Categoría: Vida familiar

Ep 204: Mansedumbre: fuerza humilde sometida a Dios, con Mateo Bixby

October 28, 2025

En un mundo violento y egocéntrico, deseamos criar hijos fuertes que se defiendan solos. Pero ¿cuál es la fuente de verdadera fuerza que Dios puede usar para Su gloria? Tenemos que andar en el Espíritu y guiar a nuestros hijos a someter su fuerza al Señor en humildad, para ser instrumentos de su gracia en la vida de otros. No te pierdas este importante episodio para tu hogar.

 

RECURSOS ADICIONALES

 

Hoja de ayuda para devocionales familiares

¿Qué es la mansedumbre bíblica? “Es imitar la humildad tierna de Cristo, manteniendo la fuerza bajo el control del Espíritu Santo”.  – Mateo Bixby

Día 1: Lee Mateo 5:5 y Salmo 147:6

  1. ¿Qué haces cuando alguien te está incitando a pecar o te está provocando? ¿Cómo respondes cuando alguien peca contra ti? 
  2. ¿Cuál es la respuesta de Dios al que mantiene su fuerza bajo control? En contraste, ¿qué hace con aquellos que actúan bajo sus deseos?

Día 2: Lee Números 12:1-3 & 13, y Mateo 11:28-30

  1. Cuando alguien habla contra ti o te ataca, ¿te defiendes porque tú tienes razón o, como Moisés, esperas y confías en el control de Dios sobre la situación?
  2. Reflexionen sobre las palabras de Jesús: ¿Qué nos invita Jesús a hacer? ¿Cómo es la mansedumbre de Jesús? ¿Se parece a la definición bíblica de mansedumbre aquí arriba?

Día 3: Lee Gálatas 6:1-2 y Efesios 4:2

  1. ¿Qué haces cuando tu hermano(a) peca y tú no? ¿Lo desprecias o buscas su bien? ¿Cómo respondería Jesús a esta situación a la luz de lo que vimos en el día 2 (vuelve a leer Mateo 11:28-30)?
  2. ¿Cuál es tu actitud cuando alguien peca contra ti constantemente? ¿Lo soportas en amor y con toda mansedumbre? 

Texto de la semana para memorizar:

  • Mateo 5:5 – Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.  

ADORA, ORA, EXAMÍNATE:

ADORA: Gracias Padre porque a pesar de pecar contra ti una y otra vez, me muestras mansedumbre al buscar mi bien.

ORA: Señor, ayúdame a imitarte, a responder con mansedumbre cuando pecan contra mí y soportarlo con paciencia y amor.

EXAMÍNATE: 

  1. ¿Eres una gelatina, un puercoespín o una almohada de quiropráctico?
  2. ¿Te caracterizas por atropellar a las personas a tu alrededor o imitas la mansedumbre?
  3. ¿Estás cansado de luchar por tus derechos y deseos?

El Ejemplo de Cristo: 

  • Mateo 11:29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

 

Transcripción:

Susi: ¿Qué te emociona más sobre ser papá o mamá? Seguramente piensas en cuánto amas a tus hijos, en lo bien que se la pasan en familia, o incluso en el hecho de que tener hijos probablemente signifique que un día serás abuelo o abuela. No sé en qué piensas, pero me imagino que no pensaste en: ¡me emociona cuánto Dios me está santificando por medio de la crianza!

La verdad es que ser santificado no es un proceso fácil ni emocionante, muchas veces. Pero como hemos estado viendo en nuestra serie sobre el fruto del Espíritu, la paternidad y maternidad contribuye bastante a revelar las obras de la carne que aún están presentes en nuestra vida. 

Hoy estamos de regreso con Mateo para hablar del siguiente fruto del Espíritu, que Mateo dice que le hace pensar en un camión sin frenos. Explícanos, Mateo, ¿por qué piensas en un camión sin frenos cuando estudias el fruto que nos toca hablar hoy?

Mateo: Hace unas semanas veníamos por la autopista de Saltillo a Monterrey. Pasas entre las montañas, y conforme vas avanzando, de repente ves una línea roja pintada sobre la carretera con una señal que dice: “Vehículos sin frenos sigan la línea roja”. Un camión que no tiene frenos, que han fallado los frenos, puede ir a una rampa de emergencia para salir ahí, y no estrellarse contra la montaña o algo así. 

Pensaba acerca de la mansedumbre, y cómo muchas veces las personas pueden ser como un camión sin frenos. Imagínate venir por la carretera, y de repente un camión atrás tuya que viene sin frenos.

Susi: Viene pitando, y tú en tu carrito…

Mateo: Sí. Te puede arrollar, y puede haber un grave accidente, ¿no? Y creo que a veces sí encontramos a personas que son así. A veces quizás nosotros también podemos luchar con esa tendencia de simplemente arrollar a las personas que están a nuestro alrededor, y terminamos lastimando y dañando a esas personas. Creo que la mansedumbre nos habla de algo muy diferente. Nos habla de lo opuesto de esa persona que no tiene frenos.

Susi: Obviamente, estamos estudiando el fruto del Espíritu en Gálatas 5; ya llevamos bastantes episodios, y ya vamos a llegar al final de la lista del fruto del Espíritu. Pero en ese pasaje, Gálatas 5 también habla de las obras de la carne. Cuando leemos la lista de las obras de la carne, ahí sí vemos lo opuesto a la mansedumbre.

Mateo: Sí. Cuando leemos esto, parece que es un camión sin frenos. Estamos hablando de que las obras de la carne son (esto es Gálatas 5:19–21): “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas”. Eso sí parece una persona completamente fuera de control, una persona fuera de control que está decidida a lograr lo que quiere, no importa si tiene que lastimar a otras personas. Obviamente eso no es el fruto del Espíritu.

Susi: Y obviamente estamos haciendo esta serie porque creemos que todos los creyentes somos llamados a andar en el Espíritu. Recuérdanos por si alguien nuevo está llegando a nuestra serie, ¿qué es andar en el Espíritu?

Mateo: Andar en el Espíritu significa (esta es la definición que hemos dado): someterte al Espíritu, lo que producirá el fruto del Espíritu, pero es en el poder del Espíritu Santo, que viene por la comunión con el Espíritu. No es en nuestras fuerzas. Tiene que venir de nuestra relación personal con Dios y nuestra dependencia del Espíritu de Dios. Pero sí tiene que producir una diferencia práctica en nuestra vida también.

Susi: Yo me imagino que los padres que están escuchando dirían: “No, yo no soy un camión sin frenos”, ¿verdad?

Mateo: Sí. Es muy impactante esa imagen mental.

Susi: Pero sí creo que pudiera existir. Pensemos; ayúdanos a pensar un momento: ¿cómo se vería, o cómo yo podría saber si quizás a veces tengo una falta de mansedumbre?

Mateo: Creo que lo podemos ver en dos aspectos principales. Primero, hay algunos padres que no saben ni cómo pasó ni qué pasó, pero de repente todo el mundo está enojado. De repente sus hijos están lastimados, su esposo, su esposa, está lastimado, lastimada, y dicen: “¿Qué pasó? No sé qué pasó”. No fue su intención; no lo hizo adrede. Pero de repente, lastimó a otras personas. Y quizás hay algunos que pueden escuchar eso y decir: “Sí, es eso”. 

Susi: Eso me pasa a mí, sí.

Mateo: Creo que también hay otros padres del otro lado de la ecuación que saben muy bien lo que hacen. Simplemente se enojan. Explotan. En general no quieren lastimar a nadie, pero hay ciertos momentos donde se salen de control: les fallan los frenos. Entonces atacan, lastiman, dañan a todas las personas a su alrededor. Puede haber incluso padres que lo hacen como forma de estrategia, de manipulación: si yo exploto, mis hijos me van a dejar en paz, y voy a estar tranquilo.

Susi: Mi esposa va a hacer, o mi esposo va a hacer, lo que yo quiero.

Mateo: Sí, y eso claramente es una falta de mansedumbre también, de acuerdo a la Palabra de Dios.

Susi: Esto es algo grave. En un hogar cristiano donde deseamos criar a nuestros hijos en la instrucción y disciplina del Señor, eso no funciona. No va a lograr nunca las metas que el Señor tiene.

Mateo: No, pero lo bonito es que sí podemos tener el poder del Espíritu para producir el fruto de mansedumbre en nuestra vida. Podemos tener esperanza. Si quizás alguien está escuchando y dice: “Yo me identifico con ese camión sin frenos. No es normal, pero a veces sí pasa”. Pues aquí hay la enseñanza de la Palabra de Dios, que nos puede ayudar a cultivar y dar un fruto que ya no es el fruto amargo de la carne, sino el dulce fruto del Espíritu de Dios.

Susi: Amén. Entonces aquí estamos los padres. Sabemos que debemos tener comunión con el Padre, con el Espíritu, para poder ser controlados por el Espíritu. Pero ayúdanos con esta cualidad específicamente. ¿Qué es esta mansedumbre, bíblicamente? Porque podemos tener muchas ideas, pero ¿qué es?

Mateo: En la Biblia, la mansedumbre es una cualidad de apacibilidad, de humildad, de dulzura. Es curioso porque esta palabra, en el griego clásico, antes de la época del Nuevo Testamento, anterior a eso, significaba algo suave. Por ejemplo, una suave brisa, una voz suave, algo que era agradable para las personas. Incluso en alguna ocasión la palabra puede significar caricia

El concepto de mansedumbre es como una caricia. Creo que nosotros deberíamos de ser caracterizados por esa apacibilidad, dulzura, suavidad. Pensaba que las personas cuando interactúan con nosotros, ¿sienten que les hemos dado una caricia, o una bofetada a veces? En la casa muchas veces es donde eso sale más—con los hijos.

Susi: Entre los esposos podemos terminar el día sintiendo que hemos recibido y que hemos dado varias cachetadas, bofetadas.

Mateo: Sí, en vez de caricias. Pero debería ser que reflejamos a Jesucristo, porque Cristo era así. Cristo dijo en Mateo 11:29: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Creo que muchos de nosotros queremos descanso para nuestras almas. Queremos una casa donde hay descanso, donde no es conflicto, problema, pleitos.

Susi: Un refugio.

Mateo: Bueno, la mansedumbre es uno de los caminos a encontrar esa paz. Tenemos que sentarnos a los pies de Cristo y aprender de él esa mansedumbre, esa humildad. Es uno de los caminos que Dios nos da para tener esa paz que solo Cristo trae.

Susi: Entonces la mansedumbre es esta apacibilidad, esta humildad y dulzura. ¿Es una actitud nada más? 

Mateo: Comienza con una actitud, con esa actitud amable, humilde, tierna. Pero lo curioso es que cuando estuve estudiando los pasajes que hablan de mansedumbre en la Biblia, noté que muchas veces la mansedumbre también aparece en el contexto de una situación adversa, usualmente en el contexto de maltrato o de injusticia. Es el contexto donde alguien te ha tratado a ti de una manera incorrecta, y en vez de reaccionar como pudiera reaccionar, respondes con una actitud humilde, tierna, apacible. Es frente al maltrato. 

Encontramos esto en Mateo, capítulo 5, donde nos dice en las bienaventuranzas—el versículo 5 dice: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Pero unos versículos más adelante, nos va a decir que esas personas son personas que son perseguidas por Jesucristo, por el nombre de Cristo, y aun así no actúan como pudieran, como sería lógico. No responden al mal con el mal. Esas son las obras de la carne, y eso es muy natural para todos nosotros. Creo que nosotros cuando nos maltratan, ¿cómo queremos responder? También con maltrato. Pero no respondemos de esa forma. Respondemos de otra forma.

Creo que eso nos lleva a un concepto que muchas personas—si has estado en la iglesia en alguna ocasión y has escuchado una enseñanza sobre la mansedumbre, creo que nos lleva al tercer concepto. Es esa actitud de dulzura, de apacibilidad en un contexto de maltrato. Pero también para responder así, tienes que tener tu fuerza bajo control.

Susi: Sí, esa es la definición típica cristiana de la mansedumbre. Y me gusta porque me gusta sentir que soy fuerte, pero lo tengo bajo control. Pero lo de la humildad y todo eso no me gusta tanto.

Mateo: Bueno, comparando la definición que muchas veces tenemos en la iglesia con la que tenemos fuera de la iglesia, muchas veces fuera de la iglesia piensas en alguien manso, y lo vemos como algo negativo, porque es una persona débil, que no tiene personalidad, que no tiene un carácter, que todos los demás lo atropellan. Lo vemos como algo casi negativo muchas veces.

Pero creo que a veces, como cristianos, corremos demasiado rápido al concepto de fuerza bajo control sin pasar más tiempo en la esencia de la mansedumbre, que es esa ternura, esa dulzura, esa humildad, apacibilidad. Eso es lo que deberíamos de tener en mente con mansedumbre. Ahora, no queremos ir al extremo entonces de pensar: pues entonces no puedo tener personalidad, no puedo tener carácter, no puedo tener pasión, no puedo hablar con energía. 

En este contexto es donde muchas veces se usa la ilustración de un caballo, de un caballo que puede ser algo increíblemente potente, poderoso, destructivo. En el mundo antiguo se usaba un caballo como un arma de guerra. Atacaban a las tropas enemigas, y el caballo mismo podía arrollar a personas, otros soldados. Era algo increíblemente poderoso. Imagínate un caballo que no ha sido adiestrado. Te puedes acercar y te puede dar una coz, puede brincar, te puede matar, literalmente. 

Pero un caballo que ha sido adiestrado—tú puedes poner a niños al lado de un caballo adiestrado. De hecho, una vez vi un video de niños con necesidades especiales y los ponían al lado como terapia. Los ponían al lado de caballos, y cuando se acercaba el niño, el caballo estaba completamente tieso. No se movía. El niño lo podía agarrar, podía agarrarle la pierna, abrazar, sin ningún peligro. ¿Por qué? Porque había sido adiestrado.

Creo que esa es la imagen de fuerza bajo control. Así deberíamos de ser nosotros—tener esa fuerza bajo control, donde no estamos destrozando ni lastimando a otras personas. Pensamos un poquito en cuanto a la crianza. Como padres deberíamos de estar buscando que nuestros hijos estén bajo control. Eso les va a permitir prepararse para el fruto del Espíritu de mansedumbre. Tristemente lo vemos muy a menudo en nuestra sociedad que los niños no están bajo control.

Susi: No está de moda tener niños bajo control.

Mateo: No. Incluso lo consideramos algún tipo de opresión o de maltrato al niño si los tenemos bajo control. Pero todo ser humano debe estar bajo control; los niños también. Como padres cristianos, deberíamos estar cultivando esto. Y no es ser mejor padre, no es ser un padre amoroso, cuando tú permites que tus hijos corran por la vida como caballos que no han sido adiestrados, en el buen sentido de la palabra, o como esos camiones que no tienen frenos, que están arrollando a toda la familia y a todos los demás a su alrededor porque no tienen esos frenos, no tienen ese control que Dios quiere que el ser humano tenga, y especialmente el creyente debería de cultivar.

Susi: La disciplina bíblica, la disciplina que se debe ejercer en el hogar, donde entrenamos a nuestros hijos a no seguir todos sus impulsos, eso es prepararte para producir el fruto del Espíritu de mansedumbre una vez que seas salvo. No creamos la mentira—bueno, hay varias mentiras ahí—pero no creamos la mentira de que yo no puedo esperar nada de mis hijos antes de que sean salvos. Podemos entrenarlos, disciplinándolos como la Biblia nos llama a hacer, y eso los prepara. 

Otra mentira que creo que tenemos que mencionar es todas las filosofías y corrientes de crianza hoy en día que hablan de que tienes que respetar a tu hijo, y si tú impones tu voluntad sobre tu hijo, le estás faltando el respeto como persona. Es antibíblico porque todos necesitamos someternos a la voluntad de alguien más alto que nosotros. Si yo someto, en el buen sentido, a mi hijo, le enseño sumisión, le estoy preparando también para someterse a Dios y producir el fruto del Espíritu de mansedumbre.

Mateo: Es muy engañoso porque por supuesto queremos respetar a nuestros hijos en el sentido correcto de la palabra. Por supuesto que no queremos imponer sobre nuestros hijos en el sentido incorrecto de la palabra. Pero la tendencia sin duda el día de hoy es a rechazar cualquier tipo de autoridad, de ejercicio de autoridad en la vida de nuestros hijos. 

La Biblia no enseña eso. De hecho, estamos lastimando, como dijiste, a nuestros hijos, porque no les estamos preparando. No estamos dando las herramientas que necesitan para hacer lo que Dios quiere de ellos en áreas como poder mostrar mansedumbre, estar bajo control. Y creo que muchas veces no lo hacemos también porque nosotros como padres no estamos bajo control. 

Estaba viendo una encuesta, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición que realiza el Instituto Nacional de Salud Pública de México, y los resultados del año 2022 dicen que el 55.5% de niños y niñas y adolescentes entre 1 y 14 años en México sufren algún tipo de violencia en el hogar. 55%.

Susi: Guau. Más de la mitad. 

Mateo: Más de la mitad. Ahora, seguramente hay algunas cosas que ellos incluyen dentro de violencia que nosotros no incluiríamos, como disciplina corporal bíblica. ¿Pero cuántos de esos niños realmente están recibiendo disciplina corporal bíblica que está bajo control?

Susi: Muy pocos.

Mateo: Sí, muy pocos. La gran mayoría están recibiendo una disciplina que es violencia realmente, incluso, me atrevería a decir, en familias cristianas con padres cristianos.

Susi: Violencia verbal es común en las familias cristianas.

Mateo: Disciplina corporal fuera de control, ejercida con una ira descontrolada, antibíblica. Eso sucede dentro del hogar. Por supuesto que nosotros rechazamos siempre ese tipo de ejercicio de disciplina. Eso es pecado. Eso no lo justificamos nunca. Pero sin duda es un problema muy, muy grande en nuestro mundo, cómo los padres ejercemos nuestra autoridad, y cómo nosotros muchas veces estamos fuera de control porque no somos mansos como la Palabra de Dios dice aquí.

Susi: Guau. Esto es un problema. Es un problema serio. Y a lo mejor hay muchos estudios por ahí que podríamos consultar. No creo que haya duda de que esto es un problema grande en nuestra sociedad.

Mateo: Sí, es un grave problema. Quizás para entenderlo mejor podemos ver tres ejemplos muy simples, tres metáforas. Estaba pensando que algunas personas son como un puercoespín. Todos los conocemos, ¿verdad? Tienen esas púas que de repente se erizan. Algunas personas somos así. Constantemente tenemos las púas erizadas. O, si no las tenemos constantemente erizadas, las personas a nuestro alrededor tienen que tener mucho cuidado porque en cualquier momento ¡pum! Se eriza. Dios no quiere que seamos así. Eso no es mansedumbre. 

Ahora, del otro lado, a veces pensamos que la mansedumbre es ser una gelatina, una gelatina amorfa donde no tienes fuerza, no tienes estabilidad, donde le pones el dedo el dedo se hunde en la gelatina. Eso tampoco es la mansedumbre bíblica. La mansedumbre bíblica es fuerza bajo control, pero se evidencia normalmente con esa actitud de apacibilidad, de ternura.

Susi: Suavidad, la caricia que mencionaste. 

Mateo: La caricia, sí. Quizás la mejor ilustración que se me vino a la mente es la de una almohada. Pero no una almohada de esas baratas que a veces tienes en los hoteles, donde se te va la cabeza hasta el colchón, sino una de esas almohadas caras quiroprácticas que tienen cierta forma que se acomoda a tu cuello. Esas almohadas te pueden ayudar: son suaves, pero también te dan el soporte, el apoyo que necesita tu cuello. Incluso te puede ayudar a acomodar las vértebras y tener mejor salud en tu columna.

Susi: No ceden a la presión demasiado. Tienen como esa firmeza perfecta.

Mateo: Creo que esa es una buena ilustración de la mansedumbre. Sí hay suavidad, pero también hay firmeza. Combina las dos cosas. Y lo bueno es que no lastima como el puercoespín, sino que de hecho puede ayudar a sanar. Creo que la mansedumbre que nosotros deberíamos de tener sería más como esa almohada. 

Y Cristo es el ejemplo perfecto de esto. Cristo vino; él dijo—ya lo hemos citado, Mateo 11: “Soy manso y humilde de corazón”. Nos invita a venir a él para conocer esa mansedumbre. Es curioso porque eso es Mateo, capítulo 11. Al inicio del capítulo aparece Juan el Bautista, que es la voz que clama en el desierto. Es familiar de Jesucristo. Pero Juan el Bautista mismo está cuestionando a Jesús. 

Sería lógico para cualquiera de nosotros sentir molestia, enojarnos: ¿Cómo te atreves? Tú tienes el Espíritu de Dios. Tú viste el Espíritu de Dios bajando sobre mí. Tú has recibido revelación divina. Somos familiares. ¡Tú deberías de confiar en mí! Pudiera ser muy fácil que él respondiera con enojo, con molestia. Pero no responde así. Responde de una manera muy dulce, tratando las dudas que Juan tenía. 

Luego los judíos tampoco habían escuchado. No habían escuchado a Juan; no habían escuchado a los profetas antes de Juan; no habían escuchado a Jesús; no habían creído los milagros que Jesús había hecho. Él fácilmente pudiera haberse enojado con ellos: ¿Por qué no me reconocen como el Mesías? ¿Por qué no aceptan que yo soy el rey, que soy el hijo de David? ¡No entiendo! Pero ¿qué hace? Responde mansamente, humildemente. Los invita a que ellos vengan a él y aprendan de Jesucristo. 

Cristo muestra esta clase de mansedumbre una y otra vez. Una vez recuerdo que los samaritanos no querían seguir a Jesucristo, y sus discípulos dicen: “¡Señor, vamos a mandar fuego del cielo!” Jesucristo dice: “No, yo no vine para que las almas se perdiesen, sino aquí yo vine para salvar a las almas” (Luc 9:56). 

Recuerdo otra ocasión cuando Jesucristo lava los pies sucios de sus discípulos. Siendo el maestro, lava sus pies. Y no solamente lava sus pies; lava los pies de Judas, que él ya sabía que Judas había tramado para entregarlo. Aun así, lava sus pies. Eso es mansedumbre, esa humildad, esa caricia. Le acaricia los pies en cierta manera.

Susi: Teniendo el poder para destruirlo en ese momento.

Mateo: Claro.

Susi: ¡Qué imagen para nosotros como padres! Normalmente los padres, hasta que los hijos crezcan muy grandes, tenemos más poder. Cuando están chiquitos tenemos más poder físico. Tenemos poder emocional de manipularlos. Somos más poderosos. Pero si queremos imitar a Cristo es controlar ese poder y usarlo para acariciar, para bendecir, para modelar, enseñar.

Mateo: Ahora, recordemos que Cristo no era una gelatina amorfa.

Susi: No era puuuuro amor tierno.

Mateo: También Jesucristo, el que es manso y humilde del corazón, entra al templo, hace un azote, vuelca mesas y echa a los cambistas. Y eso lo hizo en perfecta mansedumbre. Ahora, no es el cuadro que nosotros tenemos de esa persona gelatina amorfa que no tiene personalidad y carácter. De hecho, encontramos eso en muchas ocasiones en la Palabra de Dios. Creo que a veces tenemos una noción incorrecta de qué es un carácter cristiano: que es puro amor, pura gelatina.

Susi: Nunca hay ninguna ira o reacción, palabras fuertes.

Mateo: Sí. Pero eso no es bíblico. Moisés, el hombre más manso de la tierra, ardió de ira, dice, cuando bajó del monte y rompió las tablas de piedra que Dios había escrito. Porque ellos estaban quebrantando, rompiendo, la ley de Dios. Él arde de ira. Y él es el hombre que Dios mismo dice que es el más manso de la tierra en ese momento. 

En otra ocasión, recuerdo a Nehemías cuando se da cuenta que se han estado casando con personas que no son de los judíos de Israel. Dice en Nehemías 13:25: “Y reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos”. Ahora, ¡no estoy necesariamente recomendando eso! Pero hay una respuesta enérgica contra el pecado.

Susi: A la maldad.

Mateo: Sí. Pablo confronta a Pedro públicamente. Entonces, otra vez, no podemos llegar a la idea de que la mansedumbre no está en el carácter, y es simplemente pasar por alto todo. No. La mansedumbre actúa. Es fuerza también, bajo control. Fuerza bajo control. Actúa contra el pecado. Por eso también necesitamos el Espíritu Santo. Porque esa línea es muy delgada entre airarme, y airarme y no pecar. Hay una ira pecaminosa y hay una ira que es correcta.

Susi: O sea, la obra de la carne, y la obra del Espíritu.

Mateo: Sí. Y seguramente nunca ninguno de nosotros va a ser perfecto en este aspecto, pero sí tenemos que estar sometidos al Espíritu y producir el fruto del Espíritu de la mansedumbre, que es esa caricia, y la mansedumbre que es esa firmeza y que responde enérgicamente al pecado. Todo eso va de la mano de esta obra del Espíritu Santo en nosotros, que es el fruto de mansedumbre.

Susi: Guau. Sí. Es un gran reto para nosotros como padres. Entonces tengo que vivir una vida de mansedumbre en mi casa, en mi familia—claro, con otros—porque tenemos que vivir igual en casa que en otros lados. Nuestros hijos tienen que ver una congruencia. Entendemos que tenemos que estar bajo el control del Espíritu Santo, en comunión con él. Pero ¿cuáles serían algunas cosas, quizás indicaciones, de que no estamos practicando mansedumbre—alertas, señales de alerta?

Mateo: Una muy obvia sería ser abusivos. Cuando estamos siendo abusivos en la casa con personas que están bajo nuestra autoridad—puede ser abuso sexual, quizás abuso físico, emocional, verbal—todo eso indicaría, obviamente, no ser manso. Porque el manso está bajo control. Está buscando el bien de otras personas.

Quizás la arrogancia: hay padres que siempre tienen la razón. Nunca se equivocan. Nunca les puedes cuestionar. Bueno, si tú eres una persona arrogante, probablemente no eres manso. 

Una persona conflictiva: siempre en discusiones, siempre en pleitos, siempre en conflictos. También piensa en cómo ejerces la autoridad. ¿Eres autoritario? ¿Eres impositivo? Ahora, eres autoridad, pero hay una forma de ejercer la autoridad que es amorosa, firme, almohada—almohada ortopédica. Pero no es autoritarismo impositivo como los gobernantes de este mundo que ejercen señorío y autoridad. Pregúntate. Quizás, padre, madre, pregúntale a tu esposo, tu esposa, o quizás a tus hijos si tienen cierta edad, cómo ejerces tu autoridad.

La venganza: dentro de los pasajes que hablan de la mansedumbre, la venganza aparece en muchas ocasiones. Me han tratado injustamente (recuerda ese contexto de injusticia y maltrato), pero no respondo yo, sino permito que Dios ejerza la venganza, porque “mía es la venganza; yo pagaré, dice Jehová” (Rom 12:19).

Susi: Esto entonces aplica bastante también a cómo estamos enseñando a nuestros hijos a tener mansedumbre, o por lo menos a aprender las cualidades de la mansedumbre. Porque muchos niños, lo natural es: me pegó; le pego; me hizo esto…. Y a veces los padres animamos eso en lugar de enseñar a nuestros hijos cómo Cristo responde, cómo tenemos que imitar a Cristo en eso.

Mateo: Una cosa más que es más sutil, pero es la idea de alejarnos. La ley del silencio: tú me maltrataste; no exploto. Pienso que estoy siendo muy manso porque no exploto, pero yo me retiro. Me alejo de la persona. Realmente es un acto de falta de mansedumbre, porque no estoy buscando el bien de otra persona. No estoy respondiendo con ternura, dulzura, sino es distanciamiento que viene de resentimiento. Eso tenemos que evitarlo.

Susi: A veces ese distanciamiento viene siendo una manipulación emocional. Estoy usando mi poder, digamos emocional, que siento tener sobre esa persona, sea mi hijo o mi cónyuge, y es mi forma de ser casi violenta emocionalmente. No es tan obvio porque pues me estoy alejando. ¿Cuáles serían algunas cosas positivas que deberíamos de buscar para vivir la mansedumbre?

Mateo: Creo que una persona humilde y mansa tendría una actitud de aprendiz. No lo sé todo. No hay una arrogancia que le caracteriza. No es una persona conflictiva; es pacificadora. Y no está ejerciendo su autoridad para su propio beneficio, sino que está buscando servir. El manso sirve a otras personas.

Susi: Eso yo creo que es clave también para los padres. Muchas veces nuestro enojo ante una situación donde nuestro hijo ha pecado…ha pecado, pero nuestro enojo se centra en nosotros. ¿Qué inconveniencia me causó a mí por su pecado? O, a mí me rompió, o me dañó algo que yo valoro, o cualquier cosa. Nos estamos poniendo en el centro. Nuestra ira, nuestro enojo, no tiene nada que ver realmente con la condición pecaminosa de nuestro hijo, sino por la inconveniencia que nos causó a nosotros.

Mateo: Sí. Entonces ahí esperamos en Dios. No buscamos venganza o algo para nosotros. Esperamos en Dios; dejamos que Dios actúe. Pero no alejándonos. No es esa distancia, ese distanciamiento: pues aquí yo estoy esperando hasta que Dios mande el rayo y caiga del cielo y lo juzgue. No, yo me acerco. Yo amo. Soy dulce, tierno con esa persona.

Susi: Acercarnos, yo creo, a nuestros hijos cuando son pecadores, cuando estamos hartos de ellos, de sus actitudes, de su desobediencia, de su pecado, siempre tenemos que regresar a Cristo, y decir: Cristo a mí me vio así, y me extendió esa misericordia. Puso su propio poder bajo control para poder salvarme a mí. Eso siempre tiene que ser nuestra actitud.

Mateo: Creo que así pudiéramos resumirlo, ¿no? La mansedumbre es imitar esa humildad tierna de Cristo, manteniendo esa fuerza bajo control del Espíritu Santo.

Susi: Amén. Bueno, que Dios nos ayude. Que Dios nos ayude, porque esto no es fácil para nada.

Mateo: Para nada.

Susi: Un reto muy, muy grande en la crianza, en el matrimonio, el trato en la iglesia, en todos los ámbitos de la vida cristiana. Bueno, hay mucho más que se pudiera decir sobre este tema, pero nuestro tiempo se ha acabado. 

Queremos animarte a que sigas estudiando este pasaje, Gálatas 5. También te recordamos que si vas a crianzareverente.com, y vas al episodio que estamos viendo aquí, el episodio 204, vas a poder descargar una hoja de ayuda para tener devocionales familiares esta semana con algunos de estos pasajes que Mateo ya nos mencionó. Pero ahí te lo ponemos bien fácil. Te ponemos los pasajes y dos o tres preguntas que pueden hacer ahí en familia para discutir este tema. 

Gracias por seguirnos. Estamos muy agradecidos al Señor por la obra que él está haciendo en familias. Algunos nos han escrito; nos han compartido. Sigue adelante. No te desanimes, y sé fiel al Señor en tu crianza esta semana. Bendiciones.

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Autores

  • Susi es la fundadora de Crianza Reverente y anfitriona del podcast, mamá de tres adultos jóvenes, y esposa de Mateo Bixby, uno de los pastores de Iglesia Bautista la Gracia en Juarez, NL, México.

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  • Nació y creció en España, de padres americanos misioneros. Estudió en Estados Unidos y está trabajando en su doctorado. Lleva más de 20 años viviendo en Monterrey, México, junto con su esposa Susan, con quien crió tres hijos: Aarón, Ana y David. Es pastor fundador de la Iglesia Bautista La Gracia en Juárez, Nuevo León, Mexico.

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