Categoría: Vida Espiritual

Bondad: Convirtiéndote en una buena madre

October 13, 2025

“¡Buen trabajo! ¡Lo hiciste genial!” Antes de ser madre, no tenía ni idea de cuántas veces diría estas palabras.

“¡Buen trabajo!” exclamé cuando mi hija se rodó boca abajo por primera vez.

“¡Buen trabajo!” grité cuando mi hijo dio sus primeros pasos.

“¡Buen trabajo!” suspiré aliviada cuando mi hijo menor por fin aprendió a correr al baño.

“¡Buen trabajo!” afirmé en voz baja mientras se esforzaban por unir los sonidos con las letras y las letras con las palabras.

Antes de ser madre, no tenía ni idea de cuántas veces diría la frase “buen trabajo”. Tampoco tenía idea de cuánto desearía escuchar esas palabras para mí.

Buscando la bondad

Recuerdo cómo me sentí, hace dieciséis años, cuando una enfermera empujaba mi silla de ruedas fuera del hospital con mi primer hijo en brazos. Después de revisar el asiento de seguridad de mi bebé, me sonrió, se despidió y entró de regreso al hospital y me dejó en la acera. Literalmente. Recuerdo que lo único que pude pensar fue: ¿Vas a dejar que me vaya de aquí con este nuevo ser humano? ¿No debería haber algún tipo de prueba?

Vivimos en una época en la que muchas mujeres se embarcan en la maternidad, inseguras y sin preparación. Quizás tengamos un alto nivel educativo, hayamos dedicado años a aprender otras habilidades vitales e incluso hayamos alcanzado cierto éxito profesional. Sin embargo, de alguna manera, en lo que respecta a la maternidad, nuestra cultura nos prepara mejor para administrar nuestras finanzas que para cuidar de nuevos portadores de la imagen de Dios.

Para complicar aún más las cosas, todas las madres que conozco anhelan ser buenas madres; ese deseo de bondad está arraigado en nosotras. Queremos ser buenas madres porque somos imagen de un Dios bueno. Anhelamos regresar al estado original de la creación, cuando Él declaró que el mundo y todo lo que hay en él, nosotras incluídas, era bueno. Anhelamos saber que estamos siendo y haciendo para lo que fuimos creadas. También anhelamos saber que estamos aportando bondad al mundo, así como Él lo hace.

El deseo de bondad

Pero aunque el deseo de bondad pueda ser instintivo, en realidad no sabemos cómo encontrar la verdadera bondad. En las tierras sombrías después de la caída, donde a lo bueno se le llama malo y a lo malo se le llama bueno, puede ser difícil reconocer la bondad verdadera (Is. 5:20). No solo eso, Jeremías 17:9 nos dice que nuestro corazón es engañoso. Incluso si deseamos la bondad, ¿la reconoceríamos si la viéramos? ¿Qué es exactamente lo que hace una buena madre?

Muchas recurrimos a gurús de la crianza en línea, publicaciones de Instagram y expectativas culturales para responder a esta pregunta. Pero en cuanto lo hacemos, nos damos cuenta de que existen tantas visiones contrapuestas de la maternidad como de la bondad. ¿Quién es la “buena” madre? ¿Es la madre que adopta la crianza con apego? ¿O la madre que sigue una rutina? ¿Es la madre que tiene dos hijos o seis? ¿Es la madre que reduce su presupuesto para la despensa a la mitad? ¿O la que valora los alimentos orgánicos y de origen local lo suficiente como para pagarlos? ¿Es la madre que educa a sus hijos en casa? ¿O la madre que es voluntaria en la Asociación de Padres de Familia?

La forma en que vestimos, alimentamos y educamos a nuestros hijos son aspectos importantes, pero no pueden responder a esta pregunta más profunda y urgente:¿Cómo puedo ser una buena madre?

Convirtiéndote en una “buena” mamá

Supongamos por un momento que descubres cómo ser una buena madre. Después de orar y leer las Escrituras, empiezas a definir la bondad basándote en el buen carácter de Dios, tal como se revela en la Biblia. Reconoces que la visión del mundo sobre la bondad no es la visión de Dios, y te comprometes a buscar todo lo que es verdadero, honorable, justo, puro, amable y digno de elogio (Fil. 4:8–9). ¿Pueden estas decisiones convertirte en una “buena” madre?

Obviamente nadie puede tomar las decisiones correctas siempre, pero supongamos que sí. Te pones a investigar y estableces un plan que sigues con disciplina, y descubres que sí funciona, al menos en apariencia. Tus hijos se portan bien, tu casa está bien cuidada, e incluso tus mascotas son preciosas.

¿Pero a qué precio? Si basas tu sentido de “buena” madre en tu desempeño, nunca tendrás que dejar de actuar. En cuanto la mesa esté llena de migajas, te sentirás obligada a recogerlas. Cuando tus hijos se porten mal, tendrás que ser rápida y severa para que se comporten bien. Y cuando la vida se ponga difícil, simplemente tendrás que ser más resistente.

Al creer que tu bondad reside en tus decisiones, también empezarás a creer que la alcanzaste con tu propia fuerza. Empezarás a juzgar a otras madres cuyas vidas no están a la altura de la tuya. Y, poco a poco, el peso de cultivar tu propia bondad se convertirá en una carga pesada (Luc. 11:46). Si descubres que puedes con ella, se convertirá en todo lo que harás. Y cuando finalmente descubras que no puedes, te sentirás tentada a renunciar a la bondad por completo. Agotada de intentar ser buena, aceptarás la mentira de que ya eres lo suficientemente buena.

Y no habrás hecho ningún progreso en convertirte en una madre verdaderamente buena.

La Bondad del Evangelio

Es en esta realidad agotadora que habla el Evangelio. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe”, escribe Pablo en Efesios 2:8–9, “y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”

Una buena madre no es una madre que toma buenas decisiones ni una que ha renunciado a la bondad. Una buena madre es una madre que ha sido hecha buena por Jesús y vive en su bondad. Una buena madre es una madre que sabe que, así como Dios la declaró buena en la creación del mundo, la declara nuevamente buena mediante el sacrificio de su Hijo.

Y por eso el Evangelio es contracultural, especialmente para las madres. No es porque los cristianos tomemos mejores decisiones que el mundo que nos rodea; es porque sabemos que nuestras decisiones no nos hacen buenos. Solo Jesús puede.

Por eso también Pablo nombra la bondad entre el fruto del Espíritu en Gálatas 5:22. La bondad no es algo que podamos producir fuera de Dios; no es algo que podamos llegar a ser estando lejos de Él. “¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?”, pregunta Pablo en Gálatas 3:2–3. “¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?”

Lo que comienza como un acto de dependencia de Dios para nuestra bondad eterna se convierte en la manera en que buscamos la bondad en nuestra vida diaria. Porque incluso al discipular a nuestros hijos, lo hacemos como una expresión desbordante de nuestra profunda dependencia de Jesucristo. Así que cuando dudamos, corremos a Jesús. Cuando nos preocupamos, corremos a Jesús. Cuando tememos no ser lo “suficientemente buenas”, corremos a Jesús. Y al correr hacia Él, somos hechas buenas, capacitadas para toda buena obra.

De repente, volvemos al punto de partida. Nuestras decisiones no nos hacen buenas. Solo la gracia, actuando a través de la fe en Cristo, puede lograr eso. Pero esta gracia y fe sí dan como resultado la bondad. Porque después de Efesios 2:8–9, el versículo 10 dice lo siguiente: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Liberándonos de una postura basada en el rendimiento, el Evangelio nos invita a realizar buenas obras, incluida la buena obra de la maternidad.

Así, al estar unidas a Cristo y fortalecidas por el Espíritu Santo, aprendemos el poder de descansar en Él, tanto para nuestra propia bondad como para la buena obra a la que hemos sido llamados. Hasta que un día, después de años de aprender y crecer en su bondad, podamos escuchar a nuestro Padre celestial decir: “Bien hecho, buena sierva y fiel.”

O, como a mí me gusta escucharlo: “¡Buen trabajo, mamá!”

 

Este artículo fue publicado primero en Risen Motherhood. Traducido y publicado con permiso.

 

Preguntas de aplicación

  1. Recuerda tus primeros días como madre. ¿En qué aspectos te sentiste poco preparada? ¿Qué te hubiera gustado saber? ¿Qué consejo le darías a una madre primeriza?
  2. ¿En qué áreas sientes presión o vergüenza debido a la cultura materna en general? ¿Cómo afecta esto tu percepción de ser una “buena” madre? ¿Cómo intentas compensar esta brecha?
  3. ¿En qué área de la maternidad te encuentras más dependiente de Dios? ¿En qué área te sientes tentada a ser independiente de Él y a actuar con tus propias fuerzas?
  4. 1 Tesalonicenses 5:21 llama a los cristianos a “examinarlo todo; retener lo bueno”. ¿Cómo sería construir una cultura familiar que busque la bondad, pero que no considere las buenas decisiones como la base de nuestra bondad? ¿Cómo se caracterizaría el ambiente y las relaciones en este tipo de hogar?
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Autor

  • Hannah Anderson vive con su familia en las Montañas Blue Ridge de Virginia. Autora y conferencista, Hannah se siente cautivada por la historia de la creación y busca ayudar a los lectores a descubrir la naturaleza con una renovada curiosidad y asombro. Cuando no escribe, a menudo corre tras su golden retriever, Benjamin, o disfruta de largas conversaciones filosóficas con su gato, Francis.

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