Existen tantas medidas diferentes en nuestro mundo para que los padres evaluemos si estamos haciendo bien las cosas en la crianza. Pero Dios quiere producir en sus hijos el fruto de la fidelidad por medio del poder de Su Espíritu obrando en nuestras vidas. Es posible ser padres fieles siempre y cuando confiemos en el poder del Espíritu. ¡Únete a esta conversación con Jeanine!
RECURSOS ADICIONALES
- Ayuda para devocionales familiares sobre la fidelidad: (Descarga el pdf, o lee el texto abajo)
- Lee aquí el artículo: Fidelidad: Ejemplificando el compromiso de Dios con nosotros
- (Escucha aquí un sermón de la Iglesia Bautista la Gracia sobre el fruto del Espíritu “Fidelidad“.)
Hoja de ayuda para devocionales familiares
¿Qué es la fe bíblica? “Vivir con constancia, integridad y lealtad a Dios, reflejando así su fidelidad”- Daniel López
Día 1: Lee Deuteronomio 7:9 y Lamentaciones 3:22-23
- Comenten cuáles atributos de Dios pueden ver en el pasaje de Deuteronomio. ¿Qué ejemplos de estos atributos han visto en su familia?
- Para comprender mejor lo que quiere decir la fidelidad de Dios en el pasaje de Lamentaciones, lee también los versículos del 42-48 del mismo capítulo. ¿Qué acaba de suceder cuando Jeremías dice esto? ¿Qué nos dice de la fidelidad de Dios incluso cuando pecamos?
Día 2: Lee 2 Timoteo 2:13 y 1 Juan 1:9
- ¿Qué diferencia hay entre la fidelidad de Dios y la nuestra?
- ¿Qué nos dice Juan que es la respuesta de Dios cuando pecamos contra Él? ¿Cómo solemos responder a los que pecan contra nosotros?
Día 3: Lee Habacuc 2:2 (y luego lee Romanos 1:17 y Gálatas 3:11)
- ¿Notaste que Pablo cita Habacuc 2:2 en los dos pasajes adicionales? ¿Cómo estos versículos nos ayudan a entender cómo Habacuc preveía el Evangelio?
- A la luz de que la palabra fe también significa fidelidad, ¿de qué maneras prácticas puedes mostrar tu fidelidad a Dios en tu vida diaria?
Texto de la semana para memorizar:
- Deuteronomio 7:9 – Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones.
ADORA, ORA, EXAMÍNATE:
ADORA: Gracias Señor porque tu fidelidad es eterna y renuevas tu misericordia día con día.
ORA: Padre, ayúdame a vivir por fe, reflejando tu fidelidad de una manera que otros puedan conocer tu constancia y lealtad.
EXAMÍNATE:
- ¿Has puesto tu fe en Cristo como tu Salvador?
- En lo público y en lo secreto, ¿eres fiel al Señor?
- ¿Eres una persona digna de confianza con tus hermanos?
El Ejemplo de Cristo:
- 2 Timoteo 2:13: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo”.
Transcripción:
Susi: La crianza nos provoca a los padres a constantemente preguntarnos si estamos haciendo bien las cosas. Es un instrumento de Dios para nuestra santificación y para nuestros hijos también. Por eso estamos haciendo esta serie en el podcast de Crianza Reverente sobre el fruto del Espíritu.
Hemos hablado de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, y hoy llegamos al fruto que aparece como fe en algunas de nuestras Biblias. Para hablar de esto, estoy muy agradecida de tener a Jeanine Martínez por primera vez en el podcast de Crianza Reverente. Gracias, Jeanine, por acompañarnos.
Jeanine: Gracias, Susy, por la invitación. Para mí es un gran honor poder estar en esta ocasión acompañándote en el podcast.
Susi: Jeanine es esposa; es madre; también es autora. Quiero agradecerte, Jeanine, especialmente por tus dos libros para las mujeres sobre doctrina y sobre la Biblia, porque una de mis cargas es que las mujeres, las madres, entiendan la importancia de su propio crecimiento y conocimiento de la Palabra para poder enseñar a sus hijos. Muchas mujeres, incluso que no son madres, o ya no tienen hijos en el hogar, obviamente tienen mucha oportunidad para enseñar a otras. Gracias por invertir en las mujeres cristianas de esta forma. ¿Cuál libro te gustó más escribir de los dos?
Jeanine: Ambos, pero realmente Biblia para todas. Yo amo la Biblia, y todo parte de la Biblia. Yo creo que parte de lo que necesitamos es un entendimiento claro, un fundamento bíblico, para que sobre ese podamos construir una teología sistemática, una teología práctica, una práctica de consejería, y todo lo que es una filosofía correcta. Todo eso parte de un buen entendimiento del texto bíblico.
Susi: Exacto. Me encanta. Eso también es uno de los temas que mi esposo y yo amamos y tratamos de enfatizar mucho. Tenemos una página que se llama Comoestudiarlabiblia.org donde subimos estudios inductivos que hacemos en la iglesia. Creemos que también las familias pueden estudiar la Biblia juntos.
Así que, si tú eres madre y estás escuchando, y dices: ¿cómo yo podré entender mejor la Biblia para poder leerla bien con mis hijos? Compra el libro Biblia para todas y te va a ayudar. Te va a dar unos pasos; te va a ayudar a contestar dudas. Gracias por invertir de esa manera en la comunidad cristiana. Pues, cuéntanos: eres madre; eres esposa. Pero cuéntanos un poquito.
Jeanine: Bueno, yo soy misionera transcultural desde hace 16 años. A la edad de 31 años el Señor me llamó a irme de misionera a Asia, y estuve en Asia del este por nueve años sirviendo al Señor allá en enseñanza bíblica, entrenamiento misionero, discipulado, con estudiantes universitarios, sobre todo, y sirviendo con algunas iglesias locales, apoyándoles en algunas iniciativas.
De ahí vengo a Guatemala a empezar a ayudar a una iglesia local, a iniciar su instituto bíblico y todo lo que fuera el ministerio de educación cristiana. Y entonces, el Señor me sorprende con a los 40 años conocer a mi esposo, quien ahora es mi esposo, de una forma providencial. Gracias a Dios, en el corazón de ambos había una visión, ambos siendo solteros hasta tarde en la vida, de adoptar.
En proceso misionero, me empecé a involucrar en el cuidado del vulnerable con algunos orfanatos acá en Guatemala que se llaman hogares de protección— acogimiento y protección. Ahí conocí a dos chicos, que empecé siendo su mentor, y ahora son mis hijos. Mis hijos actualmente—al año de casada (nos casamos en pandemia) recibimos a los chicos en nuestro hogar.
En el momento de que ellos vinieran a vivir con nosotros, a pesar de que yo tenía casi dos años conociéndolos como su mentora, y Alex también después (ya que nos hicimos novios, siendo mentores juntos), Flor y Mateo vinieron a ser nuestros hijos. En el 2021 vinieron a la casa con nosotros. En ese momento ya Flor tenía 16 años, 16 años y medio más o menos, y Mateo tenía 14 años. Ya eran adolescentes. Actualmente ambos tienen ya 20 y 18. Entonces soy madre de hijos adultos. He estado en sus vidas por seis años, básicamente, y ha sido una bendición del Señor.
Cada día aprendo de ellos y tengo que depender más de Dios, porque mi maternidad es una maternidad muy distinta, y las dinámicas son muy distintas a las madres biológicas o a las madres de niños que recibieron hijos del corazón cuando eran muy pequeños. Es muy distinto ya en la adolescencia.
Susi: Claro. Qué gran reto. Gracias a Dios, porque obviamente en el diseño original él quiere dar hijos biológicos, pero él da hijos de muchas formas—hijos adoptados, hijos espirituales. Gracias a Dios por lo que puedes aprender, e incluso compartir con nosotros de una perspectiva única. Qué bien. Qué bendición. Gracias a Dios por eso.
Yo te quería preguntar, para iniciar en este tema, de manera general—siempre en esta serie estoy preguntando a los que entrevisto: en general, ¿cómo ha sido para ti en tu vida? ¿Qué significa andar en el Espíritu? Porque de eso estamos hablando, y sería fácil hablar del fruto del Espíritu y casi llegar a ser legalista o moralista: que uno debe producir esta cualidad. Pero ¿qué ha significado para ti andar en el Espíritu?
Jeanine: Yo soy creyente desde los cinco años, y fui la primera creyente en mi familia. Mis padres no eran creyentes, ni nadie en mi familia era creyente. Entonces, desde pequeña, yo dependí mucho de que, lo que me formara mi mente y lo que yo tenía que creer acerca de Dios, viniera de la Palabra, de la Biblia, y de lo que me enseñaban en escuela dominical. Porque yo entendía que la Biblia era la Palabra de Dios y que la Biblia tenía que formar mi manera de pensar.
Luego mi mamá vino al Señor, pero, aun así, mis ojos siempre estuvieron puestos, porque crecimos juntas en la fe, aunque ella era adulta y yo niña, pero era crecer juntas en la fe. Entonces yo creo que siempre andar en el Espíritu es andar bajo la luz de la Palabra que el Espíritu inspiró, iluminando cómo eso se ve en mi vida, y examinando.
Yo creo que la palabra clave para mí: andar en el Espíritu es una examinación constante del Espíritu, y mostrarnos cómo la manera en la que yo estoy pensando en la fe, viviendo en la fe, actuando en la fe en todos los aspectos de mi vida—en mi trabajo, en mi casa, en la escuela, en la relación con mis hermanos, con mis padres—¿cómo todo lo que la Palabra que el Espíritu inspiró trae luz a esas áreas de mi vida? ¿Cómo se ve eso en la práctica? ¿Cómo eso se alinea?
El fruto del Espíritu es la alineación de lo que está desviado en mi vida como creyente de la voluntad perfecta de Dios, que es mi santificación, que es ser como Cristo. Entonces andar en el Espíritu es ese examen constante, no solo las acciones. Por eso no hay espacio para el moralismo. Porque siempre andar en el Espíritu tiene que ver con lo más profundo de mi corazón. Y lo más profundo de mi corazón informa mis acciones y revela en todo lo demás.
Susi: Me gusta mucho eso, porque a veces no podemos poner…el andar en el Espíritu es como muy místico para muchas personas: “¿Si estaré llena del Espíritu, o no?” Eso es algo muy medible. Me estoy examinando. Estoy tomando la Palabra, me estoy comparando a lo que Dios dice, y estoy pidiendo que el Espíritu me muestre y me transforme. Claro, tiene que salir del corazón, pero no se queda solamente en lo teórico o lo místico del corazón. Se tiene que evidenciar en que yo esté dispuesta a hacer cambios.
Jeanine: La palabra es clara en su mandato: “Anden en el Espíritu y no satisfagan los deseos de la carne” (Gal. 5:16). ¿Cómo voy a saber que mi deseo es un deseo natural y genuino bueno o un deseo de la carne que representa el sistema contrario al Espíritu en ese contexto específico? En ese contexto yo digo: “OK, esto no es del Espíritu, no corresponde al Señor, no corresponde a lo que Cristo sería, a lo que Cristo haría, a lo que Cristo pensaría”. Entonces yo no puedo andar ni satisfacer ese deseo.
Susi: Muy bien. Yo creo que esto va a ser de ayuda para algunas personas que quizás batallan para entender el concepto de andar en el Espíritu. Bueno, en esta serie sobre el fruto del Espíritu, hemos llegado a este que aparece como fe en la Reina Valera, que es el texto que muchos memorizamos sobre el fruto del Espíritu. Dice fe. Pero algunas traducciones, como la NBLA, lo traducen como fidelidad.
Quizás puedes comenzar ayudándonos a entender: ¿a qué se refiere realmente el apóstol Pablo? ¿Qué fruto está queriendo hablar? Y ¿qué dice la Escritura en general acerca de esto?
Jeanine: Bueno, yo creo que tenemos que alejarnos un poquito antes de enfocarnos en el de fe para ver qué está haciendo el apóstol Pablo cuando está hablando de los frutos del Espíritu. Primero, para que sea un fruto del Espíritu, tiene que partir del Espíritu. Tiene que partir del Espíritu Santo. Los frutos del Espíritu todos son reflejos de atributos de Dios que, al nosotros ser llenos del Espíritu Santo, a nosotros ser sellados con el Espíritu Santo al momento de nuestra regeneración y conversión, nuestra vida no tiene de otra que dar esos frutos.
Mientras más nos sometemos a la voluntad de Dios y al trabajo santificador de su Espíritu, más fruto va a revelarse. A veces queremos empezar de afuera para adentro. Queremos arreglar el fruto. Pero lo que hay que arreglar es la disposición, la entrega, la rendición interna a la obra del Espíritu en mí para mostrar ese fruto.
Partiendo de esa definición, yo digo que la fe o la fidelidad, que es pistis, habla de una confianza, pero también habla de la confiabilidad completa de Dios. Dios es completamente confiable, y entonces yo confío en esa fidelidad de Dios. Y yo me voy convirtiendo en una persona que confía en Dios, pero que también es confiable.
La fe tiene que ver no solamente con la definición de fe que vemos en Hebreos 11, que dice que “la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”, sino es la disposición de mi corazón a caminar en esa fe. Porque no es fe en cualquier cosa. Es fe en Cristo, en su obra, en lo que él ha hecho, en lo que él está haciendo, en lo que él va a hacer. De ahí parte la fe.
No es una fe de: “Yo tengo fe en que Dios me va a dar lo que yo quiero”. No. Esa fe es en que Dios te va a dar lo que tú quieres. No es una fe en Dios. Es fe en Dios, punto. Ahora yo puedo ser fiel. Yo puedo caminar como una persona que confía, y que al mismo tiempo se convierte en una persona confiable. De eso tiene que ver el fruto de la fidelidad: absolutamente confiable, íntegro y fiel a su Palabra.
¿Qué demanda eso? ¿Qué tipo de creyente tiene que ser el creyente que muestra este fruto? Tiene que ser una persona confiable, íntegra y fiel a la Palabra de Dios. Y fiel a la Palabra de Dios no implica solo la enseñanza, sino cómo se vive conforme a la Palabra.
Susi: Este concepto de fe que resulta en fidelidad, ¿lo ves en otras partes de la Biblia? ¿Cómo podemos verlo cuando estamos leyendo nuestras Biblias? ¿Cómo podemos ver esto?
Jeanine: Yo creo que, por ejemplo, cuando habla de que Dios es fiel, tenemos que preguntarnos por qué Dios es fiel. Bueno, uno de los libros que pude coautoriar con Cathy Scheraldi, se llama Por amor de su nombre, es un estudio bíblico de los nombres hebreos de Dios. La premisa de Por amor de su nombre es que hay muchas partes en las Escrituras en donde Dios afirma acerca de sí mismo que él cumple con su pacto, no por la fidelidad de los hombres, sino por amor a su nombre.
Por eso la Palabra dice: “Aunque ustedes sean infieles, yo permaneceré fiel” (2 Tim. 2:13). ¿Por qué? Por amor a su nombre. Porque ya Dios prometió que iba a hacer algo. Él prometió que iba a llevarnos a completar la buena obra que él inició en nosotros, “la completará hasta el día de Cristo” (Fil. 1:6).
Entonces, por amor a su nombre, él no nos va a destruir. Por amor a su nombre, él envió a su hijo. Por amor de su nombre, Él ha puesto su Espíritu en nosotros, y nos envió un Consolador para santificarnos. Por amor de su nombre, su reino será consumado. Por amor de su nombre, vamos a ser completamente santificados y glorificados, por amor a su nombre, por amor a quien Dios es, a él mismo.
Yo creo que es un principio muy importante al hablar de este fruto del Espíritu, porque a veces la gente dice: “Pero si nadie lo sabe”. Si nadie lo sabe, tú sabes que está mal hecho. Si nadie lo sabe, tú sabes que va en contra de las Escrituras. Entonces no haces las cosas porque te estén mirando, para que tengan una buena opinión moral tuya como creyente, sino por amor al Señor, y por ser fiel a lo que tú realmente dices creer.
Eso hace que la fidelidad y la fe actúen como dos caras de la misma moneda. Porque estoy fiel porque tengo fe en quien Dios dice ser y en lo que Dios espera y ha prometido que hará en mí y a través de mí. Pero al mismo tiempo soy fiel, tengo fe, porque yo sé que eso yo no lo puedo hacer separado de Dios. Yo no puedo ser fiel a Dios sin fe en que Dios me va a ayudar, en que Dios me va a dar su fuerza, en que Dios me va a guardar, en que Dios me va a preservar. Es un atributo que incluye ambas definiciones, y pudiéramos decir son básicamente dos aristas de la misma moneda.
Susi: Me hace pensar en un himno que cantábamos…yo crecí solo hablando inglés por los primeros dieciséis años de mi vida, pero hay un canto que era muy común, un himno en mi iglesia. Dice: “trust and obey”. Confía y obedece. Pienso en ese concepto. La persona que realmente confía en Dios le obedece. La fidelidad tiene que ser un fruto natural de una fe verdadera. Por eso las traducciones de la Biblia ponen fe o fidelidad porque son un concepto que no puedes separar las dos cosas. No puedes.
Hay personas que dicen: “Yo tengo fe. Yo tengo fe. Tú no puedes juzgar mi fe. Tú no sabes mi fe”. Pero creo que esto nos está diciendo: si tú tienes fe, vas a mostrar fidelidad a Dios en tu vida como un resultado.
Jeanine: Así es. Yo creo que siempre una pregunta importante hacer es: ¿en qué tienes fe? ¿En qué tienes fe? Defíneme en qué tienes fe. ¿Tienes fe en que Dios te va a dar lo que tú quieres? ¿O tienes fe en que pase lo que pase Dios va a ser glorificado? Porque son dos cosas muy diferentes.
Susi: Exacto. Qué difícil ¿no? Y creo que es difícil en el área de la crianza, porque a los padres nos cuesta confiar a nuestros hijos a Dios, realmente confiar a nuestros hijos a Dios. Bueno, podemos hablar de eso un poquito más adelante. Pero quería preguntarte— porque en toda esta serie de fruto del Espíritu hemos intentado enfocarnos bastante en Cristo. Obviamente entendemos que Cristo es nuestro ejemplo en muchas cosas, pero ¿cómo vemos esta cualidad en la vida de Jesús de una manera que nos ayuda a entender mejor también la obra que él hizo para nosotros que hace posible que tengamos el Espíritu en nosotros?
Jeanine: Así es. Yo creo que, en la vida de Jesús, para mí los capítulos 14–17 de Juan son claves para entender esto, cómo Jesús con toda confianza dice: “Yo hago lo que el Padre me dice que haga. Yo dependo de él. Yo permanezco en él”. Ora incluso; muestra aún mayor su dependencia del Padre, en que básicamente vemos esta conversación de Jesús con su Padre, inter trinitaria. Nosotros estamos viendo que la oración es el punto de dependencia y de la declaración de confianza aún de Jesús.
Cuando nosotros vemos eso en la vida de Jesús, decimos: con razón Jesús pudo ser fiel. Pudo ser fiel en todo lo que el Padre le dio para hacer, porque él confió en que el Padre iba a hacer todo lo que el Padre dijo que iba a hacer. Él confió en el Espíritu Santo en hacer…o sea, nunca el ministerio de Jesús estuvo separado del Padre y del Espíritu. Siempre fue un ministerio ejercido, su vida fue vivida, a la luz de la voluntad del Padre y del Espíritu.
Él dijo: “Yo vine a cumplir con la ley y no abolirla”. Él vino a hacer y a cumplir fielmente lo que él mismo había dicho que había que hacer y cómo había que vivir, y él lo vino a cumplir. Entonces en la vida de Jesús vemos la encarnación perfecta de cómo se vive con este fruto a la luz de todo lo que hacemos: en la forma en que él se relacionaba con las personas, incluso en la forma en que él confrontó a sus detractores, cómo él confió en que independientemente de que ellos creyeran o no, él fue fiel a decir la verdad. Él fue fiel en extender gracia.
Nosotros vemos cómo Jesús en toda su vida exhibió el fruto de la fidelidad. Él fue fiel. ¿Por qué? Porque él fue fiel al Padre. Él fue fiel a su Palabra, a lo que él había dicho, a lo que había sido dicho acerca de él. Yo creo que eso vemos, y nos ayuda mucho a nosotros porque nos apunta de nuevo al área de las motivaciones. Para poder ser fiel—y eso es, creo que vital, un punto central, a nuestra discusión o conversación de hoy—tenemos que tener los ojos puestos en Jesús.
Porque si tratamos de ser fiel y de cumplir las expectativas de todo el que nos rodea, no vamos a ser fieles. Vamos a ser llevados por cualquier viento de doctrina. Vamos a ser llevados por las opiniones. Vamos a querer estar bien con todo el mundo. Vamos a ser pacientes con cosas que no tenemos que ser pacientes, que hay que confrontar en el momento. Pero vamos a, cuando confrontamos, hacerlo con gracia y con verdad, sin diluir, porque tenemos que ser fieles a Dios y a su Palabra.
Susi: Amén. Es un gran reto para cada creyente, sin importar la cultura donde vive, pero sí tenemos que reconocer que cada quien, donde vivimos, donde nos movemos, tenemos que reconocer corrientes culturales, incluso dentro de las iglesias. En la crianza hay muchas corrientes y filosofías que no llaman a los padres a ser fieles.
Jeanine: Así es.
Susi: Llaman a muchas otras cosas que no reflejan el fruto del Espíritu. Algo que quiero lograr o procurar con esta serie es que podamos ver en nuestras vidas los padres cuáles serían algunas evidencias de no estar mostrando este fruto, cuáles luchas o dificultades pudiera yo tener en mi vida, y sin darme cuenta, es porque no se está produciendo este fruto en mi vida, y tratar de pensar un poco en las consecuencias que eso tiene para mi crianza y para mis hijos.
Jeanine: Así es. Yo creo que a veces un ejemplo de esto es cuando los padres dicen: “No, es que yo no quiero buscarme un problema con mi hijo”. Están actuando en el temor del hombre y no en el temor del Señor. Los hijos han venido a controlar lo que los padres hacen. Lo que yo voy a hacer viene determinado por la reacción que yo quiero evitar en mis hijos. Eso es temor del hombre. Eso no es temor de Dios.
Ahora, eso es diferente a provocar a nuestros hijos a ira. No podemos provocarlos. También a veces hay que darles el espacio de autorregularse, porque de hecho su cerebro está en un momento en el que no se va a autorregular tan rápido como el de un adulto. Hay que darles el espacio para yo poder tener una conversación. Pero yo no puedo evitar la conversación difícil que haya que tener.
No puedo delegar—como decía un pastor—yo no puedo delegar mi autoridad, porque mi autoridad como padre ha sido dada por Dios. Yo no puedo procurar a ser el amigo de mi hijo a costas de ser su papá y su mamá. Si el ser su amigo me va a costar delegar mi autoridad como papá y mamá, yo no puedo ser su amigo en ese momento. Yo no soy un confidente. Yo soy su mamá. Esto es algo que Dios puso en mi corazón.
Y no es fácil. Porque todos, después de un día de trabajo o de llegar a la casa, no queremos encontrar un ambiente tenso. Pero eso tampoco me dice a mí que yo tengo que evitar tener las conversaciones, decir que tienen que lavar los platos, aunque les caiga mal, aunque me volteen los ojos. ¿Por qué? Porque no estoy siendo fiel a mi rol en lo que Dios me ha puesto. Dios me ha puesto a estar en la vida de mis hijos para guiarlos para la vida, para entrenarlos para la vida.
Ese es mi rol como mamá: enseñarles el temor de Dios, porque el temor de Dios se enseña independientemente si sean creyentes o no, o si decidan vivir de acuerdo a los valores que nosotros les enseñamos. Yo tengo que ser fiel a Dios. ¿Qué Dios requiere de mí hoy en esta conversación? En las interacciones con mis hijos, ¿cómo Dios mira mi interacción con ellos, y qué dice Dios que yo debo hacer?
Susi: Sí. Yo creo que muchas veces no tenemos un concepto bíblico de la fidelidad, sino que tenemos un concepto que el mundo o nuestras tradiciones familiares nos han dejado. Hay muchas familias en que uno ha crecido y lo que uno cree que se debe lograr en la familia, o lo que es una buena familia, o lo que es una buena madre o un buen padre, no está de acuerdo con la fidelidad que Dios quiere producir en nuestra vida.
Jeanine: Así es.
Susi: Entonces, algunas veces tenemos que regresar a lo que tú dijiste al principio de examinarte. Andar en el Espíritu como mamá o como papá es no tomar por sentado que lo que me enseñaron, o lo que yo siento, o lo que yo leí en internet, o lo que me dijo la señora de la esquina, o lo que tú quieras—examinarme mis ideas, mis valores. ¿Todo va de acuerdo a la Palabra, al evangelio? Y si no, estar dispuesta a examinarme.
Pero yo creo que sí hay padres que realmente en general están siendo fieles en su crianza, pero quizás se sienten muy inseguros. Yo quisiera animar a padres que en general están siendo fieles, pero no cumplen con algún estándar del mundo, o de sus amigas cristianas, o lo que tú quieras, se sienten fracasados, o a lo mejor porque no ven cierto resultado en su crianza.
Bueno, sabemos que hay consecuencias de no ser fieles, ¿pero cuáles serían algunas cosas sencillas que una madre o un padre que está escuchando puede decir: eso es una marca de ser fiel? Si estoy haciendo esto, o si estoy viviendo esto, eso sí, es una señal de que Dios está produciendo este fruto en mí.
Jeanine: Así es. Yo creo que eso es excelente pregunta. Una de las cosas que se me ocurre es decir: ¿Estoy amando a mis hijos? ¿Realmente los estoy amando? ¿Estoy haciendo las cosas por amor, o simplemente porque estoy viendo a mis hijos como una obligación, o incluso como satisfacción personal? Hay gente que tiene a sus hijos como un trofeo. Si tú eres un papá y una mamá que realmente tus hijos son un regalo, ves a tus hijos como un regalo de Dios, ves a tus hijos como una misión de parte de Dios, lo estás haciendo bien.
Yo le decía a una mamá el otro día, hubo días que yo tuve que aprender, porque obviamente me tocó una situación de vida muy distinta en donde yo sentía que todo lo que estaba haciendo estaba mal, primero, porque los niños no vienen con un manual de instrucciones. Segundo, porque ellos no conocen el apego. Ellos no saben, cuando hago una cosa, que lo hago realmente por amor, o porque es lo que la Palabra me pide.
Muchas cosas tal vez no son populares. Yo le decía a alguien el otro día, hubo días que yo decía: “Bueno, están respirando. No están sangrando. Están comiendo. ¡Cumplí con mi misión hoy!” Porque a veces el perfeccionismo, decimos: “Es que yo tengo que hacer A, B, C, D…Z, y después AA, BB, CC…ZZ”. Entonces, es decir: “OK, ¿cuál es mi rol como mamá? Es amar a mis hijos, instruirlos en la disciplina del Señor, educarlos bajo la disciplina del Señor también, alimentarlos emocionalmente, físicamente, darles comida”.
Ahora tú puedes decir si va a ser completamente orgánica o si va a ser un día McDonald’s. Son cosas que tenemos que pensar. El perfeccionista en mí necesita ser informado por la verdad de Dios. Mi trabajo es alimentarlos, cuidarlos, protegerlos aún de ellos mismos. Y entonces si yo cumplí con estos mínimos, estoy siendo buena mamá. No lo hice perfecto. No. ¿Cristo tiene que seguir siendo formado en mí y en ellos? Sí.
Pero si nutrí, si cuidé y si amé, aunque ellos no sientan que es amor, pero yo estoy amándolos como el Señor—el Señor dijo “al hijo que ama disciplina” (Heb. 12:6—disciplinar es una muestra de amor), entonces el Señor está diciendo: “Bien, buen siervo y fiel”. Lo que tenemos que oír siempre son esas palabras. ¿Cómo Dios mira este día de mi crianza? No como yo lo miro, no la perfección. Lo que está mal, siempre hay un espacio para arrepentirme delante del Señor y pedir perdón, y no quedarnos viviendo en lo que yo fallé. Me enojé hoy. Me airé hoy. OK. Me puedo arrepentir. Para eso está Cristo. Entonces me arrepiento.
Eso nos anima, porque muchas veces tenemos que pensar: las personas que no tienen temor de Dios viven, crían a sus hijos; ellos se vuelven adultos funcionales o disfuncionales, lo que sea, pero lo hacen personas sin el mínimo conocimiento de Dios. Hay una gracia común que Dios ha dado a la humanidad, y saber que todos tenemos esa gracia común, y nosotros, aparte de la gracia común, tenemos al Espíritu Santo. Entonces tengo que descansar en que Dios requiere de mí, pero él se acuerda de que somos polvo. Si yo soy fiel a los básicos de lo que Dios me está dando, en lo que yo no haya sido fiel, tengo el espacio del evangelio que me dice: si te arrepientes, yo te perdono.
Susi: Sí, y arrepentirnos y pedir perdón es parte de ser fiel, porque estoy permitiendo que la Palabra me convenza de mi pecado. Vivir en el evangelio todos los días es ser fiel. Porque si estoy viviendo en el evangelio, estoy examinándome como tú dijiste, estoy yendo a la Palabra para informar mi conciencia, mi mente, estoy nutriendo física y espiritualmente, entonces los resultados los tengo que dejar en las manos del Señor.
Yo creo que eso es muy difícil para los padres, las madres. Resultados específicos no son indicaciones de fidelidad, porque puedo tener un niño que es súper bueno en la escuela, pero eso no necesariamente significa que yo soy esa mamá fiel que ha instruido. Puede traer maldad en su corazón y no estar aprendiendo de Dios. Esos indicadores no pueden ser nuestra medida.
Jeanine: Yo creo que es básico lo que dices, Susi, y yo creo que algo que hay que dejar claro es que fidelidad no es garantía. Uno, fidelidad no es garantía. No es garantía de que mi hijo va a ser la persona que yo quiero que él sea, porque yo no sé si él va a ser la persona que Dios quiere que él sea.
Susi: Claro, porque es una persona independiente.
Jeanine: A veces tenemos expectativas de nuestros hijos, y eso no es ser fiel al plan de Dios. Es ser fiel a mi plan. A veces yo tengo un plan y Dios tiene otro. Por ejemplo, recuerdo una vez, y me da mucha risa, porque yo fui la primera misionera de mi iglesia, la única por muchos años, y recuerdo una mamá que me dijo: “Ay, nosotros oramos tanto por ti, y le damos gracias al Señor por tu vida. Mi hija un día me dijo quería ser misionera, y yo le dije: no. Tú no”. Yo le dije a ella: “¡Yo soy la hija de alguien también!” le dije a la señora ese día. ¿Por qué? Porque los padres tienen sus planes para sus hijos.
Susi: Te animan que tú seas misionera, pero no quieren eso para sus hijos.
Jeanine: No quieren eso para sus hijos. ¿Por qué? Porque nosotros como padre tenemos un plan de qué tipo de hijo yo quiero, con qué tipo de persona yo quiero que se case, con qué tipo…y no estoy hablando de cosas básicas que quiere un cristiano. Pero si mi hijo no es cristiano, yo no puedo tener la expectativa de que se case con un cristiano. Porque si mi hijo no es cristiano y se casa con un cristiano, ese otro cristiano está en desobediencia. He visto muchas veces que muchos padres han querido forzar relación de sus hijos con un creyente, sabiendo que sus hijos no son creyentes, y eso no es fiel a la Palabra.
Hay muchas cosas que nosotros tenemos que traer nuestra paternidad y nuestra maternidad a los pies de Cristo: qué carreras van a estudiar…el yo ser fiel a Dios no es garantía de que yo voy a obtener los resultados que yo quiero. Uno: Dios determina los resultados, no yo. La salvación de mis hijos no depende de mí; depende de Dios. Ahora sí depende que yo no sea de piedra de tropiezo para su salvación, y si depende de que yo pueda ser un medio de gracia para su salvación, que ellos vean el evangelio predicado y coherentemente vivido en el hogar—no perfectamente, pero coherentemente en el hogar.
Yo creo que fidelidad en esos casos es: Señor, los resultados son tuyos. Yo quiero ser fiel a ti, no a mi plan. Eso también es fidelidad en la crianza. Es: Señor, ¿cómo tú quieres guiar la vida de este niño? ¿Cómo soy fiel a ti en el plan que tú tienes para la vida de mi hijo? Parte del plan de Dios en la vida de nuestros hijos, y esto no va a ser popular, pero parte del plan de Dios en la vida de nuestros hijos es el sufrimiento. Y nosotros no podemos ser un estorbo en el sufrimiento ni querer quitar el sufrimiento que le toca a ellos llevar.
A veces queremos quitar incluso las consecuencias que ellos necesitan experimentar para poder corregir su camino, y esas consecuencias son parte del plan amoroso de Dios para actuar en la vida de nuestros hijos. Hay veces que nosotros, aunque nos cueste lágrimas, tenemos que venir y decir: “Señor, quiero ser fiel a ti. Dame tú sabiduría de cómo caminar con este niño en estas consecuencias, sin ser un estorbo a tu obra en la vida de este hijo”, cada cual de acuerdo a su edad.
Es difícil, pero ser fieles a Dios es lo que requiere de nosotros, que nosotros rindamos nuestras expectativas del plan nuestro y que sea el plan de Dios el que se cumple en la vida de este hijo.
Susi: Amén. Yo creo que nos dejas mucho para pensar, sin importar la etapa de la crianza en la que estemos, la mamá de un recién nacido y el papá de un hijo adulto joven que le está causando tristeza—todos. Esto aplica a todos—a los abuelos también. Amén.
Gracias, Jeanine. Gracias por tomar tiempo para pensar en esto y compartir con nosotros, porque yo creo que va a ser de mucha ayuda. Que Dios nos ayude a ser fieles. Eso es lo que necesitamos.
Jeanine: Amén.
Susi: Bueno, gracias a ti que nos escuchas, que nos sigues. Recuerda que junto a este episodio estamos ofreciéndote una ayuda para tener devocionales familiares con tus hijos esta semana. Así que ve a crianzareverente.com, busca episodio 203 y ahí vas a poder descargar una hoja que te va a ayudar a tener algunos devocionales familiares esta semana también. Que Dios te ayude a ser fiel en tu crianza en esta semana. Dios te bendiga.




