Categoría: Enseñanza

3 Maneras de Transmitir la Fe a la Próxima Generación

April 19, 2026

Nota del editor:

Este artículo se adaptó del libro Jueces para Ti (Poiema, 2016).

 

Es imposible determinar con precisión quién lleva la culpa cuando una generación falla en transmitir su fe a la próxima generación. ¿Será que la primera generación falló en alcanzarlos, o es que la segunda generación endureció sus corazones? Usualmente la respuesta es ambos. Los errores hechos por una generación cristiana a menudo se intensifican en la siguiente generación que a menudo es cristiana en nombre solamente.

En lugar del compromiso se genera la autocomplacencia, lo que luego lleva a uno a hacer concesiones indebidas.

Un ejemplo interesante es la primera comunidad de Nueva Inglaterra. La mayoría de los primeros colonizadores de 1620 a 1640 eran cristianos bíblicos. Sin embargo, para 1662 la primera generación se dió cuenta que muchos de sus hijos y nietos eran creyentes nominales, es decir, creyentes solo de nombre. Así que instituyeron el “Pacto a Medias” lo que permitía que aquellos que habían sido bautizados de bebés pero como adultos ya no eran miembros de la iglesia tuvieran el derecho a votar.

Podemos encontrar mucha instrucción en los pasajes de Deuteronomio 6:4-9 y 6:20-25. Nos muestran lo que se debe hacer para transmitir nuestra fe.

 

1. Ama a Dios con pasión

Amamos a Dios de todo corazón, teniendo estos mandamientos en nuestros corazones (v. 6). Esto significa que no somos hipócritas ni inconsistentes en nuestro comportamiento. Los mandamientos no se cumplen solo de forma mecánica o parcial; más bien, Dios tiene un efecto en todo nuestro ser, de principio a fin.

Los jóvenes son sensibles a cualquier inconsistencia. Esa es la razón principal por la que una generación más joven puede apartarse de la fe de sus mayores. Un ejemplo es cómo la juventud de la generación Baby Boomer se alejó del cristianismo tradicional tras ver que las iglesias apoyaban, tácita o activamente, políticas y prácticas racistas, y que muchas iglesias establecidas se oponían al movimiento por los derechos civiles.

 

2. Enfatiza las verdades de forma práctica

Debemos aplicar el Evangelio de forma práctica, no solo académicamente o de forma abstracta. Deuteronomio 6:7 no fomenta sermones familiares diarios; las referencias a “andar… acostarse… levantarse” hacen referencia a las rutinas diarias de la vida.

Por lo tanto, la instrucción en la verdad de Dios no es tanto una serie de sermones y clases; más bien, debemos ‘grabar’ las verdades acerca de Dios mostrando cómo Él se relaciona con la vida diaria y concreta. Este es un llamado a ser sabios y reflexivos sobre cómo los valores y las virtudes del Evangelio influyen de manera distintiva en nuestras decisiones y prioridades.

 

3. Da testimonio personalmente

Los versículos 20–25 nos dicen que debemos vincular las doctrinas de la fe con las acciones salvadoras de Dios en nuestras vidas. Debemos dar testimonio personal de la diferencia que Dios ha marcado en nosotros, de cómo nos ha llevado de la esclavitud a la libertad: “Nosotros éramos siervos… y Jehová nos sacó”. No solo debemos hablar de creencias y comportamiento, sino también de nuestra propia experiencia con Dios. Debemos ser abiertos sobre nuestras luchas para crecer y transparentes sobre cómo funciona el arrepentimiento en nuestras vidas. No debemos ser excesivamente formales e impersonales en las expresiones de nuestra fe.

En resumen, debemos ser coherentes en nuestro comportamiento, sabios respecto a la realidad y cálidamente personales en nuestra fe. Tanto la historia como la experiencia nos muestran que estas tres cosas son difíciles de llevar a cabo a gran escala. La mayoría de los cristianos dependen de las instituciones y de la instrucción formal para “transmitir la fe”. Suponemos que si instruimos a nuestros hijos en la verdadera doctrina, los protegemos del comportamiento inmoral y los involucramos en la iglesia y en organizaciones religiosas, entonces hemos hecho todo lo posible. Pero los jóvenes se desaniman no solo por los malos ejemplos, sino también por padres que no conocen bien la vida y el mundo en el que viven sus hijos, o que no pueden ser abiertos sobre su propia vida espiritual.

 

Este artículo fue publicado primero en The Gospel Coalition. Traducido y publicado con permiso. 

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Autor

  • Tim Keller (MDiv, Gordon-Conwell Theological Seminary; DMin, Westminster Theological Seminary). Fue fundador de la Iglesia Presbiteriana Redeemer (PCA por sus siglas en inglés) en Manhattan, presidente de Redeemer City to City, y cofundador de Coalición por el Evangelio. Ha escrito numerosos libros, incluyendo ¿Es Razonable Creer en Dios? Él y su esposa Kathy tienen tres hijos.

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