A algunos nos criaron a comer lo que mamá sirve en el plato. A otros, nuestras mamás nos consintieron preparando hasta tres o cuatro platillos diferentes para agradar los gustos de cada miembro de la familia. La verdad es que hoy en día muchos niños pequeños se vuelven quisquillosos, o “picky eaters”. ¿Hay principios bíblicos que nos ayuden con este tema? ¿Hasta qué punto tiene voz el pediatra en este asunto? ¡Esta conversación con una mamá pediatra con mucha experiencia te puede ayudar!
Transcripción:
Susi: Hay muchos temas de la vida cristiana y de la crianza que nos pueden tener un poco confusos, o dejándonos muchas preguntas, o que simplemente podemos, sin querer, dejarlos fuera de nuestra vida espiritual, familiar. Así que hoy queremos hablar de un tema súper interesante. Para poder hablar de esto tengo aquí a mi amiga Estela. Es pediatra, doctora, aunque no por eso la conozco; ya mis hijos estaban grandes cuando conocimos a Estela.
Estela, gracias por aceptar estar aquí en el podcast. Estela es pediatra—Estela Zamudio. Es pediatra de varios niños de mi iglesia: la pediatra favorita. Estela, cuéntanos un poquito de ti. ¿Cuántos años tienes en tu profesión? También, ¿estás casada? ¿Tienes hijos? Cuéntanos.
Estela: Bueno, gracias, Susy, por esta oportunidad. La verdad, es muy bonito poder estar aquí platicando contigo acerca de esto que es súper importante para los papás. Yo soy esposa de pastor.
Susi: Desde hace ¿un año?
Estela: Sí, la plantación tiene apenas unos meses, pero ya en el ministerio mi esposo, más de 15 años. Y soy pediatra de más de 13 años, y mamá de ya cuatro recién estrenada; tengo un bebé de cuatro meses, tengo otro chiquito de ocho, uno de once y uno de catorce. Así que tenemos todas las etapas.
Susi: Sí. Estás criando adolescentes, primarios, párvulos—bueno, párvulos no tanto—y bebé. Muy bien, gracias por tomar el tiempo de tu horario, me imagino, bastante lleno tu agenda, con la familia, la iglesia y tu profesión. Quería invitarte a participar—de hecho, no he hablado de este tema antes en este podcast por falta de con quién hablarlo. Porque realmente como eres pediatra, y también te conozco como una persona que ama la Palabra de Dios; eres maestra de la Palabra de Dios; colaboras bastante en el ministerio—eso era lo que buscaba.
Porque como nuestros oyentes saben, nosotros tenemos la filosofía aquí en Crianza Reverente que todo en la vida de la crianza debe tener una cosmovisión bíblica. Se puede tener una cosmovisión bíblica sobre la alimentación, especialmente en la vida de niños pequeños mientras van comenzando.
A lo largo de los años nos escriben y nos hacen preguntas o sugerencias de temas, pero hace poco, en este último año más que nada, varias mujeres ya más maduras me han expresado su preocupación por una tendencia que ven en la generación más joven de padres. Siempre las ancianas estamos así: “¡Ay! Así no lo hicimos”. Pero la verdad es que a veces las que estamos un poco más adelante en la carrera de la crianza vemos tendencias que nos preocupan, y esto es de que los padres jóvenes, algunos están criando niños muy “picky”, como decimos, quisquillosos, de que solo comen lo que ellos quieren.
Creo que esto tiene varios factores y repercusiones, pero lo veo como una muy buena oportunidad para considerar un asunto tan práctico a la luz de los principios bíblicos, tomando en cuenta, obviamente, el lado físico y médico.
Entonces, primera pregunta para ti: como pediatra, ¿cómo explicas esta tendencia, estos cambios que hemos visto, de generaciones como mis padres? Ellos decían: “Vas a comer lo que está en tu plato, y le vas a dar gracias a Dios”, y ya. Así nos criaron. Pero ahora ya tenemos otras tendencias. ¿A qué se deben estos cambios?
Estela: Creo que mucho tiene que ver la información que reciben los papás. Pueden caer tanto en este autoritarismo de: “Te comes o te comes”, o a todo lo contrario, de la permisividad. Esta pregunta es muy importante porque sí hay cuestiones fisiológicas, biológicas, que pueden hacer que un niño sea más selectivo en cierta etapa de la vida.
Pero no por eso significa que yo como papá necesariamente voy a acceder a eso. Porque, al fin y al cabo, como Dios diseñó a la familia, es que los padres tengan la autoridad para poder presentarle al niño los alimentos en la manera en que él lo indicó. Entonces, por un lado, sí hay una explicación completamente normal del desarrollo: entre el año y los cinco años, muchos niños se vuelven selectivos y comen menos. ¿Por qué? Porque necesitan comer menos porque crecen más lentos.
A partir del año de edad la velocidad de crecimiento baja. Entonces yo no voy a esperar que el niño coma lo mismo, de las mismas porciones, que un adulto puede comer. Sí es importante que como papás sepan eso, porque luego quieren que coman la misma porción que a lo mejor están comiendo los papás. Para empezar, eso no se puede porque son niños. Ese es un desarrollo normal, por así decirlo.
A eso se le llama también (que el niño pueda estar un poquito más selectivo) una neofobia, que es cuando el niño está presente ante un alimento nuevo, y a lo mejor el niño lo puede rechazar. Pero mi responsabilidad como papá no es: “Bueno, ya no lo quiso; ya no se lo presento. Ya no lo doy”. No. Al contrario, debo de seguirlo presentando y seguirlo presentando y seguirlo presentando, la literatura médica dice hasta 10 a 15 veces, para que el niño pueda empezar a aceptar ese tipo de alimento. Hay que ser constantes en ese aspecto.
También, obviamente, el factor ambiente es súper importante. ¿Por qué? Porque ahorita hay muchas distracciones. A veces comen con pantallas, que no es lo ideal, por ejemplo. O tienen menos estructura. Los niños tienen menos estructura; hay menos rutina por parte de los papás, y eso obviamente afecta. Entonces sí hay una cuestión del desarrollo normal, pero el ambiente tiene mucho que ver. Y obviamente ahí en el ambiente es donde los papás tienen que influir.
Susi: Me hace pensar en todas las diferencias entre una o dos generaciones previas, donde la vida era bastante disciplinada, estructurada, y era normal que un niño muy chiquito aprendiera a hacer ciertas cosas en la casa. Y no sé—era un ambiente diferente. Ahora ya es mucho más que el niño haga lo que quiera, se despierta cuando quiera…
Creo que todo eso es parte del paquete. Es un cambio de filosofía. Y no estoy diciendo que nuestros abuelitos y los que vivían en el campo y despertaban a todos a las 5:00 de la mañana, no estoy diciendo que eso era la manera perfecta y ahora todos estamos mal. Simplemente hay que comprender que ha habido un cambio de filosofía.
Quizás podemos hablar unos momentos de algunas cosas como el “baby led weaning”. Para la persona que no habla inglés, no sé si hay un término exacto en español.
Estela: Es autoalimentación. Bueno, la manera correcta, desde el punto de vista pediátrico se le llama autoalimentación, o que el niño hace la autoalimentación.
Susi: Sí, el problema es que ese término en inglés dice “alimentación guiada por el niño” o “desteto guiado por el niño”. Creo que es la traducción literal. Algunos que promueven esta filosofía dicen: “Lo que el niño quiera, y si no quiere, que no”. Así. Pero creo que tiene algunos lados positivos, me imagino. No estaba cuando mis hijos eran chiquititos, entonces no lo conocí en esos tiempos, pero hay otras filosofías como “crianza respetuosa”. Hay algunas filosofías que están afectando esta parte de la vida, de la alimentación.
Estela: Sí. Yo creo que ahí a veces el error que como papás podamos cometer es, aunque sí hay cosas buenas que puedan tener este tipo de filosofías, como es el respeto (al fin y al cabo, es el respeto a una persona que es a la imagen de Dios—tus hijos), pero no hay que confundir el respeto con la falta de autoridad, por ejemplo. Eso es súper importante. O con la falta de guía, porque es lo que los niños necesitan.
Yo siempre les digo a mis pacientes: “Los niños necesitan límites. Un niño que tiene límites es un niño que se siente seguro, y es un niño que va a obtener la capacidad de explorar mejor”. En el “baby led weaning”, o también otro término que es “BLISS” en español, es autoalimentación. Ahí lo que se hace es que le pones tú los alimentos al niño, y que el niño escoja. Pero al fin y al cabo es: el alimento lo prueba el papá. Yo voy a decidir qué cosas va a comer el niño, y el niño lo va a ir probando. Tiene sus riesgos.
Yo siempre les digo a los papás que este tipo de métodos tiene sus riesgos. ¿Qué ventajas tiene? O, ¿qué riesgos tiene también? Por ejemplo, ventajas tiene, que el niño puede explorar. Pero, así como puede explorar la alimentación, el niño puede explorar muchas otras cosas, no nada más la alimentación.
Susi: La exploración en sí es buena, bajo la autoridad de los padres.
Estela: Exactamente. Pero el riesgo a veces es que nada más juegan, y no comen, por ejemplo. Ahí es cuando nutricionalmente se pueden ver mermados en ese aspecto. Hay más—por ejemplo, niños que están alimentados con leche materna exclusiva que necesitan más hierro. A veces si estás con ese tipo de métodos y no te aseguras que tengan el hierro, pueden estar un poquito bajos en el hierro.
Por ejemplo, el método de papillas es muy bueno, pero también puede tener sus riesgos. Por ejemplo, si los papás no progresan texturas, el niño a veces se puede acostumbrar a puro puré. Ahí el riesgo es que el niño a lo mejor después, si la mamá tiene miedo, por ejemplo, que “no le quiero dar picadito” o “no le quiero dar así”, también tiene sus riesgos. ¿Por qué? Porque el niño se acostumbra a puro puré. Sensorialmente se puede ver luego que este niño se vuelve muy selectivo, muy quisquilloso por la cuestión sensorial.
Entonces sí hay que saber que hay “red flags” o “banderitas rojas” que como papás podemos, junto con tu pediatra, identificar, que sí puede haber cuestiones médicas. Por ejemplo, que un niño batalle para masticar, que no respire bien, que tenga alergias alimentarias. Sí hay cuestiones médicas que a veces pueden hacer que un niño sea más quisquilloso, más selectivo.
Digamos que hay una escalerita en la selectividad alimentaria. Una cosa es que sea quisquilloso, “picky eater”. Otra cosa es que haya ya selectividad alimentaria cuando el niño a veces hasta quiere vomitar en frente de un alimento, hasta ya un trastorno de alimentación.
Sí hay diferentes etapas, pero lo más común es que sea el desarrollo normal del niño, que va a pasar una etapa transitoria donde va a ser un poquito más selectivo con la comida. Eso es lo más común que vemos en la consulta. Ahí es donde la oportunidad del papá—tiene que ponerse firme. Lo tienes que seguir exponiendo a esta comida. Tienes que seguir presentándosela para que el niño pueda comer de todo.
Susi: Sí, aunque es un tema muy práctico, no se siente muy espiritual, ¿verdad? Pero yo te conozco como una persona que le gusta estudiar la Palabra. Entonces, seguramente ¿has pensado en principios bíblicos que puedan informar mi manejo como madre de este tema?
Estela: Sí. Por ejemplo, yo creo que la alimentación es como un discipulado, en el sentido de que, imagínate todas las oportunidades que tienes para sentarte con tus hijos todos los días. Es algo que tú estás ahí constantemente. Entonces son oportunidades donde puedes reflejar a Cristo con ellos, y también puedes aplicar principios bíblicos de autoridad, de dominio propio, de santificación a lo largo de cada comida: en el desayuno, en la comida, en la cena.
La Biblia nos enseña que los padres tienen autoridad, como vemos en Efesios, por ejemplo: el dominio propio, el llamado a entrenar también. Es algo muy práctico que los papás pueden poner (valga la redundancia) en práctica: todos los términos o los principios bíblicos cada vez que te sientes a comer con tus hijos. Cada vez que te sientes a comer con tus hijos, es muy importante que recuerdes esto: que ahí puedes aplicar lo que la Biblia dice, y ser guiada por Dios en eso también.
Como mamás, o papás también, tener la identidad en Cristo. Las cucharadas que se coma tu hijo no te van a hacer mejor mamá o menor mamá. Porque también a veces mamás se pueden sentir culpables de que “¡Ay! Es que no le di la fruta cortadita en estrellitas”, o cositas así, de cierta manera. Entonces sí es importante que los papás y mamás puedan entender esto.
Susi: Yo creo que también recordar a mis hijos de dónde viene la alimentación. La verdad es que Dios también ha ejercido cierta autoridad sobre nosotros en el diseño divino. Él nos creó como seres—y aquí es donde principios bíblicos básicos, la verdad, pueden informar nuestra vida diaria en cuestiones así—porque Dios nos diseñó como seres dependientes de Él.
¿Qué nos dio en la creación? Nos dio una tierra que produce lo que necesitamos para sobrevivir, literalmente. Nos dio animales, proteína, productos de otros animales que son como la leche, cosas así. Nos dio plantas. Cuando introducimos nuevos alimentos a nuestros hijos, especialmente que sean productos de la tierra principalmente, no las galletitas llenas de azúcar.
Estela: Procesadas, que son otras cosas que también han cambiado en este tiempo. Los niños están mucho más expuestos a alimentos ultraprocesados, y obviamente eso cambia el paladar y pueden querer más ese tipo de alimentos. Pero como tú dices, es una oportunidad de recordar también a los niños de que somos dependientes de Dios, de que Dios es nuestro proveedor y que él ha provisto todo lo que necesitamos.
Susi: Y yo estaba pensándolo también en el contexto de estas mamás que quieren hacer el alimento atractivo para sus hijos. Creo que tiene cierto buen punto, ¿verdad? Pero ok, un pedacito de brócoli se parece a un árbol. Genial. Mira, Dios hizo esto como un arbolito chiquito. Muy bien, pero no es necesario tomar la fruta—no está mal, pero por qué necesitas tomar una fruta que Dios hizo hermosa y cortar partes muy útiles de esa fruta, nada más para que parezca una estrella o algo así.
Hay que pensar racionalmente y también decir, bueno, mi oportunidad aquí es decir: “Mira esta dulce fruta que Dios nos dio. Así viene. Mira, así viene completa. Te la voy a partir y te voy a dar un pedacito. Esto es Dios proveyendo para ti”. Hay que pensar en eso: ¿por qué me voy a motivar a alimentar sanamente a mis hijos? Principalmente porque Dios ha provisto y ha dicho que así es. Es uno de esos principios bíblicos que muchas veces estamos paradas en la cocina y se nos olvida.
Estela: No está mal el hecho de que quieras cortar de cierta manera. Generalmente eso lo dejamos más para niños que sí tienen un problema de selectividad alimentaria importante, donde ya está diagnosticado. Realmente a veces ahí hasta tienes que ponerte a jugar con la comida con los niños, porque ya es una patología, o algo que como pediatra identificamos. Este niño realmente tiene su alimentación muy restringida. Comen cinco alimentos y no comen más de ahí. No salen de “este, este y este y este”. Bueno ¿qué vamos a hacer?
Pero ahí, la verdad, es un abordaje integral. Es abordar el ambiente, abordar a los papás, abordar todo para realmente hacer un diagnóstico. Pero para evitar eso, para evitar llegar a ese tipo de problemas, es donde uno puede desde antes tener estos principios para poder instruir al niño en lo que Dios dice, de la manera en que Dios dice.
Susi: Exacto. Si puedes, desde un principio.
Estela: Exactamente.
Susi: Obviamente pueden estar escuchando personas que dicen: “Es que tengo un niño de ocho años, que yo lo he entrenado a solo comer lo que le gusta. Y yo hago todo tipo de maniobras para que él coma”. Bueno, esa persona está arrancando de un punto diferente a una persona, a una mamá, que tiene niños de dos años, un año.
Estela: Sí, o chiquitos, por ejemplo, neurodiversos también. Sabemos que estos chiquitos también tienen selectividad alimentaria. Es otro tema muy diferente. El común denominador del día a día de la mayor parte de los papás es que ya sabes que debes de tener estos hábitos saludables con tu hijo: que no haya distracciones, que se sienten a comer…todos estos que ya probablemente los pediatras les han instruido, pues desde antes tratar de prevenir ese tipo de problemas.
Susi: Sí, y aún con los niños neurodivergentes—¿así se llama?
Estela: Sí.
Susi: Tenemos algunos muy cercanos a nosotros. Esas mamás se preocupan. Estoy pensando en un caso específico; se preocupa por esa alimentación. Trata de buscar formas de integrar vitaminas y minerales. Bueno, ese es el caso especial de un niño así. Ahí, creo que entra mucho la confianza en el Señor, confiar en Dios, que él va a proveer la sabiduría y también la manera en que ellos puedan recibir lo que necesitan recibir.
Estela: También creo, como papás, y algo que yo veo mucho en la consulta también, es que siempre quieren saber el peso. “¡Ay! A ver si ha aumentado de peso”. Porque creo que es una manera de que el papá dice: “Lo estoy haciendo bien”.
Susi: La garantía. Estela, hablamos mucho de eso en este podcast, porque los padres queremos garantía: “A ver, nada más dime que estoy bien”.
Estela: Date cuenta que llegan, y yo veo a mis pacientes, y el niño ganó 100, 200 gramos, que obviamente es poquito si lo pones así en gramos. Pero para un niño es suficiente. Les enseño las gráficas de crecimiento y digo: “Le estás haciendo bien. No te preocupes”. Porque ese es un temor de los papás: “Que si no crece bien…es que si no gana peso…”. Como tú dices, es confiar en el Señor, de que yo estoy haciendo mi parte, y que el Señor tiene todo bajo control.
Susi: No se trata de que mi hijo tiene que encajar exactamente dentro de un perfil, un rango. Cada niño es diferente. Y creo que ahí entra el discipulado, el principio bíblico de que Dios me ha dado a mí ciertos hijos a quienes yo soy responsable de discipular, y parte de ese discipulado es llevarlos en un proceso de entender su cuerpo. Ahí entra el principio de la mayordomía. ¿Cómo ves ese concepto, ese principio bíblico de la mayordomía?
Estela: Por ejemplo, es decirles a los niños: “Este alimento, Dios lo ha provisto para que tengas energía”.
Susi: ¡Pero energía de la buena! y no de la que te da un subidón de azúcar, ¿verdad?
Estela: Ajá. Y también decirles: “Si tú quieres jugar, si tú quieres saltar, si tú quieres ir a la clase de fútbol, si tú quieres hacer esto, necesitas energía. Los alimentos, es algo que Dios en su gracia nos ha provisto para poder hacer cosas”. Desde ahí introduces eso de que esto es energía que tú vas a tener (desde chiquititos) para que puedas hacer lo que Dios te ha dicho que hagas.
Susi: Incluso yo creo que podemos educar a nuestros hijos de que: “Mira, esto es proteína. Lo necesitas. Mira, no has comido proteína hoy”. Pero con lo que no estoy de acuerdo es que son los padres que tienen que tratar de convencer a sus hijos de todo y no decirles: “Hoy vas a comer esto, por lo menos dos mordidas”. Es como: “No. Lo voy a convencer. Porque lo educo sobre la proteína, él va a querer comer proteína”. Bueno, algunos niños sí y algunos no. Ahí es donde balanceamos la educación, que estén bien informados, pero también que aprendan a obedecernos.
Estela: Claro, y saber que como papás…muchas veces me ha tocado también ver en consulta que es como: “¿Quieres esto? ¿No? Te hago otra cosa. Y te hago otra cosa, y te hago otra cosa”. Y yo siempre les digo a los papás: “No puedes caer en eso, porque una, no eres un restaurante, y los niños deben de saber que esto es lo que se va a comer en la casa. Esto es lo que hay en la mesa. Esta es la hora de comer”. Porque también esa es otra, de andarlos correteando para que coman.
Y eso es desde chiquititos. ¿Por qué? Porque vas estableciendo estructura. Vas estableciendo este discipulado. Pero si tú llegas a ver—yo siempre les digo a los papás—obviamente que es algo muy difícil de controlar, o algo así, puede que haya algo sensorial. OK. Platícalo con tu pediatra. Pero puede que sea algo nada más de crianza y ambiental. Entonces sí, es importante detectarlo.
Esta estructura que tú vayas poniendo al niño de que son tres horas de comida, o los snacks…esta es la hora de comer, esto es lo que hay en el plato. Ahora si le puse o se sirvió algo que no le gustó, bueno: “Pruébalo. Si no te gusta, lo puedes dejar a un lado. Al día siguiente lo vuelves a probar, o a los dos o tres días después lo vuelves a probar”. ¿Por qué? Porque esa es la comida que servimos en la casa, y esto es lo que vamos a comer todos.
Susi: Yo creo que ya entramos a las recomendaciones prácticas. Porque te iba a preguntar sobre eso: ¿Qué tal? Por ejemplo, yo en mi casa, era eso. Esto es lo que mamá hizo. No hacemos menú alterno para cada hijo. Pero nosotros no teníamos—bueno, en el contexto de la cultura en la que yo crecí, no se solía servir los platos en la cocina y llevarlos ya servidos, sino que se ponía en el centro de la mesa la comida y cada quien se sirve. Pero lo que te sirves te tienes que comer. Eso era la regla de mi casa. A mí se me hace buena esa regla de que aprendan los niños a decir: “Bueno, yo creo que me puedo comer esta cantidad. Me lo voy a servir”. Obviamente no tiene que ser una regla así súper fija, pero ¿qué opinas de que tengan que probar?
Estela: Es básico, es fundamental y es necesario. El niño tiene que probar. Te digo, cuando sí hay algún tipo de problema sensorial, de que a veces el niño ni quiere verla; ve el verde en el plato y…OK. Bueno, vamos a ir por pasos. Toleramos primero ver, toleramos oler, toleramos tocar, toleramos probar. Yo le digo a los papás, si el niño lo prueba y—no te gustó; ponlo en la servilleta. OK. Pero ya lo probaste. Ya lo probaste. Vamos a intentarlo mañana, o la próxima semana lo volvemos a intentar. No van a saber que no les gusta hasta que no lo prueban.
Entonces sí, es importante que el niño pruebe nuevos alimentos. Y sí, es bueno también exponerlos a diferentes presentaciones. También se vale. Se vale que como papás puedas obtener una otra presentación del alimento y digas: “Bueno, no se lo di así, pero se lo metí en la crema”, y también se vale.
Susi: Mi mamá ponía queso al brócoli.
Estela: Ándale.
Susi: Nos hacía brócoli, pero hacía una salsita de queso.
Estela: Es un “tip”, de que ofrezcas un alimento seguro con otro que a lo mejor no tanto. Por ejemplo, algo que sí conozco con algo que a lo mejor no tanto. Algo que me encanta es el queso; bueno, con el brócoli, por ejemplo. O un aderezo. Es válido.
Susi: Un “dip”.
Estela: También.
Susi: Es como combinar esa autoridad de los padres con esa sensibilidad a cada niño y dejar que cada niño crezca. Pero creo que ahí está la clave. La mayoría de los niños deben crecer mientras va avanzando el tiempo. Un niño de 18 meses apenas está probando diferentes comidas, un niño de dos, tres. Ya cuando llega a los cuatro, la regla general, en mi opinión (no sé tú como pediatra) es que la mayoría de los grupos alimenticios, para los cuatro años, el niño debe poder comer algo de cada grupo.
Estela: La verdad, desde antes se puede. Si un niño de dos años, por ejemplo, ya te come de todo, qué bueno.
Susi: Genial. Y si no, debemos ir procurando eso, ¿no?
Estela: Sí. De hecho, una corriente que hay ahorita mucho en pediatría es de que incluso antes del año de edad se recomienda que el niño pruebe, y pruebe, y pruebe diferentes alimentos. Eso le va a ayudar a que más grande pueda tolerar otro tipo de sabores. Se piensa que hasta antes del año de edad tú debes de ofrecer entre 90 a100 alimentos. No hay que ser rígidos en eso. El chiste es ofrecer variedad. Un principio de la alimentación es la variedad en la alimentación.
Susi: Y eso lo tenemos que poner el ejemplo los padres, ¿verdad?
Estela: Sí, eso es básico. No le voy a decir al niño que se coma las verduras si yo no me estoy comiendo las verduras. Puede pasar que a lo mejor tú digas: “Yo me estoy comiendo las verduras, y mi hijo no se está comiendo las verduras”. Hay que seguir. Hay que ser constantes y repetir, y repetir en amor, en paciencia.
Susi: Quizás cinco días a la semana voy a hacer verduras que sí come, pero dos días a la semana voy a hacer una verdura que hasta ahora no ha querido comer y se lo voy a seguir dando.
Estela: Sí. Introduciéndolo.
Susi: Yo pienso que si tiene cuatro o cinco años ya le puedo decir: “Tienes que comerte por lo menos una mordida”.
Estela: Sí, una probadita. Tienes que probar la sopa de verduras, dos cucharitas. Pruébalas. Sin llegar a forzar, pero sí dar la instrucción. Es una instrucción que se tiene que dar.
Susi: Sí, y creo que eso nos ayuda también…lo que yo he visto es que cuando los papás se dan cuenta de esto y establecen esto, ayuda. Es todo un paquete en la casa: la hora de dormir la decide mamá, y papá también, la rutina de irse a dormir y todo, obviamente siendo sensibles a los niños. Pero todo es una parte de un estilo de vida donde mamá y papá toman en serio su responsabilidad del discipulado, pero también son flexibles, entendiendo que están discipulando a niños diferentes.
Estela: Claro. Incluso, por ejemplo, en mi caso que tengo cuatro hijos, yo te puedo decir, con alguno batallé mucho y con otro nada. Hay que entenderlos.
Susi: Es parte de nuestra santificación de los papás.
Estela: Y también, uno no debe de caer en compararlos ni nada, pero saber que a cada uno Dios los diseñó diferentes. Como tú decías al principio, nosotros somos los papás. Nosotros somos los que sabemos; Dios nos ha dado esa sabiduría. Dios nos capacita para poder discipularlos y saber: bueno, este hijo necesita esto. Este hijo necesita lo otro.
Susi: Y es orar. Se vale orar por sabiduría para la alimentación de tus hijos. Deberíamos de.
Estela: Así es totalmente, incluso en ese aspecto. ¿Y por qué no incluir al niño también en eso? Tú dices: “Oye, hijito, estás batallando con esto. Vamos a orar”.
Susi: Pedir que te ayude.
Estela: Vamos a orar para que el Señor te ayude. También algo práctico es que los niños ayuden a cocinar también. Eso es algo que también les digo a veces. Cuando los niños son un poquito selectivos, les digo a los papás y a las mamás que sean parte de la cocina, de preparar las cosas, cosas sencillas, a su nivel.
Susi: ¡Sin cuchillo!
Estela: Cositas a su nivel que él puede hacer. ¿Por qué? Porque esa es la manera en que él va a estar expuesto al alimento. Mientras los dos están preparando, tú puedes estar platicando ahí con él: “Mira, este es tal alimento. Vamos a hacerlo así. Dios lo hizo así”, etcétera. Este es otro principio que a lo mejor algunos papás pueden aplicar si tienen algún chiquito así medio selectivo.
Susi: Sí, y recordar que sin importar la etapa de vida en la que están nuestros hijos, su alimentación es algo que van a hacer toda su vida. Entonces, pidamos sabiduría al Señor para que seamos instrumentos en establecer una alimentación sana que puedan llevar el resto de su vida, porque va a ser parte de su mayordomía de su propio cuerpo.
Estela: Sí, claro. La alimentación es para toda la vida. Entonces yo voy a estar sembrando; como papás, sembramos y sembramos y sembramos. A veces recogemos frutos, a veces ya no; va a ser ya en la adultez. Pero es parte del discipulado que como papás nos corresponde en establecer estos hábitos, o modelar estos hábitos saludables también para los niños, para que a lo largo de su vida ellos puedan honrar a Dios con esto también. Porque uno puede honrar a Dios con la alimentación. Es verlo así: esto que estamos haciendo, lo podemos hacer para glorificar a Dios. Este es el propósito inicial del hombre. El propósito del hombre es glorificar a Dios.
Susi: La Biblia dice que hagamos lo que hagamos, sea comer, beber, que lo hagamos para la gloria de Dios. Eso es un principio claro.
Estela: Es algo que, aunque parece algo no espiritual, como decías ahorita, es algo que totalmente puede glorificar a Dios.
Susi: Aunque ya se nos acabó oficialmente el tiempo, te tengo que hacer una última pregunta porque esto es algo que hace como 15 años, más o menos, empecé a percibir (quizás 10). Hay mamás que me han dicho: “Es que mi pediatra me dijo que no puedo hacer eso con los niños. Es que mi pediatra me dijo esto”. En tu opinión como pediatra, pero también como mamá cristiana, ¿hasta qué punto debe llegar la autoridad del pediatra en mi crianza? ¿Qué opinas?
Estela: ¡Pregunta difícil! Porque obviamente yo soy pediatra y soy mamá. El pediatra orienta, pero no reemplaza a los papás. Eso es importante. Sí da información médica; identifica problemas. Eso es mi labor como pediatra. Es: “Oye, yo creo que a lo mejor tu chiquito sí está batallando con la respiración oral. Está respirando por la boca. No está masticando bien. No está cerrando bien la mordida”, etcétera.
Mi labor como pediatra es identificar problemas reales. Pero no sustituye la autoridad de los papás. No define la crianza definitivamente. La crianza es definida por los padres. Y definitivamente el pediatra no va a dar cuentas a Dios por los hijos.
Susi: Exacto.
Estela: Sino somos nosotros como papás. Entonces los padres darán cuentas a Dios por la crianza de sus hijos, no el pediatra. Considera tu pediatra. Te informa, pero no va a tomar el lugar que Dios les dio a los padres. Tú puedes tomar el consejo del pediatra, orarlo, y decidir como pareja, como familia llegar a esa conclusión. Pero definitivamente es responsabilidad de los padres.
Susi: Y pedir esa sabiduría para distinguir entre el consejo o la instrucción que me está dando el pediatra: ¿es físico, o también está pasando ya al nivel de filosofía de crianza?
Estela: Totalmente.
Susi: Eso lo tenemos que discernir los papás. Si vas con la doctora Estela, ¡probablemente puedes tomar lo que te dice y todo bien!
Estela: ¡Óralo mejor, también!
Susi: Pero si tu pediatra no es creyente, claro, no hay problema. La mayoría vamos a llevar a nuestros hijos a pediatras que no son cristianos. Pero eso lo tenemos que tomar en cuenta, y tomar sus recomendaciones y sus observaciones en serio, y seguir las instrucciones al punto que podamos, pero siempre también ejercer ese discernimiento como hijos de Dios.
Bueno, gracias, Estela. Gracias. He disfrutado esta conversación. He aprendido algunas cosas que a lo mejor debía haber sabido, pero bueno, Dios sabe. Pero gracias por invertir tu tiempo en ayudarnos a tener esta perspectiva sana y bíblica.
Estela: Muchas gracias por invitarme, y me gustaría nada más animar a los papás y a las mamás que escuchan este podcast que vean la vida con esta cosmovisión bíblica que decía ahorita Susy, porque es la manera en que Dios nos diseñó. Y es la manera en que realmente vamos a poder vivir en esta tierra, en el “ya, pero todavía no” que estamos aquí.
Susi: Exacto. Gracias. Tú que nos escuchas, toma en serio; toma un tiempo para evaluar junto con tu cónyuge si la alimentación, los hábitos de alimentación, y tu autoridad en la casa están conforme a los principios bíblicos. Nos vemos otra vez la próxima semana. Bendiciones.




