciendo es invitar al camino de la muerte. 

Es muy importante que nosotros como padres, primero, podamos discernir entre la voz de sabiduría y la voz que invita hacia el camino de la muerte. Todos sabemos que no siempre es evidente a primera vista. A veces escuchamos algo, leemos algo, una persona, un ser querido, alguien a quien respetamos dice algo y no siempre es posible saber a primera instancia. A veces permitimos que nuestras emociones y nuestros sentimientos—por ejemplo, esta es una persona que me cae muy bien. De hecho, es una persona que me quiere. Eso hace que yo quiera escuchar y obedecer, seguir lo que esa persona está diciendo. 

Pero sabes, la voz que me invita hacia la destrucción no es adrede en el sentido de que hay personas que también han sido seducidas; han sido engañadas. Y quizás con alguna motivación no tan mala están compartiendo algo que no es verdad. Y esto les va a pasar a nuestros hijos. Nuestros hijos van a escuchar muchas voces y, como dijimos, viven en un mundo donde hay más voces que nunca, al parecer. Necesitamos enseñar a nuestros hijos, y nosotros mismos necesitamos aprender a discernir qué tipo de satisfacción están ofreciendo estas voces. ¿Puedo discernir? ¿Puedo escuchar algo y discernir escoger a qué voy a escuchar? 

Algo que necesitamos entender también es que cuando hablamos de escuchar, estamos hablando de algo más que solamente oír. A todos nos habrá pasado como padres, si tenemos hijos que pueden hablar. Quizás si eres papá o mamá de un bebé chiquito, todavía no vives esto, pero todos los niños en algún momento dicen: “Ay, perdón, mami. Es que no te escuché. No te escuché. ¿Se dijo eso? Yo no escuché”. Es frecuente que los niños pudieran usar esto como una excusa. A veces lo sabemos los padres, pero no podemos estar muy seguros de que sí nos escucharon. 

¿Pero qué significa escuchar? Cuando queremos que nuestros hijos nos escuchen, no estamos diciendo que solamente queremos que sus oídos físicos reciban ondas sonoras y que su cerebro registre que entró un sonido. Lo que queremos es que inclinen su oído. Es esa imagen que el autor de Proverbios ya ha usado. Queremos que nuestros hijos inclinen su oído. Nosotros necesitamos inclinar nuestro oído hacia la sabiduría que Dios ofrece. 

¿Cómo sabemos si estamos escuchando de una manera bíblica? En la Biblia podemos ver que escuchar, verdaderamente escuchar, significa recibir. Es como si ese sonido entrara por tus oídos, o quizás tus ojos leen algo, y tu mente procesa lo que has leído o escuchado, y tu corazón lo recibe. Tu mente decide: lo voy a creer. Ese es otro aspecto de escuchar. Escuchar significa recibir y significa creer. Lo opuesto de recibir es rechazar. Va a haber cosas que escuchamos, ponemos atención, pero en lugar de recibirlas, sabemos que hay que rechazarlas. En lugar de creerlas, las desechamos porque creemos que no son verdaderas. 

Pero escuchar no es solamente recibir y creer, sino que tiene que llegar a la obediencia. Un niño que ha oído una instrucción de su padre, pero no ha respondido en obediencia, bíblicamente no ha escuchado. Porque escuchar es sí, recibir, y es creer, y es obedecer. Otra manera de expresar obedecer en la Biblia es guardar. Escucho los mandamientos y ¿cómo respondo? Guardo. Obedezco. Esta es una señal de que alguien ha escuchado. Así que cuando decimos que nuestros hijos necesitan ser entrenados a escuchar, necesitan ser entrenados a recibir una instrucción, una verdad, creerla y responder adecuadamente a ella. Porque la verdad es que, si no hay obediencia, no ha habido escuchar realmente. 

Este concepto me hace pensar en un pasaje que hemos hablado varias veces en Crianza Reverente acerca de este pasaje. Es uno de los pasajes más famosos sobre la crianza en el Antiguo Testamento. Es Deuteronomio 6. Algunos lo llaman el Shemá. En Deuteronomio 6, un pasaje tan contundente, empieza Deuteronomio 6:4 diciendo: “Oye Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. “Oye Israel”. 

Aquí en el contexto de todo el pasaje, que tendrás que estudiarlo aparte, porque aquí en este episodio no tenemos tiempo para abundar o estudiar este pasaje (lo hemos hecho anteriormente), pero aquí escuchar implica responder con amor y obediencia. Proverbios asume, para su audiencia que hubiera conocido Deuteronomio 6, esta misma comprensión del verbo oír. Cuando el autor de Proverbios dice: “Oye. Escucha. Recibe”, no basta con captar sonidos. Es acoger la instrucción y vivir conforme a ella.

Ahora, Proverbios también nos dice por qué es tan importante escuchar. En cuanto a consecuencias, razones, la vida depende de ello. Si leemos Proverbios 4, por ejemplo, a partir del versículo 20, dice: “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón”. ¿Por qué? “Porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (20–23). 

Escuchar, oír, estar atento, se conecta directamente con obedecer, guardar, y con la vida. Escuchar lleva a la vida. Escuchar transforma el corazón. Proverbios 8:35 dice: “Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Dios.” Yo creo que los padres deseamos tanto que nuestros hijos tengan el favor de Dios. La pregunta es: ¿cómo ayudamos a nuestros hijos a escuchar para que lleguen a tener la vida? Piénsalo. Un niño que nunca aprende a escuchar, a tener un corazón que escuche, ¿cómo va a entender y recibir y responder al Evangelio? Requiere escuchar. El Nuevo Testamento está lleno de referencias a esto. ¿Cómo se van a salvar si no escuchan? 

Es interesante ver un patrón en el libro de Proverbios, como si fuera una macroestructura. Porque los capítulos del 1 al 9 se lee mucho el verbo escuchar muchas veces, pero conforme avanza el libro, el énfasis va cambiando. Ya después del capítulo 9, no se insiste tanto en escuchar, sino en vivir sabiamente. Como padres, tenemos que entender que, para poder enseñar a nuestros hijos cómo vivir, tenemos que enseñarles a escuchar. Porque nada de lo que les enseñemos acerca de cómo vivir va a tomar efecto y arraigarse en su corazón si no aprenden a escuchar. 

Yo creo que hay pocos principios en Proverbios tan aplicables a la crianza, porque los padres solemos enfocarnos quizás en hablarles mucho a nuestros hijos. Queremos afectar sus decisiones. Nos enfocamos en qué deben hacer, y no hacer. Pero obviamente, como hemos dicho muchas veces, Proverbios quiere dirigir nuestra atención a la fuente de lo que provoca las acciones de nuestros hijos—es su corazón. Y es verdad, un corazón debe ser un corazón que escucha. 

Ahora, nuestro corazón físico no tiene oídos. No tiene la posibilidad de procesar sonido. Pero nuestro corazón emocional, espiritual, tiene que ser un corazón que escucha. No basta, mis hermanos, en decirles a nuestros hijos: “Escúchame. Escúchame”. Tenemos que entrenarlos en qué significa eso. ¿Cómo luce un corazón que escucha? 

La verdad, no nos gusta aceptar que nuestros hijos son simples; son necios. No es natural que quieran escucharnos. No es natural que inclinen su oído. Inclinar tu oído y escuchar requiere humildad, y los niños no nacen humildes. Sabemos, como adultos, que el orgullo también nos previene a nosotros de escuchar. Un esposo orgulloso no quiere escuchar a su esposa. Una mamá orgullosa no quiere escuchar a sus hijos. Claro, a lo mejor escucha sus quejas y los regaña, pero no quiere realmente escucharlos. Y una persona, un creyente orgulloso, no escucha a Dios. No escucha su Palabra con un corazón que desea ser transformado. 

Entonces, una de las cosas que yo quiero sugerir es que primero, como con muchas cosas que hablamos aquí en el podcast, si tú no ejemplificas delante de tus hijos este corazón que escucha, muy probablemente tus hijos no van a saber cómo es ser una persona que realmente escucha, que escucha a la Dama Sabiduría. Tus hijos necesitan verte escuchando. 

¿Cómo se ve esto? El domingo después del sermón, una conversación en el carro acerca de lo que yo escuché en el sermón que me impactó. ¿Cómo veo que eso debe cambiar cómo yo pienso o lo que yo creo o cómo yo me voy a comportar? Llega mi esposo del trabajo y está contándome algo. Me detengo, le miro al rostro, le escucho y respondo. Pongo la atención en él para escucharle. Modelamos el escuchar a Dios, y modelamos cómo se ve escuchar a otro. 

Mis hijos pueden verme escuchando ciertos mensajes y rechazándolos, escuchando otros mensajes o consejos y recibiéndolos. Todo esto, nuestros hijos deben presenciarlo. Deben ser testigos de que nosotros humildemente recibimos las palabras de la Dama Sabiduría y le hacemos caso, y pedimos perdón cuando no lo hacemos. Esto va a ser una de las herramientas principales para entrenar a nuestros hijos a escuchar. 

Pero yo también te quiero animar como padre, dependiendo de la edad de tus hijos: entrena a tus hijos a escuchar. No permitas que un niño de tres años constantemente te diga que no te escuchó. No permitas que tus hijos, que tú estás en un lugar público y tú llamas el nombre de tu hijo y le dices: “Detente”, y no te hace caso como si no te hubiera oído. Disciplina esa conducta, porque es un corazón rebelde contra su autoridad. Es un corazón que no escucha. 

Queremos entrenar a nuestros hijos a escuchar la voz de alguien que los ama, que los protege, que quiere lo mejor para ellos. Y al disciplinarlo, entrenarlo, no permitir esa conducta que obviamente puede llegar a peligro de vida cuando no te hacen caso. Cuando les digas “que no corras a la calle”, están en peligro de vida. Pues recuerda que están en peligro de vida espiritual. Necesitan ser entrenados a escuchar.

Pero la disciplina no es la manera principal. Hay que disciplinar a veces, pero es el entrenamiento. “Vamos a la iglesia. Te llevas una libreta, anotas algo que aprendiste y luego me cuentas cómo tú, lo que escuchaste, tú lo vas a creer o tú lo vas a obedecer”. Nos entrenamos entre todos. Hay maneras de tener conversaciones con nuestros hijos: le dices algo y luego ves al niño así con sus ojos vagando y dices: “¿Me escuchaste?”

—“Sí, mamá”.

—“A ver, repítemelo lo que dije”. A ver si puede repetirlo. Si no, pues no lo escuchó. Bueno, me lo repite. OK. Muy bien. Ahora ¿qué vas a hacer? ¿Cómo vas a responder a lo que te dije? Me escuchaste. Me lo repetiste. Pero ¿cómo vas a responder? Estamos entrenando a nuestros hijos a vivir en el temor de Dios. No es el temor de mamá, pero es el temor de Dios que les ayuda a saber que necesitan obedecer, necesitan escuchar, estar atento, inclinar su oído. 

También de esta forma podemos empezar a enseñarles a qué voces rechazar. Hay que escucharlos nosotros. Llegan de la escuela, llegan de platicar con algún amigo y escuchamos lo que están diciendo. Les hacemos preguntas. Hablamos del asunto y les ayudamos a rechazar ciertos mensajes, ciertas cosas que no deberían de creer o de obedecer. 

Hay muchas voces compitiendo por la atención de nuestros hijos y de nosotros mismos. Tenemos que ser padres sabios, nosotros mismos escuchar la voz de la Dama Sabiduría, seguir a Cristo, quien es la sabiduría, según 1 Corintios 1. Te animo a leer a partir del versículo 20, si tienes tiempo. Cristo es la sabiduría de Dios. Él hace posible que un corazón sea transformado y pueda escuchar su voz. Esto es lo que queremos para nuestros hijos. Ellos necesitan aprender a escuchar. Invitemos a nuestros hijos a escuchar. Entrenémoslos a escuchar la voz de la Dama Sabiduría, la voz de Cristo mismo. 

Que Dios te ayude esta semana a ser un padre, una madre, que escucha la voz de Dios y que también entrena a sus hijos a hacer lo mismo.

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Autor

  • Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de tres adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México.

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