Ep 202: Bondad: buscando activamente el bien de otros, con Mateo Bixby

October 14, 2025

“Mi hijo es bueno”. Muchos padres lo hemos dicho. “No hay niño malo.” Es una ‘realidad’ incuestionable en el mundo de hoy. Como creyentes, necesitamos urgentemente una comprensión bíblica de la bondad, su fuente, y cómo se practica en el hogar. No te pierdas esta oportunidad de evaluar si en tu propia vida, y en tu crianza, este fruto del Espíritu está presente. 

 

Hoja de ayuda para devocionales familiares

¿Qué es la bondad bíblica? “Buscar activamente el bien de otras personas”. – Mateo Bixby

Día 1: Lee Santiago 1:17

  1. Piensen en las maneras en que Dios les ha dado buenas dádivas y les ha mostrado bondad. ¿Sus comentarios confirman el pasaje o lo contradicen?
  2. ¿De qué formas prácticas muestras bondad a otras personas?

Día 2: Lee Salmo 107:9 y Salmo 145:9

  1. ¿Tienes dificultad para ver las bondades de Dios en tu vida? 
  2. Si tu respuesta es sí, ¿cómo eso afecta la forma en que muestras bondad a otros?

Día 3: Lee Romanos 12:21 

  1. ¿Cómo respondes cuando alguien te trata mal? Entre ustedes comenten maneras en que Jesús respondería.
  2. ¿Recuerdan su respuesta de la pregunta 2 del día 1? Después de haber leído el pasaje de Romanos 12:21, ¿cambiarías algo de tu respuesta? ¿Por qué?

Texto de la semana para memorizar:

3 Juan 11 – Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.

ADORA, ORA, EXAMÍNATE:

ADORA: Gracias Señor por buscar mi bien activamente y permitirme gozar de tu bondad inmerecida.

ORA: Padre, así como yo disfruto de tu bondad, ayúdame a buscar el bien de los demás y reflejar tu bondad.

EXAMÍNATE: 

  1.  ¿Tu interés personal te lleva a lastimar a otros con el tal de beneficiarte a ti mismo?
  2.  ¿Estás viviendo en la excelencia moral que activamente busca el bien de tu prójimo?
  3.  ¿Necesitas la intervención divina de regeneración o llenura del Espíritu?

El Ejemplo de Cristo: 

Mateo 19:17 Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos

 

Transcripción:

Susi: Seguramente lo has dicho alguna vez: “Mi hijo es bueno”, o: “No seas malo como esas personas que roban y maldicen”. Todos los padres queremos pensar que tenemos hijos buenos, y que nosotros mismos somos buenos. Y claro, tenemos en nuestra mente un perfil de lo que significa ser bueno.

El apóstol Pablo dice que la bondad es un fruto del Espíritu Santo obrando en nuestra vida. Seguimos aquí en Crianza Reverente con nuestra serie sobre el fruto del Espíritu, y hoy abordaremos con Mateo este fruto de bondad. Mateo, quiero decirte que eres muy bueno por aceptar grabar otro episodio de Crianza Reverente.

Mateo: ¡Otra vez aquí estamos porque soy muy bueno! ¡Claro!

Susi: ¡Qué buena gente eres! No, pero en serio, ahora sí—creo que cuando escuchamos la palabra bondad pensamos quizás en acciones, muchas veces, de las personas que son buenas porque hacen cosas bondadosas. Pero también decimos que alguien es bueno, y a veces nos estamos refiriendo a una descripción de esa persona. Ayúdanos a entender qué es la bondad que Pablo menciona aquí en Gálatas 5.

Mateo: Sí. Es interesante cuando vemos lo que Pablo dice, porque la palabra que usa es la palabra agathós en griego. De ahí viene el nombre Ágata que conocemos en español. Pero la palabra no habla solamente de una disposición general de bondad, como: “Ay, qué noble es, qué bueno, qué amable”. Probablemente si pensamos en benignidad…

Susi: Del episodio previo.

Mateo: Exacto. Benignidad tiene más que ver con ese trato amable con las personas—amabilidad, quizás. Pero el aspecto único de bondad es el aspecto de una excelencia moral. Pero no solamente excelencia moral interna, sino una excelencia moral que activamente busca el bien del prójimo. La bondad es excelencia moral, pero activa. Creo que esa es la clave que tenemos que tener en mente cuando pensamos en bondad.

Susi: Entonces, cuando decimos que Dios es bueno, nos estamos refiriendo a eso, ¿verdad?

Mateo: Sí, sin duda abarca su excelencia moral también, pero la Biblia describe a Dios como un Dios bueno, específicamente en las cosas que él hace, las bendiciones que él da, la misericordia que él muestra. Déjame leerte aquí algunos versículos. En Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. Dios da buenas dádivas. Ese es el aspecto práctico. 

El Salmo 107:9 dice: “Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta”. Da lo que el menesteroso o el hambriento necesita. Y nos dice que Dios hace esto con todos, porque “bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras” (Sal 145:9). 

Pero también hay un sentido muy especial en que Dios es bueno sobre sus hijos. “Cuán bueno es Dios con Israel, para con los puros de corazón” (Sal 73:1). Hay un amor especial y una bendición especial que él derrama sobre sus hijos también. Entonces vemos ese aspecto práctico de la bondad de Dios. Y por supuesto, eso nos llama a nosotros a también ser buenos, que significa activamente buscar el bien de otra persona. Y brota de una excelencia moral que nosotros tenemos en nuestra persona.

Susi: Pienso en Romanos 8:28, que dice: “Todas las cosas nos ayudan a bien”, a lo bueno. ¿Esa es la misma palabra: a bien?

Mateo: Creo que sí. Ahí en Romanos 8:28 creo que es una forma de la palabra agathós.

Susi: Creo que a veces malinterpretamos ese versículo acerca de Dios.

Mateo: Sí, porque pensamos que eso nos va a ayudar a la comodidad práctica, terrenal. Claro, el contexto del versículo nos hace pensar que no es nuestro bien material, sino es nuestro bien espiritual, porque el siguiente versículo nos dice que nos está conformando a la imagen de Jesucristo para que Cristo sea el primogénito, el más exaltado entre todos. 

Ese es el propósito, porque ¿nos ayuda a bien a quiénes? No a los inconversos, sino a los que aman a Dios y “a los que conforme a su propósito son llamados”. El propósito de Dios es perfeccionar la imagen de Jesucristo en nosotros, que por supuesto implica luego que nosotros seamos buenos activamente buscando el bien de otras personas.

Susi: Me hace pensar en los padres que queremos imitar a Dios en nuestra crianza. Si Dios con sus hijos es bueno—todas las cosas ayudan a bien—obviamente nosotros no controlamos todas las cosas en la vida de nuestros hijos, pero aquí, como al principio del episodio, para que los padres entendamos, si vamos a imitar a Dios en nuestra crianza, vamos a procurar que todo sea para bien en la vida de nuestros hijos. 

Pero como Dios, tenemos que definir ese bien: que es para que ellos conozcan a Dios, para que ellos sean hechos conformes a la imagen de Dios. Y yo creo que ese es un aspecto de la crianza, de imitar a Dios en su crianza hacia nosotros, que muchas veces no pensamos.

Mateo: Sí, porque nosotros pensamos que ser buen padre es hacer que mi hijo esté cómodo. Pero nos dice Romanos 8:28 que el bien no es mi comodidad, sino mi conformidad a la imagen de Jesucristo. Creo que lo hemos dicho anteriormente, incluso aquí en Crianza Reverente. Es una frase que digo a menudo porque resalta nuestra mala interpretación de Romanos 8:28. Pero también resalta, como tú dices, la mala manera en que criamos a nuestros hijos, porque queremos que estén cómodos, que sean felices. 

La felicidad y la comodidad es buena, pero hay un bien que es todavía mucho más grande, y es nuestra conformidad a la imagen de Jesucristo. Dios dice: “Yo voy a arreglar todos los asuntos de tu vida para que tú seas más como Cristo. No que estés cómodo. No que seas feliz según la definición terrenal de la palabra, sino que tú seas como Cristo”. Ese es el objetivo de Dios. Y si yo busco eso, entonces como padre, lo busco para mis hijos. 

Ser bueno con mis hijos es mucho más que darles todo lo que quieren y hacerles felices porque tienen todos los juguetes, y pueden ver todas las películas y jugar con todas las videoconsolas. No. Lo que yo quiero para ellos es que sean conformados a la imagen de Jesucristo. Eso es el bien. Y ese es el bien que busco en la vida de otras personas. 

Una persona bondadosa busca el bien en otras personas. De hecho, eso es lo que observamos en Dios también. Porque cuando vemos la bondad de Dios, esa bondad no le ciega a Dios a la injusticia del hombre, al pecado del hombre, incluso al castigo que Dios le tiene que dar al hombre cuando él peca. A veces nosotros podemos llegar a pensar: “Bueno, Dios es bueno. Yo debo ser bueno con mis hijos. Por tanto” …

Susi: “Nunca los voy a disciplinar”.

Mateo: “No los voy a disciplinar. No les voy a hacer pasar un mal rato por algo que hicieron”. Pero Dios dice que él es benigno, pero él también juzga. Él también castiga al hombre. Salmo 145:7 habla de Dios, y dice que “proclamarán la memoria de tu inmensa bondad y cantarán tu justicia”. La bondad y la justicia van de la mano en Dios. No están separados; no están peleados; funcionan en perfecta armonía. Realmente eso es lo que hace que Dios sea bueno, porque si Dios dejara de castigar el pecado y no condenara al injusto, ya no sería un Dios bueno.

Susi: No podríamos confiar en su carácter. Nos gusta pensar: “Dios es bueno. Dios es bueno. Dios es bueno.” Lo decimos, ¿verdad? Sucede algo y decimos: “Dios es bueno”. Pero siempre lo decimos cuando sucede algo bueno a nuestros ojos, algo positivo. Pero vemos que se castiga una persona mala, y no decimos: “Dios es bueno”. Tenemos que ver la bondad de Dios, porque si no es justo para condenar o castigar, su bondad no es completa—no es tan amplia para abarcar esas dos cosas.

Mateo: Sí. Creo que en la definición notamos esos dos aspectos. Uno es la excelencia moral. Nos habla de un carácter ejemplar, donde hay justicia, donde hay integridad, donde hay virtud. Y eso nos lleva a buscar activamente el bien de otras personas. Van juntas estas dos cosas. El aspecto práctico brota de esa naturaleza de excelencia moral.

Susi: Si eso es verdad en Dios—Dios hace cosas buenas porque él es bueno—creo que deberíamos también nosotros de no enfocar solamente en tratar de ser buenos en nuestras acciones, pero primero considerar nuestro carácter. O sea, yo puedo hacer buenas cosas para mis hijos, pero no ser buena con ellos, o en mi casa, en mi carácter.

Mateo: Sí. De hecho, hay un pasaje muy interesante donde Jesucristo habla de esto, describiendo a los padres en su tiempo. Porque en Mateo 7:9, dice: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?” Claro, ¡nadie haría eso! ¿Por qué? Porque eso no es bueno. Y dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” 

Es curioso eso por varios aspectos. Primero, Dios es verdaderamente bueno comparado con nosotros. El ser humano es malo; es pecador por naturaleza. Esas personas a las que Jesús hablaba no eran convertidas. No habían puesto su fe en él. Entonces eran personas malas. Ahora, aún el malo puede hacer algunas cosas buenas. Ahí lo estaban haciendo. Les estaban dando pan y pescado a sus hijos. Eso es positivo, ¿verdad? 

Eso va relacionado con un tema que hemos tocado anteriormente: las personas inconversas pueden hacer algunas cosas buenas. ¿Por qué? Porque hemos sido creados a la imagen de Dios. Reflejamos esa bondad de Dios, de una manera muy distorsionada y muy limitada, pero podemos hacerlo. Eso justifica que nosotros esperemos que nuestros hijos inconversos hagan cosas buenas. Pueden reflejar de manera limitada la gloria de Dios, incluyendo siendo buenos en ciertos aspectos de su vida. Pero también es curioso pensar en que podemos dar cosas buenas, y no ser buenos. Eso es lo que tú acabas de mencionar.

Susi: Sí, y podríamos animar en nuestros hijos, o tratar de fomentar en nuestros hijos, una bondad que no es verdaderamente bondad porque no brota de un corazón que busca el bien. Podemos enseñarles a hacer acciones bondadosas sin realmente fomentar un corazón que refleja el carácter de Dios en su bondad.

Mateo: ¿Cómo nos definimos como buenos padres? En nuestro mundo, si tú le preguntas a alguien cómo es un buen padre, va a decir: “Le da a su hijo su casa, su comida, su ropa, su educación; le da vacaciones,” y todo este tipo de cosas. Le está dando esas cosas. Pero un padre puede darle todo eso a su hijo, y ser un canalla, ser un pecador, ser un hombre que no es un hombre de carácter moral excelente. Entonces tenemos que trabajar en eso. 

Es ahí donde recordamos que necesitamos esa intervención divina. Creo que necesitamos la intervención divina para nuestra conversión o regeneración, porque estamos muertos en nuestros delitos y pecados, y cuando llegamos a Jesucristo, somos regenerados. Recibimos vida espiritual. El Espíritu nos la da, y somos nuevas criaturas. Hay un cambio—un cambio en nuestro hombre interior. Nuestro corazón es transformado. Pero luego también esa transformación tiene que verse activamente en la práctica. 

Es ahí donde la llenura del Espíritu entra en juego, porque yo no lo puedo producir en mí mismo. Yo necesito el poder del Espíritu para dejar de hacer las obras de la carne, que no son moralmente excelentes, que no buscan el bien de otras personas, sino buscan mi propio bien. Entonces dejo de hacer todas esas cosas, y ahora sí puedo ser bondadoso y buscar el bien de otras personas también.

Susi: Sí. Yo creo que cuando los padres miramos a nuestros hijos—tú sabes que hay un libro muy famoso que dice “no hay niño malo”—hay muchas olas de pensamiento, ideas en nuestro mundo moderno que se resiste mucho a este concepto de que las personas no son buenas en sí. Ese es un primer gran paso para los padres. Lo hemos dicho aquí, pero yo creo que vale la pena repetirlo: no hay niño bueno. Es lo que debemos pensar. 

No hay niño que nazca en este mundo bueno. Eso es fundamental. No podemos pasarnos de ahí. Si tú miras a tu niño de dos años, que no es capaz todavía de ser salvo, de haber sido salvo, y tú crees que es un niño bueno ya de por sí, ya estás engañado. No vas a poder criar a tu hijo, apuntarlo al evangelio de manera adecuada.

Mateo: Sí, me recuerda lo que nos comentaba Ana ayer. Ana está enseñando en una escuela secular—es privada, pero secular—y hubo un incidente con dos alumnos, o varios alumnos ahí. Un niño estaba siendo agresivo con otros niños. Cuando llegó la mamá, abordaron la situación, y la respuesta de la mamá fue: “Mi hijo nunca es agresivo”, como si fuera inconcebible.

Susi: Que la única manera que respondiera de manera agresiva es que si alguien más lo hizo primero. No le ve capaz.

Mateo: Esa es una ingenuidad increíble.

Susi: Autoengaño.

Mateo: Claro, porque cualquiera de nosotros puede serlo. Ahora, puede ser que él sea un niño “bueno” en el sentido normal de la palabra: es que él nunca se pelea, o rara vez se pelea. Pero eso está en él, por supuesto, porque es pecador. 

Nos engañamos muchas veces pensando que nuestros hijos son buenos. ¿Por qué? En parte porque hemos definido bueno de una manera muy diluida. Pensamos: “Bueno, si mi hijo no es malo, entonces es bueno. Si mi hijo no está pegando a nadie, si no está gritando a viva voz, si no está lastimando a otros, es un niño bueno. Es un niño noble”. Pero recordemos que la expectativa de Dios es muy amplia. Va mucho más allá de esa definición. 

Lo que Dios quiere es que, de una excelencia moral interna, que nosotros busquemos el bien activamente de otras personas. Eso es mucho más que: “Bueno, mi hijo se sienta, y está tranquilo cuando nosotros queremos hablar. Cuando viene la gente a la casa, mira, nosotros le podemos dar la tablet, o el celular, y ¡mira qué tranquilo está! Mira qué bueno es mi hijo”. No. Lo que Dios quiere no es que mi hijo sea pasivo, sino lo que Dios quiere es que mi hijo sea activo, buscando el bienestar de otras personas. Creo que por eso muchas veces los padres se engañan acerca de sus hijos jóvenes. ¿Por qué? Es que no hace nada malo, es bien portado.

Susi: No está en las drogas…

Mateo: No está tomando. No va con gente mala. Y ahí está todo el día en la casa jugando videojuegos.

Susi: Y los padres dicen—los hemos escuchado: “Yo solo le doy gracias a Dios que mi hijo no está allá afuera. No tiene amigos malos”. Pero no está siendo una persona buena.

Mateo: No. No está siendo bondadoso. No está activamente buscando el bien de otra persona. No hay ese corazón de siervo, de humillarse, de sacrificarse para que otros tengan el bien, a veces material, pero también ese bien espiritual de conocer a Dios. Viven una vida muy ensimismada. 

Si pensamos en eso, nos vamos a dar cuenta que, por tanto, el egoísmo está del otro lado de la bondad. ¿Qué es una persona egoísta? Está buscando su propio bien. Está buscando lo que le conviene a él. Incluso está dispuesto a dañar y lastimar a otras personas para conseguir lo que es bueno para él, lo que él cree que es bueno para él. 

Eso describe muchas veces nuestro mundo. ¿Por qué nuestro mundo es un desastre? Es un desastre porque somos pecadores, egoístas. No hemos sido transformados por el Espíritu de Dios en la salvación. No hemos sido llenos del Espíritu Santo para buscar el bien de otras personas. Estamos muy ensimismados, y va en contra de lo que es este fruto del Espíritu.

Susi: Pensemos entonces en un hogar. ¿Qué es lo que debería de caracterizar primero a los padres? Yo pienso como mamá: yo amo a mis hijos, a mi esposo. Yo quiero ser buena. Pero muchas veces incluso las mamás somos muy egocéntricas. Yo quiero servir a mi familia teniendo un hogar ordenado y limpio. ¿Pero qué hago? Pues me pongo de malas porque me mueven las cosas, me ensucian la casa. Ya no es buscar el interés, el bien, de otras personas, sino es por mis propios intereses. Son cosas tan sencillas, diarias. ¿En los papás, cómo se pudiera manifestar esta falta de bondad?

Mateo: Estaba buscando en el Nuevo Testamento qué es lo que dice que es bueno, lo que el Nuevo Testamento dice que es bueno. Hice una lista, y pudiera ser más larga, pero estas son las cosas que notaba: ser generosos, dar lo bueno a los hijos (el pasaje que leímos hace un momento), la regla de oro. Muy interesante. Es hacer a otra persona lo que tú quieres que te hagan a ti, tratar a otros como quieres que te traten a ti.

Susi: ¿Cómo cambiaría nuestras casas si solamente se practicara eso?

Mateo: Sí. Sería radicalmente diferente. Otras cosas: fidelidad, ofrendar, ser justos, ayudar a los pobres, ser laboriosos. Pero laboriosos para ser generosos, no laboriosos para acumular tesoros nosotros.

Susi: Tener más cosas.

Mateo: Sino yo trabajo para luego poder ayudar a otras personas. Este es muy bueno: palabras edificantes. Eso es bueno. Muchas veces nuestras casas no están llenas de palabras edificantes. Y otra vez: “Ok, me conformo con que mis hijos no se maten, que no se golpeen”. ¡No! Si queremos hijos bondadosos, deberían de ser caracterizados por palabras edificantes, no palabras cortantes, dañinas. 

Otra cosa que dice que es buena es la sumisión, la sumisión a las autoridades. ¿Hay sumisión en la casa? Está difícil muchas veces eso porque los hijos no están sometidos. No están obedeciendo lo que sus padres dicen. Por tanto, eso no es bueno. No es reflejar este fruto del Espíritu.

Susi: De hecho, yo creo, yo he observado en muchas mamás que creen que son mamás buenas porque logran hacer al final que sus hijos le obedezcan sin tener que disciplinarles. Creen que son mamás buenas porque buscan formas de convencer a sus hijos a hacer lo que deben hacer. Obviamente no siempre lo logran, pero yo lo veo como un autoengaño de muchos padres. 

Dios ha dicho que la disciplina ayuda al corazón hacia llevarlos al evangelio. La disciplina es una herramienta del evangelio para mostrar la necesidad del niño. Entonces, cuando los padres evitan confrontar pecado y utilizan manipulación emocional, sobornos, todo este tipo de estrategias para que sus hijos se sometan (realmente sus hijos no se están sometiendo), están apelando al egoísmo que hay en el corazón del niño. 

Esto yo creo que es algo que muchos padres no se dan cuenta que están animando la maldad en lugar de la bondad. Están fomentando maldad en lugar de bondad porque tratan de lograr que sus hijos hagan lo que deben hacer sin exigir sumisión.

Mateo: Sí, y es contraproducente, por tanto, porque fomentas ese lado negativo y piensas que estás haciendo algo bueno. Pero no lo estás haciendo de acuerdo a la Palabra de Dios, y por tanto no nos debe de sorprender cuando el resultado es negativo también.

Susi: Esto me hace pensar que los padres tenemos que considerar nuestras estrategias. Las estrategias que yo utilizo como madre, como padre, deben reflejar la bondad, lo que Dios dice que es bueno. A veces eso no va a caber dentro de nuestra definición de bondad.

Mateo: Aquí hay otro ejemplo de esto. ¿Qué les decimos normalmente como padres a nuestros hijos cuando tienen un compañero de la escuela que es malo y les trata mal? Está sufriendo en la escuela; es un bully. ¿Qué le decimos? Bueno, normalmente le decimos cosas como: aléjate de esa persona porque es una persona tóxica. O quizás le decimos cosas como: no te dejes. Tú defiéndete. Respóndele de la misma forma. Si él te maltrata, tienes que ponerle un alto. 

Quizás hay situaciones extremas donde sí hay que responder y defenderse, pero normalmente no llegamos a esos puntos. Ahora, ¿cuál es la respuesta bíblica? Si queremos enseñar a nuestros hijos…

Susi: A ser buenos…

Mateo: A ser buenos, tenemos que hacer lo que dice Romanos 12:21: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”. Nuestra respuesta al mal de otras personas en nuestro contra no es responder mal por mal, sino responder bien por mal. Esa es la forma que vamos a vencer el mal. Y por si acaso te dices: “No, pero Mateo, seguramente eso no está hablando de este tipo de cosas”, bueno, el contexto— dice: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios”. 

Nos dice: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber”. Esa es la forma en que nosotros respondemos. El contexto es precisamente este tipo de contextos donde te están tratando mal. La respuesta humana es: me tratas mal; te trato mal. Yo voy a responder, o en el mejor de los casos, correr. Me alejo. Ya cierro esa amistad, relación.

Susi: Te saco de mi vida. No voy a ser malo contigo, pero ya no existes.

Mateo: Pero el bien es buscar activamente el bien de la otra persona. Eso es bondad. Tenemos que vencer lo malo con esa clase de bondad. Quizás no lo vamos a siempre lograr aquí en la tierra. No vamos a ver la respuesta aquí en la tierra. Es por eso que Pablo dice: “En cuanto dependa de vosotros”. 

Pero lo que depende de nosotros es mostrar esta clase de bondad y dejar a Dios que cambie el corazón de la persona, o que Dios aplique su venganza. Porque Dios dice en ese pasaje: “Mía es la venganza”. Entonces, si esa persona no responde, pues él va a sufrir la ira de Dios. Pero no debe de sufrir mi maldad. Como padres, muchas veces, otra vez, de manera contraproducente, estamos enfatizando valores que no son bíblicos y que, por tanto, fomentan no la bondad, sino la maldad.

Susi: Esto lo tenemos que primero vivir los padres. Si tus hijos ven que papá llega y está contando sobre una situación del trabajo donde un compañero le traicionó, le hizo quedar mal, y él está planeando cómo él va a rectificar las cosas, pero los hijos ven que papá no responde a la maldad de otro buscando el bien de esa persona, ¿cómo tú le vas a enseñar a tus hijos? 

Incluso entre dos hermanitos, entre dos hermanitos que se pelean o no se llevan bien, no es suficiente que se dejen de pegar. Creo que mencionaste algo hace rato. ¿Cómo voy a enseñar a mis hijos a procurar el bien, sin egoísmo del otro, del hermano, de la hermana?

Estos son patrones que tenemos que fomentar a lo largo de los años. Pero si no lo ven en nuestras vidas, si nos escuchan a las mamás hablando por teléfono con la amiga de que “¡Ella va a ver!”—así como somos las mujeres—todo lo que tú quieras fomentar en tus hijos, que tú no vives, va a ser muy difícil. Yo pienso que los padres tenemos que pedirle al Señor: “Muéstrame. Abre mis ojos para ver cómo yo estoy, en lugar de vivir en bondad—que es lo que yo creo a lo mejor que estoy haciendo—muéstrame cómo no estoy viviendo en esta bondad”.

Mateo: Hay cosas muy sencillas que hacemos que son muy normales. Nos enojamos. Él se enojó, entonces ¿cómo respondo yo? Con enojo. Eso no es vencer el mal con el bien. Me gritó. Me trató mal. Entonces, ley del silencio. Ley del hielo. Ya no nos hablamos, y los hijos detectan que papá y mamá están pasando tres días donde apenas se hablan más que para las cosas básicas. Captan esa tensión, y les estamos dando un mal ejemplo de la bondad. 

No estamos buscando el bien de otras personas, incluso a veces personas que nos han lastimado a nosotros. Pero eso es lo que Dios quiere de mí. Eso es lo que Dios espera, y eso es lo que produce el fruto del Espíritu. Creo que tenemos que siempre regresar a esa parte, que no está en mí producir esto. Yo necesito primero la regeneración, y luego necesito la llenura del Espíritu Santo para poder tener el poder, la energía espiritual para producir este tipo de cosas. 

Y eso viene cuando yo me lleno de la Palabra de Dios, porque cuando estoy lleno de la Palabra de Dios podré estar lleno del Espíritu de Dios. Podré producir el fruto del Espíritu de Dios. Entonces tenemos que recordar esto también, porque siempre, cuando hablamos de virtudes, corremos el peligro de convertirlo en un legalismo: “Nada más haz esto”. Sí, tenemos que hacer eso, pero recordar que eso tiene que venir del poder del Espíritu. Tiene que venir de una dependencia del Espíritu y una comunión profunda con él.

Susi: Y eso sólo es posible si tenemos a Cristo. Cristo fue bueno. Fue el ser humano más bueno que ha vivido sobre la tierra. Pensamos en nuestros hijos y decimos: “Bueno, ellos no son salvos, quizás, todavía”. Necesitan a Cristo. Ahí viene la regeneración. Cristo está proveyendo su bondad. Se sacrificó habiendo vivido una vida perfecta para que nosotros podamos tener esa regeneración y el poder del Espíritu. 

Mateo: Así es. 

Susi: Bueno, recordemos esto: que necesitamos sentarnos a los pies de Cristo. Necesitamos meditar en su Palabra y en las verdades que él nos ha dejado. Gracias, Mateo, por apuntarnos siempre a la Palabra. Yo te quiero animar si estás escuchando y dices: “Bueno, yo no voy a la iglesia; yo casi no leo mi Biblia”. De verdad, necesitas ser parte de una congregación local. Necesitas escuchar la Palabra. Necesitas leer la Palabra. Para que seamos padres buenos, eso es absolutamente esencial. Gracias.

Vamos a seguir con nuestra serie la próxima semana. Te recordamos que junto a este episodio tenemos una hoja de ideas para llevar devocionales familiares. Algunos de los pasajes que Mateo mencionó en este episodio van a estar ahí con algunas preguntas para que converses con tu familia, con tus hijos, sobre el tema de la bondad. Puedes ir a crianzareverente.com, y puedes ir al episodio sobre la bondad, que es el episodio 202, y ahí puedes descargar una hoja que te puede ayudar (un PDF) para que tengas devocionales familiares. 

Queremos animarte a que estés en la Palabra con tus hijos, que estés instruyendo de manera positiva y no solamente regañando cuando hacen cosas malas. Gracias por siempre seguir con nosotros. Dios te bendiga.

Compartir:

Autores

  • Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de tres adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México.

    View all posts
  • Nació y creció en España, de padres americanos misioneros. Estudió en Estados Unidos y está trabajando en su doctorado. Lleva más de 20 años viviendo en Monterrey, México, junto con su esposa Susan, con quien crió tres hijos: Aarón, Ana y David. Es pastor fundador de la Iglesia Bautista La Gracia en Juárez, Nuevo León, Mexico.

    View all posts

Publicaciones relacionadas